NBA

Jerry West, el hombre logo

Pocos, por no decir, de ninguno de los logos de las ligas deportivas

En el medio de la cancha principal, complejo que ESPN tiene dentro de Disney, brilla por sobre todo. Está ahí, junto con la publicidad de Youtube, y por debajo del Black Live Matter, el mensaje con el que la NBA se apoyó para dejar clara la lucha de la comunidad negra contra la violencia policial que sufre en todo Estados Unidos. Seguramente pocas personas se preguntan cómo llegó ahí, pero detrás del logo más grande de toda la cancha hay una historia que vale la pena ser contada. La historia del logo de la NBA. O la historia del hombre logo: Jerry West. 

La cancha en la que se juega la final de la NBA

Alan Siegel era un joven y prometedor diseñador de su propio estudio neoyorquino que contaba con una pequeña fama luego de que la Major League Baseball (MLB) le encargase el logo conmemorativo por el centenario de su creación. Junto con su socio Robert Gale habían abierto una consultora de marca, y la creación de aquel símbolo tan americano enamoró al por entonces comisionado de la NBA, Walter Kennedy, que vio en aquella insignia todo lo que quería para su liga: el tricolor emblema de la bandera y la silueta inequívoca de un jugador. “Quiero algo familiar con el béisbol para que también el baloncesto simbolice un deporte propiamente americano” , fue el pedido

Eso fue a finales de 1969, un año que había tenido una nueva final entre los multicampeones Boston Celtics y Los Angeles Lakers, con el objeto de fortalecer su imagen para diferenciarse de la recién nacida ABA (American Basketball Asociation), la liga conocida por disputar sus partidos con la pelota tricolor y que ganaba lugar con franquicias como los New York Nets de Julius Erving, los Indiana Pacers, los Denver Nuggets o los San Antonio Spurs. 

El logo de la MLB (beisbol) fue la inspiración para el de la NBA.

La elección del diseñador no pudo ser más adecuada, porque Siegel era un fanático de los Knicks, a los que asiduamente iba a alentar al Madison Square Garden. Tan fanático era que se agendaba cuando al Garden llegaban sus tres jugadores favoritos: Oscar Robertson, John Havlicek y Jerry West. Para el logo empezó a llamar a sus contactos para buscar “la imagen”. Buscó en el archivo de la Revista Sport, gracias a su amigo de la infancia Dick Schapp, concentrado en encontrar algo tan inherente al juego, tan emblemático, como unas manos arriba en pleno salto con la canasta y el balón como protagonistas. Descartó decenas, con protagonistas como John Havlicek, Wilt Chamberlain o el mito de Bill Russell. Preseleccionó, pero no ninguna lo convenció hasta que se cruzó con una obra del reportero gráfico Wen Roberts. ¡Era esa! Fue amor a primera vista. 

La foto era una postura clásica de un hombre penetrando en busca de acercarse a la canasta. Siegel no buscaba estrellas en particular, sino formas. Pero que el protagonista de esa foto sea “Mr. Clutch”, como le decían a Jerry West, le dio un empujón. Sin embargo, lo que lo atrajo de esa imagen fue, según sus propias palabras, “su belleza y verticalidad”, y un ideal, con balón, que desprendía movimiento en una ligera inclinación del cuerpo en pleno dribbling. Era esa. 

Sobre aquella foto, el neoyorquino empezó a lanzar bocetos hasta que quedó el definitivo. Fue un trabajo tan efectivo que cuando atravesó las puertas de las oficinas del comisionado Keneddy se escuchó el aplauso de un hombre que veía la silueta blanca rodeada con los colores de la bandera norteamericana que tanto ansiaba. La NBA acababa de crear una marca registrada que con el paso de las décadas tendría el mismo reconocimiento que el logo de Coca Cola o el de los Juegos Olímpicos. 

La imagen de Jerry West en la que dicen que se inspiró Alan Seigel para crear el logo de la NBA.

Lo que sorprende de la historia, y sobre todo de ese encuentro entre diseñador y cliente, es que ninguno de los dirigentes que estaban presentes en la sala de reuniones preguntó por el jugador que encerraba la silueta, casi como que si no existiera, que fuese un producto de la imaginación de Siegel y su socio. Lo mismo pasó cuando la NBA lo presentó oficialmente. Ningún periodista preguntó quién se escondía detrás de esa figura estilizada blanca, rodeada de rojo y azul. 


