Central

El vuelo eterno de Aldo Pedro Poy

Este 19 de diciembre se cumplen 49 años del mítico gol de palomita de Aldo Poy, con el que Rosario Central eliminó a Newell’s en la semifinal del Nacional de 1971 y luego se coronó campeón de Primera División por primera vez en el profesionalismo. Un grito que recorrió el mundo y todavía se sigue festejando.

Hay goles que nacen para ser recordados. Goles que pueden cambiar drásticamente una juventud, una adolescencia. Goles que son responsables de producir una alegría eterna o, por el contrario, de ser una herida que quedará abierta, imposible de cicatrizar. Goles que desde el mismo momento de su concreción saben que, indefectiblemente, su destino es perdurar en el tiempo, permanecer en la memoria colectiva de miles de personas, marcar una época determinada. Pueden ser recordados por su belleza estética, por su importancia, por su propio peso específico. No importa si ese recuerdo aparece en un tono sepia o en colores vivos, chispeantes: nunca desaparecen. El 19 de diciembre de 1971 se marcó un gol que, aun hoy, 49 años después, se sigue recordando. Claro, porque hay goles que son imposibles de olvidar.

El Campeonato Nacional de 1971 estuvo dividido en dos zonas de 14 equipos. Los dos primeros de cada una de ellas accedían a las semifinales. En la zona A, los clasificados fueron Independiente y Newell’s; en la zona B, los mejores fueron Rosario Central y San Lorenzo. El 18 de diciembre, San Lorenzo le ganó a Independiente por penales y selló su pasaje a la final. Un día después, Rosario Central y Newell’s se enfrentaron en la cancha de River para dirimir quién sería el otro finalista. Ante semejante hecho histórico, los hinchas de los dos clubes más populares de Rosario produjeron un verdadero éxodo en la ciudad. Nadie se quiso perder el partido. Las rutas se colmaron de canallas y leprosos. El escenario fue el Monumental porque los dirigentes de ambos clubes no pudieron ponerse de acuerdo al momento de definir la localía. La final se jugaría en Rosario, independientemente del ganador de la serie. “Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario esos días anteriores al partido. Y te digo esos días, desde semanas antes se venía hablando del partido, la ciudad era una caldera. Porque eso era lo que era la ciudad: una caldera”, explica con maestría Roberto Fontanarrosa en su cuento 19 de diciembre de 1971. Allí el Negro, fanático de Central, narra una fábula (mitad realidad y mitad ficción) en la que explica cómo era el clima en la ciudad antes del partido, pero, fundamentalmente, cuenta la historia de un grupo de amigos con un hombre, el viejo Casale, al que quieren llevar a la cancha como un talismán, debido a que tenía un récord imposible de empardar: nunca había presenciado en vivo una derrota de Central frente a Newell´s.    

El partido se jugó ante un estadio colmado de hinchas de ambos clubes. El primer tiempo terminó 0 a 0. A los 9 minutos de la segunda parte, la historia cambiaría para siempre. “Recuerdo todo perfectamente. La pelota le llegó al Negro González, me tiró el centro bien fuerte y la única opción que me quedaba era tirarme de palomita. Llegué en el momento justo. El cabezazo fue hacia un costado, la verdad que fue inatajable para el arquero”, le dice a Enganche Aldo Pedro Poy, desde Rosario. Incluso aporta más detalles: en la jugada previa, le avisó a un fotógrafo que estuviera atento y tuviera la lente preparada porque iba a meter un gol. “La idea, en realidad, era poner nerviosos a los jugadores de Newell’s, pero luego por suerte se cumplió lo que había dicho”, confiesa.

El partido finalizó 1 a 0 y luego Central le ganaría la final a San Lorenzo por 2 a 1 (justamente, en cancha de Newell´s), que lo coronó campeón por primera vez en el profesionalismo. A partir de ese día, Poy se convirtió en un prócer Canalla, una especie de tótem, casi un mito viviente. Con su gol ascendió al cielo de los dioses centralistas. Es uno de los ídolos más grandes de toda la historia de Rosario Central: nació a metros de la cancha, es hincha del club desde que tiene memoria –recuerda que su padre lo llevaba a ver al equipo mientras “miraba el partido agarrado del tejido” –, jugó toda su carrera allí (desde 1965 hasta 1974 disputó 311 partidos y marcó 66 goles), ganó dos torneos profesionales (Nacional 1971 y 1973) y varios de inferiores. En reiteradas ocasiones tuvo la posibilidad de irse a otro club, pero siempre quiso quedarse en Central. Incluso a principios de 1970 se fue a una isla cerca de Rosario para excluirse y no ser traspasado. Luego tuvo la oportunidad jugar en Celta de Vigo y en Paris Saint Germain, pero nunca quiso abandonar sus raíces. “Preferí quedarme en Rosario y creo que fue lo más acertado. Acá tenía a mi familia, mis amigos, el club que es una parte muy importante de mi vida. Fue una gran decisión, no me arrepiento para nada. Lo haría de vuelta si tuviera la posibilidad. Amo a Central”, dice con convicción.

