Poroto Cubero

El capitán terrenal

En los primeros pasos como exfutbolista y con su voz inconfundible, Poroto Cubero se sumergió en una charla con Enganche sobre su carrera y lo que se viene.

Por Javier Lanza y Andrés Román

El mate va de un lado a otro. Mano a mano. Un termo un poco rebelde que complica alguna cebada y una energía especial en el aire. Se encarga de que todo se vuelva natural, que las formalidades queden pulverizadas. Comparte experiencia y se desnuda como un excelente buscador de ayuda. No tiene problemas en aceptar que otros puedan ofrecerle una solución. No hay ego ni orgullo que lo detengan si necesita una rueda de auxilio. La pelota y la familia fueron los motores de la vida de Fabián Cubero y nada va a cambiar para él. Si bien se acabó el camino de futbolista profesional, su esencia no cambia.

Las luces lo enfocaron casi sin dejarlo en paz. Primero por futbolista y después por su relación con el mundo del espectáculo. Pero nunca se dejó encandilar, en su horizonte siempre estuvo Mar del Plata, la ciudad que le curtió el lomo. Vélez fue su casa deportiva y allí también forjó parte de su personalidad. El 28 de marzo será su partido de despedida, en el José Amalfitani, pero su huella es más profunda, su legado no tiene fecha de vencimiento. Cubero, a los 41 años, destila humildad e invita a Enganche a recorrer parte de su vida.

–¿Te pudiste dar cuenta de la carrera que hiciste?

–Por ahora no, estoy muy entretenido con el tema de la despedida (28 de marzo). Eso me ocupa tiempo y espacio en mi cabeza, porque me gusta meterme en todo. Hay veces que hago cuentas hacia atrás porque me muestran fotos o videos de mi carrera, pero no estoy pensando en eso. En ese momento repaso mi historia.

–La incertidumbre es una palabra compleja para todos, pero en los deportistas, que terminan sus carreras muy jóvenes es peor, ¿en qué punto estás con eso tema?

–Es un tema complicado. Muy difícil entender todo es verdad. No podés proyectar nada, no sabés si va a doler o no. Pero la realidad es que me vine preparando desde mitad de 2019 cuando me rompió el menisco de la pierna derecha. Me costó mucho volver, no sabía cómo iba a quedar y se me terminaba el contrato en junio. Entonces, hablé con el presidente y renovamos por un año y pusimos una cláusula en diciembre por el tema del retiro. Lo venía procesando y quizá eso me ayudó. No podía estirar algo que no tenía mucho sentido, porque vivía en la incertidumbre de no saber cómo iba a quedar después de la lesión. Hice de todo para volver, pero no resultó.

–¿Y en esta instancia, con el retiro concreto?

–El asunto es cómo invertir el tiempo que uno tiene ahora que sale de la rutina del fútbol. Por ahora no lo tengo claro. Como me retiré en diciembre y no pasó tanto… Igual desde hace un tiempo que venía pensando qué hacer tras el retiro. Por ahora estoy de vacaciones, disfruto de mis hijas mucho y ahora estoy charlando con Vélez para trabajar en el club para ser una especie de Embajador. Por ahora hago una rutina en el gimnasio y estoy usando mi tiempo para la despedida. La idea es no parar y tener actividades que me ocupen la cabeza.

–¿Lo planificaste de esa manera?

–La verdad es que sí. Uno sabe que si tiene tiempo y no lo ocupa se puede venir abajo. La verdad es que me ocupé de tratar de saber qué pasa el día después. Sé de jugadores que entraron en depresiones después del retiro. Matías Almeyda lo confesó. Por mi forma de ser no creo que entre en una situación así, pero nadie puede garantizarte nada. Así que antes de estar tirado en una cama mirando películas o poder seguir vinculado al fútbol y mantenerme activo, no lo dudo y me busco tareas de ese estilo. Hay que moverse, hay que hacer cosas, no quedarse. No quiero probar cómo me sentiría si no hago nada. Se puede complicar si te quedás en tu casa mirando el techo.

–¿En quién búscate ayuda, psicólogos?

–La verdad es que no. Sí hablé con gente de experiencia, que ya pasó por lo mismo. Charlé con el Cabezón Ruggeri (Oscar), con el Flaco Pellegrino (Mauricio), con Gareca (Ricardo), con Russo (Miguel Ángel), Scaloni (Lionel), con el Gringo (Gabriel Heinze)… Con toda gente cercana para que me contaran cosas que ellos vivieron para saber yo cómo encararlas si me llega a pasar. Si hay algo que me gusta, es saber pedir ayuda, en los lugares que debo hacerlo. Detectar dónde va a estar mi mejor ayuda. Es cierto que el psicólogo es un profesional y tiene herramientas para atravesar ese proceso, pero yo prefiero ir a la fuente, como quien dice. Acercarme al que ya lo vivió y que me cuente qué sintió, cómo se preparó, qué hizo. Con esas charlas recolecté la información necesaria para el momento del retiro.

