La Máquina

La leyenda de la delantera más famosa que apenas jugó junta

El ataque más legendario de la historia de nuestro fútbol resultó en realidad una excepción. ¿Cuánto consiguieron cada vez que salieron a la cancha? La respuesta sorprenderá.

Se recita de memoria: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. La Máquina de River. Generación tras generación se aprendió a encadenar esos cinco apellidos de memoria. En ese orden. Sin errores. Una verdad construida como una de las máximas futboleras más arraigadas en el imaginario colectivo. Pero, en verdad, esa comunión ofensiva, acaso la más renombrada, apareció en breves paréntesis y ganó mucho menos de lo que se puede llegar a creer.

La Edad Media del fútbol argentino resultó una era dorada. En una línea de tiempo, ese período podría ubicarse después de la primera década del profesionalismo y hasta la aparición de las primeras imágenes de los partidos por televisión. Los años 40 del siglo pasado fueron gloriosos, con jugadores talentosos, equipos repletos de virtudes y estadios que evidenciaban la cultural popular del juego en la liturgia de cada fin de semana. El estilo criollo que había sorprendido en los Juegos Olímpicos de 1928 y afirmado dos años después en el primer Mundial ahora alcanzaba su versión más centelleante. Las fotos en sepia -algunas coloreadas años más tarde-, las crónicas en los diarios de la época y los análisis en las revistas de entonces guardan la memoria de aquellos domingos de goles y tribunas festivas. Pero aun con los registros del periodismo de la época, está la oralidad futbolera, esa que toma sus propias formas para, desde la realidad, generar las leyendas y hasta los mitos. 

Época de goles y más goles, no había contraposiciones tácticas porque cada equipo distribuía a sus futbolistas de la misma manera: arquero, dos zagueros, tres mediocampistas y cinco delanteros. Ese 2-3-5 se había originado en Escocia a finales del siglo XIX y la expansión británica lo trajo hasta acá siendo la silueta conjunta de once futbolistas durante mucho tiempo. Pero como pasa hoy, tampoco hace siete décadas los dibujos estratégicos eran fichas inmóviles. Con más o menos elasticidad, todos los sistemas resultan flexibles. Las características de los futbolistas y la movilidad colectiva daban el estilo propio de cada equipo. La fineza técnica se expresaba principalmente en los delanteros.

Entre esos ataques frondosos, uno se volvió eterno. Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Amadeo Labruna y Félix Loustau compusieron La Máquina. El quinteto ofensivo riverplatense podía disponerse ancho como uno medialuna o armando la W en la que se retrasaban Moreno y Pedernera. De una forma u otra, eran la armonía perfecta de manejo, pase, gambeta y gol. Sus apellidos quedaron entrelazados para siempre y recitados como un mantra.   

¿Fue esa sociedad una leyenda que pasó a la posteridad por vencer a Boca? Nada de eso. El quinteto más legendario del fútbol argentino nunca disputó un clásico ante el Xeneize. ¿Entonces se hizo de bronce por los títulos? Tampoco. Apenas participó de una manera absolutamente marginal en un título millonario, el de 1942, cuando solamente apareció (por primera vez) en uno de los 30 partidos del certamen. Labruna jugó 514 partidos en River (293 goles), Loustau 367 (101), Moreno 321 (179), Pedernera 288 (130) y Muñoz 198 (41). Sumaron más de 1600 encuentros con la banda roja, pero solamente en 18 coincidieron los cinco. La mejor delantera de la historia del fútbol argentino duró menos que un torneo corto.  

El apodo nació antes que la formación original. En la octava fecha del campeonato de 1942, River visitó y atropelló 6-2 a Chacarita con dos goles de Labruna, otro par de Pedernera, uno de Moreno y el restante en contra del zaguero funebrero Ítalo Emanuelli. La crónica de Borocotó en El Gráfico tenía el presagio en el título: “Jugó como una máquina el puntero”. Debajo, una foto retrataba a Moreno, Muñoz y Labruna de brazos cruzados. En el inicio de su nota, el periodista uruguayo contaba que tras el partido un hincha le había preguntado “¿Qué le pareció la máquina?”. Adelante habían maravillado Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Aristóbulo Deambrosi, los mismos protagonistas del campeonato ganado la temporada anterior. Tres fines de semana más tarde, Renato Cesarini, técnico del equipo, mandó a la cancha contra Platense a Julio Barrios; Ricardo Vaghi, Ferreyra; Norberto Yácomo, Bruno Rodolfi, José Ramos; Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, que hacía su debut en primera división con 19 años. Ahora sí La Máquina estaba completa. 

Esa victoria 1-0 ante el Calamar con un gol de Moreno con la mano fue la única en la que coincidieron los cinco en el campeonato ganado por River. Recién volvieron a juntarse casi un año más tarde, el 9 de mayo de 1943 en la derrota 3-1 frente a Atlanta y ese torneo enfrentaron luego a Ferro (3-1), Racing (5-0), Rosario Central (1-1), Chacarita (3-0) y San Lorenzo (1-1). En el torneo de 1944 empataron con Independiente (2-2), volvieron a golear a Racing (5-1), igualaron con Ferro (1-1) y enhebraron victorias ante Chacarita (1-0), Vélez (2-1) y San Lorenzo (2-1) antes de desarmarse. Es que previamente a que terminara el torneo, Moreno partió a México por un conflicto con la dirigencia: disconforme con su situación contractual y multado con 100 pesos por no presentarse a un parido de reserva frente a Lanús, rompió su vínculo y se fue al fútbol azteca. En 1945 River volvió a salir campeón con Aberto Gallo en la posición del Charro. 

