Ignacio Beristáin

El secreto del sabio de 80 años que inventó a 29 campeones del mundo

Entrenador de leyenda en el boxeo con 59 años preparando pugilistas, Ignacio Beristáin le cuenta sus secretos a Enganche. ¿Cómo se hace un campeón?

Tal vez no sea momento para entrevistarlo: Don Nacho está en horario laboral. Sin embargo, el hombre acepta charlar por la sencilla razón de que no habrá otro momento libre en su día en el gimnasio La Romanza. Don Nacho es Ignacio Beristáin, el legendario entrenador de boxeo mexicano que sacó tantos campeones del mundo como días tiene el mes. Este abuelo ya lleva -para ser exactos- 59 años entrenando boxeadores. “Tengo ochenta años y sesenta dentro del boxeo”, sintetiza y se revela portador de un rostro inconfundible con anteojos y mostachos oscuros, que brillan en el Salón de la Fama Internacional de Boxeo desde el 2006.

Beristáin sacó 29 campeones mundiales. Entre sus nombres dorados se enumeran Gilberto Román, Daniel Zaragoza, Finito López y los hermanos Juan Manuel y Rafael Márquez, entre tantos otros. Es respetado a nivel internacional. Cuando vino a la Argentina, en ocasión de la pelea entre Felipe Orucuta y Omar Narváez en el 2013, fue muy requerido para sacarse fotos. ¿Por los fotógrafos? No, no. Los periodistas locales querían posar con él para colgar su foto en las redes. “Argentina es un país que me trae buenos recuerdos. De ahí era mi amigo Amilcar Brusa. A él lo llevo en el corazón y en la cabeza. Fue uno de los mejores entrenadores del mundo”, dice Beristáin, quien, justamente, no se caracteriza por ser un hombre de elogio fácil. Al contrario. Pega duro. Tanto o más que sus pupilos.

-Usted que es un experto, ¿cómo se da cuenta cuando un boxeador tiene pasta de campeón?

-En este momento, los que están acá están haciendo una rutina de ejercicios de coordinación. Ahí es dónde yo me doy cuenta de los problemas básicos de un boxeador. En un ejercicio sencillo puedo ver quién tiene más facultades para boxear. Hay que trabajar intensamente. No hay secretos. Por ejemplo, trabajo con un grupo pequeño de prospectos. Te menciono a algunos como Héctor Reyes (mediano junior) y Cuahutli Guerrero, quien tiene 18 años. Es tan terco que quiso debutar como profesional a los 16. Tiene un récord de 8-1-1.

-Siempre se dice que el boxeo se murió y que está vivo gracias a México. ¿Esto es cierto?

-No, no, no. El boxeo va a vivir siempre por siempre. En México está viviendo una etapa grandiosa porque tiene varios campeones del mundo, atrás de Estados Unidos. El boxeo no va morir nunca. (NdeR: por primera vez México consagró a un campeón mundial pesado, Andy Ruiz)

-¿Cuál fue el mejor boxeador que vio en su vida?

-El mejor peleador que vi en mi vida, Julio César Chávez, y a nivel mundial, el más grande fue Muhammad Alí. De los argentinos, Carlos Monzón. También me gustaba mucho como boxeaba Maravilla Martínez en su última etapa. Y hay algunos otros más. Pascualito Pérez fue un tremendo peleador, histórico.

-¿Cómo era el boxeo cuando usted arrancó en este mundo?

-Había gente que protegía los salarios de los peleadores, pero poco a poco fue acabándose esa dirigencia de pantalones largos que manejaba las comisiones. Ahora ya hay gente que se apega más a los promotores. El boxeo es un lío y el que menos gana es el peleador. Cambió mucho de aquella época a hoy. En la década del sesenta se peleaba en México con guantes de seis onzas en el boxeo amateur.

-¿Qué cambios hay que implementar en el boxeo para garantizar la seguridad de los boxeadores y que el espectáculo sea mucho más entretenido?

-Cada vez que hacen las convenciones mundiales hablan de la protección al boxeo, pero nunca lo llevan a la práctica. Se necesita gente en las comisiones que de veras protejan la integridad del peleador, que lo protejan de los promotores voraces que hoy se quedan con casi la mayoría del dinero. Desgraciadamente para nosotros no sale en México un hombre con la capacidad de Don José Sulaimán (histórico presidente del Consejo Mundial de Boxeo).

Beristáin haciendo lo que más sabe… enseñar boxeo.

-Pero usted tuvo sus idas y vueltas con José Sulaimán…

-Don José Sulaimán fue la mejor opción, como un padrino. Nos conocimos en el boxeo amateur, en la olimpiada de 1968, yo integraba el equipo olímpico de México. Tuvimos muchas diferencias con Sulaimán, es cierto, pero así y todo siempre lo respeté y pienso y sigo pensando que es el número 1 del boxeo mundial. Nunca dejé de verlo con respeto, a pesar de cierto recelo que hubo.

-¿Cuál fue la primera pelea que vio en su vida?

