Jonás Gutiérrez

El optimista de la vida

El volante de Banfield sabe lo que es recuperarse de golpes duros en su carrera, pero sobre todo en el día a día. Y en todos ellos tuvo un denominador común: sus ganas de vivir.

Si hubiese que buscar una frase motivacional de esas que se ponen en las redes sociales como para darse ánimo a uno mismo, no quedan dudas de que él puede haber escrito todas las que aparecen cuando se busca en Google frases de “superación”. Su vida estuvo signada en el pasado por circunstancias que lo marcaron y el resultado siempre fue el mismo: sonrisa y vuelta a la cancha. No importó el pavor que acarrea la palabra cáncer, en un momento cúlmine de su carrera, o la rotura de un tendón (el rotuliano) que pocas veces se lastima un futbolista. Él siempre fue para adelante.

Y hoy no es la excepción. No lo detiene la lesión del tendón rotuliano de la otra rodilla. A Jonás Gutiérrez el correr detrás de una pelota lo hace un hombre feliz. Lo hizo cuando se juntaba con sus amigos en Sáenz Peña, y lo repite ahora esperando poder estar a punto para ser tenido en cuenta por Banfield, un equipo que lo necesita para salir de la pelea por el descenso. “Tengo fuerzas para continuar y seguir jugando. Agradezco a toda la gente que me mandó un mensaje al día siguiente de la lesión”, le dice el Galgo a Enganche. Los tiempos cambian, pero en su ADN hay una condición que es inalterable ser un optimista de la vida.

–Jonás, ¿en qué momento de tu vida estás? En modo resugir, modo pelearla…

–Estoy con muchas ganas. Hace seis semanas que estoy con la recuperación de la rodilla, que por suerte está evolucionando bien. Tengo ganas de reencontrarme con mis compañeros el 3 de enero. No me pongo plazos ni metas, quiero recuperarme de la mejor manera y tratar de disfrutar un tiempo más esto de ser futbolista. 

–¿Volviste a ver la jugada de la lesión?

–Sí, la volví a ver. Porque la anterior lesión fue en la otra rodilla y quería comparar (risas). Siempre digo que más allá de que son lesiones que impresionan a la vista, sobre todo la primera, las que sufrí no son lesiones que duelen en el momento. La segunda vez ya sabía que me había lesionado grave, cuando entró el médico le dije “me rompí”. 

–Se ve que la tenés muy procesada la lesión, porque el primer día te llegan mil mensajes, pero a la semana estás vos y tu rodilla…

–Me ha tocado en mi vida pasar por varias lesiones con la enfermedad incluida. Eso te va formando. Son experiencias de vida. Uno agradece el segundo que alguien se toma para mandarte un mensaje de apoyo en los momentos difíciles. Después hay que mentalizarse para volver. El cariño de la gente, de los más cercanos llegan. Hay muchos que ya se cansan de mandarme cada vez que me lesiono (bromea). Me han enviado muchísimos mensajes, no puedo poner uno por delante del resto.

–Muchas veces criticamos el mundo del fútbol, cómo se vive en este deporte donde solo importa ganar y demás. Pero en cosas como las que te sucedieron a vos, el fútbol se une en un solo grito…

–El fútbol es muy solidario. A veces la vorágine de los resultados se confunden un poco las cosas, pero cuando se habla de algo más allá de lo estrictamente deportivo este deporte es lo más lindo que existe.

Jonás recorrió un poco su vida con Enganche.

Las calles que vieron las primeras zancadas del ‘Galgo’ fueron las de su Sáenz Peña querido. El barrio que lo vio crecer y formarse en la universidad de la calle. Allí, Jonás deposita sus primeras imágenes de aquellos días de la infancia: “Si me preguntás el primer recuerdo que tengo del fútbol en mi vida seguro que está en el barrio. Siempre me gustó jugar a la pelota. En la calle Uruguay, en la localidad de Tres de Febrero, jugaba con mis amigos del barrio”, dice. En esa zona en la que los pibes eran todos de Almagro, el actual jugador de Banfield recuerda que las cualidades que lo llevaron a Primera fueron las que lo hacían destacarse: “Siempre tuve cualidades físicas. En el barrio marcaba una diferencia importante por mi velocidad. Por eso me elegían entre los primeros (risas)”.

