Roña

El triunfo de Jorge, la vida del boxeador

Una auténtica Locomotora: revela cómo hacía para no entrenarse y pelear cuatro veces al mes, dice que le ofrecieron volver a pelear con Jackson en los Estados Unidos, habla sobre el Chino Maidana y Lucas Matthysse, defiende la cuarentena de Alberto Fernández, ataca a Mauricio Macri, mientras pasa sus días de cuarentena en Temperley a la espera de abrir un nuevo gimnasio de boxeo.

Los rulos entreverados, el rostro cuadrado, la nariz aplastada y una mirada que perfora el lente de la cámara. Los puños chocan debajo de la altura de su mentón, como si el acto reflejo de proteger la mandíbula estuviera intacto. Ese espíritu de supervivencia, en parte, lo convirtió en un inoxidable e irrompible de los cuadriláteros. Ahí, entre los encordados, está Jorge Castro, un clásico ídolo del deporte argentino, de esos que la gente ve por la calle y le pide una foto, sin saber si se retiró, y si lo hizo, cuándo ni cómo lo hizo. “Los boxeadores vamos a ser boxeadores toda la vida, sólo que en algún momento dejamos de boxear profesionalmente”, dijeron varios campeones del mundo. Y éste sería el caso. Porque apenas posa para Enganche, uno pierde la referencia sobre cuánto ganó y cuánto perdió. Cosas que pasan. A la grandeza no se la puede explicar con la calculadora. Y Roña Castro le huye a esos cálculos. Los esquiva de la misma forma que esquivaba un golpe arriba del ring para darle rienda suelta a algunos de los suyos, esos letales que lo ayudaron a convertirse en un mito viviente. Uno tan grande que hasta eludió a la muerte, una sensación que aún le eriza la piel.

–¿Cómo llevás la cuarentena? ¿Te frenó la apertura de un gimnasio?

–Sí, ya está listo para abrir acá en Temperley, pero estoy esperando que pase todo esto. Estoy feliz igual, la gente me sigue reconociendo. En el país y en el mundo. Hace poco, me llamaron para saber si quería volver a pelear con Jackson, en el caso de que se firme la cartelera de Tyson-Holyfield 3, eso quiere decir que algo dejé en el boxeo. Me ofrecieron ser parte de un espectáculo para mayores de 50. Es que el mundo se acuerda de mi pelea. Hoy en día con la tecnología, ponés la computadora y ves ese nocaut. El miércoles pasado me reuní y dije que sí, pero hay que esperar. Una pelea de verdad, para hacer exhibición me quedo en mi casa, ja ja… No tengo 26, tengo 52 pero bueno, eso después se verá. Tal vez me ponga a guantear para probar cómo estoy.

–Para vos el único gran entrenamiento era el guanteo. No te gustaba la parte física…

–Yo hago diez rounds de guantes y sé que llego bien físicamente. Esa era mi forma de testear si estaba bien o no. Hay que ver la fortaleza que tiene el boxeador cuando le pegan en el gimnasio A mí me podían matar en el ring que igual seguía de pie. Cuando había tres o cuatro para hacer guantes, hacía sparring: 13, 14 rounds estaban bien. Pero cuando no tenía compañeros para entrenar, hacía bolsa. Tenía suerte que subía y ganaba por nocaut. Les pegaba y los asesinaba. Pero de esos que entrenan poco, salen uno cada mil. No lo recomiendo, ja. Tengo 90 nocauts en 144 peleas. Más del cincuenta por ciento (el 62,5% para ser exactos) por la vía rápida.

–Alguna vez, el ex presidente de la Federación Argentina de Box (FAB), Osvaldo Bisbal, dijo que “el boxeador argentino es vago, no le gusta entrenarse”…

–Depende, yo fui un vagoneta, pero hubo tipos como Látigo Coggi que salían a correr a la mañana, a la tarde boxeaba y a la noche también. Después tenés a los campeones de gimnasio, que boxean bárbaro en los entrenamientos, en el guanteo hay tipos que son profesionales, máquinas, pero cuando es el día de la pelea se cagan en las patas. Conocí muchos de esos: suena la campana y no van para adelante, van para atrás

–Mayweather Jr. tiene un estilo defensivo, boxea para atrás y hace negocio.