Jerome Alan West fue el quinto de seis hermanos y, en Virginia, tuvo una infancia marcada por los abusos físicos de su padre. “Mi padre me pegaba. No eran azotes, ni puñetazos. Me pegaba con un cinturón. Era brutal”, dijo en una entrevista con HBO. Esos abusos lo marcaron para siempre y, según su biografía publicada en 2011, a lo largo de su vida lo han hecho tener que luchar contra una depresión causada por el maltrato: “Me iba a la cama con la sensación de que no quería seguir viviendo”. Un maltrato que no se animó a enfrentar hasta que vio cómo su padre le pegaba también a su hermana. Tanto era el miedo con el que vivía que, con apenas 12 años, se iba a dormir con un rifle escondido debajo su cama, por si algún día tenía que defenderse de los abusos de su progenitor, que murió de un ataque cardíaco poco tiempo después.

Lo que vivía en su casa lo extrapoló durante años en el colegio, ya que se convirtió en un joven violento hasta que en 1951 su hermano David murió en la guerra de Corea. Eso lo marcó para siempre, lo transformó en un chico introvertido que no hablaba con nadie y que le esquivaba a los deportes. Solo practicaba la caza y la pesca, y tiraba al aro cuando estaba solo. El East Bank High School fue su primer paso de una carrera de superestrella en el arte de encestar la pelota naranja dentro de la canasta. Su escasa estatura no le impidió ser un gran defensor y empezar a ser mirado por las principales universidades. En su primer año en el instituto fue nombrado capitán y llevó a East Bank al campeonato estatal el 24 de marzo de 1956, promediando 32,2 puntos por partido. Tanto fue el legado de Jerry que todos los 24 de marzo el colegio cambiaba su nombre a “West Bank High School”. 

Jerry West en la East Bank High School.

Sus ganas de quedarse cerca de su familia hicieron que West eligiera permanecer en Virginia para su siguiente paso, pese al ofrecimiento de más de sesenta programas deportivos para que sea la cara de su equipo de básquet. Durante los cuatro años que estuvo en la Universidad de West Virginia fue dos veces nombrado All American (mejor jugador universitario de su posición del país), MVP de la Final Four de la NCAA en 1959 en la que logró el campeonato nacional y que lo convirtió en un mito del programa deportivo de los Mountaineers, que retiraron el número 44 en su honor. El brillante presente universitario le valió ser parte del equipo estadounidense que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.

Su excelente nivel generó que los recientemente mudados Lakers (habían dejado Minneapolis por Los Ángeles) lo eligieran en el segundo lugar general del draft de 1960. Empezaba la historia de “Mr. Clutch”, por su habilidad para tomar tiros decisivos con una franquicia que lo acompañaría por el resto de su vida. Ese primer año terminó elegido para participar del primero de sus trece Juegos de Estrellas (“All Star Game”). El año siguiente empezaría a sufrir en carne propia al equipo más ganador de la historia de la liga: los Celtics de Bill Russell. Tanto es el mal que le generó el equipo de Boston que West nunca más usó el color verde para vestirse y es el color que más odia, debido a que fue su pesadilla deportiva.

Es que para el máximo anotador en la historia de las finales de NBA, con 1679 puntos, los de verde fueron su némesis. Ante la dinastía dirigida por Red Auerbach, aquellos Lakers perdieron nada menos que seis finales: 1962, 1963, 1965, 1966, 1968 y 1969. En esta última, West logró algo que hasta el día de hoy nadie pudo repetir en la historia: fue elegido no solo el primer MVP (Jugador Más Valioso) de la historia de las finales de la NBA, sino que ganó el premio como parte del equipo perdedor. El mismo año en el que, justamente, meses más tarde se crearía el logo que lo eternizaría. Tan cruzado está su destino con esos Celtics, que en 2009 el ya fallecido, y mítico, comisionado de la NBA David Stern le causó otro disgusto al ponerle el nombre de su enemigo deportivo al premio de MVP de las finales al llamarlo Trofeo Bill Russell. 

West perdería dos finales más ante los New York Knicks (1970 y 1973), pero se sacaría la espina ganando el título de 1972. Aquel año, los Lakers ganaron 33 partidos consecutivos, estableciendo un récord en la historia del deporte moderno norteamericano y finalizaron la campaña con un 69-13, una marca que solo rompieron los Bulls de Michael Jordan, cuando en la temporada 1995-96 lo superaron con 72 victorias y 10 derrotas; y los Golden State Warriors de Stephen Curry y compañía, en la temporada 2015-16, con 73 victorias y 9 derrotas.

El camino de “The Logo” en las canchas se terminó luego de perder la final de la temporada 73-74 ante los Knicks. Después pasó a ser entrenador de los Lakers, siendo su faceta como Director General su parte más fructífera. Fue el que eligió a su ex compañero Pat Riley para que comandara a los Lakers del Showtime liderados por Magic Johnson y Kareem Abdull-Jabbar, que ganaron cuatro títulos en la década del ’80. 

