Pablo Guiñazú

Escuchar y jugar…

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El excelso volante central recientemente retirado, es un hombre que supo reinventarse para ser ídolo del club de sus amores. Córdoba, su viejo y la pasión por los colores.

La silla en la que está sentado esperando para empezar la charla con Enganche parece un trono como el que ocupan los filósofos griegos al momento de pensar y cincelar frases que perduraron con el paso del tiempo. Uno de ellos fue Diógenes Sinope, apodado El Cínico, quien entre sus reflexiones estableció una a la que se afilia quien ahora encara el grabador. “Tenemos dos orejas y una sola lengua, para que oigamos más y hablemos menos”, sentenció aquel griego que poco tiene que ver con este pelado cordobés profeta del fernet que, de haber sido contemporáneo, seguro se alineaba como su discípulo…

Pablo Guiñazú no tiene idea de quién fue ese tipo que nació en la tierra que hoy es parte de Turquía, pero sí profesó en eso de escuchar más, cada vez más. Porque mientras estuvo adentro de una cancha como profesional se preparó sin escatimar esfuerzo ni resignar un gramo de pasión por la pelota. Alimentó ese fuego constantemente. En una trayectoria de varias páginas gloriosas, llena de títulos y erigiéndose como ídolo con distintos colores, para el Cholo lo más importante siempre fue escuchar para crecer. La inteligencia al servicio del juego. Y eso, como lo pensaba Diógenes, tenía mucho que ver con parar la oreja…

–¿Qué es ser inteligente en el fútbol?

–Todos los jugadores tiene una inteligencia particular. Se origina cuando te hacen ver en qué sos fuerte, para que lo desarrolles a pleno, y en qué no lo sos tanto, para adaptarte y empezar a mejorarlo. Ser inteligente es escuchar y tener humildad para mejorar los defectos y potenciar lo bueno que uno tiene. Con eso, un futbolista de seis puntos puede convertirse en uno de ocho.

–Empezaste siendo un jugador con mucha dinámica y con el paso del tiempo cambiaste tus características.

–Yo tuve la gran suerte de tener referentes en los planteles que me enseñaron mucho. Uno fue el Rulo París, que era volante central en Newell’s. Absorbí mucho de lo que hacía adentro y afuera de la cancha. Él me dijo cuando yo arrancaba que no me dedicase solo a gambetear, con eso me hizo dar cuenta que había que escuchar y aprender. Por tipos como el Rulo fui cambiando mi manera de jugar, y de un enganche que solo iba para adelante me fui convirtiendo, primero a hacer el carril y después pasé el medio donde empecé a leer el jugo para robar la pelota y hacerme más eje de salida.

–¿Te hubiese gustado saber al principio de tu carrera lo que terminaste haciendo después?

–Sin duda. Pero la experiencia es ese camino hasta que hacés el click de no complicar las cosas. Un toque simple o un pase de primera te das cuenta que es mejor que dominar y adelantar la pelota con riesgo de que te la roben o te confundan con la presión. “No era tan difícil limpiar la jugada”, pensás; pero te lleva un proceso. Hay que tratar de sacarles el jugo a los más jóvenes para que no se conviertan en buenísimos jugadores a los 27 años, sino que a los 22 o 23 ya tengan ese conocimiento que les permita explotar para ser antes un futbolista más integral.

–A veces da la sensación de que cuando un jugador con talento aparece en la primera, tiene apuro por irse a Europa o por llegar a la selección. ¿Ese apuro es contraproducente para conseguir esa maduración?

–Cuando yo hablaba con los jóvenes lo hacía también sobre esos temas. Es difícil Manejar la ansiedad si se te da pronto la chance de irte afuera, porque eso te permite, quizá, asegurar una buena posición económica familiar. Entonces mi mensaje era que eso llega si vos tenés condiciones y sabés esperar. El paso firme es mucho mejor que la desesperación por irte afuera a los cinco partidos de estar en la primera. Irte más firme y con el roce que te da nuestro fútbol, implica tener un soporte para jugar en otras ligas.

–También parece un mandato del futbolista tener que hacer mucha guita.

–Te das cuenta enseguida cuando un jugador ama el fútbol y cuando lo que persigue es otra cosa. Es respetable lo que persigue cada uno. Hay futbolistas que juegan muy bien y no ama el fútbol y otros que capaz no tiene tantas virtudes pero sí aman lo que hacen. La pasión por el fútbol marca una diferencia.

