El Tiki Tiki de la libertad

Leo Di Lorenzo es un futbolista distinto, que usa aceite de cannabis y habla de homofobia, violencia de género, machismo y egoísmo en el deporte.

Cuando la tendinitis en la rodilla se volvió un cuchillazo penetrante y permanente luego de cada entrenamiento, Leonardo Di Lorenzo decidió que valía la pena arriesgarse y habló con la dirigencia de Temperley para avisarles que, si el control antidóping daba positivo, él se haría cargo y pondría fin a su carrera. Tras intentar con infiltraciones, terapias alternativas, protectores gástricos y toneladas de analgésicos y largas sesiones de fisioterapia, el aceite de cannabis había llegado a su vida de la mano de su suegro, que lo utilizaba para paliar los dolores de una enfermedad. Las tres gotas antes de dormir eran la única solución para poder seguir jugando sin dolor. A los pocos días de probarlo, su pierna funcionaba normalmente y sin consecuencias. A dos años de aquella decisión, y luego de que la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) aprobara el uso de cannabidiol (CBD) para todos los deportes profesionales, el futbolista de Temperley se sostiene en el fútbol a los 39 años.

Surgido de San Lorenzo y con pasos por las ligas de Canadá y de Chile, Tiki Tiki se transformó en una voz de referencia en lo que a causas sociales y fútbol tiene que ver. Además de militar el aceite de cannabis, Di Lorenzo se mete en temas sobre los que los jugadores habitualmente no opinan: aborto legal, drogas sociales, violencia de género y homofobia. Durante la charla con Enganche dirá que en el deporte más popular es “más grave fumarse un porro un fin de semana que cagar a palos y bajarle tres dientes a tu señora”. Abierto en la izquierda del ataque, el referente de Temperley propone un partido de ataque directo, sin toqueteo intrascendente y con definiciones contundentes.

-¿Cómo te llevás con el rol del futbolista?

-Es difícil porque nos preparan de chiquitos de una manera y es lo único que tenemos. Hay que jugar en Europa, en la Selección, ganar plata y ser millonarios. Y es una cagada pensar que es sólo eso, porque muy poquitos llegan a cumplir ese objetivo. Una vez que entraste en esa lógica, no podés salir a pensar en los que no tienen lo que vos tenés. Tenés privilegios, la pasás bien y es lindo. Por ahí en el ascenso se ven otras miradas, pero en Primera es difícil correrse de ese lugar. Es un lugar, además, de mucha meritocracia, con aquello de que y me rompí el orto y llegué solo y nadie me regaló nada y no me importa el resto. Y no es así, porque en el medio nos dieron un montón de oportunidades y de ayuda. No llegamos sólo con nuestro esfuerzo. Salir de ese individualismo es complicadísimo.

-¿Al futbolista le falta pensar en colectivo afuera de la cancha?

-Es que es un gremio muy desparejo. Todos formamos parte del mismo gremio, pero en la misma cancha hay pibes que ganan millones de pesos y otros que no llegan a fin de mes. Es difícil que el que gana millones de pesos mire para el costado. Es lógico. El problema es cuando te tocan a vos. Ahí te acordás de los otros. En Primera es muy difícil. Tenés que rendir, tenés que ser famoso, tenés que ganar plata. No es culpa de los pibes. Tenemos que cambiar la formación de nuestros jugadores.

-Pareciera que el futbolista cuando va arriba de la moto del éxito y de la fama, muchas veces, no puede elegir la mayoría de las cosas que pasan a su alrededor.

-Claramente. Hablando de lo que me pasó a mí, yo no sé si elegí ser jugador de fútbol. No lo elegí. Era un mandato. De chico jugaba bien, me destacaba y sacaba diferencia. Entonces, tenía que ser jugador. Nunca lo pude decidir. Nunca nadie me hizo pensar en si era lo que quería. Y así, mil cosas. Yo no sé si me quiero vestir igual que el resto. O tener el auto de moda. O ir a Europa y a la Selección.

Di Lorenzo es el capitán de Temperley.

-Además, la edad en la que se toman decisiones en términos de dedicarse al fútbol es una edad en la que uno está preparado para otras cosas. Un chico de 14 o 15 años no puede dimensionar dejar el colegio para intentar -porque la mayoría no llega- ser jugador.

-Ahí están los problemas. Ahí aparece la presión. La expectativa. Nosotros arrancamos y vamos por eso. Te dicen que si te rompés el orto y te dedicás 24 horas vas a tener todo. Y algunos se dan cuenta antes y otros después, pero para la mayoría que no lo consigue. Hay un instante en el que vos tenés que asumir: “Bueno, todo eso que soñé no va a pasar. No va a ser así”. En mi caso fue cuando me fui a Canadá. Me di cuenta de que no iba a tener ese sueño de Selección y de Europa. Igual, los futbolistas siempre estamos esperado un tren que nos lleve a pegarla. Tenemos más de 30 años y seguimos esperando pegarla y ser millonarios y superfamosos. Si te das cuenta antes de que no va a pasar, podés trabajar para que no te lleve puesto. Ahora, si te das cuenta recién cuando te retirás, ahí sí que estás jodido.

