Jack Dempsey

El secreto de una tasa de caldo de pollo a las seis de la mañana

Un hombre que se convirtió en leyenda anotando todo: consejos de rivales, entrenadores y fundamentos del arte de la defensa que le habían enseñado sus hermanos Bernie y Johnny

Cuando Jack Dempsey lo tuvo enfrente a Jess Willard se sintió como un bebé, según contó en uno de sus libros, Fighting Championship, publicado en 1950. Y no exageró el diagnóstico. Porque Willard era un Goliat de dos metros y 111 kilos, que además se erigía como campeón mundial de los pesados. “Mi mánager me habrá engañado con sus reportes para levantarme la moral”, pensó Dempsey, mientras observaba, a pocos metros, a esa montaña de músculos que acaparaban casi todos los rayos de sol en el Bay View Park de Toledo, Ohio. Dempsey medía 1,85 metro y pesaba 85 kilos, pero según confesó en su biografía, esa tarde subió con 81 kilos. Ser golpeado por un rival 30 kilos más pesado, es lo mismo que chocar contra un camión de frente.

Ese viernes 4 de julio de 1919 quedó en la historia porque Dempsey lograría alzarse con la corona mundial de los pesados. A fuerza de un boxeo feroz, inteligente, este noqueador de “un solo golpe”, mantendría su reinado hasta 1926, cuando lo derrocó Gene Tunney, luego volvería a perder en 1927, en una pelea polémica. Dempsey lo había derribado, pero a Tunney le contaron hasta 14 segundos. Y lo dejaron seguir. Igual esa es otra historia. Volviendo al combate con Willard, aún resuena la voz del mánager Kearns: “¿Jack, serías capaz de noquear en el primer round?”. Dempsey negó con la cabeza, y adujo que su rival era muy grande, que lo derribaría, pero más adelante. “Debes noquearlo en el primer asalto, he apostado los 7500 dólares que te van a pagar por la pelea –contra cien mil– a que ganás en el primero”, insistió Kearns. Dempsey, con el ceño fruncido, fue a buscar a su rival. Y lo tiró siete veces en el primer round. El árbitro le levantó la mano. Y se fue al vestuario a festejar.

Jack Dempsey cuando lo tuvo enfrente a Jess Willard

Sin embargo, la campana le jugó una mala pasada a Dempsey. Porque el round en realidad había terminado diez segundos antes del nocaut. Es decir, ¡no había nocaut! Por lo que la pelea debió continuar. “Lo fueron a buscar al vestuario, la campana había sonado antes, pero por el griterío del público no se escuchó. Devolvieron a Dempsey al ring para que continuara la masacre. Fue así como el propio Dempsey contaba en sus memorias que él no ganó nada, ni un centavo, por ser campeón mundial, porque su mánager había perdido la apuesta”, escribió el difunto periodista colombiano Chelo De Castro, en una de sus columnas de opinión del periódico El Heraldo. Luego ganaría fortunas en el boxeo, porque esa pelea le abriría las puertas grandes, ante peleadores de la talla del francés George Carpentier y el argentino Luis Ángel Firpo, entre otros. 

En su citado libro, que se puede leer en Internet, Dempsey revelaría su gran apuesta para ser campeón mundial. Creer en su potencia. Que se nutre de la fuerza por la velocidad, sin importar el tamaño del rival. Para eso, llenó de anotaciones un cuaderno de 384 páginas, en el viaje de Manassa a Toledo. Anotaba todo, consejos de rivales, entrenadores y fundamentos del arte de la defensa que le habían enseñado sus hermanos Bernie y Johnny. “¿Qué pasaría si un bebé de un año se cayera desde una ventana del cuarto piso sobre la cabeza de un camionero corpulento? Es prácticamente seguro que el camionero quedaría inconsciente. Podría morir de una conmoción cerebral o un cuello roto. Entonces, cuando enfrenté a Willard hice lo mismo: usé el peso corporal, con el que el bebé que caía podía golpear al conductor del camión; usé la explosión y lo noqueé. El tamaño no importa”, escribió.

Con el paso de los años, Dempsey se convertiría en leyenda y también tendría algunos episodios controvertidos cuando se empezó a estudiar su figura. El revisionismo histórico detectó una pelea “rara” cuando perdió en el primer asalto: Jym Flynn, un boxeador mediocre, de potente pegada lo noqueó en 1917. Esa pelea tiene múltiples versiones en los diarios de la época. Ni vale la pena describirlas de lo extravagantes y contradictorias que son. Años más tarde, también sería acusado por Willard en la revista Sports Ilustrated de haber tenido yeso en sus vendajes. El campeón mandó una carta documento a la revista. Y la editorial se retractó, además de haber llegado a un arreglo económico para no ir a juicio. De lo que no hay dudas es del enorme tendal de noqueados que dejó Dempsey. Se retiró luego de la controvertida segunda derrota con Tunney, en 1927, con un récord de 54 triunfos (44 por la vía rápida) 6 derrotas y 8 empates. Derribó a 20 de sus rivales en el primer asalto.

Esa ferocidad de Dempsey cautivó sesenta años después a Mike Tyson, quien de joven pasaba horas y horas viendo sus peleas en un proyector de cine. “Yo sé todo de boxeo”, le dijo Tyson a Eduardo Bejuk y Carlos Irusta, cuando lo entrevistaron en su última visita al país. Y para certificar su afirmación, le confió que su manager original, Bill Clayton, era dueño de los derechos de Fights Inc, que tenía las peleas desde Jack Johnson (primer campeón mundial negro) hasta 1980. “El boxeo es saber defenderse y pegar fuerte. Lamentablemente, mis triunfos le abrieron las puertas a gente que transformó el boxeo en un gran negocio. El juego de luchas empezó a atraer personas que poco y nada saben de la defensa personal. Por eso dejo escrito este libro, para las nuevas generaciones”, sentenció Dempsey, de puño y letra. Hasta hoy sus técnicas se siguen estudiando por YouTube, porque fue inventor del conocido como Dempsey Roll, una técnica de balanceo de izquierda a derecha, que permite pegar con el peso del cuerpo, sin ser un blanco fijo para el adversario.

Con peleas a veces pautadas a 20 asaltos, con guantes en ocasiones de cinco onzas, su figura sigue siendo motivo de atracción por su pintoresco contorno. En esa época se desparramaba resina en polvo sobre el lienzo para que los boxeadores no se cayeran. Y estos pegaban con el afán de hacer historia, sin regla de tres caídas, en un ring de tres cuerdas, sin publicidades estampadas. Dempsey fue famoso en una era sin televisión. Llenó estadios con tribunas de madera, con más de 80 mil personas en varios combates. Ante Carpentier, por citar un ejemplo, la recaudación fue 1700 mil dólares. Algo así como US$ 10.000.000 de hoy. Se murió el 31 de mayo de 1983. En sus años finales le preguntaron cuál había sido el secreto de su éxito. Y risueño dijo: “¿Secretos? Ninguno. Apenas una tasa de caldo de pollo a las seis de la mañana, antes de salir a entrenar”.