Fadil Vokrri

El alma máter del fútbol kosovar

Un jugador, un vida dada al deporte más popular de todos. La historia a partir de la cual el fútbol de un país logró ser reconocido. Hoy, la selección es uno de los grandes íconos que tiene el pueblo de Kosovo.

Todavía en Pristina, la capital de Kosovo, resonaban los horrores de la guerra que se desató hacia finales de la década del ‘90 entre la República Federal de Yugoslavia, que incluía a Serbia y Montenegro, y el Ejército de Liberación de Kosovo, cuando la asamblea nacional decretó unilateralmente su independencia en el año 2008. Un día antes, el 16 de febrero, asumía Fadil Vokrri la presidencia de la Federación de Fútbol de Kosovo. Vokrri era un ídolo de la generación dorada. Veloz delantero, brilló durante la década del ’80, jugando en el KF Prishtina, para luego pasar al Partizan serbio y a distintos equipos de Europa. Incluso, fue el único futbolista kosovar en llegar a representar a la ahora extinta selección de Yugoslavia. Sin embargo, su legado excede lo realizado durante su carrera como futbolista. Y se iba a entrelazar con la dura tarea que tenía y aún tiene la novel nación para obtener el reconocimiento oficial de la comunidad internacional, en donde el fútbol iba a pasar a tener un rol central.

La mayor parte de los países que reconocieron a Kosovo cuando declaró su independencia lo hicieron ese mismo año o el siguiente. Muchos, por el contrario, decidieron no hacerlo para no arriesgarse a un conflicto diplomático con Serbia, Rusia y China, los países que más fuerte pugnan por su no-reconocimiento. Esta tensa situación le provoca al día de hoy grandes problemas, como por ejemplo, tener dificultades para ingresar a organismos multilaterales de vital importancia para el funcionamiento de un país.

Pero en el plano del fútbol, en un primer momento, la FIFA rechazó su pedido de afiliación, presionada por naciones de peso como las anteriormente nombradas y España (que tenía su conflicto aparte con Gibraltar), bajo el argumento de que en principio no cumplía con el requisito esencial de tener reconocimiento por parte de la comunidad internacional. Así mismo, se le prohibió disputar amistosos contra cualquier selección afiliada, en una clara respuesta a una serie de partidos amistosos disputados en los años anteriores de manera no oficial.

En este contexto, donde el reconocimiento en organismos oficiales se volvía dificultoso, Vokrri tuvo que recurrir a métodos alternativos para visibilizar esta problemática. Apalancado en su figura, la diplomacia del fútbol se convirtió también en una herramienta para lograr lo que la política no estaba logrando. Y si había alguien que podía lograrlo era él. Su buen recuerdo de su época como futbolista, y su mesura a la hora de no declarar fuertemente en contra de Serbia durante su trayecto, le otorgaban cierta protección que le permitía navegar las turbulentas aguas de la geopolítica del balón. Así, se gestó un plan que tenía dos etapas: ingresar a la UEFA para luego entrar a la FIFA. Para lograrlo, se realizó un meticuloso trabajo fino con las autoridades de la organización continental y con ciertas federaciones, a fin de ir ganando apoyos. Y también se recurrió a ciertas acciones que apuntaban a visibilizar a la selección nacional de Kosovo. Quizás, la más sorprendente fue la carta que firmaron varios jugadores de origen albanokosovar donde se le pedía a la FIFA que al menos se le autorizara a disputar encuentros amistosos. Entre esos futbolistas, se encontraban figuras de peso como Xerdan Shaqiri, Valor Behrami y Granit Xhaqa, para darle aún mayor peso a la misiva. Para lograr esas firmas, Vokrri incluso tuvo que infiltrarse sigilosamente en el hotel donde concentraban antes de un partido para no despertar sospechas ni exponer (aún más) a los futbolistas. Nada podía quedar librado al azar.

Finalmente, tras varios meses de gestiones, de varias idas y vueltas, en 2013, la FIFA  le permitió a Kosovo disputar amistosos y encuentros no oficiales siempre y cuando no expusiera sus símbolos patrios ni se entonara el himno nacional durante los encuentros. Lo que para muchos podría ser una ofensa, para Vokrri fue, sencillamente, una victoria enorme: el dique había caído, y sabía que con el sólo hecho de tener once jugadores en cancha representando a su país fue suficiente para darle mayor volumen a su demanda. Los símbolos no fueron necesarios, la selección misma lo era. Así Kosovo disputó finalmente en 2014 su primer partido oficial como selección, en un amistoso disputado en la ciudad de Mitrovica, donde empató 0 a 0 contra Haití. El resultado fue anecdótico, el significado, mucho más profundo.

El tiempo y los canales informales que se iban abriendo se encargaron luego de decantar la situación en su favor. Finalmente, en mayo de 2016, la UEFA en una votación secreta, permitió su ingreso a la Federación. Poco tiempo después, ya era miembro pleno de la FIFA. Y si bien en un principio Serbia puso el grito en el cielo para evitarlo, para ese momento las relaciones entre ambos países ya estaban encaminadas bajo el acuerdo de Bruselas, lo cual reducía aquellas tensiones.

Sin embargo, Vokrri sabía que su trabajo todavía no había terminado. No era sólo la cuestión de participar en los torneos oficiales. También había que dotar a la selección del talento que él sabía que estaba desperdigado por las distintas ligas europeas, donde jugaban muchos futbolistas de origen kosovar que nacieron en otros territorios o fueron forzados a emigrar desde muy pequeños por la inestabilidad que sufrió la región durante tanto tiempo.