–Cuando de chico vas a un club, ¿ya pensás en ser futbolista?

–No, no pensás en ser futbolista. Lo que me pasó es que en el barrio sacaba diferencias muy grandes y en inferiores me tocó correr tan de atrás que a veces ni jugaba.  Lo veía como una pasión. No sé cuándo cambia eso. Yo hasta sexta o séptima pensaba que llegaban todos los de la categoría a Primera y después te das cuenta que con suerte llegan uno o dos por categoría. A medida que pasa el tiempo vas cambiando los pensamientos.

–¿Quiénes eran los que jugaban con vos en Vélez que te hacían decir: ‘Éste va a llegar’?

–Uh, nosotros teníamos unas muy buenas categorías en inferiores. Estaban Ariel Broggi, Walter Alcaraz y teníamos mucha pica con Argentinos Juniors. Ellos tenían a De Muner, a Natalicchio, y creo que la pica venía de que en baby nosotros estábamos en Gimnasia de Villa del Parque y ellos en Parque. Esos cruces eran ásperos. 

–¿Y Jonás era de pegar o de recibir?

–Yo no le podía pegar a nadie. Se metía, pero no era desleal.

–¿Quién era tu ídolo de chico?

–A mí siempre me gustó el “Pupi” Zanetti, Cristian ‘Kily’ González, que eran volantes dinámicos, como me gustaban a mí. Siempre los miraba por sus características. Después tuve la suerte de entrenarme en Vélez con dos jugadores que siempre admiré: el “Rifle” Pandolfi y el “Pepe” Basualdo.

Me nombrás a esos volantes externos, y Guardiola le tiró un poco a esa característica con los interiores. 

–Pero a mí me agarró bien porque ahora están de moda los volantes mixtos y yo me considero uno. Hoy se juega con extremos, pero hay una realidad, los laterales son prácticamente volantes. Por su ubicación alta, porque pasan al ataque muchas veces y hacen una función de volante. 

“La salida del Newcastle la imaginaba. Quizá, lo que más dolió, fue la forma. Pero siempre miré para adelante. En su momento me dio bronca por todas las cosas que viví en el club. Siempre le voy a estar agradecido a los hinchas del club”.

–Tener a Maradona como DT en el Mundial 2010, ¿fue lo más lindo de tu carrera o fue algo normal?

–No, algo normal no fue, sin dudas. Primero porque uno siempre tiene la ilusión de jugar en la Selección y un Mundial. Los que nos criamos jugando al fútbol soñamos con levantar la Copa del Mundo. Y, además, ser dirigido por Diego, por lo que representa, y tener de compañero a Messi fue algo único. Salvo el cruce con Alemania ganamos todos los partidos y nos sentimos bien durante casi todos los rivales. Es un recuerdo muy especial en mi vida.

–¿En qué momento te avisan que viajás a Sudáfrica?

–En la selección de Diego jugué casi todos los partidos de las eliminatorias. Entonces, uno intuye que puede ser parte de la lista. Obviamente siempre hay un imponderable, un jugador que levante el rendimiento en tu posición y te saque el puesto. Pero uno internamente se tiene fe para viajar. Había una lista preliminar de treinta jugadores, estaba ahí, y se veía más cerca. 

–¿Se sufre en la espera de la confirmación?

–Esa espera no se sufre. Lo que se sufre, cuando te confirman en la lista es el miedo de sufrir alguna lesión. Esos son los pensamientos más negativos que uno tiene. No se juega con miedo porque en el partido te olvidás, pero antes se te cruza por la cabeza lo difícil que es estar en una lista de Argentina para ir al Mundial. 

–¿Qué te quedó grabado de haber compartido experiencias con Messi o Maradona?

–Todos los días teníamos a Messi y Maradona en el mismo lugar. No lo podés creer. Diego como DT y Messi como emblema. Me toca estar agradecido por haber formado parte de esa experiencia. Fui un privilegiado de vivirlo de adentro.

–Pasa el tiempo y no se puede creer que Messi no haya hecho ni un gol en Sudáfrica 2010. ¿Cómo lo vivían desde adentro?