-En un punto, vos cambiás. Empezás a hablar sobre el uso de la marihuana, la homofobia en el fútbol, la política y el movimiento feminista. Estamos en un momento en el que las situaciones de violencia de género son una problemática vigente en algunos futbolistas. ¿Cómo ves al tema y cómo se lo trata?

-Hoy te da positivo un control porque te fumaste un porro un fin de semana y no conseguís club, pero cagaste a palos a tu señora y le bajaste tres dientes y te mandan a tu casa un mes, te guardan un poco y podés volver a jugar. Es un ambiente muy machista y muy conservador. Tenemos que cambiarlo.

-¿Hay una deuda pendiente respecto de esos tratamientos en el periodismo también?

-Es el ambiente del fútbol. Todo. Dirigentes, periodistas, formadores, jugadores, todos. Los que tapan situaciones de violencia son, muchas veces, los dirigentes. Y eso tiene un correlato en los periodistas. Nos cuesta salir de nuestro pequeño lugar de comodidad. Por eso pondero la lucha de las jugadoras, por ejemplo. Esos movimientos están haciendo que nos cuestionemos cosas. Que nos preguntemos. Y eso es un montón.

El gol de Di Lorenzo ante San Lorenzo en 2017.

-¿Dónde te diste cuenta que tenías que cambiar tu pensamiento?

-Lo fui resolviendo en el camino. Me cuestionaba cosas, pero no iba más allá de eso y seguía en la misma. Cuando hice ese click de que no iba a hacer todo lo que pensaba que iba a hacer con mi carrera, eso de ser millonario y jugar en Europa, me empecé a tomar las cosas de otra manera. Arranqué a leer. Me hice preguntas. Pude empezar, y digo empezar, a mirar al costado. Pero tiene que ser cambio constante. No juzgo a cada pibe, pero pienso que tenemos que empujar y visibilizar otras cosas.

-Hace algunas semanas, Landon Donovan, gloria del fútbol estadounidense y entrenador de San Diego Loyal, retiró a su equipo de la cancha ante un comentario homofóbico de un rival hacia un jugador suyo que se había declarado abiertamente homosexual. ¿Cómo ves la problemática de la homofobia en el fútbol?

-Estamos muy atrás. El tabú más grande del fútbol es el de la homosexualidad. Está en el día a día. En todos lados. Puto. Te cojo. Maricón. Todo el tiempo. ¿Cómo hace un pibe homosexual para vivir este deporte? Que hay un montón, aparte, en el fútbol. Los compañeros están todo el día diciendo cosas así. ¿Cómo hace el pibe para salir y decir que es homosexual? Es una vida ocultando quién es, porque si jugás en un equipo medianamente conocido siquiera podés ir a un café con tu pareja. Ni siquiera lo podés manejar privadamente. Reprimir eso es terrible y es culpa nuestra. Hay que cortar con todas estas maneras horribles que tenemos. Estamos lejos.

-¿Es posible cambiarlo?

-Es entre todos. Pasa que después escuchás declaraciones de dirigentes o entrenadores que dicen que no saben si tendrían a un futbolista homosexual en el vestuario. Es tremendo. Al pibe se le cierran las puertas hasta por ahí, por lo laboral. Es horrible. El saber que hay pibes que no pueden expresarse y vivir en libertad al lado nuestro nos tendría que generar bronca. Tenemos que arrancar ya.

-¿Volverías a ser futbolistas si esta vez te dieran la chance de tomar la decisión?

-Lo pensé muchísimas veces. Me lo cuestioné. Y creo que sí. Lo elegiría. Pero me hubiera tomado la carrera de otra manera. Sin dudas. Lo hubiera vivido distinto. Con otra presión. Con otra carga. Me hubiera gustado disfrutar de mi carrera. Hubo años enteros en los que yo no disfruté. Hoy veo videos míos en la época de San Lorenzo y estaba atado. Completamente atado. No me veo suelto. Si pudiera volver atrás lo cambiaría.

-¿Es difícil pasar por el fútbol de alta competencia y seguir siendo un tipo común?

-Sí. El fútbol conspira contra que sigamos siendo tipos comunes. ¿Cómo hacemos para tener la mente abierta si todo el tiempo nos dicen que pensemos sólo en fútbol porque nos va a salvar? ¿De qué nos va a salvar el fútbol? Obviamente que uno tiene la ilusión de ayudar a su familia y progresar. Pero el fútbol no te salva de lo que sos. Tener que abstraerse de todo para llegar, porque eso es lo que te dicen, es una cagada. Ese mensaje es una mierda.