Federico Mancuello

Ni ídolo, ni estrella, un tipo como cualquier otro

A los 31 años mezcla orgulloso sus orígenes en Reconquista con las exigencias del fútbol para sentirse uno más, sin perder de vista los costos y los beneficios de una profesión que parece no permitir parar la pelota para pensar más allá del campo de juego. "No me considero ídolo, el ídolo es el que consigue títulos, el que marca en la historia, hay personas que han ganado mucho más en el club y que sí tienen ese nombre", dice.

Lleva una luz especial en sus ojos. Aparece en un momento puntual. En realidad, se intensifica cuando habla de algo que lo apasiona. Se acomoda en su silla como si estuviese tomando carrera para contestar y que el mensaje llegue lo más potente posible. Es un tipo completamente común, pero con fueros de futbolista. Lo asume, no lo esquiva, aunque prefiere la parte menos pomposa del título de “famoso”. La cuna la tiene marcada a fuego y en cada gesto regala Reconquista. En cada palabra ofrece a Mónica y a René, los que le enseñaron qué está bien y qué no tanto. Federico no negocia nada de lo que está en su manual de vida. Mancuello tampoco, porque su palabra es su arma más poderosa. Ni un buen cambio de frente, ni un gol, ni un título, se respeta y respeta, un estilo de vida.

La música es parte de su alma. Leo Mattioli acompaña, la cumbia santafecina es su motivación. Se acomoda a estos tiempos de distanciamiento social y organiza su casa. Comparte mucho tiempo con su hija Lisa, se entrena con su mujer Florencia, en realidad ella es el motor para que Mancuello acepte la rutina en el gimnasio que musicaliza con una playlist especial (lo asesora muchas veces ASJ Marketing Digital, una empresa que lo ayuda con la comunicación). En la charla con Enganche, Mancuello invita a recorrer cada rincón de su filosofía de vida. Porque Independiente, Belgrano, Flamengo, Cruzeiro y en la actualidad Toluca, son apenas una parte del hombre que jamás se va a traicionar.

–¿Pudiste darte cuenta de todo lo que te pasó desde que arrancaste?

–Es como que me lo puse a pensar ahora porque muchos me lo preguntan y uno en su cabeza tiene una cosa y las personas, que lo viven de afuera, lo ven diferente. Mi carrera en sí fue, en cuanto al sacrificio, muy dura porque cuando tenía 14 años y me fui a probar al club, a Independiente, mis papás se habían ido para firmar, porque me habían dicho que iba a firmar, y cuando llegan al club no sé qué pasó y les dicen que me iban a evaluar durante un mes más. Para ese entonces, mis papás habían sacado un crédito para poder viajar y poder firmar. Y yo no sabía qué decirles porque uno a los 14 años puede dar una opinión o algo, pero es muy chico. Entonces, me tuve que quedar en el club y ellos volvieron a Buenos Aires un mes después. Y de ahí empecé en divisiones inferiores, primero siendo poco utilizado, de mitad de año empecé a jugar más. Después en séptima división las cosas no fueron fáciles porque empecé jugando y me sacaron. Y cuando te sacan se te hace difícil volver. Entonces, todos los años fueron de esa manera. Incluso, cuando debuto en la primera división, en el último partido me dicen que me vaya a Reconquista y que el 5 de enero de 2009 me presente a la pretemporada con el plantel profesional. Estaba en Reconquista y el 3 de enero me llaman para que no volviera con la primera sino con la cuarta. Esa fue la época de más incertidumbre, porque estaba en el segundo año de cuarta división y me quedaba un año y medio para que me pudieran hacer un contrato o me dejaran libre. Yo era un poco más grande y mi papá tenía ganas de que dejara el club porque tenía oportunidades para ir a otro lado y él sentía que no me valoraban. Y yo le dije que tuviera paciencia que yo creía que tenía las condiciones para jugar en el club. Después surgió un torneo en Gualeguaychú, el 21 de enero de 2009, al cual van algunos suplentes de primera y me llevan a mí. Fue así como debuté en la primera porque después de ese torneo que salió bien, al siguiente viernes jugamos con Vélez y yo fui al banco. Entonces es como que todo fue muy rápido. Siempre fue muy así y por eso tomaba cada desafío con mucho orgullo y pasión. De esa manera es que fui consiguiendo las cosas.

