Los Pumas

El quiebre en la historia del rugby argentino

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La victoria ante Irlanda en el Mundial de 1999 fue una bisagra para los Pumas; aquel triunfo en Francia los instaló definitivamente en la elite.

Cada segundo caía con el peso de una bolsa de cemento; y, sin embargo, aguantaron más de tres minutos contra ese embravecido toro verde de quince cabezas. En un enjambre de piernas, brazos y cabezas, los hombres vestidos de celeste y blanco sostenían una victoria que no era el pase a la eternidad, pero se le parecía bastante. Hace casi 20 años, el 20 de octubre de 1999, los Pumas protagonizaron en el Stade Felix Bollaert de Lens, Francia, un partido que resultó una bisagra en su historia. El triunfo 28-24 ante Irlanda fue el primer gran impacto mundialista y el que terminó por instalar definitivamente al rugby argentino con protagonismo en el contexto global.

La constante del cambio de entrenadores no resultó ajena en aquel proceso, en el cual tomó el mando poco antes del Mundial Alex Wyllie, un neozelandés duro, de disciplina férrea y que no hablaba castellano. El hombre que había sido parte de los All Blacks a comienzos de la década del `70 confiaba en el potencial argentino. Se apoyaba en la conjunción de juventud y experiencia que se barnizaba con la particularidad de contar por primera vez en una Copa del Mundo con jugadores profesionales. El capitán Lisandro Arbizu, Octavio Bartolucci, Omar Hasan y Mauricio Reggiardo competían en Francia, mientras que Agustín Pichot y Roberto Grau lo hacían en Inglaterra.

La sede principal del certamen era Gales, pero los estadios designados se extendían a las otras tres naciones de Gran Bretaña, Irlanda del Norte y Francia. La hoja de ruta la componían así seis países y 18 ciudades. El destino argentino estaba en el extremo sur galés, en la pintoresca ciudad fundada en 1329 y bañada por la aguas del Canal de Bristol: Cardiff.  

El seleccionado argentino había sido derrotado por el anfitrión en el partido inaugural, en el estadio Millennium. Nueve días más tarde, otra vez en el imponente coliseo del país del dragón rojo, el encuentro ante Samoa había arrancado de manera muy adversa, pero después de una primera mitad que presagiaba otra caída, el equipo se recuperó en los segundos 40 minutos para renacer y enterrar el karma samoano que se había construido con las derrotas en los dos mundiales precedentes, en 1991 y 1995.

El posterior 33-12 ante Japón hizo que por primera vez en su historia, los Pumas no culminasen su participación mundialista en la fase de grupos. Había más. El primer hito estaba concretado. Las dos victorias en el Grupo D le permitieron a los dirigidos por Wyllie acceder a los play offs al ser el mejor tercero de la primera etapa del torneo. El rival que aparecía por delante era nada menos que Irlanda, cuartofinalista en los tres mundiales que se habían disputado hasta entonces y rival al que Argentina solo había vencido dos veces, ambas en septiembre de 1970 en el estadio de Ferro.     

A los 7 minutos de juego la desventaja ya era de seis puntos por dos certeros penales de David Humphrey. La potencia irlandesa y las recurrentes infracciones de los Pumas parecían mostrar la pauta de un encuentro demasiado complejo de resolver favorablemente. La precisión del número 10 europeo fue una daga que terminaría la primera mitad con cinco penales entre los postes; pero Argentina ya había logrado tomarle el pulso al partido y la pegada de oro de Gonzalo Quesada había hecho el resto para que el primer tiempo terminase 15-9. En desventaja, sí; pero de ninguna manera amplia.

Apenas iniciado el complemento, Humphrey lo hizo de nuevo: otro penal y un drop para aportar seis puntos más. La distancia 21-9 era ya un problema. Pero el arrojo argentino y la puntería de Quesada otra vez achicaron la brecha. El 10 de un lado imponía y el 10 del otro lado respondía con enorme frialdad en momentos de alta temperatura. Hasta que a los 32 minutos Diego Albanece marcó el único try del partido, Quesada aportó los dos puntos extra y Argentina se puso adelante 25-24. Otro penal del apertura argentino a 60 segundos de cumplirse el tiempo estiró la ventaja a cuatro puntos y entonces para los irlandeses solo servía ese try que nunca llegó por la inquebrantable defensa albicelste.

