Kabaddi

Ningún canto de sirenas, un grito de guerra

Un deporte milenario, una actividad de estrategia que en India tiene jugadores con categoría de estrellas. Una mezcla de lucha, de destreza, de fuerza, de velocidad y jugadores que cantan mientras atacan.

“El atractivo es… ¡Como deporte de contacto es bárbaro! Hay una cosa de persecución, de escapar. Cuando sos chico te pasás una buena parte de tu infancia jugando al poliladron. Bueno, es un poco eso en un espacio reducido. Estás analizando qué va a hacer el rival, si hay un toque. Es apasionante”. Las palabras le brotan. Explica con detalles y se concentra en ser lo más claro posible. Es vocación, casi que podría leerse que es la misma que tiene por la docencia. Federico Gramajo canta cuando juega y en su tono de voz se advierte felicidad por eso. Ofrece experiencias y en la Argentina es uno de los actores principales de la práctica de un deporte milenario. Una disciplina que en Bangladesh domina la escena y que por estas tierras se ofrece como una actividad en la que la destreza, la fuerza y el ingenio son las monedas más valiosas. Y eso es parte de los atributos que debe tener todo buen raider de un equipo de Kabaddi.

Parece que no se trata de un deporte, cualquiera podría pensar que es un entretenimiento, un pasatiempo. Sin embargo, bucear por el universo del Kabaddi implica remontarse 4000 años atrás. Y como todo juego que crece y encuentra un desarrollo hasta convertirse en profesional, dio sus primeros pasos en lugares rurales, ya que era relativamente sencillo de practicarlo y no se necesitaban grandes espacios. Es por eso que diferentes culturas de la India, Pakistán, Irán y Bangladesh lo adoparton como uno de sus deportes fuertes. En distintos estados indios, como Haryana, Punjab (en el norte de India), Tamil Nadu y Andhra Pradesh se hicieron visibles y ganaron adeptos. “En el norte de India se juega Circle Kabaddi, de ahí se dice que nació el juego. Incluso, ahí, el que juega la modalidad Circle se burla del que lo hace en el rectangular (Tradicional). Tienen una interna muy local”, cuenta Gramajo. Existen al menos tres variantes de Kabaddi: Kabaddi Tradicional, Circle Kabaddi y Beach Kabaddi.

“El que juega Circle no quiere al que juega rectangular. Se miran con desconfianza. El primero reglamentado es el Circle”, detalla Gramajo, que se encarga de dejar en claro que cada vez que pueda charlar de Kabaddi con alguien que no conoce mucho se puede quedar horas haciéndolo. El Tradicional es practicado por siete jugadores y cinco suplentes en una cancha de 12,5 x 10 metros, mientras que el Circle, que se juega en zonas más rurales, es sobre una cancha de tierra circular de 44 metros de diámetro.

Así como lo cuenta Gramajo parece una actividad sencilla, casi de niños. Pero al comenzar a entender la lógica del juego, las habilidades que hay que disponer y el tipo de físico que se debe tener para poder hacerlo, las miradas cambian radicalmente.

En ambas modalidades, si bien las reglas varían, el objetivo es el mismo. Para entender, hay delanteros y defensores. La finalidad es que el delantero o ‘raider’ de un equipo ataque a los defensores rivales en su mitad de campo. El objetivo del atacante es tocar a los defensores y volver a su lado de la cancha, con un límite máximo de tiempo, sumando puntos que consigue por cada defensor que toca. Ahora bien, ¿qué deben hacer los defensores? Evitar que el raider vuelva a su cancha, con lo cual también suman puntos. Allí comienza una batalla de fricción y casi de lucha entre las partes. Cuando un raider logra tocar un defensor y volver a su campo, el “tocado” debe abandonar el juego. Finalmente, gana quien más puntos consiga al finalizar los dos tiempos de 20 minutos.

En el Tradicional, además, existe la complicación de que mientras el delantero realiza el ataque dentro de los 30 segundos que tiene a disposición, debe repetir en modo de canto la palabra Kabaddi constantemente y en voz alta. Se le permite apenas realizar solamente un respiro (si corta el canto, pierde el punto). Esta particularidad es justamente lo que le da nombre al deporte, ya que la palabra kabaddi significa “canto”, y la idea es que el jugador realice su ataque “cantando”. Si bien en el Tradicional un raider lucha contra siete defensores, en el Circle sólo puede tocar a un rival, por lo que la disputa se vuelve un combate mano a mano.

Este deporte que tiene 12 franquicias en India, que los millonarios llegan a pagar 1.000.000 de dólares por tener un equipo, que desde 2014 creó la Pro Kabaddi League, que tiene jugadores que llegan a ganar 200.000 dólares anuales (como Monu Goyat), mientras un profesional en India gana cerca de 100.000 dólares al año, que es televisado por Sky Sports, que se estima tiene más de 15.000.000 millones de jugadores en todo el mundo, también encontró su lugar en la Argentina y Gramajo hace un trabajo de hormiga por tratar de captar jugadores ávidos de aprender Kabaddi.

Se creó una Federación Argentina, el primero que trajo el deporte al país es Ricardo Acuña, un jugador profesional de bádminton, que conoció el Kabaddi en 1999 en Canadá. Al tiempo, Acuña que por entonces trabajaba en el CeNARD, organizó un partido entre las Villas 31 y 21.

