Sebastián Pena

En el nombre del padre

Sebastián Pena lo que más le reprocha a la vida es que su papá no vio crecer a sus hijos. Una tragedia que lo marcó para siempre.

Por Marcos Marini Rivera 

El 9 de enero de 1981 hacía mucho calor en Buenos Aires y las piernas de Hugo Pena descansaban en una palangana con agua y con mucha sal. En su casa de la calle Cervantes, en Villa Devoto, estaba sentado en uno de los sillones del living. Gabriela -una de sus hijas que tenía tres años en ese momento- lo acompañaba. A Hugo Pena el día anterior le habían quitado el yeso de su pierna derecha y no había podido ir a la pretemporada con San Lorenzo en Villa Gesell.

El agua con sal lo aliviaba de tanto dolor, era su mejor calmante, su mejor arma contra tanta inflamación. Pero la muerte siempre es tan cabrona que nos expulsa a muchas partes. Al intentar cambiar de canal la televisión, ocurrió lo peor: una descarga eléctrica. Lo trasladaron al Hospital Vélez Sarsfield pero llegó sin vida. 

Así fue el final de Hugo Pena, con 29 años. El que fue campeón con el River de Labruna en 1975, después caudillo de Chacarita y más tarde ídolo de San Lorenzo. De un momento futbolístico perfecto a un momento terrible y desesperante. 

La muerte no sabe de transiciones. 

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-A veces mucha gente me pregunta si le reprocho algo a la vida por lo que pasó con mi viejo. ¿Y sabés qué? Le puedo reprochar que no pudo ver crecer a sus hijos. Después, si yo fui jugador, pasa por otro lado. Si le tengo que putear de algo a la vida, iría por ese lado, que no pudo ver crecer a sus hijos -dice y lo repite ahora Sebastián Pena, uno de los hijos de Hugo-.

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Es jueves y es agosto en Pilar, al norte de la Provincia de Buenos Aires, lugar donde vive Sebastián Pena. “Tomate” para muchos, así lo llaman y le dicen, al igual que a su padre. Pero Sebastián ahora está sentado y toma un cortado. La cancha de fútbol ya no lo tiene como protagonista. Al menos, por ahora. 

Habla despacio, demasiado, susurra, piensa cada palabra antes de decirla. Y cuando las dice, lo hace con convencimiento. “Cuando debuté en primera hubo mucha gente en mi familia que lloró de la alegría. Por ejemplo, mis abuelos volvieron a ir a una cancha después de muchos años. Yo nací en el fútbol, desde que estaba en la panza de mi vieja que era todo fútbol y fútbol”, dice, y parece emocionarse.  

Respira, exhala y continúa: 

-A los cuatro años mi viejo me llevó a una concentración. Crecí con todo eso. Iba a los entrenamientos. Viví en el fútbol toda la vida. Siempre digo que nací en una cuna de oro, a los cinco años esa cuna de oro se me quemó y te diría que con mi familia estuvimos remando siempre. Hasta el día de hoy. Y sabés que el tema de la sensibilidad y toda la angustia que representó el tema de mi padre fueron solo mis primeros años. En mi vida se dio todo rápido, muy rápido. Casi que no me dio tiempo a pensar. Debut en Argentinos, después convocatoria con la Selección Sub 20, el campeonato que ganamos en Qatar 95, después River, Independiente. Todo lo que pasó con mi viejo quedó de lado, aunque siempre estaba en mi cabeza. 

-¿Qué recordás del 9 de enero de 1981? 

-Yo era el único que no estaba en mi casa. Mi hermana Gabriela también casi se muere. Mi abuela también porque lo intentó agarrar a mi viejo y salió despedida. Yo era la única persona que no estaba, había ido a lo de mis otros abuelos. Tenía casi cinco años. Tengo una memoria terrible. Tengo grabado cuando mi vieja me lo dice. Fue al día siguiente. Fue a la casa de mi otra abuela y yo estaba jugando con mis primos. Entró llorando la madre de ellos y me dice que mi mamá quería hablarme. Salgo al pasillo y la veo a mi vieja llorando. Me dice «papá se fue al cielo a jugar con los angelitos». Son cosas que te quedan. Se sufrió pero todo fue diferente cuando empecé a jugar en primera. Habré jugado bien, habré jugado mal, habré jugado regular. No sé cómo me recuerdan. Y la verdad que eso no me importa. Pero soy del fútbol. Mi apellido es fútbol. Lo único que yo tengo que hacer ahora es volver a dirigir. Pienso en eso y en aprender, aprender, aprender…  

-¿Miraste videos de tu viejo jugador?