–Me quedé con eso del crédito… que tus viejos solicitaron uno para poder viajar y que firmaras ese primer contrato. Contame algún detalle más…

–Yo estaba por firmar mi primer contrato, era mi pase de Reconquista a Buenos Aires para jugar en divisiones inferiores, no era para jugar en la primera. Ellos tenían que viajar porque yo era menor de edad para firmar y aceptar que yo jugara en el club. Estaban apostando al sueño de su hijo y eso uno lo tiene grabado en el corazón y a partir de eso realiza todo. Por eso me marcó tanto.

–Hoy a la distancia y con todo lo que acarrea el encierro que incluye muchas veces la reflexión, ¿el fútbol es un laburo o sigue siendo un juego al que te permitís jugar? Hay muchos jugadores que pierden ese encanto por lo profesional…

–El otro día lo hablaba con Pablo Manusovich, que es el ayudante de campo de Jorge Almirón, porque me mandó una nota que decía que el jugador de fútbol pasa más tiempo sin la pelota que con la pelota. Y él tenía un análisis de cuánto tiempo tiene un jugador la pelota en todo el partido y no superaba los dos minutos. Y se preguntaba cómo puede ser que el jugador está tan poco tiempo con la pelota durante un partido y, sin embargo, se enamora de ella. Cuando uno empieza a jugar dice que se enamoró de la pelota y todo el tiempo quiere tener la pelota. Tuve la suerte de aprender mucho con Jorge y le decía que es un juego hasta cierta edad y pasa a ser un trabajo cuando tenés que abarcar un montón de otras situaciones. Porque tenés que abarcar información, sistema táctico, cómo juega el otro equipo, cómo lo hace, de qué manera presiona, cómo se repliega. Entonces pasa a ser un trabajo y no por el hecho de tener que levantarse para ir al trabajo, sino que tenés que pensarlo un poco más. Ganar un partido con solamente la táctica y la técnica no se puede. Entonces ahí, cuando el juego pasa a tener otro tipo de información, pasás a sentirlo como un trabajo.

–¿Cuánto podés disfrutar hoy?

–Yo lo disfruto totalmente, todos los días. Cuando pierdo, llego a mi casa y sé por qué perdimos. Entonces, sabés qué tenés que hacer la próxima vez que te pase tal cosa para no perder. Sin duda que la autocrítica duele mucho porque vos sabés que podrías haber hecho tal cosa o tal otra. Cuando termina el partido vos no te podés reprochar lo que podrías haber hecho y no lo hiciste porque te faltó algo, sino que tomaste una decisión y te equivocaste. Perder y saber qué tenés que hacer el próximo partido o el próximo entrenamiento que es el lunes te permite disfrutar del aprendizaje. Uno no disfruta la derrota, cuando llego a mi casa no quiero hablar y preferís quedarte pero lo disfruto en el sentido personal de saber que mañana tengo otra oportunidad de vencer eso.

–Siempre fuiste muy autocrítico, tratás de buscarle el por qué a las cosas. Eso tiene que ver con vos, en que tratás a poyarte en alguien más allá del universo del fútbol

–Siempre salió de mí, creo que el mejor análisis sale de uno. Y eso no quiere decir que yo esté en contra de las personas que trabajan y ayudan como los coaches, como los psicólogos. Pero en mi caso trato de pensar yo el por qué. Un poco pasa porque tuve la suerte de conocer a Jorge [Almirón] en una época en la que yo había viajado a Italia y conocí a Giuliano Poser, que fue el nutricionista de Messi [Lionel] . Es un médico que abarca un montón de especialidades y que una de ellas es a base de la alimentación, lo que te permite cambiar un montón de cosas y pensamientos. Y nosotros veníamos de una etapa muy dura como la del ascenso (por Independiente). Habíamos ascendido y fue ahí cuando fui y él me notó muy tenso. Yo le expliqué que era muy difícil salir de esa transición en un país tan futbolero y en un club tan lindo como Independiente necesitábamos ascender. Yo venía de Reconquista con otra cultura familiar, diferente, no estaba mal, no era ni buena ni mala. Adaptarme a esa alimentación era un cambio que abría mi cabeza a nuevas cosas.

