Freddy Rincón

El señor de los recuerdos imborrables

Uno de los verdugos de Argentina en el histórico 0-5 con Colombia recorrió con Enganche su carrera en en Real Madrid, Brasil y los oscuros días en la cárcel.

Apenas 53 años y una cantidad de huellas… Muchas de esas pisadas las dejó en apenas 152 días. Es cierto que su camino fue mucho más largo y significativo. Sin embargo, sabe que aquello le dejó el lomo curtido. Sólo mencionar su nombre implica amplificar cualquier sonido. Muchísimo por su talento y un poquito, por qué no, por dolor. Freddy Rincón es uno de esos personajes que llena todos los espacios. La pelota fue su compañera siempre, aún en aquella oscura caverna cuando su nombre aparecía junto con el de Pablo Rayo Montaño.

La noche del 5 de septiembre de 1993 vuela por el aire, inalterable. El 5-0 del seleccionado de Colombia sobre la Argentina, en el Monumental, es uno de esos recuerdos que no tiene fecha de vencimiento y su apellido quedó grabado a fuego. También aquel gol que le marcó a Alemania, en el Mundial 90, faltando 2 minutos, por entre las piernas de Bodo Illgner y que significó la clasificación de Colombia. Son sellos distintivos en la carrera de Rincón. “Lo que se hace a lo grande es casi imposible de olvidar. Hicimos un partido casi perfecto; no digo perfecto porque recibimos un gol en un momento que complicó un poco las cosas. Pero manejamos el balón, pudimos jugar de tú a tú. Y el gol, más la jugada, más la clasificación, sin duda que será inolvidable”, le dice Freddy a Enganche sobre lo sucedido Italia hace casi tres décadas.

Su historia con la pelota se cose entre Atlético Buenaventura, Independiente Santa Fe de Bogotá, América de Cali, Palmeiras, Napoli, Real Madrid, Santos, Cruzeiro y Corinthians, como jugador. Esa etapa se cerró en 2004. Después comenzó una nueva historia como entrenador, allá por 2006 cuando se puso del otro lado. Primero tomó las riendas de Iraty, después pasó por Sao Bento, San José, el plantel B de Corinthians, fue auxiliar técnico en el Atlético Mineiro y condujo al Flamengo de Guarulhos. Hoy está en Millonarios de Bogotá y disfruta de cada paso. “Cocino, me encanta hacerlo. Como mucho pescado, hoy comí uno frito, con plátanos”, cuenta Freddy con ese acento inconfundible.

Reflexiona, cuenta, se ríe, vuelve a ponerse reflexivo y habla firme, sereno y sin pausa. Sus esfuerzos por llegar a Europa y lo que implicaba hacerlo en estos tiempos lo sigue asombrando: “Demasiado difícil era llegar allá en mi época. Hay veces que charlo con ex compañeros lo fácil que es hoy llegar a Europa y a grandes equipos. En mi época había mucha más cantidad de buenos jugadores. Para yo llegar a Real [Madrid] tuve que rodar mucho. Hoy un jugador pasa por la Argentina y, si hace las cosas bien, al rato lo llaman de Europa. El fútbol de antes era más duro, porque había tres o cuatro jugadores que eran tan buenos como el titular o mejores”.

Entra en escena su hijo Sebastián, que jugó en la Argentina con la camiseta de Tigre y ahora viste la de Aldosivi. Su tarea como papá y como atleta de elite lo ponen en una situación diferente a la hora de sentarse a hablar con él. “Lo que le digo a él es que al fútbol hay que vivirlo apasionadamente. Hay que ser profesional, trazarse metas y para eso hay que trabajar mucho. Eso se lo digo cada vez que puedo. Y le hablo mucho, porque se va a hablar siempre de que es el hijo de Freddy Rincón, pero él tiene que hacer su propia historia y que ser el hijo de no sea un condicionante”. Y continúa: “Tiene de ser la suerte de ser aplicado, no lo van a ver por ahí haciendo cosas que no correspondan para su profesión. Sabe qué debe hacer. Debe ser un atleta de elite y para eso hay que conocer cómo manejarse”.

