Yemén

El país que dividido dividido en dos obró su propio milagro futbolístico

La herencia colonial británica, una cruenta guerra civil y el fútbol como momentánea alegría de un pueblo.

Durante la Copa Asiática de Naciones, que se disputó el año pasado en los Emiratos Árabes Unidos, toda la tensión política estuvo centrada en la disputa entre el país organizador y Arabia Saudita frente a Qatar, que terminó alzándose con el título. Sin embargo, un pequeño milagro apenas llegó a manifestarse cuando Yemén, una nación golpeada por una cruenta guerra civil y décadas de decadencia económica, había logrado clasificar a su selección en medio de tan triste contexto. Y sin embargo, al analizar la historia de aquel país y el rol que tuvo el fútbol a lo largo de ella, se entiende no sólo cómo se produjo ese milagro, sino también lo importante que fue para su pueblo.

Lo que hoy conocemos como la República de Yemén es en realidad la unificación entre la República Árabe de Yemén (o Yemén del Norte) y la República Democrática de Yemén, más conocida como Yemén del Sur. Mientras que la República Árabe es la continuación del Reino Mutawakkilita de Yemén, surgido tras la caída del Imperio Otomano, la República Democrática de Yemén se instaura en el sur tras lograr independizarse del yugo británico durante la década del 60. De esta manera, a pesar de ser dos estados que buscaban la unificación en un solo gobierno, las diferencias tanto culturales como ideológicas lo hicieron imposible. En el norte quedó un gobierno ligado al panarabismo con un sistema capitalista, cuya capital era la ciudad de Sana’a. En el sur, en cambio, predominó un gobierno marxista con sede en la ciudad de Adén. Las turbulencias y las precariedades en las que nadaba a esa región, se profundizaron con la inestabilidad política propia de la separación y los distintos conflictos armados que se suscitaron sobre todo en la década del 70. Aún así, Yemén del Sur tuvo un desarrollo en general más próspero, en parte por el aporte económico de la Unión Soviética y por cierta estabilidad política que la diferenciaba del Norte.

En ese contexto, el fútbol, que a decir verdad había nacido antes, durante el colonialismo británico, tuvo un mayor auge justamente en la región del sur. Si bien en ambos países las tribunas se llenaban de espectadores, en especial gracias a una fuerte expansión y popularidad que ganó en todo el territorio durante la década del 40, los recursos otorgados desde el estado eran mayores en el gobierno del Partido Socialista. Así, Yemén del Sur incluso pudo competir en la Copa Asiática de Naciones de 1976, aunque en realidad el golpe de suerte fue que el resto de los países de su grupo clasificatorio, a excepción de Iraq, decidieron abandonar la clasificación. Pero solo para comparar, Yemén del Norte ni siquiera tuvo intenciones de participar, lo que habla de los distintos niveles de desarrollo. Es en este marco que se afianza la dominación de los clubes mas importantes a ambos lados de la frontera, pues hay cuestiones en el fútbol que exceden a la política. En el norte, el Al-Ahli y el Al-Wahda dominan la liga local y sus clásicos en Sana’a atraen miles de almas. Mientras tanto en Adén continuaba dominando el Al-Tilal, que se ufana de ser el tercer club mas antiguo de la región árabe, fundado en 1905.

En rigor de verdad, las relaciones entre Yemén del Sur y Yemén del Norte no fueron tan problemáticas como en otras regiones donde aconteció este tipo de división política. Esto permitió incluso que se disputen algunos torneos con equipos de las dos regiones, a fin de favorecer cierto espíritu “de unidad” aún en la diversidad. Sin embargo, todo se apresuró con la caída de la Unión Soviética, lo que significó para la República Democrática de Yemén un golpe letal a sus finanzas y su sostén geopolítico. Esta crisis desembocó en el proceso de unificación que se dio en 1990, naciendo así formalmente lo que hoy conocemos como la República de Yemén. La caída en desgracia de la República Democrática le permitió a quien gobernaba en el norte, Ali Abdullah Saleh, establecerse como presidente de aquel nuevo estado unificado.

Durante los primeros años del nuevo gobierno, el objetivo principal era mostrar una sensación de unidad nacional aparente a fin de intentar suturar tantas décadas de divisiones. El fútbol se inscribió en este objetivo en un contexto mayor, dónde se fusionaron parlamentos, ministerios y demás estamentos del estado para ayudar a compartir esta sensación, siempre intentando respetar una división simétrica de los cargos. Así se creó la Liga Yemení con 32 equipos, 16 de cada zona para poder equiparar regiones. La primera edición, disputada el mismo año de la unificación la coronó el Al-Tilal, que así se convirtió en el primer campeón de Yemén en tanto Estado unificado. Incluso la convocatoria de la selección nacional debía regirse por esta regla implícita de la paridad, donde se convocaba a 16 jugadores e incluso un asistente técnico por cada región. Esta tendencia continúa hasta hoy, donde se trata de tener siempre una representación lo más “abarcativa” posible en cada convocatoria.