Argentina aguantó una tras otra las envestidas de Irlanda. Un line-out bien aprovechado por los del trébol puso a los Pumas a defender con un coraje que dos décadas más tarde todavía emociona. La vitoria se sostenía por centímetros y cada nuevo penal era una amenaza concreta. El pack argentino parecía granítico. Gonzalo Longo, Rolando Martin, Santiago Phelan, Ignacio Fernández Lobbe, Alejandro Allub, Martín Scelzo (había reemplazado a Omar Hasan), Mario Ledesma y Mauricio Reggiardo hundían sus cabezas y hombros con un arrojo que no medía consecuencias. Pichot se desesperaba por sostener metiéndose en cuando recoveco era posible y Quesada había lo propio. Eduardo Simone y Lisandro Arbizu, los centros, sostenían a todos. Albenece, Gonzalo Camardón y Felipé Contepomi (ingresado en lugar de Ignacio Corletto) estaban entregados a la causa colectiva. La tempestad escampó con un knock-on casi dentro del ingol para un festejo también histórico.

“Ese partido nos quedó marcado a todos. Irlanda era un rival superior a nosotros. El corazón y el amor propio que tenía ese equipo quedó reflejado en los últimos minutos, para defender ese lugar hasta el que se había llegado y lo que estábamos logrando con esa victoria”, le cuenta Santiago Phelan a Enganche. Él y Rolando Martin, los dos alas, quedaron con los hombros entumecidos después de la cantidad de tackles y envestidas en ese final de película.

“Aquí no lo puede creer nadie. ¡Qué manera de defender!”, contaba exultante Alejandro Coscia. Un instante antes, el histórico relator de ESPN había temido un desenlace distinto: “Hasta que no haga el try Irlanda no va a parar el árbitro”. La advertencia del narrador tenía que ver con la acumulación de penales que el australiano Stuart Dickinson marcaba a favor de los europeos.

Otra de las voces características de cada encuentro televisado de los Pumas en aquella época era la de Raúl Taquini. “Irlanda era el claro favorito y había llevado a muchos hinchas a Lens. Ya tenían ya todo preparado para lo que venía, porque si pasaban jugarían ante Francia en Dublín”, recuerda el periodista en diálogo con Enganche. “Fue un muy buen partido de Argentina, con mucha solides defensiva, que quedó en la memoria por los últimos cinco minutos, en los que Irlanda no paraba de atacar y el equipo aguantó con todo. Los Pumas supieron aquella vez aprovechar sus momentos, con el try de Albanece y los puntos de Gonzalo Quesada”, explica. Entre los muchos recuerdos por haber estado ahí, Taquini tienen bien presente como los periodistas gráficos irlandeses que estaban delante suyo en el entretiempo habían comenzado las crónicas para sus medios como si la victoria verde fuese un hecho. “Después del partido fuimos al hotel dl plantel y había una alegría enorme por haber logrado algo histórico. Ese mundial fue el punto de inflexión, porque desde ahí llegaron los mejores momentos para el rugby argentino, ganándose el respeto que el rugby argentino se merece”.    

La Copa del Mundo de 1999 fue un quiebre histórico para el rugby argentino. De movida, porque fue la primera vez que el plantel de los Pumas estuvo integrado por jugadores profesionales. Ya en la competencia, por haber conseguido superar la fase de grupos por primera vez y luego alcanzar los cuartos de final, algo que no aparecía en ningún pronóstico. Además, con sus 102 puntos Gonzalo Quesada fue el máximo anotar en la Copa del Mundo, algo que ningún argentino había conseguido antes y luego sí lograría en 2015 Federico Sánchez (con 97 puntos).

Mario Ledesma fue una de las figuras de argentina en aquella Copa del Mundo de 1999, condición que refrendó ante Irlanda. Hoy es el head coach de los Pumas, que en Japón intentarán volver a ser protagonistas después de haber alcanzado las semifinales en dos de los últimos tres mundiales. Desde hace 20 años, cuando sacaron pecho frente a Irlanda, los Pumas saben que no hay imposibles.