–Por ejemplo…

–Era muy sacrificada porque tenías que dejar alimentos que uno estaba acostumbrado como la levadura, el azúcar, la leche y los derivados. Cuando sos chico te dicen que tenés que tomar leche para los huesos. Entonces, el hecho de conocer a Jorge Almirón me permitió aprovecharlo de otra manera. Él nos inculcaba muchos cambios y fue un punto de partida para cosas nuevas.

–¿Y esa alimentación hoy es a base de qué? ¿Es similar a la de Messi?

–En su momento, cuando fui era porque estaba en Italia haciendo el pasaporte comunitario, ya que cuando ascendimos tenía muchas propuestas para irme, pero después decidí quedarme. Entonces, [Martín] Demichelis me dijo que fuera que no me iba a arrepentir y me acerqué. Él a base de un test de intolerancia que hace le da una alimentación diferente a cada uno. En principio le quita a todos la levadura, el azúcar, edulcorantes y la leche. También me sacó el tomate, el cerdo, que me lo sacó para siempre, y algunas cosas más. Me veía cada seis meses y mis vacaciones las gastaba ahí. Cada seis meses me cambiaba algunas cositas: por ejemplo, me devolvía el tomate y me retiraba otro alimento. Siempre fue cambiando, era muy sacrificado por nuestra cultura. Acá te juntás con amigos y hay pizza y a uno le gusta tomar cerveza, fernet o comer asado. Entonces, uno siendo más grade sabe cuándo se puede permitir algo.

–En todo este camino y todo lo que te pasó, el ascenso con Independiente, hacer la pretemporada en un hotel sindical sin grandes lujos, con ventiladores de techo, todo muy simple y terrenal, ¿cuánto valorás eso?

–Tomar dimensión de aquella experiencia es difícil porque cada semana era muy compleja y siempre aparecía algo nuevo. Tenías que ir resolviendo día a día. Ganabas el fin de semana y pensabas qué iba a pasar el lunes. Representábamos a un club gigantesco, pero no entrenábamos ni vivíamos como un equipo grande, porque no había agua caliente, no había la cantidad de pelotas necesarias, no había redes en un entrenamiento. En un partido con Banfield nos estábamos volviendo a nuestras casas y nos hicieron regresar al otro día y comimos pizza y Coca de una pizzería famosa de Buenos Aires. Y al otro día teníamos que jugar contra el equipo que ascendió primero. Las cosas no estaban dadas para un ascenso tranquilo. Creo que la unión del grupo, la resiliencia fue muy grande.

–El mundo del fútbol es muy difícil porque vivís esas cosas que contabas, pero también vivís otras como la exposición, fama, plata, ver cosas o tener acceso a situaciones. Vos la rompés en Independiente, te vas a Brasil, después a México… ¿Cómo se hace para vivir con eso?

–Es un desafío en base a todo lo que uno va logrando y generando, y todo lo que me pasó a mí. Intentaba disfrutar siempre, pero sabía que al siguiente partido, en la siguiente función tenía que hacer algo diferente. Entonces, en ese semestre del 2014 que fue maravilloso en lo personal y en lo grupal, cada fin de semana sabía que tenía que hacer algo para marcar la diferencia. Y cuando el nombre va tomando fuerza, uno trata de cuidar más las cosas que hace y dice o cómo actúa porque es una forma de cuidarse, de protegerse. Más allá de cómo te vayan las cosas cada fin de semana, el camino que uno hace o transcurre para llegar a ese fin de semana, si es el correcto, eso no duele tanto. Si vos hiciste todo lo posible en la semana para llegar lo mejor posible ese fin de semana y el otro equipo te gana no te duele tanto. Te duele, pero estás más tranquilo.

–¿Y a nivel personal? Porque hablando con Augusto Fernández, él reconoció que a veces se te vuelan los pájaros y la familia lo ponía en vereda. ¿Cómo se maneja uno siendo pibe y con tantas cosas que le llegan de golpe?

