La elegancia del conurbano

Una charla en la cocina donde surge la moda del entrenador que pasó por todas las categorías del fútbol argentino. De la devoción por el enganche, a su preocupación por la realidad del barrio de toda su vida. De una vida peleando en el ascenso, a la ilusión de cruzarse a Maradona en Primera. El oeste marca tendencia.

“No, no, no. Ni en pedo. No soy modelo, yo soy técnico. Si querés hacemos la nota en el local, pero olvídate de esas cosas. Ya me cuesta mucho vestirme para los días de partidos. Descártalo por completo”, afirma en un audio de Whatsapp horas antes de concretar la entrevista. La idea de una producción de fotos al mejor estilo ‘Peaky Blinders’, serie inglesa de época que es sensación a nivel mundial, quedó desactivada en el oeste del gran Buenos Aires. Su vestimenta en el día a día dista bastante de lo que muestra cada vez que sale al campo de juego junto con Arsenal de Sarandí. Aunque no parezca, también es vergonzoso.

Desde 2016 Sergio Rondina tiene la llave de la moda en San Antonio de Padua, localidad perteneciente al partido de Merlo. Ahí lo espera Julio Ullua, dueño de Lord’s Boutique, quien le prepara los looks de estilo inglés que utiliza todos los partidos. “Llegaste a ser quinto o sexto de tendencia en Twitter”, avisa un empleado. “Ni idea cómo me fijo eso. Yo no le doy bola”, replica el entrenador.

Entre mate y mate, el Huevo comenta que en la previa de cada partido lo primero que le preguntan en el club es que conjunto se pondrá. Él, estoico, sostiene que siempre da la misma respuesta: “Mañana lo ven”. 

Julio acerca dos sillas, el grabador se enciende y continúa la charla con el único DT que pasó por todas las categorías del fútbol argentino. Que impone tendencia también en la utilización del enganche; que también se preocupa por la actualidad de su barrio en Libertad y que se ilusiona con el objetivo de asentar a su equipo en la primera división.

–Decís que te da vergüenza vestirte de esta manera, ¿de dónde surgen tus looks para los partidos?

–Vine con mi señora a comprar un saco en 2016 para el primer partido que iba a dirigir a Arsenal en Primera. Mi señora habló con Julio, él me conocía y me dijo “si querés yo te empiezo a cambiar el look de a poco”. ¿De a poco? Al segundo partido me había puesto un saco cuadrillé contra River (se ríe). Desde ahí empezó a vestirme hasta el día de hoy. No sólo en Primera, en el Nacional B también.

–¿Hay una preparación especial para cada partido o surge en el momento?

–¡Él la prepara! Depende si es de día o si es de noche. Si hace frío o calor. Es el asesor. ¿Sabés lo que reniego? Un montón. El otro día me quería poner una flor en el pañuelo y lo saqué cagando. La liniecita me la banco, pero no me gustan mucho los pañuelos en los bolsillos del saco.

–¿Y en el Nacional B no te decían nada?

–Ahí había que bancar la parada (se ríe). El primer partido picante que dirijo fue Chicago contra Chacarita en San Martín. ¡Me puso un saco salmón de lino! No me putearon porque en Chacarita me quieren, pero si no era para que me recontra puteen.

–Haciendo un paralelismo con la vestimenta, en tu planteo táctico usas un clásico 4-3-1-2 con enganche. Te gusta poner un distinto, algo que sorprende porque se utiliza poco en la actualidad…

–Se dio así porque el año pasado yo quería jugar de esa manera, lo imaginé al equipo y funcionó. No le puedo decir a la base del plantel, 45 días después de que habíamos ascendido, que vamos a cambiar todo lo que hicimos en un año de trabajo para jugar de otra manera. Apostamos a seguir en la misma línea. Obviamente que las incorporaciones nos dieron ese ritmo de Primera que necesitaba. La categoría tiene otra intensidad en el juego.

–¿Creés que se puede volver a imponer?

–A mi personalmente me gusta. Siempre he jugado con enganche. Obviamente, hay momentos del partido en que lo posicionamos delante del cinco porque está obligado a dar una mano. Y cuando tenemos la pelota, lo liberamos para que juegue en la espalda de los volantes centrales del rival. 