Poy se desempeña hace varios años como concejal de la ciudad de Rosario (está cumpliendo su tercer mandato) para el Partido Demócrata Progresista, aunque ya confirmó que no se volverá a presentar en 2023. Se retiró del fútbol luego de una victoria contra su clásico rival, en diciembre de 1974, luego de una lesión de la que no se pudo recuperar. Ese mismo año formó parte de la Selección argentina que disputó el Mundial de Alemania. Pero su condición de leyenda siempre estuvo vigente y se acrecentó con el paso del tiempo: cada 19 de diciembre, año tras año, recrea su palomita junto con cientos (o en algunos casos miles) de fanáticos que lo acompañan. Este festejo es realizado por un grupo de hinchas muy selecto, que permaneció oculto durante mucho tiempo y que tomó cierta notoriedad luego de que Fontanarrosa los hubiera nombrado en su cuento –citado en párrafos anteriores– que lleva el mismo nombre que la fecha del mítico gol.

La OCAL (Organización Canalla para América Latina) fue fundada en el año 1966. En un primer momento las siglas representaban otro nombre, que luego fueron modificadas: Organización Canalla Anti Lepra. Era casi tan importante el odio hacia Newell´s como el amor por Central. Tienen como líder al “Gran Lama”, una persona de la que se desconoce su nombre, edad y cualquier otro dato. Dentro de la organización conviven un ministro de guerra, otro de prensa y también diferentes Lamas (de menor categoría) que se ocupan, por ejemplo, de la imagen y los diseños.

El título de prócer fue otorgado a Aldo Pedro Poy, quien todos los 19 de diciembre siempre está dispuesto a realizar nuevamente su célebre palomita: el festejo tuvo lugar en varios sitios de Rosario, Mar del Plata, Ushuaia y también en el exterior. Montevideo, Miami, Barcelona, Santiago de Chile y La Habana (donde Ernesto Guevara, hijo del Che –reconocido hincha canalla– fue quien le alcanzó la pelota) fueron el escenario de la celebración. La OCAL posee un museo (que se encuentra en varios lugares de Rosario por razones de seguridad) con objetos que son gemas para cualquier hincha de Central. Tienen, por ejemplo, un mechón de pelo del parietal izquierdo de Poy. También, aunque resulte increíble, conservan el apéndice de Ricardo De Rienzo, ex jugador de Newell´s: la historia dice que unas horas después del partido, De Rienzo tenía dolores abdominales y tuvo que ir al hospital, donde detectaron que su dolencia era por una apendicitis. Uno de los médicos que lo atendió, hincha de Central, puso el órgano en formol y se lo donó a la OCAL para que formara parte del museo. “Apéndice del jugador De Rienzo, por donde, a 20 cm de la misma, pasó la pelota impulsada por Aldo Pedro Poy de ‘palomita’, convirtiéndose en el gol con el cual Central elimina a N.O.B el 19 de diciembre de 1971”, reza la etiqueta que envuelve al frasco.  

“En el país hubo festejos espléndidos, muy agradables. Me acuerdo uno en el que se cambió la entrada (que siempre es una remera con una caricatura mía y el número del año que se festeja) por una careta con mi rostro. El Colorado Vázquez, uno de los capos de la OCAL, la diseñó. El festejo se llamaba “Hoy soy Poy”. Fueron como 1800 personas, incluso había ex compañeros de equipo. Fue muy emocionante. Subí a saludar a la gente y me encontré con un montón de personas con mi cara”, detalla Poy entre risas.

En 2019 la palomita se recreó en Rosario, en un lugar secreto, con hinchas caracterizados como los personajes de la película Star Wars, debido a que en ese momento también era la presentación mundial del film. Según la información de los presentes, decidieron “proceder a una dramatización de la palomita como un gol de otra galaxia” y también se refirieron al momento cúlmine: “Aldo la puso en la ratonera. Y así como Gardel canta cada día mejor, Aldo usa su parietal izquierdo con mejor sabiduría”. El ídolo cuenta que aún se sorprende cuando los chicos de muy corta edad lo reconocen en la calle y le hablan de su gol. Toma a los festejos como un momento para el recuerdo, pero también para estar cerca de los hinchas, muchos de ellos convertidos en actuales amigos.

La historia de su palomita fue pasando de generación en generación y, por lo que parece, seguirá de la misma manera durante bastante tiempo: desde la OCAL dejaron entrever que las celebraciones por la palomita seguirán con el correr de los años. Crearon un diploma de “Misionero Ocalista”, un compromiso asumido por los padres de los hinchas cuyo año de nacimiento sea a partir de 2000 y que hayan sido educados bajo el sentimiento canalla. Con ellos se asegurarán que el vuelo eterno se cumpla el 19 de diciembre de 2071, en conmemoración a su centenario. Por lo pronto, el festejo en 2020 será virtual. Aun no se tiene conocimiento del lugar. “El doctor Ferrari del Sel (miembro de la organización) dijo que en 2071 se iba a hacer el festejo del gol. Yo no lo voy a ver, seguro”, afirma Aldo Poy, y finaliza con una frase que, más que un deseo, parece una realidad: “De todas formas, yo creo que algún hincha de Central de ese momento va a tomar la posta y, con una careta mía, va a meter la palomita”.