Boxeo

La revancha de Mariano Carrera

El ex campeón mundial de los medianos tuvo un reinado breve en el boxeo por culpa de un doping que le arruinó su campaña. Diez años después de su retiro, es uno de los entrenadores de la Selección nacional y sueña con una medalla en Tokio 2021.

¡Ring! Suena el teléfono en la casa de Mariano Carrera.

El ex campeón mundial de los medianos está despierto desde temprano. Los boxeadores, aun en el retiro, suelen madrugar. El chip de levantarse a correr por las mañanas le quedó activado. “Hola, no es molestia. Esta es la primera vez que me llaman posta, al teléfono fijo. La última vez que sonó era [Horario Rodríguez] Larreta para promocionar algo… Y la anterior un tipo que fingía ser mi hijo, lloraba y pedía que fuera a rescatarlo. Ya no se usa más el teléfono. ¿Qué loco, no? Lo tengo por el Internet, nada más. Así que ya que no me vas a pedir nada, podemos hablar de lo que quieras”, dice, entre risas, uno de los mejores prospectos argentinos de los 2000.

“Hablar de lo que quieras”, es una frase que repiquetea. Porque Carrera fue despojado de su título del mundo allá por 2006. Un doping, que calificó como “involuntario”, le hizo perder su corona. Y su carrera, valga la redundancia, se desmoronó para siempre. Por eso, es una oportunidad única para escuchar su verdad.

–El año pasado presentaste tu biografía, escrita por Juan José Zurro. Y nos enteramos ahí que tu segundo nombre (Natalio) te lo pusieron en honor a Ringo Bonavena….

–Cuando nací (22 de julio de 1980), Ringo era un fenómeno popular del momento. ¡No tengo a nadie de la familia que haya boxeado! Pero sí es cierto que llegué al boxeo por la influencia de mi papá, que era un fanático de Bonavena. Cuando nos fuimos a vivir a Mar del Plata, tenía 6 o 7 años y descubrí el boxeo. Mi viejo tenía una parrilla que estaba enfrente de la estación de tren, la actual terminal de ómnibus. A pocas cuadras estaba el gimnasio del Nene Dipilato (NdeR: fallecido entrenador del Mosquito Lazarte) en Avenida Jara. Íbamos siempre a mirar, porque había una puerta que se veía todo desde afuera. Así empecé de forma recreativa, tenía 9 años.

Carrera, en la cancha de Boca con el título

–Y cuando volviste a Buenos Aires, ¿a dónde fuiste?

–El Nene me mandó con Santos Zacarías, al Almagro Boxing Club. En ese momento, [Juan Martín] Coggi se había coronado por tercera vez campeón del mundo. Entrené ahí un año. Le daban mucha bola al boxeo profesional. Yo era un nenito más que iba al gimnasio, no me daban pelota. Luego, a través de un conocido del barrio, Danilo Díaz (boxeador amateur que entrenaba con Tito Gómez y Mario Tedesco en la Federación), cambié de gimnasio. Fuimos a verlo a Tito Gómez y debuté como amateur. A las poquitas peleas me llevaron a la Selección Nacional.

–En la Selección lo conociste al maestro cubano Sarbelio Fuentes, tenían un lindo equipo…

–Pff, Omar Narváez, Cachito Pérez, los hermanos Fabricio y Santiago Nieva, el Pigu Garay, Chino Abalos, Sebastián Ceballos, Ceferino Labarda y más. Una camada de muy buenos boxeadores, una camada dorada por la calidad humana que hubo en esa época y que hoy perdura. El paso por la Selección Nacional fue lo que más disfruté, obtuve medallas pero no tuve grandes logros. Fue la etapa más sana, mucho más romántico, no había problemas de guita. Ahí, no se pelea por eso. Hay pasión por la camiseta. Estuve 4 años viviendo en el CeNARD.

–Sarbelio respetaba mucho el estilo de los boxeadores…

–Sí, eso es lo mejor, potenciar las habilidades naturales de cada boxeador, sin perder de vista los defectos. Cada maestro tiene su manual y el boxeo es de libre interpretación. Por ejemplo, en los ochenta, se peleaba mucho dando pasos con saltos, los boxeadores estaban parados como en el taekwondo. En la época mía de la Selección, cambió y se peleaba con la guardia adelantada, con forma de escopeta. Entonces, Sarbelio insistía en que mi mano izquierda la mantuviera adelante, todos peleaban así, era la moda, pero para mí era incómodo.

Con el Papa Francisco

–¿Y qué le dirías ahora?