–Rompés ese mito que no se puede jugar con enganche en todas las categorías…

–Claro que se puede jugar en todas las categorías con enganche. Me acuerdo que en Excursionistas lo tenía al Boli Aguilar; en Luján a la Mona Brayotta; en Cañuelas y Colegiales a Joselito Pereyra; en Atlanta a Lucas Ferreiro o en Dálmine estaba el Dudy Pérez. El esquema puede cambiar del 4-3-1-2 al 4-2-3-1, dependiendo de las características que tenga de los extremos o de los volantes internos. Jugar con un 8 clásico también depende si lo tenés o no. Si tenés más extremos, podés usar dos cincos y un enganche estilo mediapunta que jugue más cerca del 9y no tan cerca de los volantes. Siempre me ha gustado tener un futbolista que le dé descanso y pausa al equipo.

–¿Sentís que a veces las modas entre los entrenadores se imponen al juego en sí?

–No lo sé, no creo. Eso va en gusto de cada entrenador y de cómo siente el fútbol. Lo que pasa es que en un momento había cambiado mucho el tema de los volantes. Todos habían dejado de ser internos para ser carrileros. No había un 8 o 10 clásico. Si vos encontrás esos volantes que, para mí son fundamentales y te marcan el ritmo del juego, tenés la oportunidad de jugar con extremos o con un enganche. Sin esos jugadores, no podés.

–En su momento contabas que no podías creer dónde estabas en un partido que jugaste como visitante contra San Lorenzo. ¿Ya hiciste el click para sentirte realmente que sos un entrenador de Primera?

–Y, en ese partido se me vinieron un montón de imágenes encima. Era con el primer grande que me enfrentaba de visitante. Después te vas acostumbrando y te gusta ir a jugar a esos estadios. Ya pasó esa etapa de sorpresa. Ahora estamos seguros. En el lugar donde deseaba estar de vuelta y, sobre todo, competir.

–Sos uno de los pocos que dirigió en todas las categorías del fútbol argentino, ¿ves alguno que pueda llegar a hacer lo mismo?

–No hay muchos. ¿Cuántos hay? (se ríe)

–Y, estás vos, Caruso…

–Na, na, na. (interrumpe). ¡Caruso dirigió un solo partido en Ferrocarril Urquiza para las cámaras! Alguien que por lo menos haya dirigido cinco partidos…

–Entonces estás vos solo…

–Y, viste. El único. Igual, yo creo que van a llegar más. Sergio Gómez y Favio Orsi, la dupla de San Martín de Tucumán, va por buen camino. Felipe De La Riva también se merece una oportunidad en Primera. Hay varios técnicos del ascenso que pasaron por todas las categorías y que trabajan bien. Ojalá tengan la oportunidad.

–¿Qué puntos en común encontrás en estas categorías tan diferentes?

–Yo creo que el jugador, por más que esté en Primera división, nunca tiene que perder el amateurismo. Ese amor por jugar a la pelota. Más allá de que no le va a faltar nada desde las condiciones para trabajar o el dinero de un contrato. Por más profesional que seas, el amor por el fútbol que tiene un chico en la D, lo tienen que tener los de Primera.

–¿Tenés la misma intensidad que cuando arrancaste?

–Antes era mucho más enfermo que ahora. Antes no había Internet, capaz que dirigía en la D o en la C y después me iba viernes y sábado a ver partidos; jugaba el domingo y el lunes iba a ver otro partido. Hoy tengo un cuerpo técnico con siete personas trabajando a la par y delego un montón de cosas. Miro lo que tengo que mirar. Trato de desenchufarme un poco. Ahora que estás en un buen momento sale nota de acá, te llaman de otro lado y uno quiere cumplir con todo el mundo, no sólo con los medios importantes. A veces es agotador. Yo le digo a los chicos: “Atiendan a todo el mundo, sean respetuosos, pero que eso no les quite horas de descanso”. Que no se vuelvan locos, porque después afecta en el rendimiento.

–¿Seguís creyendo que al River de Gallardo se le complicaría en una cancha como la de Colegiales?

–En el contexto de que un equipo de Primera División está acostumbrado a otro tipo de estadio. A ver, ¿River en cancha de Argentinos Juniors se luce? Llena esa cancha de mata. Achica los campos de juego a la medida mínima permitida. Es la realidad. Yo me refería a eso. Obvio que River le va a ganar a Colegiales, pero es una cuestión lógica que futbolistas de Primera no se luzcan en esas canchas.

–¿Y De Rossi podría jugar en el ascenso?