–Bueno, pero Mayweather Jr debe hacer lo mismo en los entrenamientos que en el ring. Las mismas piruetas, la misma estrategia de pelea. Para mí es un tipo que se supo vender. Se maneja la carrera él solo y le paga la bolsa a los rivales. La tiene clara. Dicho esto, también digo que en la primera pelea, el Chino Maidana lo agarró y estuvo a punto de noquearlo. Después en la segunda pelea hubo arreglo…

Foto: Carlos Sarraf

–Es grave lo que estás diciendo. Te estás metiendo en un quilombo, Jorge.

–Para mí hubo un arreglo. ¿Vos lo viste a pelear al Chino en la segunda?

–Sí, llegó en distinta forma física, más pesado.

–No, yo no creo en eso que me decís. Igual que la pelea de Pacquiao-Matthysse. Dejate de joder. Matthysse fue a pelear con Pacquiao y no hizo nada de los que había hecho cuando ganó el título.

–¿No creés en eso que el boxeador se relaja luego de un gran combate…?

–En la segunda, Maidana le tendría que haber peleado a morir a Mayweather y no lo hizo. No fue tan explosivo como en la primera. Es amigo mío el Chino. Pero las cosas como son. Yo veo la segunda y digo: “Uh, ¿qué le pasó?”. El Chino pegaba fuerte de verdad… Recuerdo que estábamos haciendo una exhibición en el Penal 24 de Varela, y me empezó a pegar, ja. “Pará, capo”, le dije.

–Estás convencido de que el Chino no dejó todo…

–A lo que voy es que yo me doy cuenta cuando un boxeador deja todo. Jackson me cagó a piñas y fui al frente, yo no digo que el Chino tiró marcha atrás, pero… Algo hubo. Lo mismo con Matthysse. ¿Que estuvo bajoneado desde lo psicológico? ¿Psicológico de qué? Si cuando vas a pelear por el título del mundo vas a ganar, no vas a perder.

–¿Por qué los boxeadores de antes peleaban prácticamente el doble que los de ahora?

–No sé, hoy un boxeador, con suerte, hace cuatro peleas en el año. Y yo hacía cuatro peleas en el mes, ja. En un año (1988) peleé 19 veces. Tal vez los “hombres de antes” éramos más fuertes.

–¿Estás dentro de los 10 mejores boxeadores de la historia argentina?

–Soy un campeón que hizo una pelea inolvidable, con Jackson en 1994. Yo me voy a morir y van a seguir mirando esa pelea. Un triunfo del Roña Castro para todo el pueblo argentino y el mundo.

Foto: Carlos Sarraf

–¿De dónde sale la fuerza del golpe? ¿De la sorpresa del impacto? ¿De la velocidad de rotación de la cintura?

–El nocaut es un accidente, pegás y se apagan las luces. Yo no era un pegador, era un demoledor, pegaba muchas piñas y metía la piña justa y se iban al suelo. Pero pegaba varias trompadas. La de Jackson fue la mano justa. Mi estilo era callejero. Yo salía a revolear piñas. Mis golpes tenían mucha velocidad.

–¿Cuál es el prototipo del físico del boxeador ideal?

–Caja grande y piernas finitas. Yo era algo de eso. No tengo gemelos, ja.

–¿Podrías haber logrado algo más? ¿O llegaste hasta dónde debías llegar?

–Yo quería tocar el cielo con las manos, y lo logré. Mirá que el mundo es grande, eh, es grande de verdad. No me quedaron deudas pendientes.

–¿Por qué te decían Roña?

–Me decían el busca roña, de chico. Y me quedó así.

–¿No era porque no te gustaba bañarte?

–Risas. No, no era por mugroso. Me decían así porque era peleador callejero. Me vivía cagando a piñas en el Colegio Don Bosco, con los de mi edad y los más grandes. Recuerdo que como boxeador amateur, pelee con el Abuelo Barrionuevo. Él tenía 32 y yo 16 y gané.