-Recuerdo que Gonzalo Bonadeo me consiguió varios videos en VHS y vi varias cosas de mi viejo. Me impactaba porque soy muy parecido a mi viejo, por no decir idéntico. La forma de jugar, la forma de caminar, la forma de pararme. 

-¿Cómo eran esos diálogos que tenías con tu abuelo y qué te decía de tu papá? 

-Imaginate, el nieto que vuelve a hacer todo lo mismo que hacía el hijo. Lo de mi viejo fue un golpe muy duro, mi familia era muy unida. Y volver a vivir otra vez todo para mis abuelos. Para ellos fue difícil pero también alegre. Porque se volvió todo a la misma vida que tenían cuando estaba mi viejo. El volver a ir a una cancha después de muchos años. Pero obviamente que lo de mi viejo fue un golpe que nunca se supera. 

-Hiciste una carrera similar a la de tu viejo, ¿vos lo sentís así?

-Lo que siento es que el 90% de mi época de jugador tomé malas decisiones. Podría haber sido mucho más de lo que fui si hubiera elegido otros clubes. Todos los años que jugué tuve ofertas para irme al exterior y nunca me quise ir. Cuando decido irme a Atlas de México la pasé mal y por decisión propia me vine. No me desvelaba irme a Europa. La gente no sabe esas cosas que le pasa al jugador de fútbol. Por ejemplo, en 2001 no me fui a jugar a Francia porque se enfermó mi abuelo. Y sabía que si me iba, no lo vería  nunca más. La relación que tenía con él era impresionante. Si yo me iba, no lo iba a ver nunca más en mi vida. Y opté por quedarme. Solo por estar tiempo con mi abuelo. 

-¿Cómo es la relación que tenés con tus hijos hoy?

-Con mis hijos hablamos mucho de fútbol pero nunca de mí. A mi no me gusta inculcarles cosas mías a mis hijos. Quiero que ellos aprendan solos. Yo tengo cinco hijos. Y tengo dos que son muy obsesionados con el fútbol y se habla pero del fútbol actual, que es lo que me gusta a mí. 

-¿Qué espacio tiene el fútbol para vos? 

-Yo nací en el fútbol. Vivió mi padre del fútbol, viví yo del fútbol y ojalá viva toda mi familia. Mis hijos juegan al fútbol. Es una forma de vida que yo tengo. La única que conozco. Buena, mala, lo que sea, pero es la única que conozco. Gracias a lo que hice en el fútbol, puedo vivir bien. Pero uno siempre necesita laburar. Y también desde lo económico necesito urgente volver a trabajar. Ojalá se me de.  

Sebastián Pena anhela con volver a dirigir un equipo. En volver al fútbol, esa tecla que quiere apretar pero que todavía no está. La espera -por momentos- lo impacienta pero intenta estar tranquilo. Los sentimientos, lo interpelan. “Estos días aprendo mucho escuchando a los técnicos. Escucho conferencias, como poder comunicar mejor. Me fijo mucho en eso. El puesto de técnico es muy ingrato, el único que no fracasó hasta ahora es Gallardo. Para mí es el mejor”, confiesa. 

El último paso de Sebastián Pena en el fútbol fue como técnico en Chacarita Juniors, equipo con el que descendió en 2018. Descenso, esa palabra tan temida en el fútbol argentino. Algo que está pero que no se quiere ver. En los cinco meses que estuvo al frente de Chacarita, Sebastián Pena consiguió dos triunfos, tres empates y once derrotas. Después nunca más volvió a trabajar. Era mayo de 2018. 

-¿Te arrepentis de algo de tu último paso por Chacarita como DT? 

-Sabía que la tenia super difícil. Re contra complicada. Chacarita en 15 partidos había ganado uno solo. Pero viste la confianza como es. Hasta que el partido que descendimos, la imagen era muy buena. Es cierto que tuvimos mucha mala suerte, partidos que teníamos que haber ganado y lamentablemente no se dio. Yo pensé que los milagros se podían dar. Le empatamos a River, le ganamos a Vélez, a Estudiantes, empatamos con Racing que venía de ganar 5 partidos seguidos. Hubo tres o cuatro partidos que perdimos que fue para ganarlo. La experiencia en Chacarita es ingrata, es injusta. No hay que ser hipócrita y mentiroso, un poco de porcentaje de culpa tengo. Aprendí mucho y seguro voy a cambiar muchas cosas en el futuro. Porque de estas cosas aprendes.

