Diego Flores

Los movimientos de la vida

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De Junín a Capital Federal. Del fútbol al Ajedrez. Diego Flores piensa y mueve las piezas del tablero y de su vida. A un título de la leyenda Najdorf, va hacia el octavo título de su carrera.

“Jaque”, grita Diego. A los 36 años es un eximio ajedrecista que está a solo un título de alcanzar a la máxima leyenda argentina de esta disciplina: Miguel Najdorf. Luce orgulloso siete campeonatos en su vitrina: 2005, 2009, 2012, 2013, 2016, 2017 y 2019. Todos los años en los que Diego Flores alcanzó la gloria en el tablero. “Cuando me preguntan a qué me dedico y les respondo, la gente me mira sorprendida. Si recién empiezo a conocer a esa persona le tengo que explicar en detalle para que realmente me entienda de lo que hablo”, se sincera. El papá de Julián y de Juan Martín entiende y precisa que vivir solamente del juego es muy complicado, casi imposible. Por ello, y con la responsabilidad del caso, le cuenta a Enganche cómo hace para subsistir del ajedrez: “Es complicado vivir solamente jugando. Hay que buscar otras herramientas. Por ejemplo, dar clases. El trabajo va de las competencias, las clases y el entrenamiento”, narra con la satisfacción de ser un privilegiado en este juego.

Como en todos los aspectos de la vida, la tecnología juega un papel fundamental en el aprendizaje y el desarrollo de la disciplina. Hace un tiempo, los libros y los tableros eran fundamentales para aprender y ejercitar el ajedrez. Ahora, con la globalización imperante, Flores cuenta que ya no lleva más en su valija de viaje el tradicional tablero a dos colores con 16 piezas blancas y 16 negras. “Antiguamente se aprendía con la lectura y los tableros. Ahora, incluso, hay muchos jugadores que solamente viajan con una valija llena de ropa y el tablero lo dejan en sus casas”, dice un poco resignado por la nueva generación que es reacia a llevar un tablero en el bolso. Para llevar a cabo los movimientos en la tabla se recomienda estar bien físicamente.

Las partidas duran entre cuatro y seis horas y, frecuentemente, implican mucha tensión. Por ello, el siete veces representante Olímpico argentino (2006, 2008, 2010, 2012, 2014, 2016 y 2018) dilucida sobre el cansancio que siente cuando termina la partida: “Cuando termino de jugar, realmente ahí siento un cansancio que puede llegar a ser extremo”. Hace una pausa, resopla y continúa: “El gran maestro no hace la diferencia en leer el juego mucho antes, si no en la capacidad de la compresión de las posiciones que tenga a medida que se va ramificando la jugada. Uno con la experiencia puede saber qué posición es mejor que la otra. Además, también, tenés que ver la jugada del rival y sus planes”.

Diego, el ajedrecista fanático de Boca que pierde la tranquilidad cuando alienta por el equipo de Gustavo Alfaro, se define como un jugador descontracturado y no tan técnico. Se juega como se vive. Se vive como se juega. Todavía no descifra cómo es la ecuación. Pero comprende que ambos caminos van hacia una misma dirección: “Soy muy intuitivo para jugar y en la vida también. Por lo general, para tomar alguna decisión en lo personal, la pienso y la analizo como en el ajedrez. Este deporte me ayudó a parar la pelota, a pensar y a buscar alternativas”, razona el juninense que vive en Capital Federal hace 10 años.

Diego Flores es un apasionado del deporte. De chico practicó fútbol, básquet y taekwondo. Una fractura en su muñeca lo obligó a probar suerte con el ajedrez. Y de ahí en adelante nunca dejó el tablero de lado. Tanto le entusiasmó el movimiento de las piezas, que las otras actividades quedaron casi olvidados en el pasado.

A pesar de cierto reconocimiento social, Flores se caracteriza por tener, siempre, los pies sobre la tierra y disfrutar de su familia, la música y el deporte. Recuerda, con una nostalgia y tristeza inconfundibles que se enmarcan en el tono de su voz, aquella partida que disputó en el mismo momento que su amado Boca jugaba ante River por la ida de la final de la Copa Libertadores: “Sabía que estaba jugando Boca, estaba nervioso por el partido y no podía concentrarme. Se estaba disputando la final más importante y yo solamente pensaba en eso. Empaté la partida, pero yo sentí que no la había jugado. Me sentía una planta. Sólo me importaba saber cómo iba Boca”, reseña el fanático del xeneize.

El nerviosismo y la ansiedad juegan, claro está, en los competidores. Diego, en los casos en que estos síntomas dicen presente durante una partida, cuenta que piensa que el rival está en las mismas condiciones que él. “Cuando es una partida definitoria los nervios aparecen. Trato de relajarme y saber que mi rival también está nervioso. Si eso no me funciona, camino un poco, tomo un café y me distraigo un rato. A veces el reloj juega en contra y uno tiene que tomar otro camino para contrarrestarlo”, dice el heptacampeón de ajedrez. Diego, entre risas, bromea con Enganche y sostiene que, de elegir una pieza para su vida, escoge el caballo por sus movimientos.

Diego Flores no comulga con la polémica instalada sobre el debate si el ajedrez es o no un deporte. Primero analiza, como buen ajedrecista, dicho significado y, luego, justifica su respuesta: “No me molesta que haya gente que diga que no es un deporte. Si deporte es hacer ejercicio al aire libre, entonces no lo es. Pero si la definición es un poco más amplia, un juego con reglas y demás, sí lo es. Incluso, me parece lógico que no sea unánime el pensamiento”, sostiene y desactiva la controversia entre los pensamientos del juego.

El punto clave para el éxito, o al menos para estar más cerca del triunfo, es la concentración en la partida. “Lo que nos dedicamos a esto tenemos desarrollado este ítem. Lo que se trabaja es la serenidad, tratar de no estar tenso y eso es lo más difícil de llevar adelante. El problema es que estás quieto, sin una descarga física, entonces es complicado liberar los nervios y tanta acumulación a la larga te perjudica”, explica el último campeón de ajedrez.

Para Diego la importancia de los movimientos determinantes en una partida son “la apertura, medio juego y final. El primero es lo que está escrito, en el inicio se saben, casi, los primeros veinte movimientos. El medio juego es la estrategia de cada uno. Más agresivo, posicional o tranquilo. El final es todo técnico y se calcula más. Es más complejo y un mínimo error te define la partida. Todos estos movimientos se entrenan para perfeccionarlo”.

Este juninense es el hombre que pone en jaque al récord de la leyenda Najdorf, está a un movimiento de convertirse en uno de los más ganadores de la historia del ajedrez nacional. Grita jaque a la historia del deporte para convertirse en leyenda. Diego Flores y su mentado caballo que se mueve al galope para llegar al octavo título. No lo dice. Acaso, en la intimidad, se sienta el dueño del tablero.