–Es cierto. Pasa mucho por la personalidad que tengas. Yo nunca fui de salir a los boliches. Pero cuando voy a Reconquista sí lo hago porque ahí la gente conoce a Federico, no a Mancuello el jugador. Si me ven en un boliche tomando algo o bailando, ellos saben cómo soy. Tratan de cuidarme mucho, siempre me gustó hacerlo porque el tiempo de salir lo tenía en Reconquista y ahí no había días para salir o no salir. En Buenos Aires tuve la suerte de conocer bastantes personas, ellos saben quiénes son, que me fueron acomodando. Y si te vas un poquito, te encarrilan.

–Tenés 30 años y un gran recorrido, ¿no sentís que se le da una trascendencia al fútbol que desborda, que está exagerado?

–Creo que es demasiado lo qué pasa. Nosotros quemamos muchísimas etapas de la vida por el fútbol. Después la gente ve, por ejemplo que lo nombraste, a Augusto Fernández o al que sea y lo ve en una casa gigante con un gimnasio enorme. Ahí, él y sus amigos se han perdido de vivir cosas que si Augusto no hubiera jugado al fútbol, hubiese podido vivir. El otro día leía algo así: que la persona que tiene fama le gustaría no tener fama porque le gustaría salir y ponerse en el bar de la esquina a tomar 15 cervezas sin que nadie lo moleste.

–Licha López dijo que daría los títulos que tiene para el día en que se retire nadie lo conozca…

–¡Claro! Y el que no tiene esa posibilidad quiere ser famoso, pero cuando es famoso no puede ir ni a la esquina. Está en la esencia de las personas no ver lo que tienen y desear lo que no tienen. Está en las cuestiones personales poder aceptar eso y traerlo a tu vida y poder ser feliz.

–¿Cómo salís del fútbol?

–No salgo, me gusta demasiado. Estoy todo el día mirando fútbol. Ahora me estoy muriendo. Por suerte tengo una mujer a la que le gusta entrenar y lo hacemos a la mañana, me ayuda. Si no estuviera me costaría entrenar en casa. Si fuera en el club no me costaría nada. Entonces, me ayuda y todos los días entrenamos una hora y media. Después hacemos cosas con la niña y nos ponemos actividades para hacer.

–¿No hay nada más que te guste más allá del fútbol: leer, la música…?

–Ir a pescar me encanta. Divido mi vida en campeonatos y vacaciones. En vacaciones no existe el fútbol a no ser que me inviten a jugar, que si mi invitás 15 veces voy las 15. Pero si me decís vamos seis días a la isla y no sabemos qué tenemos para comer te digo que vamos, después vemos si sacamos o no. Mis amigos saben que cuando voy a Reconquista, durante cuatro o cinco días, nos vamos y nos desconectamos. Pero en época de campeonato, veo todos los partidos habidos y por haber. Los domingos me levanto a las 8 y con el mate me la paso mirando fútbol.

–¿Y otros deportes?

–Sí, juego al golf con mi mujer. Con Darío Conca jugamos juntos en Brasil porque vivíamos en el condominio y teníamos el campo de golf olímpico y jugábamos los dos. Es como que yo lo traje y él ahora tiene mucho más tiempo y vive en una ciudad llamada Miami (se ríe) donde hay unos campitos y va y juega ahí.

–¿Cómo llegaste al golf?

–Una vez en una pretemporada, en Salta creo, el Rolfi me preguntó si lo acompañaba a tirar unas pelotitas y fui. Y si me decía que íbamos a Malvinas a traerlas me iba con él. Aparte iba convencido de que las traíamos. Un día salimos del club y me preguntó si lo acompañaba al driving y le dije que sí sin saber lo que era un driving. Yo pensé que era para manejar, te lo juro. Fuimos y tiramos, me pagó un profesor para que no lo molestara. Y desde ahí me gustó. Al tiempo me fui a Córdoba y con Teté González jugábamos allá. Teté es un gran jugador. Conocimos gente del golf y empecé a jugar más seguido. Al volver a Buenos Aires le dije al Rolfi que ya estaba preparado. Y me preguntó para qué. “¡Para jugar con vos!”. Íbamos con él a la cancha de Lugano que queda cerca de Caballito. Y cuando me fui a Brasil jugué allá.

–¿Qué cosas te quitó el fútbol?

