Literario

La Tía Bruje, Kamchatka y Racing

De la epopeya de la Academia en el Maracaná a Ricardo Darín, el TEG, el "paso a paso" de Mostaza y el liderazgo de Licha López.

En la hora cuarta del primero de los miércoles de diciembre, la Tía Bruje nos llamó desde las calles con una voz a la que le faltaba la voz, nos anunció como pudo que su corazón de ocho décadas estaba bailando rock con la vida unos metros adelante de su cuerpo, nos agregó que sus ojos besaban a las pocas personas que deambulaban en la madrugada, nos hizo oír la palabra Racing como quien pronuncia la palabra vida y nos pidió que jamás olvidáramos que la existencia es bonita porque ofrece fiestas y sueños, pero se vuelve más bonita porque permite algo casi más glorioso: la resistencia.

La Tía Bruje llevaba nueve meses escondiéndosele a una pandemia, lo que resultaba bravo pero poco si se comparaba con la nómina de desamores, de migraciones, de incertidumbres y de derrotas a la que había enfrentado en sus ocho décadas anteriores. Por algo, además de la foto del Equipo de José y de una grabación de Mostaza Merlo diciendo “paso a paso”, atesoraba una copia de la película Kamchatka, esa en la que Darín juega al TEG con su pibe en medio del horror de la dictadura y, aunque parece vencido, no entrega Kamchatka y aguanta hasta el infinito. “¿Ustedes lo vieron volar al arquero Arias?”, nos preguntó catorce veces, las catorce veces en las que le gritó a las esquinas despobladas de la hora cuarta del miércoles que Racing había superado, por penales y por empecinamiento, nada menos que al Flamengo campeón en el Maracaná de Río de Janeiro. “¿Ustedes vieron que el césped aplaudió el coraje del Licha López?”, nos lanzó quince o quince mil veces. “¿Ustedes vieron que ellos fueron mejores en muchas cosas pero nosotros no nos rendimos, bancamos y siempre atrapamos un aire aunque el fútbol nos quitara la respiración, o sea que resistimos?”, nos lagrimeó. Nosotros le contestamos que sí y salimos a buscarla.

Cuando la encontramos, la vida gozaba de bailar rocanroles con ese corazón despegado del cuerpo y quienes pasaban cerca le pedían que los besara con los ojos. Ella jugaba un partido de TEG con un desconocido mientras repetía la palabra Racing y elogiaba a la condición humana vuelta resistencia. Kamchatka, claro, era toda suya. Igual que la felicidad.