Josef Bican

En el nombre del gol

Es el máximo goleador de la historia del fútbol y es poseedor de una innumerable cantidad de récords que aún, a más de 70 años, nadie pudo romper. Fue parte de la Selección austríaca que marcó el pulso futbolístico de la década del 30, pero también dejó su huella en la extinta Checoslovaquia.

Tal vez su nombre no esté bajo los reflectores, pero sus números son inapelables. Quizás muy pocos lo ubiquen en la mesa de los grandes goleadores o no tenga la misma visibilidad de Pelé, Ferenc Puskas o Gerd Müller, por citar algunos ejemplos, pero muchos de sus logros siguen intactos, permanecen inalcanzables. Josef Bican es, hasta el momento, el mayor goleador de la historia del fútbol, según los registros de los dos organismos de estadísticas más importantes: Rec Sport Soccer Stadistics Foundation (RSSSF) y la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS). Sus cifras son escalofriantes: convirtió 805 goles en 530 partidos oficiales, pero ese número se eleva al impactante registro de 1468 en 918 partidos si se tienen en cuenta los partidos amistosos.

Josef Bican nació el 25 de septiembre de 1913 en Viena. Su padre, Frantisek, había llegado varios años atrás a Austria desde Sedlice, un pequeño pueblo de Checoslovaquia, en busca de un mejor pasar. Vivían en Favoriten, el distrito 10, junto a su madre Ludmila y sus dos hermanos (uno mayor y otro menor). Un lugar extremadamente humilde, en un barrio de inmigrantes, donde la pobreza era un flagelo feroz. La familia de Bican no era ajena a esas condiciones. El fútbol era una de las pocas distracciones para el pequeño Pepi, que no tenía inconvenientes en jugar descalzo ante la falta de un calzado adecuado. También seguía el ejemplo de su padre, que era jugador de Primera División en el Hertha Viena, uno de los equipos de la ciudad. Pero cuando Josef tenía 8 años, Frantisek falleció por un problema en uno de sus riñones, por lo cual debió abocarse a ayudar a su madre para mantener a su familia. De todas formas, en 1925 entró a las inferiores del Hertha Viena y también jugó para los equipos de las empresas en las que trabajó, Schustek y Farbenlutz.

Josef Bican

En 1931 llegó al Rapid Viena, uno de los equipos más importantes del país. Ya en su debut demostró toda su capacidad goleadora: metió 4 goles en la victoria por 5 a 3 ante el Austria Viena de Matthias Sindelar, considerado el mejor futbolista de la historia de ese país, con quien tenía varias similitudes y con el que compartiría la Selección años después. Los dos habían crecido en Favoriten, sus padres eran inmigrantes checos, habían sido soldados en el ejercito que combatió en la Primera Guerra Mundial y fallecieron cuando ambos eran pequeños. En Rapid Viena jugó hasta 1935 y firmó 53 goles en 49 partidos. Luego pasó al Admira, donde estuvo dos años y dejó 18 goles. Bican se destacaba por su tremenda voracidad para convertir y su extrema velocidad (corría los 100 metros llanos en diez segundos y ocho décimas). A pesar de su juventud, jugaba como un experimentado. Era un futbolista muy completo, con mucha fortaleza, dúctil con el balón, con buen juego aéreo y con una capacidad natural para utilizar cualquiera de sus piernas a la hora de rematar.

Su buen momento llamó la atención del técnico de la Selección austríaca, Hugo Meisl, uno de los grandes entrenadores de la época, quien impuso una forma de jugar completamente distinta a lo que era el modelo inglés, reinante en esos tiempos, de largos pelotazos y bien directo. Meisl generó una revolución futbolística, con la premisa de jugar con la pelota a ras de piso, con mucha tenencia del balón y combinaciones en ataque, en la que Bican fue parte importante, junto con Sindelar, Josef Smistik y Walter Nausch, entre otros. Ese equipo marcó el pulso de la década del 30, tal es así que se ganó el apodo de “das Wunderteam”, el equipo maravilla. Con esos antecedentes a su favor, Austria llegó al Mundial de Italia 1934 como uno de los favoritos. Le ganó a Francia 3 a 2 en el primer partido, cuando Bican convirtió su único gol en mundiales. Luego derrotó a Hungría y se enfrentó en las semifinales con el local. En un partido lleno de suspicacias, con muchísimas ayudas arbitrales a favor de los italianos, que hicieron del juego brusco su única estrategia, Austria no pudo imponer su mayor jerarquía y perdió por 1 a 0. “Por Meisl sabíamos que el árbitro estaba comprado y que iba a dirigir a favor de los italianos. Hasta llegó a jugar con ellos. Cuando pasé un balón al ala derecha, uno de mis compañeros, Zischek, corrió para agarrarlo, pero el árbitro se lo devolvió a los italianos. Fue una vergüenza”, declaró Bican, según consta en la biografía de Matthias Sindelar, del periodista Camilo Francka. Con la Selección austríaca jugó 19 partidos y anotó 14 goles.

