Liberación

Identidad futbolera argelina

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Mientras Francia pensaba al fútbol como una “herramienta de pacificación y unidad”, los revolucionarios argelinos lo veían como un territorio de disputa política que era necesario ocupar en su lucha contra los colonizadores. Una verdadera batalla simbólica con la pelota como elemento central de esta disputa cultural.

Por Nahuel Lanzón

Pocas sociedades como la de Argelia tienen tan vinculadas de forma tan cristalina el fútbol y la política. Desde sus inicios hasta hoy, se podría decir que buena parte de su historia se disputó en un campo de juego. Ya sea como afianzador de la identidad argelina ante los colonizadores en un primer momento, como luego para volverse un símbolo nacional y posteriormente uno de resistencia, los argelinos tomaron al fútbol y lo vistieron con un significado propio. Y si bien el mismo fue mutando a lo largo del tiempo, algo siempre se mantuvo firme: un pueblo que encontró en la pelota un vehículo de expresión, y un movimiento político clave en su historia, como el Frente de Liberación Nacional, que desde sus inicios le prestó una especial atención.

En sus primeros momentos, el fútbol en Argelia estaba reservado para los franceses y sus descendientes. Sólo cuando la presión popular y la necesidad de contratar buenos futbolistas por menos salario hicieron su debido efecto, de a poco se empezó a abrir al pueblo nativo, de origen árabe. Así en 1921 nace el Mouloudia Club d’Alger, más conocido como MC Alger. El MCA se constituyó como el primer club deportivo estrictamente musulmán. Otros clubes, aun hoy muy importantes en otras ciudades, como el JS Kabylie, el ES Sétif o el MC Oran, siguieron el mismo camino. De esta manera, los clubes de fútbol terminaron volviéndose un elemento central en la constitución de la identidad argelina que proponía un ferviente deseo de separación de Francia.

Rapidamente las distintas vertientes políticas que iban a desembocar en el conocido Frente Nacional de Liberarción (o FLN, por sus siglas en francés), comprendieron la importancia sideral que les daba el fútbol para su lucha. Así, durante las décadas del 30 y el 40, en las vísperas de la gran guerra de la liberación, comenzó un lento trabajo de base que consistía en nutrir en estos clubes ese sentimiento patriótico: los dirigentes se relacionaban con los hinchas, se desarrollaban cantos anti-coloniales, minutos de silencio extra oficiales, e incluso se dirigían insultos a las autoridades locales o enfrentamientos con las fuerzas de seguridad durante los partidos. Así, mientras Francia pensaba a este deporte como una “herramienta de pacificación y unidad”, los revolucionarios argelinos lo veían como un territorio de disputa política que era necesario ocupar en su lucha contra los colonizadores.

En 1954, tras varias décadas de gestación y valiéndose del contexto político que dejaba la segunda guerra mundial, el FLN llama a sus seguidores y al pueblo en general a unirse en su lucha armada para lograr la independencia argelina. Al mismo tiempo lanza una serie de ataques en lo que se conoce como la Toussaint Rouge. Sin contar con un ejército numeroso y con el desenlace marcado con un signo de preguntas, el FLN lanza un llamado a los clubes de fútbol para suspender todo tipo de actividad. También le pide a sus jugadores que dejen la actividad deportiva para unirse al ejército y combatir. Muchos se sumaron al pedido. El fútbol pasaba de ser un campo de batalla simbólico a volverse uno real. A modo de anécdota, cuenta la leyenda que la decisión del FLN de comenzar la lucha armada se decidió en Suiza durante el Mundial que se disputó en el 54, ya que les permitía estar en Europa, pero en un terreno neutral, de manera encubierta.

