Fútbol femenino

Insurgentes en verde y amarillo

En Brasil, el fútbol femenino estuvo prohibido durante casi 40 años. Hasta hubo leyes que impidieron su práctica. Una historia de resistencia que merecía ser contada.

Cada palabra que compone esta historia puede invitar a recorrer una infinidad de sentimientos. Determinar cuáles pueden ser realmente indescifrables, es que por estos días resulta inverosímil imaginar que las reinas de la pelota, las dueñas de la alegría del fútbol femenino, la cuna de Marta, la mejor jugadora de la historia, hace algo más de 40 años era una actividad prohibida en Brasil. Y no quieran saber qué argumentos se utilizaron para justificar semejante atropello. Aunque en realidad no se trataba sólo de alejar a las mujeres del fútbol sino del ámbito del deporte.

Hace un puñado de días Marta, convirtió ante Italia, para el triunfo 1-0 que clasificó a Brasil a los octavos de final de la Copa del Mundo de Francia y esa conquista será un mojón en la historia del fútbol: con 17 festejos, repartidos en cinco participaciones mundiales, superó el registro que tenía el alemán Miroslav Klose con 16 tantos en citas mundialistas. A los 33 años, la brasileña es la máxima artillera de la FIFA en los recorridos de los Mundiales, sin distinción de género. Este registro no es uno más, pero no por los números, sino porque para llegar hasta allí, las mujeres en Brasil libraron una batalla que tiene características increíbles.

En una mesa repleta de papeles aparecen registros de un primer partido entre mujeres en 1921 y fue entre dos equipos de San Pablo. Esta información fue revelada por el escritor Joshua Nadel, que además aseguró que existen pruebas de que las mujeres jugaban pasándose el balón a finales del siglo XIX. El crecimiento del deporte entre las mujeres estaba mal visto en aquellos años. Por eso, se encontraron escritos que dan cuenta que en Inglaterra la asociación se expresó con frases como: “El juego de fútbol es muy inapropiado para mujeres y no debe ser fomentado”. En el Viejo Continente fue reprimida la pelota durante varias décadas.

Pero volvamos para este lado del mapa y el espanto no tendrá dimensión. En relatos del libro de Nadel (Fútbol!: Why Soccer Matters in Latin America) se da cuenta que en 1940, el ciudadano José Fuzeira le escribió al presidente Getúlio Vargas para expresar su preocupación sobre los posibles efectos que podría el fútbol generar en las mujeres. Fuzeira argumentaba que el juego tenía características violentas para ellas y que podía dañar sus órganos reproductivos. El fútbol también podría provocar depresión, afirmó Fuzeira, y ser destructivo para futuras madres…

Con calma, porque todavía hay más. Lejos de desestimar semejante barbaridad, el presidente Vargas, trabajó para “proteger” a las ciudadanas del país, por eso en 1941, a las mujeres se les prohibió jugar al fútbol por ley. En el museo del Fútbol de San Pablo hay testimonios de diferentes historiadores, entre ellos Fábio Franzini, que dice que a mediados de 1940 había casi 40 equipos de mujeres en Río de Janeiro, pero que dejaron de prestar actividad, porque con la ley que se sancionó en el `41 todo se complicó. ¿Por qué? Atención, es necesario tragar primero saliva y después leer con detenimiento lo que viene a continuación: aseguran quienes investigaron que la ley estaba elaborada bajo la influencia del ideario nazi sobre la pureza de la raza. El Decreto-ley Nº 3.199 –del 14 de abril de 1941– estableció la base general para la organización de deportes en Brasil, a través de la creación de la Confederación Nacional de Deportes y los Consejos Regionales de Deportes, y determinó en su artículo 54: “A las mujeres no se les permitirá practicar deportes incompatibles con la condición de su naturaleza”.

“A las mujeres no se les permitirá practicar deportes incompatibles con la condición de su naturaleza”. (Decreto-ley del 14 de abril de 1941.

En la muestra que se presentó en 2019 en San Pablo, se encontraron citas de 1940 del diario O Dia Esportivo que decían: “El fútbol es un deporte violento, capaz de alterar el equilibrio endocrino de la mujer”. Es infinita la cantidad de testimonios que ayudan a entender por qué la lucha de las mujeres es Brasil es una de las más significativas en la historia del universo del fútbol. Hollanda Loyola, el director de una revista de educación física de la época, sostuvo que el deporte les enseñaría a las mujeres “iniciativa, solidaridad y disciplina”. Sin embargo, ¿explicó? que también podría causar “defectos morfológicos”, “un desarrollo excesivo de las piernas”, y “daño en ciertos órganos reproductivos”. El argumento más popular era que los continuos golpes de la pelota podrían dañarles el útero y causar infertilidad. También se decía que podrían desarrollar cáncer, y esto fue inquietante para el gobierno, que veía la reproducción como esencial para asegurar el futuro del país.

No era simple paras las mujeres rebelarse a tremendo atropello, sin embargo, hay registros de 1950, que hablan que en la ciudad de Pelotas, en el sur de Brasil, había dos equipos de fútbol de mujeres, el Vila Hilda FC y el Corinthians FC, que desafiaron la legislación y se mantuvieron en funcionamiento hasta ser finalmente prohibidos por el Consejo Regional de Deportes. La mayoría de las jugadoras tenían entre 13 y 18 años, y provenían de la clase media baja.

La rehabilitación de las mujeres en el fútbol brasileño esperó hasta la apertura política del país, casi 40 años de paciencia tuvieron que tener… La ley fue revocada tras varios debates en el ámbito de la educación física y por un movimiento feminista que se multiplicó en Brasil por el regreso al país de mujeres de izquierda. La prohibición finalizó en 1979, el año en el que se aprobó la Ley de Amnistía, que permitía el regreso al país de mujeres que lucharon contra la dictadura y se habían exiliado. Las mujeres volvieron a jugar al fútbol sin ser perseguidas (también se liberó la participación en otros deportes) en Brasil, con la promulgación de la Deliberación Nº 10 de 1979 del Consejo Nacional de Deportes.

Poder consolidar la idea no fue simple, porque en 1983 apareció la primera regulación del fútbol femenino, aunque con demasiados condicionamientos: la duración del partido era de sólo 70 minutos (en lugar de 90); la pelota era de menor tamaño y peso y no estaba permitido cobrar al eventual público por una entrada. Además, quedaba estrictamente prohibido para las jugadoras intercambiar sus camisetas al final del partido.

La evolución desde entonces fue realmente increíble y jugadoras como Marta o Cristiane, una de las máximas goleadoras de la historia de las selecciones de Brasil, apenas por detrás de la propia Marta y del mítico Pelé, son la muestra más cabal de la lucha de las mujeres en tierra brasileña.

No cesa la batalla porque varias veces pidieron por la igualdad y no se detienen. Pretenden romper con todas las barreras, porque Marta en 2018 ganó 500.000 dólares, mientras que Lionel Messi se quedó con 136.000.000 de euros, Cristiano con 94 millones y Neymar con 81.5 millones. Una desigualdad que pone en contexto que el camino todavía es largo.

La exhibición que se realizó en el Museo de San Pablo se tituló “¡CONTRAATAQUE! Las mujeres del fútbol”, toda una declaración de principios. Incluso, la directora de la muestra, Daniela Alfonsi, pidió expresamente que se creara el primer metegol con figuras con cuerpo de mujer, ya que no existe ningún fabricante en Brasil que realice esta modalidad.

Una historia del fútbol femenino de Brasil que en cada una de sus páginas tiene marcada a fuego la palabra resistencia. Solo hace falta ponerse de pie y aplaudir sin decir más.