Todo se mezcla y su tono de voz comienza a tomar cierta gravedad, porque aquellos 152 días… La selección de Colombia lo distrae y es enérgico con aquellos que poco tienen en cuenta a la camada que él integró en los 90, con apellidos como los de Valderrama, Córdoba, Asprilla, Valencia, el propio Rincón…  “Aquella generación de futbolistas que fue tan importante a nivel deportivo no era tan simple de manejar, teníamos mucha personalidad para decir las cosas y en cierto momento se cerraron las puertas para después. Y siento que, de alguna manera, se perdió el fútbol de mi país la posibilidad que nosotros le aportásemos los conocimientos que adquirimos en nuestras carreras. Y fue por caprichos de dirigentes que de esto no entienden nada”, dice Freddy, mientras confiesa que en su cumpleaños no le gusta celebrar demasiado.

Hasta que el 9 de mayo de 2007 aparece en la charla con Enganche. El día que parte de su vida dio un vuelco. Es que fue arrestado en Brasil, en San Pablo, por pedido de INTERPOL, ya que era acusado por presunto lavado de dinero y narcotráfico. La Justicia de Panamá solicitó su detención porque se lo vinculaba como testaferro de Rayo Montaño, a quién Rincón conocía desde pequeño en su Buenaventura natal. Freddy figuraba como socio en la naviera Nautipesca, que pertenecía a Montaño. En su momento, Rincón había explicado que invirtió 200.000 dólares en negocios en Panamá, pero que no prestó su nombre para ninguna asociación ilícita: “Mi participación consistió en la aportación de capital proveniente de mi patrimonio familiar, lo cual puedo acreditar perfectamente”. Cuatro meses y medio pasó encerrado en una cárcel de San Pablo y tiempo después fue absuelto de los cargo por los que lo acusaban. Es un hombre diferente…

–Después del fútbol te tocó vivir una situación muy compleja, ¿qué reflexión te quedó de aquel momento tan delicado?

–Cuando a tí te quieren culpar de algo que tú no hiciste, es deprimente y te da bronca. Lo mío era siempre demostrar que todo lo que decían que había hecho era falso y gracias a Dios lo conseguí. Las letras para culparte salen grandes, pero las que demuestran que eres inocente se escriben pequeñas. Siempre supo qué era lo que hacía y la base que uno trae de su casa siempre tiene que primar. Y eso fue lo que sucedió conmigo.

–¿Cómo es vivir 152 días privado de tu libertad?

–Se entra fácil a esos lugares y salir se complica mucho más. Pero yo tenía confianza que iba a salir, entonces me hizo más hombre, más persona y me permitió darme cuenta quién estaba a mi lado y quién no.

–Los amigos del campeón, ¿ahí es cuando se descubren?

–Pero claro, claro. Quedan algunos amigos y otros se fueron. Afortunadamente yo sé qué clase de personas son las que están a mi lado y pude darme cuenta que los que quisieron volver no me sirven como amigos.

–¿Quién te sorprendió que te puso el hombro?

–Decir un nombre en particular no es sencillo, pero sí apareció gente que no esperaba que me ayudase porque no los conocía. Fue una palabra de aliento la que me ofrecieron, que en ese momento, es lo que más se necesita.

–¿Pudiste aprender algo para tu futuro de todo aquello o simplemente es un mal recuerdo?

–Creo que de las cosas malas se sacan conclusiones buenas. La reflexión de estar ahí adentro, fue muy grande. Uno piensa muchas cosas y le aparecen pensamientos muy positivos, pero también negativos. Las cosas pasan por algo y ese algo me sirvió mucho para reflexionar.

–Desde entonces, ¿cambiaron tus prioridades y el deporte pasó a un segundo plano?

–Cambian cosas porque tú sales de una posición muy alta como futbolista y después aparece una situación completamente diferente que te deja marcas. Entonces, aparece la desconfianza y hasta que no demuestres lo contrario la gente te va a señalar siempre. Aquello pasó, pero los señalamientos me llegaron por un error que me era ajeno. Pero nadie después lo reconoce, las personas no suelen hacer eso. Algunos niegan que hagan esas diferencias, pero como ya dije no soy tonto como para no darme cuenta.

–El haber sido un jugador importante de Corinthians, ¿te sirvió para que el resto de los reclusos te traten de otra manera?

–Brasil me sirvió más a nivel futbolístico que mi propio país. Y cuando estuve adentro, me ayudó porque tenía la admiración de la gente que compartía mi situación. Y me sirvió Brasil porque en su momento me permitió demostrar que no tenía nada que ver con lo que se me acusaba. Y simplemente fue un error como los tantos que comete la Justicia. Nadie es profeta en su tierra.