Gata Fernández

La respuesta en una mirada

La Gata Fernández, entre su amor por Estudiantes y Estrella de Echenagucía, el club barrialdonde empezó a convertirse en jugador profesional. La familia y los afectos, siempre a la orden del día.

“Tengo un deber ineludible. Respetar la historia del club”. Las palabras de Alejandro Sabella, junto con una imagen de su rostro y una Copa Libertadores, se imponen sobre una pared a un costado de la cancha principal del country de City Bell, el bunker donde se forjan y diseñan los sueños de Estudiantes de La Plata. Allí, el mundo se circunscribe al rojo y blanco hasta en los mínimos detalles. El plantel pincha se entrena Estudiantes bajo la analítica mirada de Gabriel Milito. Y Gastón Fernández, a los 35 años, se entrevera como si todavía fuese un juvenil que está dando sus primeros pasos en primera.

La Gata va y viene, siempre con la mirada puesta en la pelota como su gran aliada de la vida. Acaso, la misma con la que empezó a potrear en la canchita de Estrella de Echenagucía, su club del barrio de Gerli donde Raúl, su viejo, le enseñó a patear y , sobre todo, lo conminó a respetar y valorar al fútbol como una marca registrada. “En esa época estaba todo el día en el club, jugaba en dos categorías y el cansancio no existía. Todo era compartir con amigos y con mis viejos”, le cuenta a Enganche, al tiempo que, por primera vez, se le iluminan los ojos al referirse a su papá.

No oculta los sentimientos, ya ni se le ocurre reprimirlos. Deja fluir el amor por Raúl, acaso el hombre más importante que conoció, aunque la vida se lo arrancó cuando apenas tenía 10 años. Por eso cada vez que hace un gol mira al cielo y se lo dedica a él. “Mi viejo estaba en Estrella para asumir responsabilidades, le gustaba organizar cosas, recuerdo que había instrumentado hacer pretemporada aún cuando éramos muy chicos. Nos llevaban a una quinta por un mes: las categorías más grande iban los primeros 15 días de enero y la segunda quincena íbamos los más chicos”, relata y se le advierte el recuerdo fresco en su mirada. A su lado, Lautaro, su hijo mayor de 11 años, observa la charla y mientras hurga en su celular sin parecer sumergido del todo en ese asunto tecnológico. “Mi viejo estaba muy metido en lo social, buscaba compañeros en las villas y los tenía en el club. En Estrella es donde empecé a agarra la técnica, en donde aprendí a jugar en espacios reducidos y donde la gambeta te sirve como la principal herramienta para poder sobrevivir a las canchas chicas del baby”, explica. Y añade: “Hace un tiempo que no voy, creo que hace más de un año y medio. Pero mantengo contacto, Lautaro (su hijo) tuvo un proceso en el club, porque quería que conociera dónde me había formado, dónde me había criado”.

–Dijiste varias veces que estabas enojado un poco con la vida porque a los 10 años te quitó a tu papá. Hoy tu hijo Lautaro está siempre a tu lado, ¿hay diferencias a cómo era tu viejo con vos?

–En cuanto a calidad de vida entiendo que es similar. Mi viejo siempre fue un laburante que nunca nos hizo faltar nada. Y yo intento lo mismo. La diferencia, quizá, es que yo tengo algo más de cercanía de la que tenía mi viejo conmigo. No hay ni un solo día en el que no le exprese mi amor. Mi viejo estaba criado de otra forma, entonces te lo hacía saber de otra forma. Yo a mi hijo se lo digo todo el tiempo y por momentos hasta por demás. Yo crecí con la mirada de mi viejo que si me mandaba una macana estaba al horno y hoy mi posición frente a lo que puede hacer mi hijo lo puede poner a límite un ratito, pero después sale de ese momento con una sonrisa.

–¿Sos parte de una generación de papás más blandos?

–Somos muchos más blandos, pero no sé si está bien o mal. Es un cambio lógico. Las cosas evolucionaron de una forma diferente. Una sola vez le metí un voleo porque estaba asustando a la hermana. Nos reímos cuando nos acordamos, pero en ese momento me hizo enojar.

–¿Cuál es el consejo que le das como padre y futbolista?

–A nivel futbolístico quiero que se divierta, que la pase bien. Que no pierda el tiempo en entrenarse si no tiene ganas de hacerlo.

–¿Sentís que puede tener alguna presión porque su papá seas vos?

–Creo que no, no le transmito eso. Sí le pido el compromiso, que se preocupe por ir al club si es que le gusta el fútbol. Que no puede dejar de ir al club porque tiene ganas de jugar a la PlayStation. Trato que entienda que debe ser lo más serio posible dentro de su edad. Entiendo que el crecimiento del futbolista se da desde chico, cuando los formadores los ayudan a crecer, donde desarrollan la técnica, comprenden el juego…

–Se advierte una gran pasión, ¿de chico la sentías pasión o había presión por ser un gran talento?