–Por la posición en la que juega, obviamente que sí. Es muy inteligente para leer todo y saber cuándo hacer uno o dos toques, cuándo profundizar, cuándo jugar en corto. El tema de los relevos. No es un tipo que te vaya a ganar partidos, pero te equilibra un equipo y te da personalidad.

Julio Ullua, dueño de Lord’s Boutique, y el Huevo Rondina.

–En cuanto a la brecha económica, ¿cómo ves las realidades de los clubes?

–Hay una gran brecha económica entre los equipos de Primera división, imaginate con los del ascenso. En la B Nacional hay equipos que están bien por el apoyo que reciben de un gobierno provincial. El tema son los equipos del gran Buenos Aires a los que les cuesta abrir la cancha y competir con los del interior. Es una categoría muy complicada. Hoy con Arsenal para nosotros es muy difícil, somos el presupuesto más bajo que hay en Superliga. Pero bueno, tratamos de hacernos fuertes con nuestras armas. Lo bueno que tiene el fútbol es que en 90 minutos podés equilibrar las cosas. El tema es que a lo largo de un campeonato largo, seguramente los equipos poderosos que tienen más recambio terminan sacando bastante diferencia.

–¿Y en el barrio?

–Mal, muy mal. Hacía mucho tiempo que no veía los carros con los caballos. Hacía mucho tiempo que no venía gente que te revise el tacho de basura. Es triste. Yo vivo en un lugar de clase media, quizás para abajo, con gente trabajadora. Hacía mucho que no veía está realidad y es doloroso.

–¿Qué significa el barrio para vos?

–Significa todo. Nací y me críe ahí. Tengo a mi familia, mis amigos y mis vecinos. Me siento muy cómodo y nunca sentí la necesidad de irme de donde vivo. Crecí en el Midland, ahora mis hijos también. Tampoco tengo la exposición que tienen los grandes entrenadores o grandes jugadores de Primera división. Estoy feliz de vivir acá. No necesito de otra cosa.

–¿Cuánto hay del Rondina que empezó en el Midland a este?

–Más canas (se ríe). Los partidos y los años te van dando más experiencia. Esa experiencia te da herramientas para cambiar cosas que uno hizo cuando arrancó. Es la realidad. No sólo hablo de un sistema táctico, la elección de un club o de jugadores. Lo que nunca voy a cambiar es que siempre me manejo con la verdad y no hago lo que a mí no me gustaba que me hicieran. Prefiero decir la verdad, por más dolorosa que sea. Se dan cuenta enseguida cuando les mentís y, si pasa eso, no hay retorno en la relación.

–Ahora te vas a cruzar con Maradona… ¿Qué vas a hacer?

–Y…¡abrazo, medalla y beso cuando lo vea! Si Dios quiere va a ser la primera vez que lo tenga personalmente delante mío. No se cómo va a ser mi reacción, seguramente con mucho respeto. Me encantaría pegarle un abrazo, esa es la verdad. 

-¿Qué representa Diego en tu vida?

–De chiquito, en el ’79 con 8 años me levantaba temprano para ver ese Mundial. A partir de ahí viví toda su carrera, su aparición en Argentinos, la calidad en Boca, su lesión en Barcelona, la revolución en Napoli, lo del Mundial ’86 y el ’90, lo que lloré en el ’94. Es una parte muy importante de mi vida. Es palabra mayor. La idolatría que tengo de mi lado es difícil describir con palabras. Es admiración pura.

–¿Cuál es el objetivo con Arsenal esta temporada?

–Mantener la categoría es el principal objetivo. Ojalá lo podamos conseguir muchas fechas antes del final del torneo y poder aspirar a otras cosas, pero no podemos desviar el foco. No va a ser fácil más allá de este buen arranque. Si vos te desvías del camino y aspiras a más, cuando te pegan un golpe, te noquean. Nosotros no nos podemos permitir eso. Cuando nos peguen un golpe, nos tenemos que levantar enseguida y pelear la otra fecha.

La charla termina, el grabador se apaga y este cronista se ilusiona porque está en la cocina donde surge la moda.”¿Puedo ver lo que preparaste?”, le pregunto a Julio. “La ropa la tengo separada pero no te la puedo mostrar”, responde. “¿Costumbre?”, replica como alguna vez nombró el Doctor a sus tradiciones. “¡No, qué costumbre! Es un secreto guardado bajo siete llaves”.