Sin embargo esa unidad aparente no duró mucho, ya que una feroz guerra civil entre ambos estados se desató en 1994, donde finalmente el Sur fue derrotado completamente por el Norte, que estableció a Sana’a como la capital oficial. Ya sin la necesidad de manter las apariencias y con un control total del territorio, Ali Saleh comenzó un desplazamiento de todo lo relativo al Partido Socialista de Yemén y sus símbolos. Esto se vio también en el fútbol, donde colocó figuras cercanas a él al mando de los clubes más importantes del sur. En el Al-Tilal, por ejemplo, asumió su hijastro Ahmed. Sin embargo, muy pronto ese interés cayó y los clubes del sur empezaron a caer en el olvido, mientras a nivel gubernamental se hacía mas enfasis en los grandes del norte, como el Al-Ahli y el Al-Wahda. Siempre de la mano de figuras cercanas al mando de esas instituciones que aportaban la cuota necesaria de personalismo.

Durante la era de Saleh el fútbol en Yemén vivió la suerte que en general sufrió el país durante su mandato. Está claro que nunca hubo un plan integral ni ningún interés en desarrollar el deporte. Los clubes, aún hoy, dependen del aporte interesado de algún inversor que pueda proveer. Y eso también se vio reflejado en los pobres resultados de la selección nacional, salvo algunas excepciones milagrosas en las divisiones inferiores. Sería inexacto aducirle todas las problemáticas económicas al más pobre de los países del golfo árabe al ex presidente. Pero es cierto que a los problemas existentes les trajo nulas soluciones y generó otras tantas, que afectaron a todas las áreas de aquel castigado país, y el fútbol no escapa a esa realidad.

Todo cambió con la guerra civil que le siguió a las protestas que se dieron en medio de la llamada “primavera árabe” durante el 2011. El “espíritu de la época” fue el detonante a una serie de problemáticas que iban desde demandas institucionales a problemas estructurales en la economía, sumado a una sequía que estaba afectando todavía mas a una ya diezmada población. Los pedidos de renuncia a Saleh se multiplicaron, y la intransigencia del eterno presidente a cumplir esas demandas, incluso retractándose varias veces a los términos de transición que el mismo había acordado, fueron escalando el nivel de conflicto. El apoyo de varios líderes tribales, muy influyentes en sus regiones, a la oposición, fue transicionando hacia luchas armadas cada vez mas violentas y frecuentes. El fútbol no fue ajeno a estas protestas. Clubes como el Al-Saqr abandonaron la liga, ya que jugarla significaba darle legitimidad al gobierno de Saleh. Incluso muchos de sus futbolistas abandonaron el plantel para unirse a las protestas por tiempo indeterminado. Otras instituciones, en cambio, se alinearon detrás de Saleh, como los últimos campeones oficiales del país hasta el día de hoy. El Al-Sha’ab de la ciudad de Ibb salió campeón y fue invitado por el mismísimo presidente para felicitarlos por el campeonato. Todos acudieron, a excepción de un jugador: el arquero y capitán del equipo, Faisal Al-Hajj.

Finalmente en 2012 Ali Saleh renunció a la presidencia tras 33 años en el poder, dejándole su lugar a su vicepresidente Abdrabbuh Hadi. Sin embargo, su asunción no fue bien recibida por todos. En especial por la insurgencia de los hutíes (un movimiento de resistencia de origen chíita y zaidi, que se opone a la influencia de Arabia Saudita) en el norte, que había comenzado en 2004 pero que al clamor de la revolución creció tanto en influencia como en poder armamentístico. El conflicto terminó de escalar en 2014, cuando a partir de un aumento en el precio de los combustibles los Hutíes comenzaron una serie de demostraciones bélicas que terminó con la toma de Sana’a y obligó al gobierno de Hadi a nombrar “temporalmente” a la ciudad de Adén como la capital de Yemén. Desde aquel entonces hasta hoy, Yemén se encuentra dividida nuevamente “de facto” aunque siga siendo un único país en términos institucionales. El norte, con especial énfasis en la ciudad de Sana’a es controlado por los rebeldes hutíes, con el apoyo de Irán. El gobierno oficialmente reconocido por la comunidad internacional domina en el sur, con foco en Adén, y cuenta con un fuerte apoyo de Arabia Saudita y Estados Unidos. A esto le debemos sumar ciertas zonas que hoy son dominadas por Al-Qaeda, que aprovechó el estado de anomia en el país para aumentar su posición en ciertas zonas estratégicas. Esto convierte hoy a Yemén en uno de los países mas pobres del mundo, con una crisis humanitaria cuyas cifras apenas si alcanzamos a dimensionar: a los miles de muertos por los combates armados, debemos sumar a los millones de civiles que viven en la indigencia y el hambre a causa de la voraz crisis económica y social en la que se encuentra sumida el país.

