Juegos Olímpicos

Los únicos anillos que unen a todo el mundo del deporte

A pesar de ser uno de los logos más famosos del mundo, los anillos olímpicos siguen teniendo más dudas que certezas a la hora de descifrar su creación y sus colores. Una historia que vuelve a tener al Barón Pierre de Coubertin como único protagonista.

Logos de marcas, logos de equipos, logos de ligas, logos de todo hay en el mundo. Pero pocos son tan universalmente reconocidos como los cinco anillos olímpicos. Todos juntos son el símbolo del mayor evento deportivo del planeta. Pero detrás de este logotipo que ya forma parte de la historia de la humanidad hay una gran historia, que tiene un gran protagonista -vital en la vida olímpica- y muchos mitos acerca de sus colores. ¿O acaso no escucharon distintas versiones de los colores que representan cada uno de los anillos? Mito y realidad en un mismo relato.


Muchas teorías se regaron bajo la creación de la insignia olímpica. Sobre todo de su origen. ¿De dónde surgió la idea de unir cinco anillos para expresar lo que significa la máxima competencia deportiva del mundo? El encargado de la idea no fue otro que el ‘papá’ del deporte moderno: Pierre de Frédy, más conocido como “el barón Pierre de Coubertin”. El pedagogo e historiador francés fue el que recuperó en 1896 la idea de celebrar unos Juegos Olímpicos, para consagrar los valores y el espíritu deportivo propios de las Olimpíadas organizadas por los griegos en la antigüedad (entre el 776 aC. al 392 dC.).

Pero a pesar de ya contar con sus primeras cinco versiones “modernas” (Atenas 1896, París 1900, St. Louis 1904, Londres 1908 y Estocolmo 1912) no fue hasta 1913 que al Barón de Coubertin que se le ocurrió crear un logotipo que represente el valor que tenía ese evento que reunía a atletas de todo el mundo. La presentación de la bandera de los cinco anillos fue anunciada como la oficial del Movimiento Olímpico en el Congreso Olímpico de París en 1914, que conmemoraba los veinte años del olimpismo.

La carta escrita por Pierre de Coubertin dirigida a Blonay y en la que están dibujados los anillos en el marco superior izquierdo.

El COI a través de sus investigaciones pudo constatar con el paso de los años que en 1913 en una carta escrita a mano por el Barón de Coubertin, se usaba el encabezado con los cinco aros pintados a mano y con los colores que conocemos actualmente. Se esperaba que fuera presentada oficialmente en los Juegos de Berlín en 1916, pero debido a la Primera Guerra Mundial no se llevaron a cabo. Por eso, pese a presentarse en 1914, no fue hasta los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 que dichos anillos fueron adoptados como emblema olímpico y se convirtieron en la bandera de los Juegos Olímpicos que hoy flamea en todas las ceremonias de apertura y de clausura, así como en todos los escenarios deportivos durante la celebración de unos Juegos Olímpicos de Verano, de Invierno o de la Juventud.

¿Pero de dónde le surgió la idea al fundador del olimpismo? En noviembre de 1992, en la revista del Comité Olímpico Internacional Olympic Magazine, el historiador estadounidense Robert Barney comenta que la idea de los anillos de Coubertin provino del emblema de la «Unión Francesa de Sociedades de Deportes Atléticos» de dos anillos entrelazados (como el clásico emblema significando una pareja en matrimonio) con los colores azul y rojo sobre fondo blanco adoptando los colores de la bandera de Francia organismo fundado por la unión de dos asociaciones deportivas francesas y que dirigió hasta 1925 al Movimiento Olímpico en Francia, la cual también dirigía Coubertin y de las ideas del psicólogo Carl Gustav Jung que comenta que el círculo representa la continuidad y también el ser humano.

Los dos anillos de la Unión Francesa de Sociedades de Deportes Atléticos.

El artículo 12 de la Carta Olímpica asegura que mediante esta imagen se pretende representar la unión de los cinco continentes y el encuentro de los atletas del mundo entero. Los anillos son el símbolo olímpico por excelencia y está compuesto por cinco aros entrelazados, ordenados en dos filas (en el siguiente orden obligatorio: azul, negro y rojo + amarillo y verde) que en conjunto forman, aproximadamente, un trapecio regular cuya base menor es la inferior (según el modelo oficial que se conserva en la sede del Comité Olímpico Internacional (COI).

Logotipos oficiales desde 1924, primera vez que se usaron los anillos, hasta Río 2016. (Crédito: Brandemia)

El símbolo de los anillos tardó cuatro años más que su debut en Amberes para aparecer en las medallas. Fue recién en los Juegos Olímpicos de París 1924 que se puede observar como las preseas que le entregaban a los atletas que subían al podio contaban con dicha imagen.

La medalla de París 1924 fue la primera con los anillos olímpicos.

Uno de los mitos más conocidos sobre el origen de los anillos olímpicos tiene como nombre la “Piedra de Carl Diem”. Carl Diem fue el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, aquellos que Adolf Hitler utilizó como propaganda para el nazismo. El alemán quería celebrar la ceremonia de los portadores de antorcha en el que se mezclara antigüedad y misticismo. Para ello mandó a realizar una piedra grabada con los anillos en sus cuatro caras para ponerla en el estadio de Delfos, sede del famoso oráculo, donde también se llevaron a cabo los Juegos Píticos (NdeR: una de las cuatro contiendas que eran celebradas en la antigua Grecia y que formaban los Juegos Panhelénicos. Las otras tres eran los Juegos Olímpicos, los Juegos Nemeos y los Juegos Ítsmicos).