–No lo podíamos creer que a Leo no se le dé el gol. Contra Nigeria, contra Corea del Sur, tuvo actuaciones brillantes y los arqueros se lucieron contra él. Empezamos a hablar del tema cuando entró Martín (Palermo) diez minutos contra Grecia y la mandó a guardar, después de definir bárbaro. Leo había pateado doscientas veces al arco y no pudo meterla. 

–¿Por qué Messi es el mejor del mundo para vos?

–Las cosas que hace él están por encima de cualquiera. El control de la pelota, cómo conduce, los cambios de dirección, cómo mejoró los tiros libres.  Está lejísimos del resto. Hasta visualmente es el mejor. Técnicamente ni hablar. Y lo que tiene es que todos los años se supera a él mismo. En las estadísticas, en los goles, en todo. No sé cuántos hattricks tiene, y hay que seguir disfrutándolo porque cuando no lo tengamos más nos vamos a dar cuenta todo lo que hace. 

–¿Cómo te sentiste cuando en Newcastle te rescindieron? Uno siente que el jugador es una alcancía después de casos como el tuyo…

–No me impactó porque ya me la veía venir. Por ahí, las formas fueron lo que más molestaron. En ese momento yo sólo tenía que mirar para adelante, no podía lamentarme o hacerme mala sangre por algo que estaba a la vista sobre el manejo del club. En ese sentido lo que quise fue prepararme para lo que venía. No estaba en mis manos quedarme en el club. Me dio bronca por todo lo que había vivido ahí. Pero siempre le voy a estar agradecido al hincha.

–¿Te sentarías a tomar un café con el dueño del Newcastle?

–Sí, ¿por qué no? Como ya dije anteriormente son cosas que quedaron en el pasado y, siempre y cuando lo pague él, estoy dispuesto a tomar un café.

–¿Qué es el éxito para Jonás Gutiérrez?

–Es la consecuencia de mucho esfuerzo, mucho trabajo y de nunca darme por vencido.

–¿El momento más feliz de tu vida?

–Cuando me dieron el alta del cáncer. No toqué la campanita, como se hace, pero fue ese momento porque, además de lo que significa para uno el hecho de vencer a la enfermedad, hay que ponerse en la piel de la familia, los amigos, que están ahí atrás tuyos sufriendo con vos.

–¿Cuál es el consejo que le das al tipo que por ahí le toca pasar un momento bravo como el que te tocó a vos?

–Uno nunca sabe cómo va a reaccionar ante una situación tan extrema como la de una enfermedad como el cáncer. También cada enfermedad es distinta, pero a lo que yo me aferré es a lo que uno cree. Tener cerca el cariño de la gente cercana, de los amigos, de la familia. Esas son las claves para que todo fluya de la mejor manera. Así ayudás a la medicación a que haga efecto más rápido. 

Jonás, en el maratón de Buenos Aires 2014.

–En el momento posterior a su tratamiento de quimioterapia te comprometiste y corriste el maratón de Buenos Aires. 

–Me gustó la idea. Mi profe Gerónimo Gris, al que siempre le digo que ya se puede recibir de cualquier cosa después de tratarme a mi, me lo propuso después de quince días de haber terminado con la quimioterapia. Nos propusimos correrla. Me costó porque hacía como cuatro meses que no tenía actividad física, pero nadie me quita, a pesar de haber tardado cinco horas y veintidós minutos, que la terminé. Ya le dije a mi profe que cuando me retire del fútbol quiero prepararme bien para correr una.

–¿Odiaste alguna vez el fútbol?

–No, nunca. Lo disfruto mucho. Me gusta entrenar, estar en el club, en el vestuario. Jamás podría odiar a este deporte. Es una profesión que disfruté, que disfruto y que voy a seguir disfrutando. 

–Ahora que estás en Banfield, ¿cómo vivís la lucha diaria de (Julio César) Falcioni?

–Se lo ve bien a él. Y eso es lo importante. Por lo que me comentan muchos de mis compañeros, en la última etapa le había costado bastante, y así y todo seguía yendo al club a dar las charlas. Te das cuenta que ama lo que hace. Hoy ya está recuperado o lo vive desde otro lugar. Se merecía terminar dirigiendo y en plenitud.

–Después de todo lo que te tocó vivir en tu vida, ¿tenés alguna charla pendiente?

–Sí.

–¿Con quién?

–Con Holan (por Ariel). Por mi última etapa en Independiente.