–Mucho se habla del talento y varias veces dijiste que lo tuyo no era el talento con los pies sino que pasaba por otras características…

–La palabra talento es muy amplia. Hay un don que vos traés que no necesariamente tiene que ser la habilidad para jugar al fútbol. Hay tipos como Verón (Juan Sebaastián), que tienen un talento natural para hacer cosas con la pelota, pero después estamos los otros, como el Negro Astrada (Leonardo) que era un tipo que tenía una inteligencia que era superior a su destreza con los pies. Ahí es donde yo siempre traté de enfocarme. Todos tenemos un talento, en el fútbol se confunde y se cree que tenés o no talento si sabés con la pelota. Uno tiene que conocer sus limitaciones para poder crecer en el fútbol. Si yo quería tirar bicicletas cuando recién arranqué no me iba a ir muy bien. Siempre uno tiene que detectar cuál es su virtud y cuál su defecto. Yo siempre busqué aprender, quería tratar de mejorar lo que no tenía y potenciar lo que me salía naturalmente.

–¿Por qué pensás que jugaste al fútbol?

–Creo que se debe a que vengo de una familia de fútbol, mi viejo lo hizo en Mar del Plata. Desde chiquito que convivimos con una pelota y el deporte es parte de nuestra vida. Me gustaba jugar mucho con mis amigos en el barrio, en la casa de mi abuela armábamos la pelota de medias. Ese amor fue creciendo y estuve en el momento justo y el momento exacto.

–Tuviste una carrera muy exitosa como futbolista y además una vida privada de mucha exposición, ¿cómo se hace para manejar semejante situación?

–La verdad que nunca busqué la exposición, no estaba queriendo esa vida. Me llegó y eso marca la diferencia. El problema entiendo que llega cuando vos querés se famoso por algo y la verdad que yo tengo otros objetivos para mi vida. Esto de la exposición por fuera del fútbol es algo que me acompaña, pero que no me toca. Y siempre me manejé por el mismo camino, enfocado a mi trabajo, mi familia, mis amigos… Lo que siento que nunca perdí la cabeza de mis objetivos. Es complicado porque el universo periodístico deportivo uno lo tiene más claro, pero el de espectáculo es un poco más invasivo. Ese es como que se te quiere meter dentro de tu casa. Y uno tiene que tratar de ser respetuoso de las cosas y tratar a todos por igual. No me ocupa buscar fama en ningún lado. Igual el reconocimiento es sólo para alimentar el ego, es lindo por momentos, pero no tenés que creerte cosas que no son.

–¿Cómo se maneje el ego? ¿Quién te puso los pies a tierra?

–Me parece que es un tema de educación. Siempre estuve bien acompañado por mi familia y mis amigos. A nosotros nadie nos regaló nada, antes de ser profesional, en Mar del Plata, en los veranos, laburaba limpiando vidrios, en una maderera que estaba junto a la casa de mi abuela, venía productos de Avón a las señoras del barrio, acomodaba gente en el estadio. Nunca trabajé por necesidad, sino porque me gustaba ese desafío de poder juntar mi plata y no tener que pedirle a mis viejos que tanto trabajaban. Y cuando llegué a Buenos Aires, tuve mucho maestros. Los DT tenían las frases “primero comprate el departamento”, “ayudá tu famila” y esas cosas uno las escucha y aprende. Y los jugadores más grandes que estaban en ese momento en el vestuario, como Chilavert, Bassedas, el Negro Gómez, me hablaban y me daban su experiencia. Y me fui acomodando a lo que era ser futbolista. Y la verdad que yo no gané mucha plata de un día para el otro, fui evolucionando con la carrera… Es diferente a los chicos que tienen 19 años y explotan con una venta al exterior. Con el desembarco de los representantes cambian las cosas, porque les facilitan tanto las cosas a los chicos que es más complicado que puedan manejar tener tanto de un día para el otro. Si no tenés una buena base o buenas experiencias de vida. Ojo, no es fácil cuando sos chico y te dicen que te van a vender en 25 millones de dólares y llegás a tu casa y tus viejos te dicen que es la oportunidad de tu vida firmar un contrato así sin pensar en que tal vez tu carrera se termine diluyendo sin sentido o te haga mal a tu cabeza.

–¿Qué cosas sentís que conservás del Cubero de Mar del Plata?