–¿Por qué en la Argentina el boxeo sigue siendo un deporte pobre?

–Los organismos se llenan de guita y los boxeadores están todos cagados de hambre. Estamos en una epidemia y… ¿te pensás que la Federación o alguna entidad del mundo ayudan a los boxeadores? Hoy los promotores se cagan de risa porque pueden comer, pero hay boxeadores que no tienen para un plato de comida.

–Vos no estás mal económicamente, ¿cómo hiciste para cuidar la plata que ganaste boxeando?

–No tiro manteca al techo, pero vivo tranquilo. Compré casas y departamentos para mis hijos en Caleta Olivia. Les conseguí trabajo porque me conocen en el ambiente y me dan una mano. Pero papá no es más campeón del mundo. Tengo solo dos hijos menores. Así que apenas cumplan 18 salen a laburar. Tengo 15 hijos y todos viven bien ¿La guita más grande que gané? Yo no gané un millón de dólares, eh. Lo máximo que gané fueron 350 mil dólares en Japón.

Foto: Carlos Sarraf

–¿Cuál es el camino para salir de la pobreza?

–Hay que abrir las Pymes, Macri cerró más de 500 pymes. El centro está muy lindo (se refiere a Capital Federal), pero hay que mirar los costados. Yo tengo la suerte de llegar a un lugar, pedir y la gente me da para ayudar a la gente que no tiene.

–Está bien, ¿pero qué experiencia de superación podés compartirnos?

–Cuando era chiquito, yo salía a bolsear cal, cemento. Después a los 14 me fui al campo, trabajé de ovillador de lana, y luego me dediqué al boxeo. Hoy no hay trabajo. Un tipo de cincuenta años no puede ir a pedir laburo porque no le dan. En cambio, a un pendejo le dan 10.000 pesos y se queda tranquilo en su casa, no se mueve. Con 10 lucas están contentos. El que se conforma con la ayuda del Estado, no sale ni a buscar laburo. Hay de todo.

–Y ya llevamos tres meses de cuarentena, puede ser peor…

–Lo veo mal al país por el tema de la pandemia, pero si hubiese estado [Mauricio] Macri nos hubiésemos muerto todos, porque no hubiera cerrado la tranquera. Alberto [Fernández] fue un tipo vivo. Y cerró la frontera cuando estaba entrando el virus. Felicito al presidente por lo que hizo. Porque se muere gente en Brasil, en Estados Unidos, España. La gente está muy preocupada por lo que está pasando.

–¿Vas a volver a trabajar con en el kirchnerismo?

–Algo hay, pero no te puedo contar. (NdeR: hay rumores de que recibiría una pensión honorífica del gobierno de Santa Cruz). Yo laburé 11 años con Néstor [Kirchner], después trabajé con Cristina [Fernández], pero después vino Macri y me echó a la mierda. Cuando me accidenté, me vino a ver al hospital, y se sacó fotos. Él era el presidente de Boca. Y luego fue el Jefe de Gobierno de la Ciudad, pero cuando llegó al Gobierno Nacional, me echó del CeNARD. Yo estaba como coordinador. Ayudaba de verdad, repartía alimentos y elementos deportivos en todo el país.

–A pesar de esa bronca, ya no te hacés malasangre…

–Es que yo volví de la muerte cuando me accidenté y choqué con un árbol (en Puerto Madero, en 2005). Te digo más, vi una palomita blanca. Eso quiere decir que no hice las cosas tan mal, ja.

–Sí hiciste las cosas mal cuando conociste a Carlos Monzón…

–Ja, es verdad. Tenía 16 años y me metí en su vestuario a saludarlo. Me sacó a las patadas. “Guacho de porquería, salí de acá”, me dijo. “Algún día voy a ser campeón del mundo como vos, negro de mierda”, le contesté y me fui corriendo. Luego, cuando cayó preso, lo fui a ver a Junín, y le conté la anécdota: “Carlos, vos fuiste al sur a llevar a pelear a Ramón Jara y entró un pendejito al vestuario. Bueno ese era yo. ¿Viste que cumplí, negro?”.