A partir de ese logro se empezaron a realizar talleres de Kabaddi en diversos sectores del país en el que las personas podrían aprender en qué consiste este deporte milenario.

Si bien es sencillo practicarlo, no es simple captar jugadores. En principio, se deben tener ciertas características físicas para poder jugarlo, ya que el contacto es intenso y por momentos muy violento. En el estilo Tradicional, a nivel internacional, los raiders deben pesar unos 80 kilos y los defensores promedian los 85, mientras que en Circle el peso es libre y hay equipos con jugadores de 120 kilos de promedio. La Argentina, en las últimas participaciones en mundiales no llegó a los 110 kilos en promedio.

El atrape a un raider en el duelo entre Los Lobos y el combinado del Resto del País. Foto de Nacho Pousa

Si bien no se necesitan muchas cosas para jugar, es importante tener las condiciones adecuadas. Claro, no es sencillo conseguir, por ejemplo, las zapatillas para practicarlas. Un par de botas para Kabaddi salen unas 900 rupias, algo así como unos 1000 pesos. No son los costos el problema porque es barato comparado con otros calzados deportivos. Sin embargo, los jugadores argentinos no consiguen quién pueda importarlas desde India. “La verdad es que los jugadores de acá se las rebuscan con botitas de boxeo, pero pesan una tonelada comparadas con la botitas de lucha o de Kabaddi. Yo compré algunas cuando estuve en India y las pasamos entre todos y cuando se rompen las arreglamos en el zapatero. En la Argentina hay botitas de caña alta, pero tienen otro tipo de suela, son planas y lisas. Las de Kabaddi tiene como unos relieves que te permiten los frenos y pivotear. Y si te comprás de lucha, yo tengo unas Asics, salen como 6000 pesos… Y traerlas de afuera, las de lucha, tienen un costo que va desde los 45 a los 200 dólares. Pero claro, algunas no sirven por la suela”, señala Gramajo.

Si bien es necesario tener un espacio que oficie de campo de juego, parece no representar complicaciones conseguirlo pero, para practicarlo de manera profesional, es necesario tener un piso adecuado. Y allí también existe una dificultad, porque eso implica un costo, ya que el piso es de goma eva y poder tener una cancha en la Argentina puede costar unos 250.000 pesos, dura como mucho 2 años y no tiene el espesor de las que se usan en India. “Los chicos de Deportivo La Plata son los únicos que consiguieron el dinero y compraron una cancha -advierte Gramajo- . Nosotros, acá en Pilar, sólo tenemos una media cancha. Cada plancha sale por encima de los 1000 pesos y se necesitan más de 150 planchas”.

Pawan Sehrawat, en el aire intentado escapar de un atrape

La primera Liga en la Argentina se jugó en 2017 y se disputaron tres fechas sobre tierra batida. Después comenzaron a usar las canchas de goma eva y son Deportivo La Plata, Juventud Unida (Junín), La Estampida (San Fernando) y Los Lobos (Pilar), los equipos que hoy compiten de manera regular. “Los chicos de La Plata compraron el piso en una fábrica de plancha de goma eva, son similares a las de Taekwondo. Ahora tenemos una cancha que mandaron desde India. La mandó la IKF (International Kabaddi Federation) y, el material, es el doble de gordo del que se compra acá. Esa cancha costó cerca de 1.600.000 de pesos mandarla. Para ellos no representa nada de dinero, pero para nosotros…”, se lamenta Gramajo.

La Argentina fue invitada al último Mundial de Kabaddi en Malasia 2019, pero finalmente no se realizó por problemas de la Federación Internacional. Aunque no es la primera vez que va a la gran cita, ya que cuenta con 7 participaciones en la Copa del Mundo de Kabaddi y un Seis Naciones. En el debut, en 2011, participó en Circle, con Acuña a la cabeza y un grupo de amigos que se dedicaban a la lucha. Al año siguiente se realizó un selectivo y se buscaron los jugadores. No había competencia, se entrenaba un poco antes de viajar a los mundiales. Pero en 2016 se realizó un torneo y desde allí se buscó a los mejores jugadores.

La lucha grecorromana y libre son algunas de las características principales que se advierte en los jugadores de Kabaddi. Empiezan con agarres muy técnicos, como en el judo y también hay derribos similares a los de rugby, aunque no desde atrás ya que sino los raiders tienen más chances de escaparse. El 90% de los jugadores de Kabaddi provienen del judo y la lucha, pero en la Argentina, por ejemplo, son más jugadores con pasado en el rugby.

Es simplemente apasionante verlo. Gramajo contagia esas ganas, ya que cada relato llena de intriga. El Kabaddi es una verdadera pasión en India, con jugadores como Pawan Sehrawat, Pardeel Narwal o Ajay Thakur, que tienen categoría de estrellas similares a lo que puede generar un jugador de fútbol en el resto del planeta. Imposible despegar la vista cuando arranca la acción. Se escucha a los raiders cantar el Kabaddi, se advierte en el aire que el juego de estrategias que se transformó en deporte profesional se vuelve hipnótico. Tan magnético que no da respiro.