Parte de la estrategia del FLN, sabiéndose inferior militarmente ante Francia, era también desplegar una batalla diplomática en el frente internacional, con el fin de darle mayor entidad global al conflicto. Esta estrategia implicó una serie de acercamientos geopolíticos con países que podían considerar aliados, a fin de darle un mayor alcance a su lucha. El fútbol cumplió un rol fundamental en esta estrategia con la creación de la selección de fútbol del FLN, que representaría a una Argelia libre e independiente. Este equipo disputaba encuentros en Europa o en países aliados, como la Unión Soviética, Vietnam del Norte o países árabes como Egipto. La selección se conformaba con jugadores argelinos que actuaban en Francia, muchos de ellos decidiendo también abandonar la práctica profesional del deporte para dedicarse exclusivamente a este rol. Destaca el histórico futbolista (y luego entrenador de la selección nacional) Rachid Mekhloufi, que dejó atrás su exitosa carrera en el Saint-Étienne y la posibilidad de disputar el Mundial de 1958 para unirse a esta selección y todo lo que representaba. Sus buenos resultados (ganando los catorce partidos que jugó) ayudó aun más a visibilizar su causa y darle un espaldarzo de orgullo nacional a quienes luchaban en suelo argelino por la independencia. Para quien crea que el efecto diplomático de esta selección está siendo exagerado, bástese citar este dato: la FIFA decidió expulsar a todos los futbolistas que participen de la misma, sin poder disputar luego competiciones con sus equipos originales, y amenazó con suspender a todo país afiliado que la enfrente.

Rachid Mekhloufi, una de las máximas figuras del fútbol argelino

La guerra de la independencia de Argelia fue prolongada y por demás brutal. Sus consecuencias todavía hoy se sienten a lo largo del extenso territorio del país africano. Con casi una década de duración, las bajas se estiman en trescientos mil. La gran mayoría fueron argelinos, ya sean soldados del FLN, civiles o los llamados harkis, un término peyorativo para aquellos nativos que combatieron junto a Francia por mantener el statu quo. En ese contexto, el fútbol no fue ajeno a la gran batalla que se libraba. Francia bombardeó diferentes estadios, conscientes de su significado cultural. En respuesta, el FLN ejecutó públicamente en campos de fútbol a distintos harkis considerados traidores de su causa. La guerra conoce códigos que exceden por completo a los tiempos de paz.

El 18 de marzo de 1962 se firman los llamados Acuerdos de Evián, que además de significar un alto el fuego en el territorio argelino, llevó a un reférendum por la independencia de Argelia, que fue votado positivamente por la gran mayoría del pueblo en julio de ese mismo año. Con el objetivo de la independencia ya fijado, las distintas partes que conformaban el FLN comenzaron el proceso interno de pugna por el control del poder. Tras algunos meses iniciales con un gobierno interino, en 1963 se terminan realizando elecciones con un único candidato: Ahmed Ben Bella, quién logró imponerse en la interna del FLN debido a su gran popularidad. El nuevo mandatario era ratificado como el primer presidente electo por la población con casi seis millones de votos y un 95% del total de los sufragios.

El fútbol se volvió un tema de estado bajo el nuevo gobierno. Consciente de su importancia, y quizás incluso influenciado por su propio pasado como futbolista (llegando a jugar una temporada con el Olympique de Marsella), Ben Bella produjo cambios estructurales en el deporte que ya era sin competencia alguna el más popular de la nueva nación. Se afilió a la Confederacion Africana de Fútbol y tuvo un rol preponderante durante el boicot africano al Mundial de 1966 como respuesta a la falta de cupos directos y a la participación de Sudáfrica en las eliminatorias continentales. En el fútbol local, permitió que las empresas públicas patrocinen a los equipos e invirtió cuantiosos fondos en estadios nuevos e infraestructura deportiva. Una razón oculta era también subsumir a estas instituciones a la lógica del nuevo gobierno y no a los lazos territoriales de las bases, que pueden cambiar de ánimo en poco tiempo. Los resultados de este impulso local al fútbol se siguen viendo hasta hoy, donde Argelia posee una de las ligas más fuertes en África.