–Tengo hermosos recuerdos. Siempre fuimos una familia muy unida. Todos los domingos íbamos a comer de mi abuela las pastas. Esas cosas son recuerdos de vida. Replicar esas cosas acá en diferente. Son otros tiempos. Pero sí advierto que con mis hijas puedo compartir jugando juegos de mesa, miramos películas juntos, vamos a la plaza a pasear, son todas que yo hacía cuando era chico y estaba en Mar del Plata. La unión familiar es lo que siempre busqué sostener porque es lo que me hace feliz.

–¿Si no era la pelota qué era?

–La verdad que no me podía ver en otra cosa porque mi viejo jugaba. Pero además, mi papá trabajaba en el casino, manejaba un taxi y yo no me interesaba en esas cosas. No tuve tiempo de pensar en otras cosas que no sea el fútbol.

–¿El casino?

–El casino nunca me atrajo, prefiero perder plata jugando en Sacoa a los jueguitos.

–¿Cómo sacabas la cabeza del fútbol?

–Yo siempre fui de estar con mis amigos y mi familia. Me gusta despejarme, me quedan muchos recuerdos de Gareca que siempre decía que el jugador de fútbol también tiene una vida más allá de la pelota. Tenés que dedicarte al fútbol, pero es necesario cuidar a tus afectos. Hay que saber separar las cosas, no me entrenaba y pensaba en llegar a mi casa para seguir mirando fútbol. Si tenía algo importante para el fin de semana miraba algo de fútbol, pero no más que eso. Incluso, hoy ya no necesitás estar mucho tiempo pendiente, porque los cuerpos técnicos hoy te mandan al teléfono los compactos de los rivales y algunas indicaciones tácticas.

–¿Cómo se hace para tener palabra sobre una generación completamente distinta?

–Siempre fui de acercar alguna palabra o sugerencia, pero sin meterme demasiado o se invasivo. Mostrarles a los chicos qué es lo más importante en esta carrera. Es cierto que viví todos los cambios generacionales, desde Bielsa que retrocedía los casetes mil veces para ver una jugada hasta hoy que te pasan la info comprimida en un video de 5 minutos.

–¿Cómo se hace para que no se meta lo que te pasa afuera de la cancha?

–La verdad que es complicado dejar los problemas afuera de la cancha. Si tuviste un quilombo, cualquiera sea, es imposible que durante el partido no se te venga a la cabeza en algún momento. Tratás de no llevar nada, pero no es sencillo. Lo que yo hacía era tratar de hablar mis cosas con amigos y no ponerlo en la cancha. Me hacía muy bien escuchar a otros para tener una palabra que me ayude a reflexionar.

–¿Cómo hiciste para llevar esa carrera paralela como modelo en un universo tan conservador como el fútbol?

–La verdad, no es algo que me encante, me tocó, no me molesta hacerlo y muchas veces me divierte. Me llamaron varias veces para hacer campañas o desfiles y dije que sí. No estaba bien visto hacer estas cosas para el jugador de fútbol, porque hay un estereotipo que dice que el futbolista es ese tipo duro, de pelo en pecho y el macho… Una cantidad de prejuicios sin sentido. Todo fue cambiando y me parece espectacular. Y creo que puse un granito de arena para ese cambio porque nunca estuve de acuerdo con ese rótulo del jugador de fútbol. El destino me unió en ese momento con una modelo, después hice campaña de depilación definitiva… Fui bastante al fleje en el ambiente del futbolista tradicional. Nunca me importó el folclore ese del fútbol que pone al jugador especial.

–El fútbol es el escenario con más prejuicios. Son muy pocos, por ejemplo, que reconocen su homosexualidad. En otros deportes parece estar como más liberado el tema.

–Es verdad, no hay muchos casos. Creo que en la cabeza de muchos se mantiene es prejuicio absurdo. Yo creo que en un tiempo, no muy lejano, eso puede modificarse. Imagino que debe ser un peso vivir sin poder hablar de la elección sexual de cada uno. Debe ser natural. Hay que romper esa barrera en el fútbol. Hoy nadie le dice nada al futbolista que se depila y me parece que yo fui evolucionando con la vida. Todos necesitamos cambiar. En el fútbol por qué no cambiar si es parte de la sociedad.

–¿Cómo es criar a tres mujeres?

–La verdad que me encanta. Mi hermana siempre me decía que e iba a tener mujeres. Me decía que por mi forma de ser, mi carácter, iba mejor con las mujeres.

–¿Qué te enseñan tus hijas?

–Con los chicos aprendés todo el tiempo. Ahora tienen una velocidad en el aprendizaje que a uno le cuesta mantener ese ritmo. Las redes sociales son todo un tema. Disfruto mucho de estar con ellas, de escucharlas, de reírnos, de que sean tan pegotas. Uno aprende a resolver interrogantes que no tenía pensado que podían surgir.