–Me gusta mucho ir a entrenar, jugar al reducido, cargar al compañero, ganar, perder, enojarme. Toda mi vida fue eso, pero extraño volver de bailar y decidir con mis amigos irnos a pescar. Volver a casa a cambiarme la camisa, el pantalón y las zapatillas por cualquier cosa. Y, por ahí, ibas y te quedabas dormido con la caña en la mano y volvías a los dos días. El hecho de tener una restricción con los horarios y el tiempo, eso el fútbol te lo va sacando. En 2017, estábamos en Brasil con toda la familia y mi viejo cumplía años. Entonces le dijeron que pidiera un deseo y él dijo: “No, no hace falta, ya se me cumplió. Hace 10 años que no pasábamos un cumpleaños juntos”. Eso quiere decir que yo desde 2007 al 2017 no le di un abrazo a mi papá para su cumpleaños. Si te ponés a pensar en todo lo que te saca, la gente que quiere la fama o quiere ser jugador, en realidad, no lo quiere (se ríe)… deja de querer eso. En 2018 mi mujer estaba embarazada y cumplía años y yo llegué 23.55 a mi casa para poder saludarla y al otro día me iba a San Pablo para jugar la Copa de Brasil y nos quedábamos cinco días más. Si te ponés a pensar en todo lo que perdés es un montón.

–El otro día miraba el video viral del nene con síndorme de down, ¿qué te pasó con eso, qué sentiste?

–Casi me muero cuando lo veo. Amigos y conocidos me piden un montón de veces saludos y siempre lo hago. En ese caso, yo había entendido mal, porque pensé que él se había cortado el pelo como yo porque siempre lo hacía… y le dije si se animaba a cortarse como tengo ahora. Se lo mandé y uno no sabe quién más lo va a ver. Al darme cuenta de la repercusión que tuvo en la gente me conmovió. Le dije a mi mujer para verlo juntos porque no podía creerlo. Uno no toma conciencia de lo que puede generar en las personas. Creo que eso es lo más importante. Yo, como persona, siempre que dicen el ídolo de Independiente, en realidad no me considero ídolo, el ídolo es el que consigue títulos, el que marca en la historia y más allá del título de 2010 (Sudamericana), creo que hay personas que han ganado mucho más en el club y que sí tienen ese nombre. Creo que me gané un lugar más importante que es el lugar humano dentro de Independiente. Si llego a ir a Independiente me conoce hasta la chica que lava la ropa, porque viví hasta 2008 que debuté en Primera y estaba todos los días en el club. Iba a Reconquista tres veces por año y en total no estaba en Independiente unos 50 días, los otros 316 estaba en el club. Verme crecer y hacerlo con el amor que le tengo al club hace que el hincha me quiera. Y eso para mí es más gratificante.

–¿Estar alejado del fútbol argentino qué te permite ver?

–Me permite disfrutar, disfrutar de Independiente, enojarme, reírme. Te permite ver que es el fútbol más lindo, que es el de la pasión, la locura. Uno se pregunta cómo pueden pasar ciertas cosas como la violencia y las cosas que pasan en los clubes, pero el domingo estamos prendido al iPad o a lo que sea para ver todos los partidos de la Liga porque es hermosa.

–¿Brasil qué el experiencias te dejó? Porque no son muchos los argentinos que triunfan allá: Conca, Pratto, vos, D´Alessandro, el Cholo Guiñazú.

–Creo que Víctor Cuesta también. El fútbol brasilero es muy complejo, creo que es el más difícil de todos porque cuando empezás el año hay 12 candidatos de verdad al título, 12 reales. En Río de Janeiro tenés Fluminense, Vasco, Botagofo y Flamengo. En San Pablo tenés el propio San Pablo, Corinthians, Santos y Palmeiras. En Belo Horizonte, Cruzeiro y Atlético Mineiro. Y en Porto Alegre, Inter y Gremio. Y sumale Atlético Paranense que te gana la Copa de Brasil y Sudamericana y que te complica en Libertadores y otros que te dan pelea. Es un torneo que no sabés quién lo va a ganar. Hoy Flamengo está un paso adelante por todas las contrataciones que hizo, pero es un torneo dificilísimo. Jugar Copa de Brasil, que la jugué con Flamengo y perdimos la final con Cruzeiro, y al año siguiente la jugué con Cruzeiro y le ganamos a Corinthians. Es un torneo demasiado emocionante porque es de ida y de vuelta, uno contra uno, octavos de final, cuartos, semi y final. Y es buenísimo porque no se para, es domingo, miércoles, domingo. Jugás el Estadual con un equipo del interior y terminás y te vas a jugar Libertadores. Te deja muchísmo, allá se juega mucho uno contra uno por su capacidad técnica. Eso lo hace un poco más desordenado.