Como en toda nueva nación, la selección se volvió también una cuestión de extrema importancia, ya que cumplía el rol interno de afianzar la identidad nacional y el externo de ayudar a la imagen diplomática que quería dar el gobierno. Ben Bella gestionó personalmente un amistoso que finalmente se produjo en 1965, entre Argelia y el Brasil de Pelé, que en ese momento era el equipo sensación tras obtener el Mundial de Chile 62. La razón no era sólo futbolística: era un partido entre lo que consideraban las dos naciones más exitosas del nuevo “tercer mundo” que se estaba gestando. Estaba agendado un segundo amistoso para disputarse el 20 de junio. Sin embargo, ese partido nunca se disputó, pues la historia no tuvo un final feliz para Ben Bella. Su estilo errático y autoritario para ejercer el poder, sumado a las duras internas que había entre las distintas facciones del FLN por imponer cada una su propia ideología a la conducción del país, llevaron a que un día antes del partido, bajo el comando de su Ministro de Defensa, Houari Boumédiène, se ejecute un golpe de Estado contra él.

Houari Boumédiène cambió drásticamente las políticas económicas que venía llevando a cabo Ben Bella. Y se impuso una ley tácita de olvido a su antecesor, ahora preso en un domicilio alejado de las urbes. No obstante, el desarrollo del fútbol continuó como una política de estado que trascendía los nombres. Se le solicitó a la Unión Soviética que le provea entrenadores y expertise para desarrollar todavía más el deporte. Si bien no podían firmar contratos profesionales, se le aseguró a los futbolistas la posibilidad de trabajar para las empresas que patrocinaban a los clubes, de modo tal que sólo tengan que ocuparse de entrenar y jugar, a la vez de que ganaban un salario que les permitía vivir decentemente. Y hubo un especial cuidado en cómo se mostraba la selección local al mundo, ya que lo consideraban, en línea con la tradición, un activo diplomático más que importante.

Un aspecto importante de la presidencia de Boumédiène fue su deseo de erradicar todo rastro de influencia francesa en el país. Intentó una “arabización” de hecho de la administración pública: manuales escolares, documentos administrativos y hasta los nombres de las calles debían estar en árabe y no en francés. Prohibió, incluso, que los argelinos trabajen legalmente en territorio francés, debido a que consideraba que solían ser explotados en aquellos lados. Un punto simbólico importante de su presidencia fueron los Juegos Mediterráneos del 1975. La participación de naciones europeas, incluída Francia, hacía de esta competencia un lugar perfecto para demostrar los avances de la novel nación que se independizaba en todos los aspectos posibles de la dominación europea. Se construyó un importante complejo olímpico que fue bautizado “19 de Junio”, en honor a la fecha del golpe de Estado a Ben Bella.

A veces pareciera que el fútbol tiene bajo su manga la capacidad de dejarnos en el río de la historia momentos especiales, momentos destinados a ser. No podía ser de otra manera en este caso. La selección argelina, ahora bajo la conducción de Mekhloufi y formada sólo con jugadores locales para realzar el espíritu nacional, había tenido un gran torneo hasta ese momento. Tras haber arrasado en la etapa de grupos y vencer a Túnez en las semifinales, el destino quiso que su rival en la final sea Francia, a quién ya había derrotado en la primera instancia.

El partido se volvió una cuestión de Estado y de orgullo nacional. Era la oportunidad simbólica de vencer nuevamente a sus colonizadores y tomar venganza contra ellos. Con setenta mil personas en el estadio, que incluía la presencia de Boumédiène y su gabinete en uno de los palcos VIP, comenzó el encuentro. Francia dominó el primer tiempo y se fue al descanso con un 2 a 1 arriba, poniendo el ambiente en extrema tensión. Como tal afrenta no podía suceder, el presidente irrumpió en el vestuario del equipo nacional y amenazó: “Los juegos comenzaron con el Kassamen (el himno argelino) y deberán finalizar con el Kassamen”. La sola idea de escuchar sonar a La Marsellesa al final del encuentro le parecía un horror.