–¿Es complicado ser padre de chicos que tienen padres famosos?

–Es cierto que tienen de todo, que no les falta nada. Pero la verdad que me concentro en que ellas aprendan a valorar cada cosa. Les inculco que la familia y los amigos son la clave de la vida. Cuando puedo me voy a Mar del Plata o le digo a mi vieja que se venga a Buenos Aires para estar con ellas. Mi foco es que ellas tengan claro que siempre la familia está por delante de todo. Trato de transmitirles lo mismo que viví yo.

–Dentro de un concepto de familia tan arraigado, ¿cuánto te costó aceptar que te separabas?

–La verdad que al principio se hizo difícil por los parámetros de familia que uno trae de la cuna, pero para los chicos es más sencillo. Yo no estaba acostumbrado a ver padres separados, porque antes no pasaba, pero evolucionó todo y las cosas se resuelven distinto. Lo que me pesaba era pensar en el día a día sin mis hijas. Siempre me gustó estar muy encima de ellas y al separarme iba a estar el 50% del tiempo con mis hijas… Eso me costaba mucho. No lo podía resolver. Pero cuando pasamos esa etapa, me fui acomodando. Con esto de buscar ayuda en donde está la experiencia, hablé con amigos que había vivido lo mismo y de a poco me fui convenciendo.

–Varias veces dijiste me gusta pedir ayuda, no es simple aceptarlo y correr el orgullo cuando uno es conocido o famoso.

–Nadie nace sabiendo todo, ¿por qué no pedir ayuda cuando es necesario? Hay situaciones que se resuelven sin hacer tanto problema si uno recurre a quien sabe más. Es ridículo creer que uno tiene la solución para cualquier cosa.  No me incomoda, el orgullo no cuenta en ese escenario para mí. Ojo, no voy a decir que siempre hice lo que me dijeron que debía hacer, cometí errores también. Entonces, hay que saber entender que otro puede tener mejores experiencia que las mías. Desde muy chico entendí que cuando es necesario pedir ayuda uno debe hacerlo.

–¿El mejor y peor consejo que te dieron?

–¡Qué pregunta! No sé qué consejo malo me dieron, no recuerdo ahora. Y uno bueno… Estar cerca siempre de mi familia.

–¿Sobre qué trabajaste para que te recuerden como futbolista y sobre qué como persona?

–En lo deportivo mi foco fue el trabajo, el esfuerzo, el compromiso, el respeto y el batallar para alcanzar objetivos. En mis años de carrera creo que no debo haber ido a entrenar tres veces y por algún problema de salud. Eso creo que me ayudó a poder manejar los dos mundos, el deportivo y el de espectáculo, porque la gente siempre vio cómo me dediqué al deporte sin correrme del foco y cómo me rompí el lomo. Nunca me vieron boludeando. Y en la vida siento que es lo mismo, siempre voy detrás de la verdad, no me gustan los desarreglos en la vida, no vas a escuchar cosas raras sobre mí. Siempre me ocupé por cuidar la imagen. Gareca siempre nos decía digan buen provecho, digan buen día, pidan permiso y siempre me manejé por ahí. Cuando él dio ese consejo me sentía bien porque siempre lo hice así.

–Nombraste varias veces a Gareca.

–Es una de mis últimas referencias como entrenador. Pero Russo también me ayudó. Creo que si en algún momento soy entrenador me gustaría aplicar muchas de las cosas que ellos me dejaron a nivel humano. Son mis ejemplos a seguir.

–¿Cuánto complejo te trajo tener el tono de voz que tenés?

–Nada, cero. Por mi forma de ser siempre lo tomé para el lado de la joda. Por ahí la gente me carga y me dice que tengo voz de pito, pero lo tomo con humor, porque es mi voz, no puedo hacer nada. Es como reírte de alguien que es pelado. Qué importa si es pelado o tiene la voz finita. ¿No? Algunos creen que para ser líder tenés que tenés voz gruesa, bueno yo también rompí con eso, porque teniendo voz de mina fui capitán casi 10 años en el mundo del fútbol.

–Si encontrás al Fabián de Mar del Plata, ¿qué consejo le darías?

–Que vaya con humildad por la vida que así va a lograr los objetivos.

#ChauPoroto:

El próximo sábado 28 de marzo el estadio Amalfitani se vestirá de fiesta para homenajear a Fabián Cubero en un día que será inolvidable para el hincha fortinero y que contará con la presencia de los jugadores y técnicos que acompañaron a Poroto a lo largo de su trayectoria tanto en Vélez como en la Selección Argentina.

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