Literario

La Tía Consuelo y Cristiano Ronaldo

Un martes que no fue un martes cualquiera. Una pregunta o, mejor dicho, varias preguntas que aún buscan respuestas.

En la hora diecinueve de un martes de pocas cosas, la Tía Consuelo despabiló a los sobrinos que dormían y detuvo los aires que las sobrinas respiraban para preguntarle fuerte, desde el alma si es que hay alma, desde la cabeza hasta a los pies si es que las cosas tienen pies y cabezas, no sólo a los sobrinos y a las sobrinas sino también a las piedras, al polvo, a las nubes y al martes todo ésto: “¿Sabe más del amor alguien que los tuvo todos que alguien que se quedó con sólo uno?, ¿sabe más de la lluvia alguien que se empapó cada día en las ciudades que alguien que recibió una gota en el desierto?, ¿sabe más de los caminos alguien que viajó ida y vuelta por cada ruta que alguien que se largó a andar por una calle y aún no dobló?, ¿sabe más de la soledad alguien que colecciona abandonos que alguien que nunca encontró a quien abrazar?, ¿sabe más de las naranjas alguien que las volvió jugó en cada desayuno que alguien que apenas una mañana bebió ese jugó y todavía conserva el sabor?, ¿sabe más de la memoria alguien que apila mil recuerdos mejores o peores que alguien que guarda un cachito de pasado al que regresa y regresa?, ¿sabe más de las palabras alguien que domina seis lenguas que alguien que conoce el valor de escuchar?, ¿sabe más del futuro alguien premiado por sus novelas de ciencia ficción qua alguien que imagina la posibilidad de una cita dentro de un semestre?, ¿sabe más de la victoria alguien que gana y la respira o alguien que pierde y la añora?”.

Notó la Tía Consuelo que ni sus sobrinas ni sus sobrinas ni las piedras ni el polvo ni las nubes ni el martes podían responderle. Y también notó que flotaba una emoción.

Entonces, terminó: “Y si no lo sabemos ¿por qué los diarios hablan de la felicidad de Cristiano Ronaldo, sin duda un supercrack, porque hizo su gol número cien con la camiseta de Portugal y no de mí, que una vez en mi barrio, escuché a la vecindad gritar un gol y, como Cristiano Ronaldo, fui feliz?”.

Nosotros no pudimos contestarle. Sólo entendimos que la vida entrega más preguntas que respuestas y de que ya no era martes de pocas cosas.