Mistisismo

Los fantasmas de la Bombonera

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Los protagonistas del fútbol no dudan en aferrarse a las cábalas y acudir a los talismanes; lo paranormal también sobrevuela el estadio xeneize.

Pasaron apenas tres horas y media del partido de la Copa Libertadores que dejó a Boca como puntero del Grupo G. Todavía se escuchan en los pasillos de las tribunas los ecos del grito del gol de Carlos Tevez que catapultó al Xeneize como uno de los mejores primeros rumbo a los octavos de final de la competición más importante a nivel clubes del continente. Ya no están ni el plantel ni el cuerpo técnico. Tampoco los utileros, cancheros, empleados de Utedyc ni los encargados de los puestos de hamburguesas que se quedan hasta el último momento esperando al hincha postrero y nostálgico con la esperanza de hacer un mango extra. Los focos todavía ardientes pero ya sin irradiar la iluminación al césped y en las escalinatas de la tribuna Natalio Pescia solo el ir y venir de los papelitos que quedaron como restos de otra noche festiva. El vecino frentista de Iberlucea que puja por su terreno ante una hipotética reforma del estadio levantó los desperdicios de su perro en la última vuelta a la manzana antes de conciliar el sueño y, aunque conoce el barrio como la palma de su mano, la brisa de la desolada madrugada en La Boca obliga a que mire con desconfianza, primero en dirección a la calle Pinzón y, luego, hacia Brandsen previo a ingresar a su casa.

Dentro del inmueble acompañado por los bustos que homenajean a las principales glorias del club y que colaboran para recrear una perfecta escena de película de terror se encuentra Luis. El auxiliar de seguridad que cuando absolutamente todos terminan su jornada, la de él recién comienza. Sabe que le espera una noche larga sin radio ni reproducción de videos en el celular para no distraer sus sentidos. Tendrá nuevamente unas horas para compartir en exclusiva con La Bombonera. Una experiencia para Luis habitual, pero que para los turistas, los fanáticos del fútbol desparramados por el mundo, los hinchas que aún no conocen su templo o incluso para los socios que asisten solo domingo de por medio a la casa xeneize, pagarían por vivirla. Pero no saben o, por lo menos no cuentan con el manejo que la experiencia le ha dado a Luis sobre ciertas situaciones paranormales que pocos advierten.

¿Qué pasa en la Bombonera cuando te quedás solo? Bah, ¿te quedás solo?

“Y… cuando me avisaron que me tocaba hacer guardia en las noches, lo vi por el lado que sería fácil por el poco movimiento. Hasta me pareció aburrido. Pero enseguida me dijeron que no me asustara, pero que ex compañeros pidieron traslado de edificio y hasta que hubo uno que renunció. Yo te puedo asegurar que algo pasa. Algo o alguien viene o quedó por alguna razón. Una vez fui al baño y bajaron todas las cadenas de los inodoros juntas. Cuando salí, se veía por la hendija de la puerta que la luz estaba prendida cuando yo la había apagado. Y no solo eso, enseguida empezaron a sonar los teléfonos de la oficina de socios: ¿Quién va a llamar a esa hora?”.

Velorio de Saturnino Cabrera, en la Bombonera.

Golpes en la cancha de bochas cercana al vestuario visitante y segundos de reproducciones en los altoparlantes de sonidos que no logran descifrar de qué se trata, son otros de los ejemplos. Pero también existen historias que los mismos hinchas manifiestan haber percatado. Como el relato del socio que frecuentemente participa en diferentes actividades en la semana y que asegura reencontrarse en cada partido que el xeneize juega de local, con su padre que ya falleció en el sector donde le tocó despedirlo en plena definición por penales de la Copa Sudamericana 2005 entre Boca y Pumas de México. Su esposa, amigos y compañeros de la agrupación en la que milita, no le creen. El único que podía confiar en él era Luis. Con quien coincidió en una de sus tantas visitas y pudo contar su triste historia. Pasó un tiempo y el encargado de cubrir las espaldas del recinto azul y oro hasta había olvidado aquel mito. Hasta que una noche de calor, percibió una rara sensación. Sentía que no estaba solo y realizó el típico recorrido nocturno sin notar algo que mereciera alarmarlo. Pero al volver a su escritorio y observar las cámaras, reparó que en la parte interna de uno de los tramos del estadio, se formaba la silueta de una persona robusta en una de las paredes de azulejos blancas. Creer o no, esa noche fue el 18 de diciembre de 2015, justo a 10 años de la velada en la que se dio una nueva conquista internacional al mando del Coco Basile.

Pidiendo ser la última anécdota, Luis comienza a sentir escalofríos al hacer indirectamente referencia a uno de los casos más lamentables vividos en la cancha de Boca en los últimos 30 años: “Una vuelta, en uno de los recorridos se medió por entrar a mirar las lámparas para el sembrado del campo. Entro por la puerta del Sector L (platea baja) y vi detrás del alambrado en la tribunita atrás del arco, un hombre de camisa de aproximadamente unos 40 años. Me fui al toque para el hall central y de lejos me pareció ver al mismo tipo subiendo las escaleras yendo como para la confitería. No me animé a decir nada, pero cuando subí no había nadie por ningún lado”.

Tratando de indagar sobre la precisión de la zona, dijo que no hacía falta agregar más. “¿No sabés qué pasó atrás de uno de los arcos? Averigualo”. Casualmente, en esa tribuna, llamada por los hinchas como “socios sur”, el 16 de diciembre de 1990, Saturnino Cabrera, número de carné 97.666, falleció al recibir el impacto de un trozo de cañería arrojado desde la segunda bandeja. La víctima fue velada a centímetros de donde hoy se ubican las esculturas de Maradona, Riquelme, Palermo y Bianchi, entre otros. Un directivo confirmó que uno de los rumores que corre es justamente acerca del espíritu de Saturnino que, 29 años después, parece continuar circulando por el lugar donde pasó los últimos instantes de su vida.

“A la noche el ambiente del estadio es inquietante y tétrico”, define un nuevo testigo. “Luces que se prenden solas y puertas que se abren y cierran pasa todo el tiempo. Pero con un compañero llegamos a ver cosas de día también. Una vez en el estacionamiento del plantel, apareció un hincha que iba siempre a las gradas de Casa Amarilla. Era un viejito, estaba siguiendo el entrenamiento de los arqueros. Me acuerdo que la práctica era a puertas cerradas y que estaba Orión en esa época. Cuando fui para sacarlo ya no estaba. Después le preguntamos al kinesiólogo si lo había visto y nos dijo que había muerto hacía dos días. Fue muy raro”.

Ex jugadores y empleados del club afirman haber experimentado diferentes momentos como mínimo sospechosos. Algunos lo relacionan con la energía que transmite y transmitió el aforo durante tantos años. Otros, un poco más escépticos o miedosos encubiertos que no se animan a admitirlo, alegan cuestiones físicas con respecto a los materiales que crujen en el cambio de temperatura. Y por último y cada vez en mayor número, los que insisten en que almas con cuestiones pendientes adoptaron el estadio como su hogar para la eternidad.

“Los lugares donde se presentan emociones fuertes son vulnerables a captar energías que desarrollan eventos peculiares”, le dijo la sanadora Ángeles Ezcurra a Mauricio Macri en 1997, antes de proponerle la “limpieza” que le demandó trece horas consecutivas por “malas energías” en la Bombonera, casualmente meses antes del comienzo del proceso más ganador de la historia del club.

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