Literario

La Tía Valdemira, los adioses y Messi

A propósito de la partida de Lio Messi de Barcelona, la pluma del Maestro nos arrima a los albores de la casa de la Tía Valdemira, una experta en adioses.

Cuando Messi avisó que se iba del Barcelona, nosotros corrimos como Messi delante de un bosque de rivales o también como Messi en cada una de las canchas en las que atrapó la imaginación del mundo y la frotó sobre sus botines hasta conseguir que esos botines dejaran de ser botines y fueran plena imaginación. Corrimos hasta frenar delante de la Tía Valdemira, experta en lo que a casi todos nos pasa y en lo que casi nadie resiste, o sea experta en adioses.

La Tía Valdemira le había pronunciado el adiós a más cosas que las que se pueden despedir a través de un siglo en un puerto. Adioses tenues, adioses bravos. Aun así, persistía en la sonrisa. Y a esa sonrisa le recitamos que por ver al Messi del Barcelona permanecimos durante un verano en el mar y sin mirar el mar, o que fue siguiendo la obra de arte de Messi en el Barcelona que nos transcurrió la obra de arte por la que nuestros pibes se volvieron adultos, o que algún sábado nos convencimos de que las rutinas se habían comido a la belleza y al asombro pero el Messi del Barcelona nos había desmentido esa sensación. Le recitamos eso y le confesamos que seguro Messi no hubiera sido Messi sin ese Barcelona y que el Barcelona no hubiera sido ese Barcelona sin Messi, pero más seguro era que sin esa sociedad de Messi y el Barcelona nosotros hubiéramos sido otra gente y la vida hubiera sido otra vida.

En este planeta que, claro, afronta problemas más graves que Messi y el Barcelona, habíamos corrido como Messi hasta la Tía Valdemira para preguntarle cómo sostener la sonrisa a pesar del adiós.

Lo primero que nos contestó fue que la felicidad no es eterna.

Se nos vinieron cuatrocientas imágenes de Messi en el Barcelona y de nosotros palpitando la dorada edad de Messi en el Barcelona: bordeamos el derrumbe.

Sin embargo, por algo la Tía Valdemira era experta en adioses:

-La felicidad no es eterna, pero la memoria de la felicidad, quizás, sí-, completó

Entonces, nos dedicó uno de sus adioses expertos mientras nosotros empezamos a entender que el Messi del Barcelona nos pertenece para siempre. Siempre como una sonrisa.