–¿Qué sentís que te dio Brasil y qué sentís que te está dando México?

–Brasil te da la capacidad de reinventarte al día siguiente porque te da la posibilidad de jugar miércoles-domingo. Empezás el partido cansado, es como empezar el partido por el minuto 70 de un partido. Tenés que ir regulando para jugar a un toque, pensar el fútbol de una manera diferente. Y el fútbol mexicano siempre me gustó por su forma de salir jugando. Ellos tienen, ante una presión, otra manera de salir jugando. Nacen de esa manera y los equipos tienen una manera muy saludable de salir jugando. Y, a partir de ahí, generan cosas muy buenas. Más allá que de mitad de cancha para arriba la mayoría de los equipos tienen la posibilidad de adquirir muy buenas contrataciones.

–Decías que en Independiente no te importa que te vean como ídolo, que ídolos son otros, pero que sabés que tenés el afecto del hincha, ¿eso tiene que ver con un mandato familiar? Que tengan un buen recuerdo de vos, pero que sepan que sos un buen o un mal tipo sí depende de vos a diferencia de un resultado.

–Creo que sí y gran parte viene de la familia y de la gente que uno quiere y pone a su lado. En el momento que me iba a quedar libre, mi representante, que no es el que tengo ahora, quería que yo quedara libre porque era el mes de octubre y llevaba 10 goles en el campeonato y había ofertas de las que te imagines. Si yo me iba era traicionar al club, porque si te vas libre así no recibe nada. Cada pregunta que le hacía a mi mamá y mi familia era para saber qué hacer. Y ella me decía que hiciera lo que quisiera que me iban a apoyar pero “nosotros nunca hemos traicionado a nadie y menos al que te abrió las puertas cuando eras chiquito”. Entonces sí lo considero algo familiar, porque ellos me marcaron el camino.

–Y hoy, ¿qué transmitís para abajo a tu hija?

–Intento explicarle el hecho de por qué pasan las cosas. Por ejemplo, se golpea con algo y le dice “mala” a la silla y yo trato de explicarle que no es así, que debe prestar atención. Eso lo hacía mucho mi abuela y ella se llama Lisa en honor a ella porque le decíamos Lisa y se llamaba Lisandra. Ella nos marcaba el camino a todos porque vivíamos todos juntos.

–Cuando te escucho decir que vas a volver a Independiente en algún momento, sos de los pocos tipos que no suena a compromiso…

–Es que es así y lo digo porque si pasa en una situación que no es la adecuada voy a decir que prefiero que elijan a otro porque no están dadas las condiciones. Siempre fui muy sincero, creo que estoy capacitado para aportarle al club, hoy, mañana y mientras me sienta bien. Y el día de mañana, tengo ganas de ser entrenador o ayudar desde otro lado para darle un aporte humano al lugar que me permitió vivir cosas buenas y no tan buenas.

–¿Qué te lleva o te identifica con Reconquista?

–Me calmo con la cumbia y Reconquista es Leo Mattioli, es la juntada con los amigos, es Sergio Torres y un montón de artistas de la cumbia santafesina que uno siempre escucha. En mi casa, todo el día. Hay un montón de temas, pero hay uno de Leo Mattioli que se llama “Canción de Amor” que es el mejor de todos. No hace falta que pongas carnada, sale solo el pescado.

–Federico Mancuello es…

–¡Uh, qué difícil! Es difícil pensar lo que uno es. Uno intenta… es una persona que intenta en base a hechos y acciones poder dejar algo a alguien. Lo que sea, a nivel futbolístico, a nivel personal. A nivel humano.