Homofobia

Landon Donovan y el elefante invisible del fútbol

La estrella estadounidense, entrenador del San Diego Loyal, retiró a su equipo de la cancha ante comentarios homofóbicos respecto de Collin Martin, un futbolista que había hablado previamente sobre su sexualidad. La necesidad de empezar a discutir el tema es una de las deudas más grandes del deporte más popular.

“Esto va más allá de fútbol. Nosotros tenemos que sacar esto de nuestro deporte”. Aunque Landon Donovan jugó tres mundiales, ganó todo en Estados Unidos, pasó por el Bayern Múnich y se convirtió en una leyenda deportiva de su nación, nunca se desencajó como en el diálogo viral que encarnó en la noche del miércoles, cuando retiró del campo de juego a San Diego Loyal, el equipo del que es entrenador y accionista, luego de que Junior Flemmings, futbolista del Phoenix Rising, dispensara insultos homofóbicos a Collin Martin, el primer jugador que asumió su homosexualidad en el fútbol del país norteamericano. La determinación de Donovan, sin antecedentes similares respecto de la lucha contra la homofobia, desató una catarata de likes y de reflexiones en las redes sociales. La elocuencia de la ex estrella encontró su correlato sólo a unos metros. Rick Schantz, entrenador de Phoenix, le espetó en plena discusión: “No hagan una escena de esto. Están compitiendo. ¿Hace cuánto que jugás al futbol?”.

La homofobia en el fútbol masculino es el elefante que no queremos ver en el living de nuestro deporte preferido. La hostilidad comienza en los cantitos de las tribunas, continúa en los insultos del campo de juego y se sostiene en los chistes sobre el color de la corbata entre relator y comentarista en la cabina. El sometimiento sexual es, casi para todos los actores y en diferentes tonos, la mejor manera de explicar el triunfo. Lo peor de esta epidemia que subyace es que está enquistada en nosotros como una enfermedad silenciosa: aparece por todos lados pero no la detectamos.

Un número lo explica todo: cero. Cero son los futbolistas de la historia de la Primera División de la Asociación del Fútbol Argentino que hablaron abiertamente sobre su homosexualidad. Cero en público, pero en silencio algunos más, los que como Collin Martin padecen semana a semana la hostilidad de un medio diseñado para expulsar al señalado como distinto. En Argentina apenas Nicolás Fernández, arquero en la quinta categoría del ascenso profundo, se animó a dar el paso. “Sería un paso muy grande que un ídolo de nuestro fútbol reconociera su homosexualidad. Rompería con la homofobia”, le dijo Fernández a Enganche hace sólo unos meses.

En el terreno internacional, los futbolistas que declararon abiertamente ser homosexuales se cuentan con los dedos de una mano. En Australia, Andy Brennan, delantero del Green Gully, rompió con el tabú en mayo de 2019. A él se suman el alemán Thomas Hitzlsperger, el francés Olivier Rouyer y estadounidense Robbie Rogers. Y basta. Hace algunos meses, una decena de jugadores y entrenadores argentinos -entre ellos Rodolfo Arruabarrena, Sebastián Domínguez, Agustín Pelletieri, Miguel Caneo y Fernando Pandolfi– expresaron en Enganche la necesidad de comenzar a discutir el tema. Otros, como Matías Vargas y Juan Cruz Komar, también opinaron sobre la búsqueda de generar una mirada colectiva en contra de la homofobia.

“¿Cómo que no haga un problema de esto? Debemos erradicar esto del deporte. ¡Tenemos que erradicarlo! Y no es racismo, porque lo están llamando gay… ¡Es homofobia! No puedo pasar por esta mierda otra vez”

La luz que empieza a filtrarse por las rendijas choca con algunas sentencias de otro tiempo. Hace unos días se viralizó una sentencia de Diego Lugano en la que celebraba la apertura del fútbol respecto de los homosexuales, pero acometía con una comparación desgraciada al ponerlo en el mismo terreno que la drogadicción o la violencia de género: “El problema es que no haya ninguna interferencia en la rutina de un plantel de fútbol. Pero eso pasa con una persona que es adicta a las drogas o con un tipo que ejerce violencia intrafamiliar”.

A su vez, en la vereda del fútbol practicado por mujeres el tema se habla sin tapujos. Maca Sánchez, la principal impulsora de la profesionalización de la actividad, milita activamente las causas del colectivo LGBTIQ+. Luciana Bacci, una de las referentes de la defensa de Racing, realizó un reciente posteo en redes en el que relataba haber vivido situaciones violentas por caminar de la mano con su pareja, una mujer. “Creo que es un cambio que todos los y las deportistas tenemos que asumir. A veces no alcanza sólo con patear una pelota. Tenemos que dejar una huella. Bienvenidas son las personas que se plantan y quieren modificar eso. Nosotras, gracias a la lucha feminista, avanzamos un montón”, contó Bacci.

Si bien nadie puede pedirle a un ídolo que asuma el peso de hablar públicamente de su sexualidad y encabezar un cambio, de camino a que eso pase hay un sendero muy amplio que pavimentar. Tanto a nivel dirigencial como respecto de la capacitación de los futbolistas, la AFA y los clubes tienen una cuenta pendiente. No es algo, claro, que escape a las principales asociaciones y federaciones internacionales y nacionales. Tanto en FIFA como en CONMEBOL y en UEFA, de eso no se habla.

“Fue muy difícil dejar de jugar, porque queríamos patearles el culo a nuestros rivales. Decidimos que si no sacaban al futbolista que agredió a Collin con sus comentarios homofóbicos no jugábamos más. Hay cosas más importantes en la vida y teníamos que plantarnos por nuestros derechos”, señaló Donovan luego del encuentro. “Llevo ocho años como profesional y nunca me dijeron algo así. Me sentí personalmente atacado”, declaró Martin, que insólitamente recibió la tarjeta roja en la discusión. Mientras tanto, la United Soccer League decidió que el encuentro, que se encontraba 3 a 1 en favor de San Diego, le fuera dado por perdido y se decretara un 3 a 0 para Phoenix. Acaso un partido perdido sea el primer gol en otro, mucho más grande, uno que de verdad importa.