–¡Sarbelio, ¿por qué me volviste loco? Ja ja…  Se me complicaba mucho el estilo olímpico. Hoy eso cambió. Y se pelea con las manos más abajo. El boxeo está en permanente evolución. De igual modo, le tengo cariño y le debo mucho. Él fue mi gran formador junto con Carlos Tello, con quien hice mi carrera profesional.

–¿Cómo analizás tu carrera?

–Pude haber extendido más los logros a nivel profesional, es cierto, pero bueno, yo qué sé, no fue de esa manera y estoy conforme con todo lo que pude lograr. Con el paso del tiempo uno va ganando experiencia, y sabe qué hizo cosas que no están bien, en qué se equivocó.  Si tuviera la mentalidad de hoy, años atrás hubiese hecho cosas diferentes. Pero el tiempo no se puede volver atrás. Estoy conforme.

El 2 de diciembre de 2006, Carrera ganó el título mundial de los medianos de la AMB ante el español Javier Castillejo, con un nocaut técnico en el undécimo asalto en el Estrel Convention Center, Neukoelln, Alemania. Pero el sueño terminó en pesadilla. Le quitarían la corona y recibiría una sanción de cuatro meses por haber dado doping por clembuterol, una sustancia por entonces prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Un año después, en la revancha, y sin título en juego, el español saldó la deuda y le ganó al bonaerense con un exacto uppercut en el sexto.

–¿Ya pasó el dolor de haber sido despojado del título?

–Sí, es algo que ya pasó, está trabajado y superado. Fue un error que se cometió. Yo no era consciente. Fui el último eslabón en la cadena de culpables porque yo ni sabía lo que tomaba. Iba a un nutricionista que me daba una suplementación para bajar de peso y fuimos muy ingenuos en el equipo. Nos faltó experiencia. 

–¿El clembuterol lo tomaste acá o en Alemania?

–No, el clembuterol lo tomé acá. Un quemador de grasas, para bajar de peso. Es que me costaba dar los 72.500. Yo no sabía que era un broncodilatador. De hecho, la palabra clembuterol recién la escuché en televisión cuando salió que había dado positivo. No sabía lo que era. No tenía idea. Fue un error muy grave que cometió todo el equipo. Fue ingenuidad. Habíamos sumado un preparador físico que no tenía experiencia. Confiamos en él. Y terminé pagando consecuencias altísimas.

–Y que se te haya acusado de trampa o que quisiste sacar ventaja física, ¿cómo lo tomaste en su momento?

–Sí, por supuesto que me dolió. Hoy no me duele tanto. Pero claro, en su momento, me dolía porque sabía de todo el esfuerzo que había hecho y lo que me había costado. No lo hice consciente, o tratando de sacar una ventaja física.  La verdad es que no la pasé bien.

–¿Pero vos no sentías la diferencia de estar mejor físicamente, más fuerte?

–No sé si más fuerte. Antes de pelear con Castillejo tenía la absoluta seguridad de que iba a salir campeón del mundo. Y así fue. Gané ante todos los pronósticos. No era favorito, peleaba en Europa y la promotora Universum ya tenía cerrada la pelea del español con el alemán Felix Sturm. Es decir, todo el circo armado. Para la TV era más negocio que se cruzaran dos europeos. De hecho, Sturm y Castillejo pelearon dos veces.

Carrera, entrenador

–Ante Genaddy Golovkin, Canelo Álvarez también dio positivo por clembuterol en la primera pelea. Luego de ese episodio el Consejo Mundial de Boxeo cambió los límites permitidos de la sustancia, basándose en lo que dictamina la Agencia Mundial Antidopaje. Hoy en día, como aumentó el umbral autorizado, el mexicano no habría sido castigado…

–Y tal vez yo tampoco. Porque no recuerdo por cuánto di positivo, pero sí te puedo asegurar que a mí me dio el porcentaje más bajo que excedía el límite de lo permitido. Andá a saber, tal vez hubiera cambiado la historia con otra reglamentación.

–El año pasado te escribió Castillejo por Facebook. Comentó una foto que subiste en la cual se te ve pegándole un golpe al rostro. Te puso que sos mejor persona que deportista…

–Me batateó, jaja. Pero no me enganché. Le puse “Me Gusta”. Y después le escribí por privado. En su momento, él y Sánchez Atocha (entrenador y mánager español) salieron a bardearme, que la única forma de ganarle a Castillejo era estando drogado, que no le hubiera ganado nunca, bla, bla. Después, Castillejo me llamó por teléfono. Y se disculpó por todo lo que había dicho. Me pareció un buen gesto de parte de él. Entiendo la calentura de que un pendejo argentino lo haya cagado a piñas. El doping le cayó como anillo al dedo…

–¿Qué te enseñó esta situación?