En un amistoso entre Suiza y Albania, mientras se mantenía la prohibición de la FIFA, Vokrri dijo que “estaba viendo a Kosovo A contra Kosovo B”, por la gran cantidad de futbolistas que podían potencialmente formar parte. Incluso esta cuestión era un escollo para que algunas naciones la aceptaran como miembro, teniendo el miedo real de que varios jugadores pudieran optar para la nueva selección y así debilitar a las existentes. Con buen tino, se negoció con la UEFA que se iba a analizar caso por caso para cada futbolista que decidiese representar a la nueva nación si ya contaba con partidos oficiales en otra selección. Hasta el momento, salvo algún problema puntual, todos los futbolistas que lo han pedido, han podido representar a Kosovo oficialmente.

Así se formó una selección con jugadores de una jerarquía superior a la que pueden aspirar muchas selecciones europeas de los sectores bajos del ranking. Futbolistas como el capitán Amir Rrahmani (defensor jugando en Hellas Verona que había representado anteriormente a Albania), o los volantes Arber Zeneli (jugando en el Stade Reims, con previa representación sueca), Valor Berisha (actualmente en Düsseldorf y con pasado en la selección noruega), o su gran estrella, Milot Rashica (un potente extremo que se desempeña en Werder Bremen), son solo ejemplos de la calidad de los jugadores con los que la selección se fue lentamente formando.

Tras un comienzo tumultuoso, y a medida que la calidad de los jugadores que aceptaban participar iba aumentando, comenzó a lograr resultados sorprendentes. De la mano de la dirección técnica del suizo Bernard Challandes, llegó a hilvanar quince partidos invictos, incluyendo un ascenso a la Zona C de la nueva UEFA Nations League, y estuvo al borde de la clasificación a la Euro 2020, pero una derrota clave por 2 a 1 contra República Checa lo marginó al tercer puesto. Aún así, el crecimiento exponencial que tuvo en tan poco tiempo le valió a esta selección el mote de “milagrosa”, y muestra el siempre inmenso potencial futbolístico que tiene cualquier país de la región de los Balcanes. Hoy, la selección es uno de los grandes íconos que tiene el pueblo de Kosovo, y se debe en gran parte al esmerado y paciente trabajo que logró Vokrri.

Mas allá del éxito logrado gracias a los futbolistas que consiguió “nacionalizar”, Kosovo también cuenta con su propia estructura local, aunque con una realidad muy distinta. La primera división, llamada por razones de sponsoreo IPKO Superleague, cuenta con 12 equipos y fue fundada en 1945. En ese momento, la Liga servía como una liga provincial que alimentaba las ligas superiores yugoslavas. Con la muerte del Mariscal Tito y la posterior caída de la República Socialista de Yugoslavia, en 1992 se separó de aquella asociación y se refundó como la Liga Independiente de Kosovo, con las distintas divisiones correspondientes. Sobre esta base se forma la estructura que hoy sí reconoce la UEFA como el campeonato oficial.

Los problemas estructurales aquejan al fútbol local y dificultan su desarrollo. Es cierto y concreto. ¿Por qué negarlo? Pero la situación mejoró notablemente si se compara con la década del ’90, donde incluso algunos partidos no podían jugarse porque los equipos eran detenidos durante horas por el ejército serbio o, por caso, los jugadores debían bañarse a la vera de un río que lindaba con una de las pocas canchas habilitadas al no haber vestuarios. Los bajos salarios y la falta de instalaciones adecuadas son de los mayores problemas que merman la competitividad de la Liga. Aún así, la misma es televisada y atrae numerosos futbolistas africanos a los planteles, con la excusa de poder jugar en Europa y mostrarse de cara a una posible transferencia a una mejor liga como la albanesa. Y si bien los números de asistencia no son muy altos, los equipos cuentan con los clásicos grupos ultras que tan conocidos son en el fútbol de los Balcanes. Si en la esfera de las selecciones, lo de Kosovo puede llamarse realmente un milagro, su fútbol local ofrece un claro contraste y representa también su lugar actual en Europa, no sólo a nivel deportivo sino socioecónomico.

El club mas importante lleva el nombre de la capital. Es KF Prishtina y fue fundado en 1922 bajo el nombre de FK Kosova. Tuvo su época dorada durante la década del ’80, cuando llegó a jugar en la primera división yugoslava varios años consecutivos, con participaciones más que aceptables, y con resultados históricos como una victoria en su primera temporada ante el Estrella Roja de Belgrado. Muchos jugadores de la generación dorada kosovar (sin contar la actual) jugaron durante ese ciclo en el club, incluído el mítico Vokrri. Durante la década del ’90, alternó entre la primera y la segunda división hasta que fue suspendido el torneo tras el bombardeo de la OTAN sobre Belgrado en marzo de 1999. Sin embargo, desde su vuelta al fútbol local, sólo pudo conquistar tres torneos, y no pudo ganar ninguno desde la afiliación oficial de la nación a la UEFA.

Lamentablemente, la tarea de mejorar el fútbol local para Vokrri quedó trunca. Subitamente, falleció en julio de 2018. Horas después de ese trágico hecho se decretó duelo nacional y todas las banderas en dependencias oficiales fueron izadas a media asta. El estadio nacional rápidamente pasó a llevar su nombre en su honor. Y fue despedido con honores. Todos reconocen su labor y su inconmensurable aporte para dejar en alto la bandera de su país, primero como futbolista y luego como dirigente. Y quizás sea un vano consuelo ante una tragedia inesperada, pero al menos pudo en vida ver los resultados de su lucha: un país libre, y una selección de fútbol reconocida por el mundo, formada con jugadores kosovares y que se codea con las grandes naciones europeas.