–La verdad que no sentía presión, jugaba porque me encantaba. Pero sí reconozco que tenía una pasión que no era habitual para un chico de 13 o 14 años. Siento que fui profesional sin contrato desde los 13 o 14 años, cuando dejé de lado ir a bailar si mis compañeros del colegio lo hacían, cuando mis amigos fueron a Bariloche…

–¿Sentías que eras bueno y tenías las condiciones suficientes para ser profesional?

–No lo sé. Sentía que tenía condiciones, pero hay muchos chicos que las tienen; aunque no siempre las acompañan con la profesionalidad que el fútbol te exige. Ojo, también hay casos en los que se le entrega todo al fútbol y la bola cayó del otro lado, un entrenador eligió a otro y todo el esfuerzo no tiene su premio. El fútbol tiene esas cosas. Yo tuve la suerte de llegar y le agregué la seriedad que creía necesaria. A los 15 años viajaba de Avellaneda a Núñez todos los días, me tomaba tres colectivos para entrenarme en reserva. Iba al colegio a la mañana y llegó un momento en el que no le daba tanta importancia porque mi atención estaba en el fútbol. Y un día me senté con mi mamá y mis abuelos y les dije que no quería ir más a la escuela. Desde ese día asumí un compromiso con ellos que no podía tener un paso en falso en el camino para llegar a ser un profesional. Pasó el tiempo y hoy lo pienso… Me arrepiento toda la vida de haber perdido esa etapa del colegio, porque más allá del estudio, que es lo más importante, perdí la relación de compañeros que uno hace en esa etapa.

–Si estuvieses hoy en Estudiantes haciendo inferiores no podrías jugar, porque el que no estudia no juega.

–Es verdad, pero también hoy es una realidad diferente. Porque hoy vienen a Estudiantes a la mañana y después se quedan en el colegio. En su momento, yo esa posibilidad no la tenía porque vivía en Avellaneda; lo podría haber hecho si vivía cerca de la escuela de River. Pero bueno, me enfoqué en mi determinación y en ese momento lo sentía así. Cuando debuté en primera fue una gran satisfacción para todos.

–Desde aquel día del debut al gol en la final de la Copa, ¿le pusiste un moño a todo?

–Puede ser. Tuve pasos previos importantes, porque debuté en primera en River y no era fácil mantenerse con los pies sobre la tierra.

–¿Te sucedió que perdiste un poco eso?

–La verdad que no, pero sí tuve algún momento en el que caminé algo torcido. Pero la verdad que fue inmediata la corrección, me daba cuenta de eso. Siempre supe lo que demandaba el fútbol: el descanso, el entrenamiento, la alimentación, como puntales. Y si tuve algo fue por la cuestión lógica de la edad.

–Además de estar enfocado, ¿quién te ayudaba a estar acomodado?

–Mi vieja siempre me dio libertad, porque ella sabía lo que era como hijo y cómo me tomaba las cosas. Si Guillermo Pereyra fue como mi hermano mayor, porque yo era amigo de su hermano Gerardo y pasábamos mucho tiempo juntos. Guillermo fue un jugador que de joven tuvo un perfil de jugador maduro y muy profesional. Entonces él me hablaba mucho y me corregía si veía que hacía algo más. Además, tuve como compañeros a tipos como Astrada, Hernán Díaz, Chacho Coudet, que te ayudaban a no desordenarte cuando sos pibe. También fui compañero de Gallardo… Hoy miro para atrás y me doy cuenta que tuve mucha fortuna de haber estado con tipos que daban el ejemplo y que eran auténticos líderes.

–El Tano Gracián nos comentó que, en un país tan futbolero, los elogios hay veces que te confunden, ¿te pasó en algún momento eso de creerte de más el reconocimiento?

–Es posible que me haya pasado el tema de los excesos de los elogios, pero no sé si me lo tomé en algún momento de mala manera. Quizá me daba confianza. Pero cuando tuve alguna cuestión que no me hizo sentir cómodo recurrí a un psicólogo, recurrí a hacer coaching, todas alternativas para que me vuelvan a enforcar.

–Ahora tenés 35 años, ¿qué edad tenías cuando hacías estas cosas? Hace 12 años no era tan habitual que un futbolista se manejase así…

–En general siempre hubo mucho prejuicio sobre ir a un psicólogo. Proponerle en ese momento a un chico ir a hacer terapia implicaba que te responda: “no estoy loco”. Lo que pasa que como siempre fui una persona muy sentimental y muy temperamental necesitaba eso. No es fácil controlar las emociones. Es el día de hoy que todavía me pasa. Cuando veo que estoy un poco desbordado, vuelvo al psicólogo y acomodo las cosas.