Pero, sin dudas, la decisión más determinante de su carrera fuera de las canchas la tomó en 1996. En el Draft de ese año, luego de apalabrar a Shaquille O’Neal, dio la sorpresa con un chico del Lower Marion High School en el que había visto algo que el resto no tenía. La historia cuenta que consensuó con los Charlotte Hornets el traspaso de decimotercer pick del draft a cambio de Vlade Divac que nunca perdonó aquel movimiento. West tenía que liberar espacio salarial para fichar a Shaq y los Hornets necesitaban un pívot y a los Lakers le sobraba uno, por lo que todo cerró. El protagonista de esta historia no le dijo a quién debían elegir hasta minutos antes de que les tocara el turno, por miedo a que cambiaran de opinión. Cuando David Stern pronunció el nombre nada en la historia de la NBA fue igual: Kobe Bryant era la nueva cara de unos Lakers que en sus veinte años como jugador les dio cinco títulos a la franquicia y se convirtió en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Jerry West con Kobe Bryant y el entrenador Del Harris en la presentación de Black Mamba como jugador de los Lakers. Su mayor acierto como directivo.

La relación entre Jerry West y su imagen para la posteridad en el logo de la NBA es de puros desencuentros y negaciones. Décadas más tarde de su creación, el propio Siegel se cruzó con David Stern y le preguntó si sabía que la silueta del diseño le pertenecía a Jerry West, esperando la respuesta positiva del otro lado. El “no” del hombre que cambió el destino de la NBA le cayó como un mazazo a un diseñador que tiempo después aseguró: “Por alguna razón no quiso reconocer que todo aquello estaba basado en una imagen de West”. A finales de los años 90, la sorpresa del encargado de hacer el logo se cruzó con “The Logo”, o sea con West. 

En un restaurante de Los Ángeles a West le presentaron a Siegel como “el hombre que diseñó el logo de la NBA”. Su respuesta fue una pregunta: “¿Quién era el comisionado al momento de hacerlo?”. Tras recibir la respuesta, el hombre fuerte de los Lakers comenzó a comer sin decir una palabra para el desconcierto de Siegel que no encontraba respuesta ante tanta negación. Hubo un segundo encuentro en el que el diseñador encaró a West para sacarse la espina del fallido primer encuentro, pero recibió un trato aún más distante. West, esta vez, no dijo una sola palabra. 

En la biografía del mito del básquet “West by West: My Charmed, Tormented Life” se contactaron con Siegel, quien esperaba que podría, finalmente, hablar con su inspiración. Pero nunca pasó y en medio de su decepción, el diseñador confesó que cuando realizó el logo para la MLB muchos beisbolistas le preguntaron si eran ellos la silueta, porque que todos querían ser un icono universal. No entendía por qué con West sucedía todo lo contrario. El escritor Jonathan Coleman no le dio demasiado espacio en el libro a la historia del logo. Sin embargo, deja entrever el malestar del mito, que fue reconocido por las nuevas generaciones como “The Logo” sin haber sido reconocido por la NBA como tal. Y ese no reconocimiento le evitaba el pago de un solo dólar por derechos de imagen, aún siendo encubierta.  

La imagen genera a la liga un promedio de 300.000 millones de dólares al año, en términos de merchandising y derechos y es ampliamente reconocida en todo el mundo, aunque la NBA siempre ha defendido que no es West el protagonista del isologo, con el pretexto de institucionalizarlo y no querer identificar a la liga con un solo jugador. De hecho, el propio West aseguró en 2017 que, si hubiera tenido elección, no habría aceptado ser la imagen del logo. Consultado por ESPN sobre sus impresiones de ser la imagen dejó claro que no quiere seguir siendo el que esté ahí:Ojalá no hubiese sabido nunca que soy el logo. Es algo que he dicho en más de una ocasión. Fue y es muy halagador. Jugué en un momento en el que empezaban a intentar comercializar la liga y había unas cinco personas a las que iban a considerar. No me gusta hacer nada que llame la atención sobre mí”. 

El creador del logo de la NBA, Alan Siegel.

Cuando le preguntaron a Siegel si actualizaría el logo se negó con el mismo grado de desilusión que carga con el tema desde que entendió que ni la NBA quiere reconocer a West como el protagonista de su logo, ni West quiere hablar sobre ello. Es más, Alan Siegel aseguró que sigue admirando a Jerry West pero que no quiere saber más de él. Tampoco de la NBA, liga para la que quizás hizo el trabajo más reconocido de su carrera. Un trabajo que más allá de las satisfacciones que le dieron en su momento, se convirtió para su creador en una historia increíblemente sin respuestas.