Loco Abreu

La mesa 13, un homenaje “de locos”

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Lejos de las supersticiones, el delantero uruguayo hizo de un número mirado con recelo, una marca registrada. En Rosario, el dueño de un restaurante decidió que haya un lugar especial para el artillero charrúa

El número trece tiene un significado negativo y, por ello, varios creyentes o devotos tratan de evitarlo. Por caso, en España y Latinoamérica, los días martes 13 son considerados de mal agüero. De allí el famoso refrán: “No te cases ni te embarques… ni de tu casa te apartes”. Lo mismo ocurre con los viernes 13 en la mayoría de las culturas occidentales. Es más, también existe una fobia denominada “triscaidecafobia”, que no es otra cosa que tener miedo irracional al número 13.

Y, claro, las referencias abundan a lo largo de la historia. Sin ir más lejos, en la última cena, los asistentes fueron trece y Judas, el último invitado, luego traicionó a Jesucristo. En la misma línea religiosa cristiana y en vinculación con la Biblia, el capítulo trece del Apocalipsis trata sobre la llegada del Anticristo a la tierra. En cuanto al Tarot, la carta de la muerte se encuentra representada por este número y vinculada al cambio o la transformación. Mientras que en China es de buena fortuna.

Y el fútbol no escapa a esta lógica en la que la suerte de un jugador, de un equipo o de un hincha puede estar supeditada a lo que le señale los designios de un número, de una señal, de un gesto. Cábalas al margen y a contramano de todos los pronósticos agoreros, hubo alguien, un jugador que tomó una postura positiva para dejar de lado cualquier interpretación no racional de los acontecimientos: Washington Sebastián Abreu Gallo.

El Loco, fiel a su estilo, cree que el éxito depende de uno mismo y puede maximizarse a partir de dos ítems que, admite, lo definen dentro y fuera de las canchas: la dedicación constante y el esfuerzo permanente. Por eso, continúa Abreu, nunca evitó pasar por abajo de una escalera o dejó de utilizar los mismos botines con los que marcó o erró un gol en el partido anterior. El delantero, lejos de las cábalas, se aferró a la 13. En una entrevista con la extinta revista El Gráfico, el Loco admitía que era “hincha enfermo de Nacional y que un día, mirando un partido, aparece un jugador desfachatado, del interior, con la 13, y me encantó”. Ese jugador era Fabián O’Neill. Ahí se le ocurrió usar ese número el día que llegara a Primera. “Cuando debuté no podía (usar la 13), porque la numeración iba del 1 al 11, pero si me tocaba el banco, pedía la 13, hasta que llegó la Copa Libertadores. En Defensor habían sacado el 17 y el 13 por cábala, pero en la Copa los tenían que poner. Al tercer arquero le dieron la 17 y yo, que era el quinto delantero, me quedé con la 13. No imaginaban que terminaría siendo el titular y que metería 6 goles “. ¡Y vaya que cumplió!

“Me tocó debutar en Defensor Sporting con el número 18, al poco tiempo usé la 17, pero cuando tuve la chance agarré la 13”, contaba el histórico delantero uruguayo durante una charla con la Selección Sub-20 de El Salvador en 2016. Y continuaba: “Ya por convicciones mías, por ir en contra de todo eso. Son mitos que no valen en la realidad, sobre todo en el deporte”.

De esta manera, el dorsal “13” lo acompañó a lo largo de su extensa trayectoria como futbolista y le dio “una de las cosas más extrañas y lindas”. Tan es así su apego por es número que lo tuvo como protagonista de una anécdota que tiene como punto de partida un clásico rosarino que se disputó el 20 de octubre de 2013. “Después de haber ganado (2-1 a Newell´s en el estadio Gigante de Arroyito con goles de Alejandro Donatti y Hernán Encina), fui a un restaurante cualquiera, sin ningún tipo de recomendación. A los 15 días me contactaron de aquel lugar porque el dueño me quería hacer un homenaje”, recuerda.

La mesa 13 y el Loco Sebastián Abreu

“En el momento no entendía mucho de qué se trataba. Volví y, para mi gran sorpresa, el dueño me contó que cuando supo que había comido en esa mesa, cambió la numeración de todas las demás para que ésa fuera la número trece”, cuenta. Para su sorpresa, no se trataba de un simple mueble de madera con cuatro patas, sino que tenía un encanto particular: el escudo de Uruguay, el de Nacional de Montevideo y, por supuesto, el del Canalla, junto con dos palabras: Loco 13. “Cada vez que la gente va a comer ahí, está ‘La mesa del Loco”, detalla Abreu, que hasta ahora jugó en 28 equipos gambeteando todas las supersticiones. Y todavía nadie puede asegurar hasta cuándo jugará.