–¿Es cierto que jugaste en Dock Sud con otro nombre?

–Sí, jugué; pero no recuerdo si lo hice con otro nombre. Fue hace mucho. Mis compañeros de Estrella jugaban en Dock Sud y nos llevaron a jugar en cancha de 11. Estuve algunos partidos ahí, jugué con los mellizos Garat. Habría que preguntarle a Lema, que era mi técnico en ese momento, porque no recuerdo si me pusieron otro nombre.

–Incluso, hay una historia que dice que Dock Sud quiso cobrar algún dinero por derechos de formación de Gastón Fernández, pero no lo pueden hacer porque tu nombre no está en ninguna nómina oficial del club.

–Igual, eran partidos de Liga, no fui jugador de inferiores del club.

–Hace un tiempo hablamos con Facundo Imhoff, jugador de vóleibol, y contó que se estaba lesionando mucho. Eso advirtió que estaba vinculado a no poder confesar cuál era su condición sexual, ¿por qué en el fútbol no se habla de este tema?

–La verdad que uno va cambiando la cabeza y es verdad que no es común que en tantos planteles no haya jugadores homosexuales. Ojalá que esa amplitud de ver las cosas llegue lo más pronto posible. Somos todos seres humanos y lo mejor sería que nadie reprima sus sentimientos. La primera que viví una situación vinculada a este tema fue en los Estados Unidos. Un jugador de Los Ángeles Galaxy que era gay y lo contó en una conferencia de prensa. Jugabas contra él y nadie lo cuestionaba.

–¿Estamos en camino a ese cambio? Las mujeres ya ganaron su espacio…

–Yo creo que sí. En lo personal me parece perfecto que se abra el debate. Ojalá que si algún jugador necesita expresar su condición sexual lo pueda hacer libremente sin que nadie lo juzgue. Eso implica evolución en una sociedad.

–¿Sos fanático de las fiestas de disfraces?

–Mis últimos tres cumpleaños los festejé con fiesta de disfraces.

–¿Querés hacer una gran fiesta?

–Estamos viendo, porque hay una fiesta muy grande en Paraná y cae el 12 de octubre el día de mi cumpleaños, así que algún día le vamos a competir.

–¿Cómo nació ese gusto por festejar así cada año?

–Nunca fui de festejar cumpleaños, siempre era muy tradicional. Mi mujer me insistía yo le decía que hiciéramos algo tradicional con unas pizzas y empanadas y listo. Me decía que era un amargo. Me propuso festejar con una fiesta de disfraces y se convirtió en algo que mis amigos y mi familia lo dan por una cosa cierta. Se coparon todos y bueno me sumé a esa hermosa locura. Esperan todos al 12 de octubre para hacer la fiesta.

–El día que le diste un abrazo a Lautaro en la cancha de Quilmes, ¿qué te pasó por la cabeza?

–No sé si pensé en mi viejo, no estuvo esa conexión. Habíamos dicho que lo íbamos a hacer y recordar la cara de feliz de él, es la imagen de mi carrera para el día que me retire.

–¿Te siguen llevando el auto al service?

–Na, eso es mentira. Me agarré una calentura muy grande cuando leí eso del Gallego, de Sebastián [Méndez], porque es un tipo al que aprecio mucho, que tuvimos muy buena conexión cuando estuve en San Lorenzo. Jamás tuve un secretario. Sí, obviamente, uno a veces por cuestiones de tiempo o por cuestiones de querer descansar y no quiero llevar el auto al service, por ahí, le digo a un amigo. Ahora, a partir de ahí a que se genere lo que se generó con esa nota de que los jugadores tienen secretarios y eso no me gustó nada.

–¿Te referís al famoso tema de la burbuja en la que viven los jugadores?

–Exacto, yo tengo en claro que prefiero dormir la siesta antes que llevar el auto al service porque quiero descansar porque a la mañana entrené. Y si decido eso y le digo a un amigo que lo lleve y no tiene problema, lo aprovecho porque el descanso para mí es fundamental. Pero eso no quiere decir que tenga un secretario. Eso no, creo que tengo en claro el lugar que tenemos y todo lo que se genera a nuestro alrededor.

–Hay una preparación para el debut, ¿también te preparás para el retiro?

–Depende de cada uno cómo se prepara. Yo tengo claro que el fútbol se va a terminar algún día y tengo un montón de cuestiones que entiendo que me van a llenar de felicidad como lo hace el fútbol.  Recuperar tiempo con mis amigos, con la familia y mis afectos, a los que les quité por mi trabajo, es algo que pienso alimentar cuando se termine mi carrera en el fútbol. Entiendo que eso me va a ser un hombre feliz.

Con la colaboración de Agustín Bronzini.

Nota publicada originalmente el 13 de julio de 2019