Los equipos volvieron al campo de juego y a pesar de la particular arenga, Francia siguió dominando el encuentro. Cuenta la leyenda que faltando diez minutos, Boumédiène abandonó el estadio para evitarse la vergüenza de la derrota. No sabía él que en la última jugada Omar Betrouni iba a igualar el juego y llevar el partido al tiempo extra. Al escuchar los gritos extáticos de festejo, se apuró a regresar al estadio, sólo para ver cómo Argelia lograba vencer a Francia gracias a un gol de Rabah Menguelti. Los festejos en el estadio fueron ensordecedores según cuentan los testimonios, y hubo celebraciones en las calles por esta victoria hasta altas horas de la madrugada. Tiempo después Boumédiene se sinceró. De haber ganado Francia, tenía pensado interrumpir la ceremonia de premiación y su televisación. Por suerte para él no fue necesario, y se cumplió su designió: al final de la jornada terminó sonando el Kassamen, entonado por setenta mil almas.

Tras el fallecimiento de Boumédiene, pero con el FLN aún gobernando ahora bajo el mando de Chadli Bendjedid, en la década del 80 el fútbol siguió siendo prioriatrio. Eso sí, debió adaptarse a los nuevos tiempos. Bendjedid, un poco por ideología y otro poco por obligación debido a la crisis del petróleo, encaró un proceso de apertura y liberalización de la economía argelina. En el fútbol, esto significó bajar un poco los niveles de confrontación con Francia, permitiendo a los jugadores que militaban en el fútbol europeo que se sumen a la selección. Este nuevo influjo de jugadores provocó una de las dos generaciones doradas que tuvo Argelia, siendo la otra la que actualmente sigue jugando con Riyadh Mahrez a la cabeza. Eso sí, se tomó especial precaución en no llamar a ningún jugador argelino que sea descendiente de harkis, ya que eran considerados traidores tanto ellos como sus padres. Aún así, a los jugadores no se les permitía firmar contratos profesionales hasta que cumplan 28 años. Hubo, sí, una excepción: el histórico Rabah Majder, que le pidió personalmente al presidente que le permita emigrar a Europa para tener la exitosa carrera que finalmente tuvo. Bajo esta generación dorada, Argelia logró una Copa Africana de Naciones en 1990 y dos clasificaciones consecutivas a una Copa del Mundo, en 1982 y 1986, incluyendo situaciones como el épico triunfo ante la Alemania Occidental en el primer caso, que terminó con uno de las mayores polémicas en la historia de la competencia. Conocida ya es la famosa victoria alemana sobre Austria, cuando ambos equipos decidieron mantener el resultado asegurándose cada uno su clasificación y dejando a Argelia fuera del Mundial, algo visto en suelo local como una ofensa más de las tantas que tenían las potencias occidentales para con ellos. Para la década del 90 el FLN iba a entrar en crisis debido a la insatisfacción social y a un creciente sentimiento de enojo ante las autoridades de un sector social que veía un alejamiento del islamismo por parte de las mismas. Perdiendo las elecciones de ese mismo año ante el Frente de Salvación Islámica, todo ese proceso culminó en una cruel guerra civil que duró más de una década.

Con el paso del tiempo, el FLN logró volver al poder debido a su gran estructura militar que le permitía ser un sostén de cuanto presidente intente gobernar el país, para bien o para mal. El ejemplo más acabado de este relato es el ahora ex presidente Abdelaziz Bouteflika. Llegó al poder en 1999 como candidato independiente, pero apoyado por el FLN, y se mantuvo en el poder hasta 2019, cuando una serie de protestas que duraron meses le pusieron fin a, primero, su intento de reelección y luego a su mandato. La misma estructura militar lo obligó a renunciar para mantenerse en el poder, algo que los manifestantes no aceptan y por lo que continúan luchando hasta hoy, a pesar de que hubo nuevamente elecciones (aunque con una muy baja participación).

Durante este período de conflicto, el fútbol también es central: son los ultras de los clubes históricos los que se pusieron al frente de las marchas, ya sea aportando cantos y organizando las movilizaciones, como actuando como fuerza de choque ante las fuerzas de seguridad. La ironía del destino no podría ser más clara: el fútbol, que fue una herramienta vital para el FLN a lo largo de su historia, se le terminó volviendo en su contra. Un recordatorio más de que el deporte rey puede ser usado por distintos actores políticos, pero en última instancia siempre es el pueblo el que lo termina tomando y resignificando. Argelia no es la excepción.