Preolímpico 2000

La frustración del equipo que no pudo ser

Después de sus dos primeros títulos del mundo y antes del tercero, Pekerman armó un plantel que derrochaba brillantez pero terminó con la opacidad del carbón.

Formar y ganar. Consolidar futbolistas y levantar trofeos. En ese virtuosismo transitó el ciclo de José Pekerman al frente de la categoría superior de los seleccionados juveniles. Desde mediados de los 90 y hasta comienzos de 2000, el entrenador que exigía y enseñaba con tono paternal generó en decenas de jugadores hábitos, destrezas y conocimientos para que varios se consolidaran luego en la selección mayor y otros tantos lograsen afianzarse en primera división. Dirigió al Sub 20 en cuatro mundiales y ganó tres: Qatar 1995, Malasia 1997 y Argentina 2001. Solo en Nigeria 1999 quedó relegado con el conjunto que capitaneaba Esteban Cambiasso (que había sido campeón dos años antes) y en el que resaltaban Rolfi Montenegro, Pocho Insúa y Gabi Milito. Perder era excepcional si se trataba de un equipo José. Sin embargo, una caída resonó con fuerza y provocó una herida profunda que todavía se recuerda.

En los primeros días del nuevo milenio se disputó en Brasil el torneo preolímpico que clasificaría a dos selecciones para los Juegos de Sídney. Con futbolistas menores de 23 años, en los estadios Do Café, en Londrina, y Olímpico Regional Arnaldo Busatto, en Cascabel, el formato del campeonato dividía a los diez seleccionados sudamericanos en dos zonas, clasificándose el primero y segundo de cada una al cuadrangular final que determinaría las dos plazas olímpicas.

Argentina viajó al estado de Paraná con acaso el mejor plantel que haya podido armar Pekerman. Los arqueros eran Cristian Muñoz y Albano Bizzarri. Los defensores, Gabriel Milito, Leandro Cufré, Diego Placente, Fernando Crosa, Lucas Alesandria y Pablo Richetti. Los mediocampistas, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Esteban Cambiasso, Diego Markic, Mariano Messera, Aldo Pedro Duscher, Lionel Scaloni y Guillermo Pereyra. Los delanteros, Javier Saviola, Bernardo Romeo, Leonardo Biagini y Diego Quintana. Pese a que Walter Samuel y Sebastián Méndez habían quedado marginados por lesiones, los nombres deslumbraban. Un arquero que se proyectaba en un grande y otro al que había comprado el Real Madrid. Zagueros que ya habían tomado filo en el fútbol grande de cada fin de semana, la figura del Boca de Carlos Bianchi, el diez de River, el cinco de Independiente y la mejor aparición en la delantera que había surgido en los últimos años. Los demás no eran acompañantes, también se destacaban con protagonismo en sus equipos.

“Era un muy buen plantel, que mezclaba campeones de Qatar, de Malasia, que era la base, y otros más chicos. Había muy buen material y eso nos había hecho ir con mucha ilusión”, recuerda Markic. A los 22 años, el mediocampista central formado en Argentinos ya había cruzado el océano Atlántico para incorporarse al Bari, de Italia. “Puede ser que nos haya jugado en contra que era un momento en el que muchos estábamos dejando de ser juveniles para transitar la búsqueda de asentarse en primera y ganarnos un lugar en el fútbol”, reflexiona con la perspectiva que dan las dos décadas de distancia.   

Pekerman junto con Aimar, Scaloni y Pereyra

Con los goles de Cufré, Placente y Biagini, hubo festejo en el debut al derrotar 3-1 a Paraguay. Defensor camuflado de goleador, otra vez Cufré marcó el tanto del empate 1-1 con Perú. Romero y Riquelme, de penal, establecieron la diferencia en el 2-0 ante Bolivia y Cambiasso hizo el gol en la derrota 2-1 frente a Uruguay, el ganador de la zona. En el primer cruce de la fase final, la estrella fue Ronaldinho, autor de tres de los cuatro goles con los que Brasil se impuso 4-2 (Romeo y Cambiasso). La recuperación se materializó con el 3-0 a Uruguay con los goles de Scaloni y Messera en dos oportunidades. “Ese partido fue el que mejor jugamos no solo en esa instancia sino en todo el torneo. Los dos goles hacen que sea un recuerdo muy especial para mí, porque fueron en un partido importante, en el que necesitábamos ganar para estar en carrera en el último partido”, repasa el actual entrenador de la Reserva de Gimnasia, que había ocupado en el tramo decisivo del certamen el lugar de Riquelme, lesionado.

Chile era el rival en la última fecha. Con tres puntos cada uno, y con Brasil ya clasificado y Uruguay sin chances, sin serlo se trataba de una final. “Estábamos bien y con la sensación de que íbamos a ganar. Chile tenía una muy buena selección y se dieron 90 minutos luchados, con un final que fue el peor para nosotros”, explica Messera. Es que la daga se clavó a los 41 minutos del segundo tiempo, cuando Rodrigo Tello pateó desde afuera del área, la pelota salió serpenteante y el rebote que Muñoz dio hacia adelante lo capturó Reinaldo Navia para el 1-0 definitivo.       

“No hubo reproches después del partido porque habíamos hecho el máximo esfuerzo. Con Pekerman habíamos logrado muchos objetivos y ese no se pudo. Nos dolió y nos va a seguir doliendo por el resto de nuestras vidas porque nadie se lo va a olvidar; todavía hablamos con algunos ex compañeros de eso y es una mancha que tenemos”, marca Cufré para desmentir un poco eso deque el tiempo todo lo cura. Y repiensa que es lo que pudo haber sucedido: “Sin ser excusa, era una etapa de final temporada y tuvimos muy pocas prácticas, entonces fue como que el equipo nunca se terminó de ensamblar”.

Markic, que llevó la cinta en Malasia 1997 y también en Londrina, reconoce que “la desilusión fue muy grande por el equipo que había, por lo que significaba ir a un Juego Olímpico y tratar de conseguir la medalla dorada que Argentina todavía no había ganado”. Y agrega: “Hubiese sido muy lindo que las cosas salieran bien, pero esas experiencias también te ayudan a crecer y en buena medida todo eso también sirvió a futuro porque José con muchos de esos jugadores en 2006 estuvieron en el Mundial de Alemania”.

Para Messera “incluso hoy, tanto tiempo después, es difícil entender cómo no se logró la clasificación con los jugadores que había”. El ex 10 del Lobo sostiene que “el fútbol tiene esas cosas y en los torneos cortos una derrota a mitad de camino te puede dejar en una posición incómoda. Fue una triste muy grande, porque la expectativa que había sobre nosotros y la que teníamos nosotros mismos era muy grande”.  

Brasil y Chile viajaron a Sídney, ganaron sus grupos y se quedaron afuera en la primera fase de eliminación directa. Camerún, ganador del oro, fue el verdugo de ambos: derrotó en cuartos de final al seleccionado dirigido por Vanderlei Luxemburgo y en semis al que había incluido a Iván Zamorano como uno de los futbolistas sin límite de edad.

Con visión de orfebre, pulso de relojero y determinación de líder, Pekerman había configurado una plantilla que en la exuberancia de talento no perdía equilibrio. Cada pieza parecía la ideal para su posición y para mejorar a las demás. La ingeniería futbolística se advertía perfecta. Sin embargo, la obra quedó inacabada. Resultó el equipo de José que no pudo ser.