-Una pelea de Rocky Marciano con Joe Walcott (23 de septiembre del 52) Para ese momento me impactó mucho. Pero el boxeo ha ido evolucionando cada vez más, hasta usar la técnica que usamos en la actualidad. Todo el deporte evoluciona. Y el boxeo no es la excepción. El boxeo mexicano anteriormente iba para adelante a dar y recibir, y ahora vemos otros estilos.

-A propósito de técnica, ¿cuántos golpes hay en el boxeo?

-Aquí en México decimos que solamente hay dos golpes. Rectos y curvos. En la actualidad mis peleadores usan muchas combinaciones de golpes para atacar. Juan Manuel Márquez cambiaba constantemente de combinaciones para agredir. Por eso también hay muchísimas técnicas defensivas para contrarrestar todo esos ataques.

-Hay quienes dicen que el boxeo moderno es lanzar mil golpes por combate, ¿qué opina?

-No, yo creo que un peleador pensante va de menos a más y va utilizando el tiempo para dominar y ganar los rounds. Esa es la idea y no subir para querer ganar por fuera de combate (KO). Lo difícil es cerrar bien los rounds. Cuando peleás en el extranjero, necesitás dejar una buena imagen en el final.

-¿Qué cualidades deben tener un boxeador para ser leyenda?

-Sobre todo, vocación, disciplina. Las facultades uno las va perfeccionando con el tiempo. Hay mucha gente que piensa que el peleador nace. Y no es así. El peleador no nace, se va haciendo en el gimnasio, se va puliendo, hasta que vaya escalando para ganar un título.

– ¿Cómo hizo para sacar tantos campeones del mundo?

-Pues trabajamos día y noche. Es un gimnasio muy pequeño, pero trabajamos intensamente. Vamos fabricando sus carreras amateurs hasta que se hacen grandes profesionales. Todos mis peleadores han tenido mucha confianza en mí. Ellos ven el éxito que tienen cuando están en amateurs, los cuidados que se le dan, las exigencias que le imponemos. Entonces, gracias a todos esos factores, se van mentalizando y adaptando. Ellos saben que les conviene quedarse acá. Nunca he firmado un contrato con un peleador para obligarlo a estar conmigo.

-Hay dos campeones suyos de gran escuela, Dinamita Márquez y Finito López, quienes tienen muchos puntos de contacto entre sí. ¿Ese boxeo científico es el modelo a admirar?

-¿Querés decir que son parecidos? Finito López y Márquez en realidad se parecían a Gilberto Román, quien fue a pelear a la Argentina dos veces…

-Peleó con Falucho Laciar…

-Claro, en el 86 peleó con Laciar (30-8), en Córdoba y con Rubén Condorí, en Salta (18-7). Pero volviendo al punto. Ese ese el estilo que debe predominar para que un boxeador no reciba golpes, o lo menos posible. No es saludable ser golpeado.

-Entonces… ¿el estilo de Mayweather Jr. le gusta o no?

-Mayweather Jr. no me gustó nunca, pero siempre lo acepté. Porque yo siempre digo que lo mejor en el boxeo es ser defensivo. Dominar la técnica defensiva para no recibir tanto castigo porque es peligroso. El boxeo es bonito, pero a veces es cruel.

-Muchos comparan épocas. Por ejemplo, Mano De Piedra Durán dijo que le hubiese roto las costillas a Mayweather Jr. en un hipotético combate…

-(Risas) Respeto lo que dice Durán, por la grandeza de Durán, pero es una herejía hablar cuando uno estuvo en una época y otro en otra. Soy enemigo de eso. Las comparaciones son idiotas. 

-¿Por qué siempre fue tan perfil bajo, siendo uno de los mejores entrenadores de la historia?

-Porque soy humilde y respetuoso del trabajo de los demás. Algunos no respetan, pero yo soy así.  Tuvo grandes amigos que me dejaron buenas enseñanzas.

-Uno de ellos fue Brusa…

-Es una de las pocas personas que llevo en mi corazón y en mi cabeza. Fue un gran amigo, un gran entrenador. De Brusa aprendí a ser un mejor mexicano. Él estuvo en la esquina ayudándome en una pelea de título mundial y yo también le ayudé en la esquina con un boxeador que él llevaba a Corea. Convivimos diez días ahí y fue muy divertido. Porque Brusa era un tipo simpatiquísimo…

-¿Qué significa la gloria?

-La gloria la conocí en 1968 en los Juegos Olímpicos de México, cuando ganamos dos oros y dos bronces. Para mí, 29 campeones del mundo es un logro que no puedo describir de la alegría, pero siempre con humildad. Cualquier otro se hubiera retirado. Pero antes de retirarme del boxeo, necesito completar 30 campeones del mundo.

-¿Y cuál será su próximo monarca? ¿A quién le pone fichas?

-Actualmente tengo cinco pesos gallo que boxean muy bonito: uno es Luis Fernando Robles, quien es muy inteligente arriba del ring; resuelve problemas constantemente. Lo llevo con mucho cuidado (10-1-1, 3ko; 21 años), porque sé que pronto me irá a dar una gran alegría. 

Un campeón más para llegar a los treinta. Esa es la condición que se impuso. Sólo de esa forma tramitará su jubilación. “Gracias, argentino”, dice Don Nacho y se despide, el maestro tiene que seguir con la clase.