-¿Cómo es tu día a día hoy? 

-Voy a las canchas. Miro mucho fútbol de ascenso. En un momento me aislé del fútbol como tres o cuatro meses porque me estaba haciendo muy mal. Me sacó adelante mi familia. «Basta de estar así. Basta de echarle la culpa a los demás», me decían.  Sé también que a veces uno trabaja muy bien y los resultados no se dan. Y el no tener laburo me sigue haciendo muy mal. Ahora tenía un club del Federal A para irme… 

-¿Y qué pasó? 

-Estaba cerrado en un 90% y se me cayó. No sé si era buena guita pero quería laburar. Ahora entreno mucho con mi mujer, que es profesora de Educación Física. Juego el campeonato interno de fútbol en River. Me sirve para moverme pero también para mantener la cabeza activa. Y me hace bien, justo ayer a la noche fui. Trato de no calentarme, de disfrutar, de pasarla bien. De eso se trata. 

-¿Qué es lo que más extrañás del fútbol? 

-Pensá que yo durante 20 años jugué profesionalmente. Todos los días de mi vida de esos 20 años. Sumale lo de inferiores. Todos esos días estuvieron ocupados. El cortar es duro. Hace un año clavado que estoy sin trabajar. La verdad que no me costó dejar el fútbol. Lo dejé y después solo quería ser técnico, técnico, técnico. Y hoy quiero ser técnico. Cada vez que voy a mirar fútbol tengo que elegir bien el partido y que un técnico no tenga chances de irse porque por ahí piensan lo peor, que estoy buscando mi oportunidad. Esa es mi forma de pensar. Soy muy respetuoso de los demás. El fútbol es muy hijo de puta en ese sentido. 

-¿Tuviste que cambiar aspectos de tu personalidad de vos jugador a vos técnico? 

-Sé que no podés tratar a todos de la misma forma. Tengo que hablar desde otro ámbito, tomar cierta distancia, me fijo mucho en el tema humano. Porque a mí me gusta tener a los jugadores bien, me preocupo en los temas familiares. Soy mucho de eso. De estar encima en los problemas que pueden tener mis jugadores. Trato desde esa óptica  que sientan que el cuerpo técnico está con ellos. Pero obvio que hay cosas que uno tiene que modificar y con los jugadores más frágiles uno debe adaptarse. 

¿Qué le diría el Sebastián Pena técnico al jugador que lleva dentro? 

-Yo rendí siempre bien cuando veía que el técnico me preguntaba por lo humano. Cuando me preguntaba por mi familia. Por eso tengo esas cosas. Siempre rendí mejor cuando estaban encima. Cuando yo veía que un técnico se preocupaba por todo el plantel, era cuando mejor me sentía. Pero cuando veía un DT que no prestaba atención a todo el plantel, ya me ponía loco, me fastidiaba. Reconozco que fui un poco estúpido en eso. 

¿Te cuesta pedir trabajo hoy?

Sí, sé que a veces tenés que pedir. Yo te voy a decir una cosa. El fútbol cambió. Vos imaginate cómo cambió que hoy dirigen los que no juegan al fútbol. Lo digo bien, no como un tema despectivo. Hoy con nombre no dirigís más. Hoy dirigís por contacto, por el representante. Obvio que después depende de uno. Si te va bien, se te abren todas las puertas. Si te va mal, tenés que volver a que te den la oportunidad. Hoy con el nombre no dirige nadie. 

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Después de una hora de charla, Sebastián mira una de las fotos de su papá. Y dice que esa fue la última foto que le sacaron. Que estaba todavía con muletas, que apenas podía apoyar la pierna. Agrega detalles. “Fue el día anterior que mi viejo se muera. Apenas se podía apoyar. Se muere mi viejo, ese mismo año desciende San Lorenzo. Mi viejo juega un partido con Tigre clave por el descenso. Hace el primer gol. Jugó con el tobillo así…” dice, y abre las manos formando un círculo. 

Sigue mirando la foto de su padre, sonríe y dice:

-Tengo recuerdos maravillosos del fútbol. Dios quiera que tenga otra oportunidad. Parece difícil pero ojalá, ojalá, ojalá alguien confié en mí. Es muy difícil estar sin trabajo. Yo nací en el fútbol.