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El Enviado...

La vida te da revancha (y te vuelve a ganar…)

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Teníamos 20 años; estábamos mirando la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de Los Ángeles, en 1984, cuando el ruso Berto, al escuchar la entonación del “¡Gloria, gloria, aleluya!”, hizo un comentario de esos que quedan grabados para siempre en el alma de la barra de amigos: “¡Uh…mirá, cantan la canción con la música de... View Article

Teníamos 20 años; estábamos mirando la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de Los Ángeles, en 1984, cuando el ruso Berto, al escuchar la entonación del “¡Gloria, gloria, aleluya!”, hizo un comentario de esos que quedan grabados para siempre en el alma de la barra de amigos: “¡Uh…mirá, cantan la canción con la música de ´Le afanamos la bandera´…”. Repuestos de esa risa que, como ciertos besos, solo acontecen a los 20 años, escuchamos de boca de Mariotto la gran lección de cultura popular: “Ven…la cultura popular no es solo la que produce su propio capital simbólico, sino la que toma el capital ajeno y lo resignifica…”.

Treinta años después de aquella clase magistral a la que involuntariamente contribuyó el Ruso y que tan brillantemente simplificó Mariotto, tuve el placer de asistir a una charla del maestro Oscar Conde, que tenía como tema “El lunfardo”. En esa charla (espero no estar parafraseando mal al maestro o, lo que es peor, no haber incomprendido lo que tan amena y brillantemente expuso), Conde afirmó que, además de una jerga y de un argot parido por afuera de la lengua “oficial”, y más allá de la fama de código pensado desde los propósitos de la periferia malviviente y los hábitos de las culturas inmigrantes; el lunfardo era (es) una manera de apropiarse de expresiones del habla para dotarlas de otros significados (o sea, para resignificarlas). Como ejemplo puso el de las frases que, emanadas desde el sentido literal de la contienda deportiva, pasan a ser parte del lenguaje popular por su profunda capacidad analógica y alegórica. Nadie necesita de ningún diccionario ni ser Ernesto Cherquis Bialo (quien además, es en sí mismo un diccionario) para entender que si alguien “Tiró la toalla”, entonces se dio por vencido.

Hay deportes que parecen hechos para jugar el juego de la alegoría; son, desde luego, los más populares. Así, “Me fui al pasto”, “Besé la lona”, “No me dura ni un round”, “Fundí bielas”; son frases recibidas con una hospitalidad semiológica que ciertamente no tendrían otras como “Pifié un smash”, “Tiré la jabalina a dos metros” o “No sincronizo el nado”.

Pero claro que cualquier actividad deportiva “pierde por goleada” en capacidad simbólica frente al fútbol: “La faltan un par de jugadores”, “Arranqué perdiendo desde el vestuario”, “Es un gol en contra”, “Me sacaron la roja”, son algunos ejemplos de metáforas emanadas de ese deporte que se parece tanto a la vida que a veces, incluso, la supera (recuerdo que un jugador cierto día me confesó: “Me pasaron más cosas en el partido de hoy que en toda mi vida”).

En eso estaba pensado cuando lo encontré al Enviado meando detrás de un árbol. Recién salido de esa infeliz escena, el Iluminado me dijo:

–Me gusta interactuar con los árboles…percibo en ellos una sensibilidad silenciosa, abierta, arcaica y sagrada, que contrasta con la actitud del forro del bar, que no me deja ir a mear a su baño…  

–Maestro – dije –…venía cavilando sobre las inagotables posibilidades alegóricas del fútbol…

–Ah claro… Dijo Wilde: “La naturaleza imita al arte”; yo agrego “La vida imita al fútbol”… Veo a dónde quiere ir discípulo, y no solo lo voy a acompañar sino que le voy a proponer algo: vamos a tendernos en el pasto y por un rato solo usaremos en nuestro diálogo metáforas futboleras… ¿Se anima?

–Sí señor… en el pasto, ¿qué otra cosa mejor podemos hacer que “jugar” al fútbol? – dije, y ya estábamos en clima.

–Mueve usted…- me dijo el Enviado.

–Bueno, si no se enoja, le pregunto: ¿por qué a esta altura del partido está siempre acá, en esta plaza?

–Ah…vio cómo es esto: la vida a veces te da revancha…porque quiere ganarte de nuevo…

–¿No será que el problema es que uno cree que está para ganar el campeonato y en realidad está para zafar del descenso nomás?

–Sí…pero vio cómo es esto: uno hace un gol, gana un par de partidos…y cree que ya es campeón. Pero de pronto un tiro en el palo, una pelota que recorre la línea…y empezás a mirar la tabla desde abajo…

–Creo percibir en usted alguna desilusión relacionada con el amor…esa pasión inexplicable…

–Ah… sí. Tal vez me entregué demasiado, como quien pica en la altura…y quedé sin nada para dar. También idolatré a mujeres que en cuanto pudieron se fueron a otro club…

–¿Pero usted transpiró la camiseta para salvar alguna relación, o escondió la pierna?

–No me guardé nada, pero no sé si eso estuvo bien. Por ahí era momento de enfriar el partido, tener la pelota…mandé a cabecear al arquero y me parece que todavía tenía tiempo de otras tácticas… Hice todo mal: cuando me la tiraron larga no piqué, cuando piqué no me la tiraron larga, regalé el primer palo, salí a destiempo y terminé habilitando a todo el mundo…

–Pero… ¿nunca gozó algún momento de plenitud?

–Claro que sí… pero cuando creí estar bebiendo el elixir del éxito… estaba tomando del bidón de Branco…

–¿Y los amigos?

–Y, ya sabés… cuando hacés goles corean tu nombre, cuando empezás a fallar las tribunas de tu casa quedan vacías… no sé igual si es un problema mío, me parece que la vida es así, salvo que haya alguna sorpresa y Dios nos salve en los penales…

–Yo lo veo cómo alguien que todavía tiene algo para dar, maestro. Como si viniera de una lesión y estuviera falto de ritmo, pero creo que en muchas de las cosas que usted hace se notan pinceladas de su talento… tal vez ya no corra como antes, pero hace jugar a los demás…a mí, por ejemplo…

–Naaaa…llego tarde a todas. Pero al menos me retiré a tiempo, por eso estoy acá. Me gusta igual este rol, hay que asumir cuando uno ya no está para jugar, y disfrutar de que los demás jueguen… Y me honra que me diga que lo hago jugar, porque algo de la magia que alguna vez tuve sigue brillando en usted…

–Bueno Enviado… me tengo que ir. Mi señora me mandó un mensaje y estoy en tiempo de descuento. No se enoje, si no llego en un rato me dan cinco fechas de suspensión…

–Vaya, vaya tranquilo discípulo…

–Hermosa charla, maestro… la verdad es que pasé un momento de disfrute pleno, como esa alegría que se siente en la tribuna…

–Disfrute amigo, disfrute… pero nunca se olvide que a toda alegría, tarde o temprano, la interrumpe algún Gabigol…