Con el regreso de Moreno, La Máquina se rearmó el 11 de agosto de 1946 en el triunfo 2-1 ante Chacarita y luego dio sus últimas funciones: igualdad con Estudiantes (1-1), victoria ante Ferro (4-1), derrota frente a Lanús (1-2) y empate con Huracán (2-2). El 17 de noviembre de 1946, en el viejo Gasómetro y frente al Globo con Alfredo Di Stéfano en su ataque, fue la última vez en la que se juntaron los cinco hombres a los que les alanzaron solo 18 partidos para hacerse eternos en el saber futbolero. 

La Segunda Guerra Mundial abortó los dos Mundiales que debieron disputarse en la década del 40, para muchos la mejor en todo el recorrido de nuestro fútbol. En el continente, Argentina casi no tenía contra: ganó los Sudamericanos de 1941, 45, 46 y 47 y fue subcampeón en 1942. Los integrantes de La Máquina vistieron su talento de celeste y blanco, pero nunca coincidieron en un mismo plantel. En Chile 41 y Uruguay 42 estuvieron Pedernera y Moreno; en Chile 45, Muñoz y Loustau y en Argentina 46, Pedernera, Labruna y Loustau. 

Finalizado el campeonato de 1946, Pedernera se fue de River y no volvió más. Siguió su carrera en Atlanta en el 47 y en 1948 pasó a Huracán, desde donde encabezó una histórica huelga de jugadores y se convirtió en uno de los fundadores de Futbolistas Argentinos Agremiados. Las esquirlas del conflicto sindical lo llevaron a Colombia junto con varios jugadores más. Vistió cinco años la camiseta de Millonarios en una sociedad histórica con Di Stéfano y Pipo Rossi. Regresó al país en 1954 para retirarse con el escudo del Globo y tomar inmediatamente la dirección técnica del club de Parque de los Patricios. Destacado como el cerebro de La Máquina por su lectura táctica y capacidad estratégica, toda esa sapiencia lo hizo un DT de referencia. Dirigió a Boca y bajo de presidencia de Alberto J. Armando fue uno de los impulsores de La Candela para la formación de juveniles. Estuvo al frente de la Selección en las eliminatorias que hicieron de México 70 un destino fallido. Se alejó del fútbol después de ser el técnico de Banfield cuando el Taladro recogió elogios por su performance en el Nacional de 1976. El apodo de Maestro marca su envergadura en la historia del fútbol. Falleció en 1995. 

Moreno jugó por última vez en River en 1948, al año siguiente emigró a Chile sumándose a Universidad Católica y regresó al país en 1950 para ser futbolista de Boca. El Charro había nacido cerca del Riachuelo, de pibe se había hecho hincha xeneize y se probó en Boca, pero lo rechazaron. Con la frustración encima, antes de quedar en River, donde debutó en 1935, trabajó en El Gráfico acomodando y abrochando los pliegues de la revista en los talleres de Editorial Atlántida. Después de haber hecho historia en Núñez se dio el gusto de jugar con sus primeros colores y enfrentó a River en un clásico que fue millonario con goles de Labruna y Walter Gómez. Volvió a irse a Chile, después a Uruguay, otra vez en Argentina se incorporó a Ferro y se retiró en Colombia siendo a la vez entrenador. Volvió a River como técnico en 1963. Es el único en haber jugado y dirigido en River y Boca, algo que también hizo en la Selección. Moreno integra el póker de ases del fútbol argentino con Di Stéfano, Maradona y Messi. Fue el primer integrante de La Máquina que murió, en 1978 a los 62 años.  

Muñoz dejó River en 1950 y se retiró en Platense tres años más tarde. Había hecho su camino en inferiores en Independiente, luego pasó a Sportivo Dock Sud y en 1939 lo compró River. Fue el último sobreviviente de La Máquina hasta su muerte en 2009. 

Loustau siguió dribleando en River hasta 1957 y dejó la actividad profesional al año siguiente después de un puñado de partidos en Estudiantes. Como Moreno en Boca, Chaplín atravesó sin éxito una prueba en Racing. Considerado el mejor wing izquierdo de la historia de nuestro fútbol, falleció en enero de 2003. 

Labruna es River. El máximo ídolo de su historia, el que más goles hizo y el más veces campeón con 22 títulos. Jugó dos décadas con la casaca de la banda roja, hasta 1959. Un año antes, al filo de los 40, integró el plantel mundialista argentino en Suecia 1958. Se retiró en Platense en 1961 después de haber disputado dos partidos en segunda división. Ya como entrenador, volvió a River en 1963, tuvo su segundo ciclo en el banco entre 1968 y 1970 y nuevamente tomó la conducción en 1975 (en el 71 había sido el DT de Rosario Central en el primer campeonato Canalla) para ser el técnico que cortó la peor racha en la historia del club, prolongada en 18 años sin vueltas olímpicas. Sanado ese estigma, luego conquistó cinco campeonatos más. En 1967 dirigió en simultáneo a Platense, en primera, y Defensores de Belgrano, en segunda división. Como técnico también pasó por Lanús, Racing, Chacarita y Talleres. Era el DT de Argentinos Juniors cuando murió en 1983.      

Entre el 28 de junio de 1942 y el 17 de noviembre de 1946, La Máquina tuvo sus únicas 18 funciones, una en el 42, seis en el 43, otras seis en el 44 y cinco en el 46. A su vez, ganó once partidos, empató cinco y perdió dos, frente a Atlanta, en 1943, y Lanús, en 1946. Labruna hizo 14 goles, Moreno 9, Pedernera 7, Loustau 5 y Muñoz uno. La delantera mágica fue más una excepción que una continuidad en River. Les alcanzaron un puñado de partidos para ser eternos.