Literario

La Tía Sinforosa y Mascherano

Se retiró Javier Mascherano y la pluma del Profesor une al volante central con un personaje entrañable.

La Tía Sinforosa nos juntó en su patio chiquito y nos dijo, chiquitos como éramos, que las cosas no son porque son: son porque la gente hace que las cosas sean. Por entonces, nosotros aventurábamos cruzar el planeta en zapatillas, fabulábamos dos mil amores y soñábamos con jugar mundiales para la Selección, así que no le entendimos, pero ella no se desmotivó. A veces educar es sembrar y esa cumbre de chiquitos en su patio chiquito resultó una siembra.

Detectamos esa siembra años más tarde, lejos del patio chiquito de la Tía Sinforosa, cuando cruzamos el planeta en zapatillas y verificamos que lo que existe no es el hambre sino gentes a montones a las que un mundo impúdico mata de hambre. Y retomamos esa siembra cuando, luego de fabular amores, comprobamos que el amor no es una flecha hundida en corazones dibujados sino un lazo encandilante y complejo que vincula a los seres humanos con los seres humanos. Y afirmamos esa siembra cuando, tras soñar con jugar mundiales con la Selección, advertimos que los mundiales no serían posibles si no hubiera individuos que soñaran jugar mundiales con la Selección de modo tan imparable y tan luminoso que, al final, lo lograban.

Vaya a saber qué razón o qué sinrazón generó que le contáramos poco a la Tía Sinforosa sobre lo que cruzamos en el planeta o sobre amores hallados y perdidos. En cambio, un domingo de primavera nos acarició la tentación de hablarle sobre sueños de fútbol. Ocurría Javier Mascherano acababa de anunciar que se iba a de las canchas después de reivindicarlas como un sitio para las identidades y para las tripas, para las emociones y para el compromiso, para la inteligencia, y para la pasión. Y si la Tía Sinforosa, en un patio chiquito, nos había sembrado la certeza de que es la gente la que hace que las cosas sean, Mascherano, en la cancha inmensa, nos demostró que esa cosa llamada fútbol es tan entrañable y tan conmovedora porque jugadores como él lo hacen tan conmovedor y y tan entrañable. A la Tía Sinforosa y a Mascherano, todos los honores. Y gracias, muchas gracias, por la buena siembra.