Eva Gatica

La hija del Mono

Eva Ema Gatica es hija de un ídolo popular del boxeo argentino. En esta nota con Enganche confiesa: "Mi viejo fue el hijo que no tuvo Perón".

Eva Ema Gatica podría estar horas hablando de política y de boxeo; son pasiones entrelazadas en su ADN. Por eso, no es de extrañar, que –por un momento– deje de armar su valija de vacaciones, para atender el llamado de Enganche a las once y media de la noche. “Hagamos la nota ahora, que después ya no me vas a encontrar”, dice, como si supiera que la memoria de su viejo no puede esperar. “Gatica sigue vigente y yo aprovecho para recordarlo cada vez que puedo, él fue un ídolo que aún vive de generación en generación”, comenta Eva, quien preside la comisión femenina de la Federación Argentina de Boxeo (FAB). 

–¿Cómo te llamás? (Nder: algunos medios la llaman Maria Eva)

–Eva Ema Gatica. Eva porque así lo quiso mi madrina Evita. El nombre María no le gustaba, según me contaron. Y Ema por el nombre de mi mamá, Ema Fernández. Ah, y quiero agregar una cosa: nací en el Hospital Duran porque mi papá quiso que naciera en un hospital del pueblo, en un parto asistido por las enfermeras de la Fundación, y no en un sanatorio. De esas historias ya no existen más. Ahora es todo guita, todo plata. 

–¿Qué recuerdos tenés de tu viejo?

–Un ser divino, bondadoso, querido, solidario, buena gente. Un gran padre. Se murió joven, a los 38 años (Nder: lo atropelló un colectivo, cuando salía de vender muñequitos en la cancha de Independiente). Cuando murió mi papá, en 1963, yo tenía 14 años. Fue duro. Me puse al hombro el apellido y acá estoy. 

–¿Por qué creés que tu viejo fue un ídolo? 

–Los pueblos hacen a los ídolos.. Hay artistas que son conocidos por la gente, que son estrellas, que son famosos. Pero los ídolos mueven multitudes y quedan en el recuerdo de la gente. 

–¿Habrá sido que Gatica fue el espejo de una época en la cual el ascenso social era posible? 

–Tal vez. Él hizo de todo: lustraba zapatos, vendía diarios, abría las puertas de los autos. Cuando él se hizo popular, no había televisión, sponsors. Era él, su bata y sus puños arriba del ring.

–¿Qué cosas se puede desmentir de tu papá?

–Se va haciendo una leyenda de la vida de los ídolos. Unos dicen que era bueno y solidario. Otros que era bueno, solidario y que si él tenía, le daba a todos. Cada uno le va agregando una cosa. Lo importante es que mi viejo, después de tantos años fallecido, sigue en la memoria. De hecho hay una placa con su nombre en el Madison Square Garden de Nueva York, por su pelea con Ike Williams (ex campeón mundial de los ligeros al que enfrentó en 1951).

–¿Fue más peronista que Perón?

–Gatica fue un peronista como ningún otro. La lealtad de mi viejo hacia Perón y Evita fue incalculable. No creo que haya habido otro peronista tan fiel como él y menos en esta época. Hablan de que mi viejo despilfarró dinero y esas cosas. Pero la gran fortuna que me dejó mi viejo fue mi apellido. Mi papá no necesitaba de Perón y Evita, porque ya era Gatica. El era peronista de verdad. Los quería de verdad… 

–Bueno, igual el peronismo lo ayudó y puso dinero (300 mil dólares) para la pelea con Ike Williams…

– Eso es mentira, ¡¿de dónde surgió eso…?!

–Eso lo contó Ernesto Cherquis Bialo en una semblanza.

–En los años cincuenta no existía esa cifra… Cherquis es amigo. Y no voy a desmentirlo. Dejalo ahí.

–¿Porqué terminó así? ¿Le faltó contención…?

–En todos los deportes, las historias son siempre las mismas. Lo que cambian son las épocas. Galíndez, Monzón, Maradona, todos salieron de barrios humildes y apenas si cursaron algo de la primaria. La historia es una sola en diferentes épocas. Sin embargo, al margen de su educación, tienen una magia, algo especial. La gente necesita creer en algo o en alguien. Y edifica ídolos. Eso no es marketing, como se ve ahora, que se ponen un gorrito y le dan 500 mil pesos. Los ídolos están hechos de otra cosa, de algo inmaterial.

–Le costó caro a tu viejo ser peronista. Fue preso… De ese episodio surge una frase mítica en la película de Leonardo Favio, que no sabemos si fue cierta. “Señor, yo no hago política, solamente soy peronista”.

–Sí, eso fue en Lomas de Zamora, en el Lomas Park. Salió a pelear de ahí y se lo llevaron preso (el 6 de julio de 1956). Los militares lo metieron en cana porque le dedicó un triunfo a Perón que estaba exiliado en Panamá… Le costó caro ser peronista. Orgullosamente preso. El fue feliz igual porque no se había robado nada, eh. Pasa el tiempo, y sigue más vigente que nunca, sus frases, sus anécdotas, perduran en el tiempo. El fue un transgresor en la vida. Los jóvenes de hoy lo tienen allá arriba…

–¿Cómo seguís vinculada al boxeo?

–Yo soy la presidente de la Comisión Femenina de la Federación Argentina de Box. Estoy muy orgullosa de las boxeadoras, juezas y árbitros. Estar ahí me hace muy feliz. El boxeo rompe con los esquemas tradicionales. Hoy en día hasta las más “cajetillas” practican boxeo. Y las chicas que tenemos como campeonas son divinas, bonitas, verdaderos ejemplos. La Tuti Bopp es psicopedagoga y psicóloga social, la Pantera Farías está por recibirse de periodista. Y la Tigresa Acuña pronto entrará al Salón de la Fama de Nueva York, es la Licencia Número 1 de Argentina.

–¿Qué no le perdonaron a tu viejo?

–A mi viejo no le perdonaron haber sido peronista. Pero… ¿quién lo rescató a mi papá? El pueblo lo rescató y lo hizo ídolo. El era muy amigo de Perón y Evita, los quería a los dos por igual. Fue el hijo que no tuvo Perón.

–Fue un personaje, que curiosamente no salió campeón mundial…

–Siempre me intrigó saber qué pasaba por la cabeza suya. No sé porqué, debe ser muy difícil ser popular. Cuando están bien, hay como 50 mil alrededor de ellos. Pero cuando están mal, están más solos que Pinochet en el día del amigo. De igual modo, prefiero rescatar lo positivo y trascendente. Gatica nació adelantado. Mirá si viviera hoy…  Sin televisión, sin nada, mirá lo que fue. 

–En tu caso, no fuiste boxeadora, pero te colgaste varias medallas…

–Yo gané varias batallas, en el 2013 repatrié los restos de mi padre a San Luis, una ceremonia con todos los honores que me dio Claudio Poggi (ex gobernador puntano, actual senador). Hoy mi papá descansa en paz. Y trabajo con programas de boxeo social, que es una cosa maravillosa.

Eva debe seguir con el armado de sus valijas para disfrutar de unas vacaciones junto con su nieta. Pero antes pide un favor: “Anotá esta dirección –dice–: Almafuerte 1685. En la casa donde él nació, en Villa Mercedes, hoy reconvertida en Museo del Boxeador. Vayan a conocerla. Hay corbatas, batas, guantes, un ropero y hasta una cama. Mi viejo es historia. ¿Se dieron cuenta? Siempre hay alguien hablando de él”.