La conquista de la Copa Mitropa

A finales de 1937, poco antes de que el Anschluss (anexión) de la Alemania nazi azotara a Austria, Bican se negó a jugar y decidió irse a Checoslovaquia. Llegó a Sedlice, el pueblo de sus antepasados, para ayudar a su abuela, que vivía en condiciones muy precarias. A partir de ese momento, comenzaría su idilio con el equipo del que es uno de los más grandes ídolos y, por supuesto, el mayor goleador de toda la historia: el Slavia Praga. Allí jugó 15 años en dos etapas y dejó números impactantes: máximo goleador de la Primera División checa en diez ocasiones (nueve de ellas en forma consecutiva); ganó cinco títulos de liga; entre 1940 y 1944 fue el mayor artillero de Europa. Casi apenas llegado al equipo, en 1938, ganó la Copa Mitrova, el torneo más prestigioso que había en ese momento (similar a lo que hoy sería la Champions League) y que al día de hoy sigue siendo el título más importante en la historia del club. Contra el Sparta Praga, el otro equipo fuerte del país y clásico rival, jugó 37 partidos y metió 35 goles. Entre partidos oficiales de liga, copas y amistosos con el Slavia, marcó 1131 goles en 514 partidos. Una cifra exuberante. Hay más: en el libro “Bican pet Tisíc gólu”, (Bican 5000 goles) el escritor Jozsef Pondelik manifiesta fervientemente que Bican convirtió esa cantidad de tantos a lo largo de toda su carrera. Pepi nunca lo negó. Incluso, llegó a decir en una entrevista con el periodista Miguel Vidal que la cifra es correcta. Y admitió: “La Segunda Guerra Mundial me robó siete años buenos, cuando estaba en mi mejor forma. ¿Cuántos goles habría marcado en ese tiempo? Seguramente una cifra respetable”.

En 1938 consiguió nacionalizarse checo, pero por cuestiones administrativas no pudo disputar el Mundial de Francia de ese mismo año, en el que Checoslovaquia perdió en los cuartos de final contra Brasil. De esa manera se perdió la posibilidad de jugar otra Copa del Mundo, debido a que la Segunda Guerra Mundial estallaría al año siguiente y recién en 1950 se volverían a reanudar. Con la camiseta checa disputó 35 partidos y metió 34 goles, en los que están incluidos los juegos disputados para los combinados
de Praga y Ostrava. Allí también conoció a un joven muy tímido, al que muchos dejaban de lado, con el cual se encariño y fue su mentor durante toda su carrera: Ladislao Kubala, quien años más tarde se convertiría en ídolo del Barcelona y uno de los mejores jugadores de la época. Kubala lo admiraba profundamente (incluso lo llamaba tío) y siempre habló maravillas de Bican. Los unía una amistad y un respeto muy grande.

Varias veces fue tentado a abandonar Praga, pero nunca quiso irse. Ni la Juventus italiana, que le hizo un gran ofrecimiento, lo hizo cambiar de opinión. Bican tenía unos principios ideológicos que nunca abandonó. A la citada negativa de jugar para la Austria anexada por los nazis, tampoco quiso afiliarse al partido socialista. En 1939 jugó justamente contra Alemania, representando a Bohemia y Moravia, un protectorado autónomo del régimen después de la ocupación alemana de Checoslovaquia. El partido finalizó 4 a 4 y Bican convirtió tres de los goles. En 1948, a partir del “Golpe de Praga” y el acceso del comunismo a ese país, fue víctima de una constante persecución, tanto él como su familia, en la que era tratado como un “ídolo burgués” por el régimen, quien intentó en todo momento quitarle su popularidad. Mientras, Pepi seguía batiendo récords: en 1949 se fue al MFK Vitkovice de la segunda división y logró el ascenso. Al año siguiente volvió a ser el máximo goleador en la primera categoría. Más adelante volvió a su equipo, el Slavia Praga (de donde se había tenido que ir por la persecución política que sufría) y se retiró a los 42 años, aunque luego jugó esporádicamente en algunas divisiones menores, hasta los 47. También fue entrenador en Checoslovaquia y en Bélgica. Una vez alejado del fútbol trabajó como chofer de ómnibus, obrero y también en el zoológico de Praga alimentando animales.

Josef Bican falleció el 12 de diciembre de 2001, a los 88 años, debido a problemas cardíacos. Sus restos descansan en el cementerio Vysehrad de Praga, donde también están los de su mujer, Jarmila. El servicio postal checo sacó un sello especial en su honor cuando se conoció la noticia. Un año antes de su muerte, la IFFHS lo nombró como el mejor goleador del Siglo XX. En 2006, la misma entidad lo eligió como el 26° mejor jugador europeo y el 34° mejor jugador mundial del Siglo XX. En 2013, en el centenario de su nacimiento, el Slavia Praga organizó un servicio conmemorativo en su memoria, con la presencia de hinchas, dirigentes y miembros de la Filarmónica Checa.  También el club, junto con el Tesoro Nacional de la República Checa, emitió unas medallas de plata y oro con motivo del festejo de sus 100 años.  

Con sus 805 goles oficiales está por encima de los brasileros Romario (772) y Pelé (767), el húngaro Puskas (746) y el alemán Müller (735). Los únicos que pueden aspirar a quitarle el trono son el portugués Cristiano Ronaldo y el argentino Lionel Messi, que están en actividad, con 743 y 711 goles respectivamente. El tiempo dirá si pueden llegar a la cima. Mientras tanto, el nombre de Josef Bican seguirá en lo más alto. En el nombre del gol.