–¿Qué jugadores juegan por amor?

–Yo creo que un tipo como De Rossi llegó a la Argentina por amor al fútbol. Bebelito Reynoso ama la pelota. Gaby Milito era un tipo que amaba la pelota, era más chico que yo y me enseñaba con su pasión y su temperamento.  

–Y alguien como vos, que ama el fútbol, ¿cómo hizo para dejarlo?

–Es difícil, muy difícil. Yo era un loco por el entrenamiento, por estar con la pelota. Sé que lo voy a extrañar hasta el último día que respire. Decidí dejar de jugar profesionalmente, pero juego a cada partido que me llaman y en cualquier día de la semana.

–¿Tu viejo te inculcó eso?

–Con mi viejo fuimos alimentando la fantasía. Nosotros éramos del interior de Córdoba y yo de chiquito era de River, pero después me hice de Talleres y siempre soñamos con eso. En 2015, a los 66 años, mi viejo fallece y al año siguiente me llama Andrés Fassi para ir a Talleres: enseguida le dije que sí. Muchos años antes con mi viejo habíamos hablando de lo lindo que sería terminar jugando en Córdoba. Y la experiencia en mi provincia, en Talleres, donde quería jugar, no la pude haber soñado más linda.

–¿Sentís que él te acompañó en ese trayecto?

–Totalmente. Me quedó un vacío enorme cuando partió, pero también todo eso me sirvió como motor parar seguir firme con mi sueño. Llegué al club en el ascenso y fue fantástico todo desde el primer día. Y también todo lo que pasó hace muy poquito cuando me tocó dejar.

–¿Cuál es tu primer recuerdo con la pelota?

–Los partidos en los recreos de la escuela y el reto lindo de mi vieja, porque llegaba del colegio y antes de hacer la tarea ya me ponía a patear y le rompía las plantitas. Siempre de chiquito decía que lo que quería hacer era jugar al fútbol; no me despegaba de la pelota en todo el día.

–Parecés alguien  mucho más hecho para haberse quedado siempre en Córdoba que para andar por todos los lugares por los que estuviste. ¿Cuán cordobés creés que sos?

–¡Muchísimo! He tratado de llevar a ese cordobés a todos lados; y creo que lo conseguí. Los cordobeses tenemos esa alegría que en cualquier grupo contagian y empujan para adelante. En Rusia no entendía el idioma y cuando comencé saber algunas palabras lo hacía para tirar esas chispitas en el vestuario. Soy un agradecido a lo que implica ser cordobés.

–¿Cuál es la característica del cordobés?

–Tratar de contestar siempre con un chiste. Somos amigueros, tratamos de estar cerca, y siempre con ganas de reunirnos: una asado, un fernetcito y una cerveza.

–¿Qué rituales tenías como jugador?

–No fui muy de las cábalas, pero las tenía. El mismo calzoncillo hasta que no daba más, las mismas canilleras, la forma de vendarme y ponerme cintas… Pero eso era antes de los partidos; para mí todo estaba en los entrenamientos. Correr, jugar y meter era lo que me ponía en la cabeza para ganar.

-¿Cómo te imaginás de viejo?

-Activo y jugando al fútbol con mis amigos hasta que pueda. Haciendo ejercicio y haciendo reuniones y asados con mis amigos y mi familia. Me imagino tranquilo, pero tratando de seguir aprendiendo a ser un mejor padre, un mejor esposo y un mejor amigo.

–¿Qué hubiese dicho tu viejo de esta despedida?

–Se hubiese ido de nuevo, pero de la emoción. Él fue viendo cada paso, siempre me dejó decidir, nunca opinó. Y sabés que él presentía que podía darse este final en Talleres. Si estuviese se cantaría un tanguito por dentro de la emoción. Desde algún lado va a estar presente.

–¿Cuánto te sirvió la charla con Pekerman de hace 20 años?

–Un maestro, un sabio que entendía cómo hablarte y de qué manera mejorarte. Soy un agradecido de haber sido jugador de él, fue un placer haberlo escuchado y aprendido de él. Me queda eso de José (por Pekerman) para tratar de transmitirlo a los más jóvenes, era una persona que aconsejaba de la manera justa. En la despedida va a ser uno de los técnicos.

–Si mirás para atrás, ¿qué fue para vos el fútbol?

–Lo que sigue siendo: mi vida.