Santiago Echeverría

Hambre de gloria

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Santiago Echeverria, el jugador que consumió un pedazo de carne y fue acusado de doping, transitó los peores dos años de su vida. Peleó, sufrió, luchó y ganó, a pesar de encontrarse perdido en algunos momentos de su sanción. Santiago Echeverria, el defensor que nunca le perdió el gusto a la pelota.

Dos años pasaron para que Santiago Echeverría volviera a sentirse jugador de fútbol. 730 días para que se atara los cordones de los botines y saliera a jugar un partido de manera profesional. Las malas noticias para el exjugador de Boca comenzaron el 1 de noviembre de 2017. En un partido que su equipo, Independiente de Medellín, enfrentaba a Deportivo Cali por la fecha número 18 del torneo colombiano, Echeverria era uno de los designados para realizarse el control antidoping. Una prueba que, días más tardes, se convertiría en su peor noticia. Un llamado telefónico lo alertaba que iba a ser sancionado por una sustancia extraña. Transcurría mitad de enero y el defensor surgido en Talleres de Remedios de Escalada era inhabilitado provisionalmente por la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor). “La peor parte fue cuando me enteré de mi situación. Al principio creí que solamente se trataba de una confusión, jamás imaginé la tormenta que se venía. Cuando puse un pie en Colombia entendí realmente lo que estaba sucediendo”, relata Echeverría a Enganche , con una pausa en sus declaraciones que muestra aún que su angustia es latente.  

“El club me dijo que no podía ir a entrenar, que no me podía acercar a las oficinas del club. El abogado me dijo que esto venía para rato, porque en Colombia era todo muy tedioso, muy pesado y que nadie se hacia cargo de las cosas”, recuerda Santiago.  El zaguero de 28 años le da una importancia vital a la compañía de su pareja a lo largo de su inactividad. Entiende que sin su presencia, todo hubiera sido más doloroso. También, en modo agradecimiento, destaca a Talleres, su primer club, por dejarlo entrenar para seguir en forma y volver lo mejor posible ni bien se lo permitiera la Federación. Pero esa acaricia duró un suspiro: “Me llegó un comunicado de AFA diciéndome que no podía entrenar en ningún club, que no podía pertenecer a ninguna institución. Fue muy duro, sentía que nunca terminaba de salir. Todos te pisan la cabeza”, confiesa.  La sustancia que había ingerido Echeverría era la boldenona, un esteroide anabólico que figura en la lista de sustancias prohibidas por la Agencia Mundial de Antodopaje (AMA), que también se utiliza para el crecimiento de la masa muscular del ganado bovino.

El futuro incierto en su vida lo tenía a maltraer. Levantarse todas las mañanas con un único objetivo: demostrar su inocencia. “Yo no sabía que iba hacer de mi vida. En algún momento pensé en buscar trabajo, pero tampoco conseguía. Se me pasó por la cabeza que nunca más iba a patear una pelota. Me imaginaba todo el tiempo en volver a pisar un césped, pero no había avances en el caso”. Hace una pausa y sigue: “Me mantuve de pie por los llamados que recibía de distintos clubes, colegas y periodistas para mostrarme su apoyo. Algunos clubes se interesaban en mi situación para contratarme”, revela con un tono de agradecimiento y gratitud. La sanción oficial llegó cuando Santiago se realizó la contraprueba y dio positiva. La Dimayor sentenció cuatro años de inactividad. Como consecuencia, Independiente de Medellín lo dejó libre a mitad de año. “Recibí el mensaje de la Federación colombiana que indicaba que yo era culpable. Que no podía exigir nada y que solamente esperara el juicio. Yo tenía ganas de viajar y matarlos a todos”,  detalla entre gestos de bronca y risas irónicas.

Ariel Reck, el abogado argentino, se comunicó con Santiago y lo representó gratis. “Me llamó, me dijo que sabíaque me estaba ‘comiendo’ una injusticia y por ello me defendió”. También no escatimó elogios ni complacencia para Sergio Marchi, secretario general de Agremiados: “A mitad de agosto tuve la audiencia en Bogotá y el Gremio se hizo cargo de todos los gastos. Sabían de mi situación y me apoyaron en todo momento”, detalla el actual jugador de Brown de Adrogué.  

El 20 de agosto el futuro de Echeverría comenzó a encaminarse. A su favor, claro. El central entiende que, mediante otros casos similares de doping, su sanción pudo ser revisada y ser declarado inocente. “Nos fuimos de Bogotá con una buena sensación. Sabíamos que el juez podía llamarnos en cualquier momento para comunicarnos alguna decisión”, respira, ceba un mate y continúa: “Un día me levanté y tenía un mensaje. Me decían que el 1 de noviembre de este año ya estaba habilitado para jugar. No podía creerlo. La desperté a mi mujer para contarle. No me creía. Fue una locura ese momento”, precisa Santiago.

El 2 de noviembre Santiago Echeverría volvió a ingresar a un campo de juego de manera profesional. Su equipo, Brown de Adrogué, enfrentó a Chacarita por la fecha 11 del Torneo Primera Nacional. Fue titular y aunque su equipo cayó por la mínima diferencia, el resultado fue secundario. “Estoy alegre de una manera inmensa e inexplicable. Hicimos justicia. Se logró, con tanta lucha y pelea ante la burocracia, romper con la pared de dopaje. Agradezco a toda la gente que estuvo a mi lado. Soy un jugador de fútbol de la gama media, no tan conocido, y sin embargo estuvieron conmigo sin importar el apellido”, festeja el joven de 28 años.

“Si miro para atrás me duele porque siento que me arruinaron la vida. Pero no, lo positivo fue que la justicia llegó, que no siempre llega y hay personas que quedan lastimadas. Yo soy un privilegiado por la gente que me acompañó y el triunfo es de todos. Por ello les digo a todos que si tienen un problema grave no duden en apoyarse en sus seres queridos”. Lo dice y lo cuenta como una enseñanza de vida. Santiago Echeverría, el jugador que en un pedazo de carne encontró su peor pesadilla pero que volvió a calzarse una camiseta de fútbol para volver a sonreír. Sonreír dentro de un campo de juego. El central que peleó siempre contra los delanteros pero, sobre todo, con la confederación colombiana. El mismo que resucitó y volvió a sentir el placer por jugar a la pelota.