–Fue el quiebre grande de mi carrera. Luego hice algunas peleas más y me retiré. Fueron pocas y muy distanciadas (5 combates en los últimos 3 años su carrera). Fue durísimo el golpe. Uno sueña toda la vida con ganar un título mundial y fue espuma entre las manos. Además, se me desarmó mi equipo de trabajo. Dejé de laburar en Córdoba con Tello y me fui a Venezuela, a entrenar con Eleazar Castillo. Empezar de cero fue difícil. Perdí mucho el incentivo. Las demás peleas que hice tal vez no las tendría que haber hecho. Medio que me terminó retirando Noé González, ja. (NdeR: en 2009, el uruguayo lo noqueó en el Luna Park con un fulminante cross de izquierda; Carrera terminó con la mandíbula fracturada).

–Te retiraste joven, a los 29 años. ¿Cómo se vive luego de esa frustración temprana?

–Nadie está preparado para el retiro. No importa la edad. Es difícil encontrar algo igual al boxeo porque esto se hace con mucha pasión. Más allá de buscar la gloria deportiva, ganar dinero (eso llega después, si llega…) uno es feliz haciéndolo. Cuando te retirás, ya no está más ese fuego que te enciende, que te da ánimo para hacer cosas, es bravo. Laburé en boxeo recreativo, en la Televisión Pública haciendo producción. Trabajé en el equipo de Maidana y Contursi cuando el Chino peleó con Devon Alexander, pero no encontraba nada que me diera esa misma…

–Esa adrenalina…

–Exacto, como mi apodo. No encontrás adrenalina, ni el rumbo, estás perdido. Pero por suerte, casi diez años después, apareció la propuesta del Programa Buenos Aires 2018, el reencuentro en la Selección, con Fabricio Nieva, Javier Álvarez, Pocho Arrieta y Víctor Hugo Castro. Empezamos a trabajar en conjunto. Desde la reunión uno, me di cuenta que habíamos encontrado el eje. El fuego se está haciendo cada vez más fuerte. Y sueño con sacar boxeadores campeones olímpicos y mundiales. Sé que nos va a ir bien. Con los chicos y con las chicas, que cada vez boxean mejor. Antes no miraba boxeo femenino, tal vez por machista, pero son muy buenas.

–¿En las buenas tuviste amigos del campeón?

–Sí, tuve muchos. Gente que quiere estar cerca tuyo, pertenecer a algo que no pertenece. ¿Algún ejemplo? Te invitan a comer y cuando llegás, están todos sus amigos. Lo hacen para mostrarte como trofeo. Se te arriman y te ofrecen un súper negocio para que inviertas guita. Es un riesgo muy grande que corremos los boxeadores porque no todos tienen posibilidades de elegir. El boxeador viene de un nivel sociocultural muy bajo, con poca contención de mediana edad. Y cuando ganás plata, sino estás vivo, te morfan. Por eso, en la Selección hacemos hincapié en formar atletas y personas.

Carrera, con Mano de Piedra Durán

–¿Te comieron la billetera en el boxeo?

–¡Por supuesto! Los promotores.

–¿Cuando estás peleando, no te das cuenta de lo que pasa en tu economía?

–A veces sí, a veces no. Pero no estás todo el tiempo consciente.

–¿En tu combate del título del mundo, ganaste plata?

–Sí, gané.

–¿Cobraste la totalidad bolsa o una parte?

–Eso no lo voy a saber nunca. Yo voy a decir una cosa nomás. Firmé el mismo contrato que Maidana con Universum de Alemania. Tengo fuentes fehacientes y me dijeron que eran 140.000 dólares para mí y 140.000 para Maidana.  Ese dinero no lo cobré. Cero recibí. El Chino hizo juicio y lo ganó. Yo no quería tener problemas con Margossian y di vuelta la página. Pude resignificar mi vida y ahora encontré otro camino para dejar atrás todo eso. Ya no tengo bronca ni enojo.

–Bueno, pero hoy estás trabajando y bien. Es mejor que estar detrás de un mostrador tomando pedidos…

–Por supuesto, en mi familia son gastronómicos y yo seguí en ese rubro. Pero siempre estuve ligado al boxeo. Soy un privilegiado y disfruto muchísimo mi trabajo. 

–La última, ¿con quién te hubiese gustado pelear?

–Con Maravilla Martínez, un grande del mismo peso. Tal vez el cruce pudo haberse dado en 2004, ¿no? No sé qué hubiera pasado, una guerra, seguro. Dejo la respuesta abierta a los comentarios de la gente. Igual ya veo que me van a matar porque él tiene mucho más seguidores, ja.