La piedra que Carl Diem mandó a construir

El portador de la antorcha salió de Olimpia, pasó por Delfos, lugar en el que se realizó un ritual y después la caravana siguió rumbo a Berlín, con el detalle de que la piedra nunca fue eliminada. En un artículo de la revista Archaeology, el profesor David Young sostiene que la marcha de la antorcha olímpica fue inventada por Diem y la directora Leni Riefenstahl exaltó los Juegos de Berlín 36 en su película Olympia, de 12 horas de duración.

Veinte años después, los escritores estadounidenses Lynn y Gray Poole visitaron Delfos a finales de 1950, vieron la piedra olvidada por el nazismo y reportaron en su “Historia de los juegos de la antigüedad” que el diseño de los anillos olímpicos procedía de la antigua Grecia. Se conoce como la “Piedra de Carl Diem”, lo que creó el mito de que el símbolo tiene un origen griego antiguo, lo cual no es cierto.


Otro mito que rodea a los anillos olímpicos es el origen de sus colores. La teoría que más resonancia tomó fue que cada color era por un continente en particular: el azul por Europa, el negro por África, el rojo por América, el amarillo por Asia y el verde por Australia (Oceanía). Esta afirmación se tomó debido a que en un artículo que el propio Barón de Coubertin escribió en 1914 en la Review Olympique en el que habla en que Estocolmo 1912 participaron “Las cinco partes del mundo”, debido a que fueron esos Juegos los primeros en los que hubo participación de los cinco continentes (gracias a la participación de atletas asiáticos (japoneses) y africanos (egipcios y sudafricanos).

En dicho artículo, titulado: “El emblema y la bandera de 1914” el fundador del olimpismo fue muy claro al escribir este segmento:

“El emblema seleccionado para ilustrar y representar el Congreso Mundial de 1914, que iba a colocar el sello final en la restauración de los olímpicos, empezó a aparecer en varios documentos preliminares: cinco anillos unidos (encadenados) a intervalos regulares, con sus variados colores: azul, amarillo, negro, verde y rojo, contrastando con el blanco del papel. Estos cinco anillos representan las cinco partes del mundo convertido al Olimpismo, listo para aceptar sus fructíferas rivalidades. Además, los seis colores combinados de esta manera reproducen los colores de cada
país sin excepción.
Azul y amarillo de Suecia, el azul y el blanco de Grecia, la bandera tricolor de Francia, Inglaterra, los Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Italia y Hungría, el amarillo y el rojo de España están incluidos, como lo están las innovadoras banderas de Brasil y Australia, y las del antiguo Japón y la China moderna.

Este es verdaderamente un emblema internacional. Fue hecho para
convertirse en una bandera cuyo aspecto sería perfecto. Es una liviana, sugestiva bandera que da gozo ver ondear en el viento. Su significado es muy simbólico. Su éxito está asegurado, hasta el punto que después del Congreso puede continuar siendo izada en solemnes ocasiones olímpicas. Sea como fuere, las celebraciones de 1914 ahora tienen los mensajeros armoniosos que necesitaban para anunciarlos. El primer cartel, cuyas primeras copias fueron entregadas al Comité Olímpico Nacional, y continúan estando disponibles, fue recibido con gran éxito. Su reducción al tamaño postal ha sido igualmente exitosa para ese medio. Los cinco anillos y sus varias aplicaciones serán también profundamente apreciados”.

Una teoría sobre los colores según el continente. Esto es descartado por el COI.

Según el prestigioso historiador alemán Karl Lennartz, historiadores deportivos como el norteamericano David Young, y después de él su compatriota Robert Barney dudaban de la correspondencia referida a los cinco continentes. Young, que tiene muchos refutadores de su teoría, piensa que es posible que los anillos representaran los países que acogieron a los Juegos Olímpicos hasta el congreso del aniversario que tuvo lugar en París en 1914.

El historiador canadiense de deportes Fernand Landri alega contra la teoría de Young, al tomar como referencia un artículo de Coubertin que fue publicado en abril 5 de 1927 en el Messager d’Atens: “La gran bandera Olímpica es izada en la misma asta en la que debe permanecer durante los Juegos. Fue criticada cuando yo la diseñé. Hoy a todo el mundo le gusta. Es blanca, como se sabe, con cinco anillos entrelazados, azul, amarillo, negro, verde, rojo, que representan las cinco partes del mundo unido en el Olimpismo”

En sus Textes Choisis II, de 1931, Pierre de Coubertin asegura: “La bandera olímpica tiene un fondo blanco con cinco anillos entrelazados en el centro: azul, amarillo, negro, verde y rojo. Este diseño es simbólico; representa a los cinco continentes del mundo, unidos por el Olimpismo, mientras los seis colores son aquellos que figuran en todas las banderas nacionales del mundo en la actualidad”. En 1951, el Comité Ejecutivo suprimió, por falta de pruebas que lo sustentara, y expresamente para evitar cualquier controversia al respecto, la mención que existía hasta entonces en la Carta Olímpica de la asociación de los cinco colores con los cinco continentes.

Los anillos en Río 2016.

¿Y entonces? ¿A qué se deben los cinco colores de los anillos más el blanco de la bandera del Movimiento Olímpico? Según el Comité Olímpico Internacional, los Anillos Olímpicos representan la universalidad de los Juegos, basados en la idea de que al menos uno de los seis colores de la bandera Olímpica están en todas las banderas de los países del mundo. Los cinco colores de los anillos: azul, amarillo, negro, verde y rojo y el
fondo blanco pueden de hecho ser encontrados en todas las banderas de cada uno de los 204 Comités Olímpicos que forman el Comité Olímpico Internacional.

Por lo que el mito de los colores por continente no deja de ser solo eso ya que Coubertin no asignó una distribución de los colores de cada anillo con respecto a un continente.