Es en este contexto que el fútbol logró operar un pequeño milagro, cuando la selección de Yemén clasificó a la Copa Asiática de Naciones de 2019. El milagro no es menor, si tenemos en cuenta que en el país no hay una liga oficial activa desde que estalló la revolución, no hay campos de entrenamiento e incluso muchos clubes actualmente no cuentan con instalaciones deportivas ya que fueron destruidas por la guerra. Quienes eran futbolistas locales, tuvieron dos destinos. Los mas afortunados pudieron emigrar a otros países de la región para continuar sus carreras futbolísticas. Tal es el caso de quizás el mejor jugador que tiene Yemén en la actualidad, el volante ofensivo Abdulwasea Al-Matari, que juega en el Al-Nahda en la primera división de Omán, o el defensor Mohammed Boqshan que juega en el Al-Khor de Qatar. Sin embargo, la enorme mayoría simplemente debió abandonar la actividad “profesional” y en el mejor de los casos, trabajar de lo que se pueda para sobrevivir. De hecho, el entrenador esloveno Ján Kocian, que comandó la selección nacional durante el certamen, tuvo grandes dificultades incluso para elegir los jugadores: sin actividad, no tenía forma de elegir entre los que se encontraban en suelo nacional para ver su estado de forma para la alta competencia. E incluso reunirlos era complejo, pues muchos se encontraban en el norte, dominado por los hutíes, y otros tantos en el sur. Viajar incluso a los terrenos neutrales para los encuentros clasificatorios era riesgoso, ya que en varias partes del trayecto se pasa por zonas de guerra y enfrentamientos.

¿Cómo pudo realizarse este milagro? La respuesta es, por un lado, institucional. La federación de fútbol trató de mantenerse al margen de la disputa entre los bandos de la guerra civil, como si tal cosa fuese realmente posible. Por el otro, el cambio de formato en el máximo torneo continental, con ampliación de equipos incluída, le permitió tener una revancha en una fase de grupos accesible que le permitió clasificar tras vencer a selecciones como las de Nepal y Tajikistán. Luego en el torneo, no pudo siquiera marcar un gol en un grupo donde sufrió derrotas con Vietnam, Irán e Irak. Pero aún así, la dignidad y entereza con la que esos 23 jugadores representaron a su país le valieron reconocimientos a nivel nacional que ayudaron a mermar, al menos por unos instantes, tanto dolor que sufre ese castigado pueblo.

La situación hoy en Yemén sigue siendo angustiante. Sin embargo, la “nueva normalidad” empezaba a dar lugar al fútbol a volver, con torneos disputándose tanto en Sana’a como en Adén para intentar volver a disputar una competición oficial. Sin embargo, la maldita pandemia parece estar azotando con fuerza a tan herido país. Sin una estructura sanitaria medianamente digna, la comunidad internacional sabe que los apenas 1556 casos reportados son apenas una quimera. El número real se desconoce y se estima que es mucho mayor, con entierros clandestinos relatados en las redes sociales catalogados como “muertes dudosas”. La situación es aún mas estresante en el norte, donde las autoridades hutíes no ofrecen ningún tipo de cifra oficial y los rumores sobre lo que sucede en esa zona van desde un amplio número de casos confirmados hasta la orden (no verificada) dada a los médicos de matar con una inyección letal a todo aquel que sospechen que tiene el virus. Pocas son las chances de que el fútbol vuelva a brillar en una nación tan golpeada y con un futuro tan sombrío por delante, pero el milagro que fue disputar la Copa Asiática y la realidad de tener muchos de sus mejores jugadores en el extranjero, animan a una población sedienta de fútbol (prueba de esto son las fotos con cientos de personas reunidas viendo partidos de los torneos amateur que se siguen disputando a lo largo del país) por encontrar en algún momento una nueva esperanza a la cual aferrarse.