Cristian Muñoz

El último mohicano del fútbol maradoniano

Al mundo le queda un solo protagonista que fue compañero de Diego; cerca de los 42 años ataja en Universidad de Concepción y no olvida los días con el ídolo.

Sentados en la antesala del vestuario local de la Bombonera, los dos pibes pasaban inadvertidos en una conversación que por momentos también era risas y en otros puro silencio. Adentro, en ese reducto de culto para los futbolistas, el único movimiento era el de la utilería, en ese ir y venir constante para que todo estuviese listo. Poco tiempo después comenzaron a ingresar los futbolistas xeneizes que se disponían a jugar frente a Racing. Entonces, sus miradas, como las de todos, siguieron hipnotizadas a Diego Armando Maradona. Uno ya había debutado en la primera el año anterior y el otro todavía soñaba con ese momento. Ambos llegaban de ser campeones del mundo Sub 20 en Malasia y esperaban por el reconocimiento que les harían antes del partido entre Boca y la Academia. Los dos pibes eran Juan Román Riquelme y Cristian Muñoz, arquero que todavía en actividad es el último futbolista del mundo que fue compañero de Diego.

“No sabía que soy el único que queda en haber jugado con Maradona, me enteré hace poco porque alguien me lo comentó. Es un orgullo para mí, un dato anecdótico muy lindo”, le cuenta Muñoz a Enganche desde Chile. Cerca de cumplir 42 años, el Tigre pone en perspectiva histórica y en contexto actual el hecho de ser el último eslabón que conecta al fútbol actual con aquel del Diez: “Siento una doble satisfacción. Por un lado, porque ser el último compañero de Maradona en actividad es algo realmente fuerte; y, por otro, por seguir atajando profesionalmente más de 20 años después”.

El 14 de septiembre de 1997 para recibir a Newell’s, el equipo que dirigía Héctor Veira salió a la cancha con Roberto Abbondanzieri; Nolberto Solano, Jorge Bermúdez, Cristian Traverso, Mauricio Pineda; Julio Toresani, Alfredo Berti, Diego Cagna; Maradona; Cladio Paul Caniggia y Martín Palermo. Aquel  domingo resultó especial no solo para Muñoz, que tuvo su debut en primera división al ingresar por el Pato cuando una lesión no le permitió continuar en el partido. También fue una fecha importante en la historia de Boca, porque fue la primera vez que se vistió de azul y oro Guillermo Barros Schelotto (ingresó por Toresani y marcó el segundo gol), el hombre con más títulos en el club de la Ribera. Y también fue un día que marcó una efeméride eterna, porque el que le convirtió de penal a Sergio Goycochea fue el último gol de Diego en su carrera.      

“Un día después de la práctica decidió quedarse para patear penales y me pidió que ataje yo. Nos quedamos un rato para que pateara sin parar; él, que ya era un tipo hecho por completo. Cuando terminamos salí corriendo a hablar por teléfono para contarle a mi viejo, que amaba a Maradona”.

Maradona había salido por Diego Latorre unos minutos antes de que entrara Múñoz. De las decenas de jugadores que firmaron planilla con el emperador del Azteca y rey de Nápoles, el actual arquero de Universidad de Concepción es el único que todavía resiste al retiro.   

“Después del partido me tocó ir a la conferencia de prensa con él, y eso también lo recuerdo como un momento muy lindo, sentado al lado suyo y mirándolo, porque yo era un decorado y todas las preguntas lo tenían como protagonista. Yo era un desconocido, un chico que recién había llegado de Junín y que le había tocado atajar por la lesión del Pato”, recuerda como otra de las vivencias de su estreno xeneize. Los hombros siempre fueron el punto débil de la anatomía de Abbondanzieri. Ante Newell’s había sido el derecho, y en 1999, en un superclásico con River y ya con Carlos Bianchi como entrenador, la lesión sería en el izquierdo y otra vez Muñoz saltaría a la cancha. Los días de Maradona como futbolista habían terminado, pero desde su palco en la Bombonera bajaban los elogios para su ex compañero: “Lo de Muñoz fue muy bueno. Le dio seguridad al arco en un momento caliente del partido. Jugó un fenómeno”.   

Al margen de aquel Boca-Newell’s que reunió al tridente de Italia 90, Maradona, Caniggia y Goycochea, Muñoz tuvo la posibilidad de compartir el día a día con Diego. Cuando Boca lo compró a partir de lo que había mostrado en las selecciones juveniles de José Pekerman, el Tigre se estremeció al saber de quién sería compañero. “Tener a Diego de cerca en los entrenamientos era increíble. Yo pasé de Sarmiento, que estaba en la tercera división, a estar con el más grande; era muy fuerte, pero lo podía disfrutar, sabía que era algo único. Cada práctica, además, era un mundo de gente; hinchas, periodistas. Todo era una locura”.

Era un tiempo en el cual los planteles todavía tenían un comportamiento jerárquico que hacía que los más experimentados formasen un núcleo y los futbolistas jóvenes se juntasen en otro grupo. Sin embargo, Muñoz relata que Diego, a pesar de su vida radicalmente distinta a la de cualquier mortal, no marcaba distancias; y rememora un hecho que atesora: “Un día después de la práctica decidió quedarse para patear penales y me pidió que ataje yo. Nos quedamos un rato para que pateara sin parar; él, que ya era un tipo hecho por completo. Cuando terminamos salí corriendo a hablar por teléfono para contarle a mi viejo, que amaba a Maradona. Es algo que al día de hoy lo recuerdo y se lo cuento a mis amigos y a mis hijos”.

Con Maradona como eje puede establecerse una conexión de 52 años entre tres futbolistas: Diego fue compañero de Jorge Carrascosa, que debutó en primera división con la camiseta de Banfield en 1967, y de Cristian Muñoz, que en 2019 sigue calzándose los guantes. “Siempre me preparé y me cuidé para estirar mi carrera de esta manera, ayudado también por el hecho de no haber tenido lesiones graves. El cuidado personal es muy importante y yo siempre fui muy consciente de eso”, asegura.

El recorrido de Múñoz en el fútbol profesional lleva 25 años. Después de los comienzos en Sarmiento de Junín y el paso por Boca, jugó en Los Andes y Talleres de Córdoba antes de cruzar la cordillera para la etapa chilena. Firmó con Huachipato en 2005, siguió en Colo Colo y luego se incorporó a Universidad de Concepción, equipo al que se sumó en la segunda categoría del fútbol trasandino y con el que este año disputa la Copa Libertadores.   

Sigue de cerca lo que sucede en Argentina y destaca a River, Racing y Defensa y Justicia. Valora también el crecimiento del fútbol chileno y coloca el punto de partida en la gestión de Marcelo Bielsa al frente de la Roja y en lo que generaron los posteriores títulos de 2015 y 2016.         

Padre de tres varones, disfruta de una vida tranquila en Chile, aunque el proyecto familiar es volver a radicarse en Argentina cuando deje de jugar. Esa mirada hacia adelante no lo aleja del fútbol. Hizo el curso de técnico (le queda pendiente el examen final) y el aprendizaje teórico espera poder conjugarlo con las enseñanzas que le dejaron Pekerman y Bianchi cuando empezaba, y Arturo Salah y Claudio Borghi en la etapa de mayor madurez.

Cristian Muñoz es el último mohicano del fútbol maradoniano, la última ligazón con el jugador que cambió todo desde que en 1976 se puso por primera vez la camiseta de Argentinos Juniors. Al mundo todavía le queda un futbolista que fue compañero de Diego.