Tenis de mesa

Estación ping pong

Una pasión abrazada por más de 40 millones de jugadores en el mundo y casi 20.000 en la Argentina, tiene en la Paternal un lugar donde se difunde un deporte que en estas tierras todavía se lo mira como un mero pasatiempo. La historia de un club de barrio donde todo se hace a pulmón... y, por supuesto, con el corazón.

Liliana se acerca con un plato de postre, con arabescos, que denota que tiene varios años y que se trata de vajilla personal. Sobre la delicada porcelana descansan unas tiritas tentadoras de budín de pan que ella explica son de su autoría. Ofrece a los pocos que esperan la apertura de los entrenamientos. Iván charla con la gente, comparten vivencias, hablan de sus vidas. Se dialoga de cualquier cosa menos de lo que todos van a hacer allí. Hay aire de casa, se respira buena energía, sin histerias ni exigencias de alto rendimiento. Ese es el escenario en el que crece día a día Estación Ping Pong, el proyecto que lleva más de seis años de historias, que nació en un galpón recuperado en Caballito que pertenecía a los ferrocarriles, y que hoy sigue su vida en Paternal para fomentar la competencia y principalmente la difusión de un deporte que en estas tierras se lo mira como un mero pasatiempo.

Hay que meterse a bucear en el universo de esta actividad para comprender cómo multiplica su pasión en silencio. Iván Eidelson, fotógrafo de cuna, y Liliana Cucut, asistente social de profesión, cuidan a sus más de 60 socios activos con el afecto que se profesa entre un grupo de amigos. Sus socios responden de igual forma, porque muchos ayudan con arreglos, con la organización de los torneos, con algunas clases… 

No importa cuánta destreza tiene el recién llegado, ellos intentan que se sienta parte y que pueda entender que se puede lograr jugar al ping pong –tenis de mesa para los puristas– a un nivel respetable en poco tiempo. Iván entrena a todos por igual, colabora con los que recién comienzan, y siempre está pendiente de darle oportunidades a cada uno de sus socios. Se niega a cobrar por una clase de iniciación y no duda en decir: “De ninguna manera voy a cobrarte, la idea es que vengas, que conozcas, que te diviertas y te sientas parte. Eso es parte de nuestra misión”.

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Seis mesas profesionales están perfectamente distribuidas en un galpón que reacondicionaron todos los socios. Pero son muchos los que desarrollan clubes para potenciar la actividad. La Legión, Atlanta, Ferro, River, San Lorenzo, Alvear, Ateneo Popular de Versalles… Todos son parte de un circuito que tiene casi ¡20.000 jugadores! y que participan del TMT (tenis de mesa para todos), un torneo que nació de la mano de un aficionado y que terminó por formar parte de Fetemba (Federación de Tenis de Mesa de Buenos Aires y Conurbano). No importa el nivel, sólo hace falta tener ganas y se puede arrancar desde la séptima división hasta la primera. Se puede seguir por la web (www.tenisdemesaparatodos.com) la evolución de cada jugador y también los puntos que obtiene cada club por la participación de sus jugadores.

Fernando Trigo camina entre las mesas de Estación Ping Pong a paso cansino. Siempre calmo, saluda y se dirige a darle forma a una de sus tantas esculturas. Sí, esa también es parte de la escenografía. Fernando es un excelente jugador de tenis de mesa, amigo de Iván, que entre entrenamiento y entrenamiento se dedica a esculpir. Fernando es, además de escultor, odontólogo y realiza prótesis buco-maxilo-facial, pero cuando se trata de jugar, su destreza acapara la atención de muchos de los que por primera vez pisan el lugar.

Cada club que conforma la Liga TMT tiene sus características y su cantidad de asociados. La Legión, con Julián Levin como entrenador principal, con 105 jugadores activos, es uno de los dominadores del mapa de los más tradicionales. También Gimnasty, de La Plata, con Daniel Chu, es uno clubes más observados, porque se dedica a formar jugadores, varios de ellos llegaron, por ejemplo hasta la selección argentina de tenis de mesa, como Horacio Cifuentes y Agustina Iwasa.

No es simple amplificar el mensaje. Sin embargo, la lucha por generar más adeptos al tenis de mesa, es darle facilidades a los novatos para poder sumarse a un planeta en el que primero hay diversión y después se advierte que para el dominio de las técnicas es necesario tener disciplina, dedicación y compromiso.

Se estima que el tenis de mesa es el segundo deporte con más federados en el planeta, con más de 40 millones jugadores. Un estudio de la NASA determinó que es la disciplina de elite más difícil de practicar y en China esta actividad que domina a todas las edades. La supremacía de los asiáticos sobre la disciplina es tan importante que hasta se llegó a pensar en quitarlos de las competencias internacionales porque resultan prácticamente insuperables. “Desde 2003 los que ganan los mundiales son los chinos. En el resto del mundo el tenis de mesa es el deporte número 20 de cada país, en China es el uno y como son 1400 millones de habitantes, sacan Messis del deporte”, contó Cifuentes en una reciente entrevista con Enganche. La referencia está directamente vinculada a talentos como los de Ma Long y Liu Shiwen, que son los reyes del Ping Pong en hombres y mujeres en todo el globo.

Pasión
Horacio Cifuentes, en acción

Iván toma su celular y le hace una consulta a Patricio Nizetich, que es quien maneja TDM y es una de las referencias del deporte en la Argentina. Todos se conocen, todos trabajan para multiplicar la tarea. Hay diferencias, como en todas las actividades, pero hay un movimiento fuerte por darle vigor a esta actividad. Apenas unos 200 pesos puede salir un alquiler de una mesa para divertise un rato. Casi el mismo dinero puede costar una inscripción a un torneo de TMT. “Hasta la selección argentina no paro”, le dice Juan, uno de los chicos que tiene a su cargo Iván, y recibe una respuesta de su entrenador que convence: “Si trabajás y te lo proponés, ¿Por qué no?”.

Suena las pelotitas sobre las mesas. Alguno festeja un punto y si se eleva el tono de la voz, otro pide que se baje el nivel para respetar a los demás. Se escuchan risas, bromas y una alta dosis de seriedad para practicar… Es realmente cautivante ver cómo viaja una pelotilta de unos 40 mm de diámetro a semejante velocidad (se registraron marcas en la elite de 100 kilómetros por hora). Se prometen ñoquis como menú de viernes. Se arman paletas nuevas para competir. Se comparte una gaseosa. Estación Ping Pong es uno de los tantos lugares en donde el tenis de mesa se hace terrenal. Es uno de los reductos en donde germina día tras día una actividad que cuando llega a la vida de los que lo practica, se hace piel y se convierte en un pasión.