Luciana Bacci

La resistencia del femenino no se detiene

Jugadora del equipo de fútbol femenino de Primera de Racing, la rosarina de 25 años habla de los prejuicios y las conductas machistas que se naturalizan. "De afuera les decían a los nenes que me tocaran el culo porque era una piba. Y eso no lo sufrí sola, también lo sufrió mi vieja", dice.

Se tira al piso. Una, dos, tres, cuatro veces. Lo hace bien al ras del césped, como un águila decidida cuando ataca a su presa. Se levanta y salta como un resorte. Defiende la pelota con vehemencia inclaudicable. Se apropia del balón y sabe cómo tratarlo. Lo cuida como quien custodia un tesoro preciado. Cruza la cañada, la toca de primera y pica al vacío para ser opción de pase. Luciana Bacci juega y lucha. Lo hace dentro y fuera de la cancha. A los 25 años, se anima a dejar atrás viejos axiomas y hace un puñado de meses, el 27 de junio para ser más precisos, horas antes de celebrarse el Día Internacional de Orgullo LGBT, le gritó al mundo lo que quiere, lo que siente, lo que desea. Le espetó a los prejuicios mundanos cuál es su condición. “La sexualidad e identidad de género si no es heteronormada, produce dolor. La violencia y el odio hacia disidencias existe desde hace muchos años (…) Mañana es el día del orgullo y me gustaría citar la parte de una canción que me representa y me acompaña todos los días: reafirmo que tu rabia proviene del dolor y tu lucha florece del amor. Nuestra respuesta es el orgullo y la visibilidad. Estamos acá y no vamos a cambiar, tampoco queremos cambiar. Nadie va a decirnos quien tenemos que ser ni en la calle ni en la cama”, escribió en su cuenta de Instagram.

Luciana juega al fútbol casi desde la panza. Sus recuerdos laten siempre al compás de una pelota de fútbol. En los parques de Rosario, junto con su papá Fernando, un trotamundos del fútbol al que una lesión de rodilla lo retiró muy joven. Con él jugaba a la pelota cada vez que podía porque “en mi casa siempre hubo una pelota”, dice. O, en las canchas del College de Estados Unidos, correteando detrás de su hermana Florencia que entrenaba en el equipo del primario. Justo de allí es Megan Rapinoe, la talentosa estadounidense a la que Bacci admira por su manera de jugar pero, sobre todo, por su mirada crítica. “Es una jugadora con todas las letras. No solo juega muy bien y es una de las mejores del mundo sino que se interesa en cuestiones sociales. Entiende que lo personal es político. Y, a partir de eso, empezás a hacer las cosas bien en todo sentido. Después de lo que pasó tras el Mundial, que no fueron a la Casa Blanca a ver Trump, que tomaron posturas políticas. Todo eso hizo que muchas personas se despertaran y abrieran la cabeza”, cuenta en una charla en la que invita a Enganche a subirse a su mundo durante poco más de una hora.

–En Estados Unidos, donde corrías detrás de tu hermana, el fútbol femenino está muy arraigado sobre todo en el college, en la escuela primaria. ¿Ese acercamiento fue determinante?

–Sí, mi hermana experimentó ese tema del colegio y lo viví de primera mano. A ella le dieron para elegir entre hockey y fútbol. Y el hockey no lo elegían muchas chicas, sino que la mayoría se inclinaba por el fútbol. Y era lo mismo, les daban las mismas lecciones a las mujeres que a los hombres. Pasa que allá los hombres no eligen mucho el fútbol. Allá hacen fútbol americano, básquet o béisbol. Quizás es algo cultural. Yo jugaba con ella y con mi papá y cuando volvimos al país, mi hermana dejó y yo quería seguir jugando. Ella tuvo ese estímulo desde chica. Al volver hice tenis, taekwondo, hasta hice modelaje (se ríe). Pero en el colegio me di cuenta que quería jugar al fútbol pero ahí se me hacía muy difícil porque no les gustaba que jugara con los varones en el recreo. Iba a un colegio de monjas y a ellas no les atraía la idea de que yo jugara al fútbol. Hasta que a los 8 años, con los chicos del colegio, me sumé al Rowing Club de Rosario para entrenar con hombres.

Luciana, al galope. Foto: Históricas Rc @historicas_rc

–En tu caso, no te encontraste con la oposición de tus papás para jugar al fútbol. Es decir, esa mirada que va cambiando pero que señala las nenas con las muñecas y los nenes con la pelota. Todo un símbolo de una época pasada que aún se resiste.

–A veces se complica más para los hombres que para las mujeres por ese mensaje de supuesta masculinidad. Ese temor del padre que el hijo le salga gay porque juega a otras cosas y no al fútbol. A las mujeres nos afectan otras cosas como el sexismo, la misoginia. Los hombres también sufren mucho el sistema patriarcal en el que estamos inmersos.

–Está bien, pero vos pertenecés a una generación de pibes y pibas que no vivieron esas cuestiones tan marcadas y arraigadas a partir de un mensaje concreto y contundente: las nenas juegan con las muñecas y los nenes a la pelota. Eso se sustentó por años, por ejemplo, en los cumpleaños. Y hoy, me ha pasado, vas a un cumpleaños, con la lógica actual del pelotero, y ves a las nenas jugando a la pelota con los nenes de una manera súper integrada y natural.

–Sí, hoy pasa eso o es cada vez más común ver esas situaciones. En mi caso yo era la machona, la marimacho. Y ese mensaje provenía de mis propios compañeros pero es claro que era una reproducción de lo que decían las autoridades con otras situaciones.

–¿Por ejemplo?

–En su momento, cuando jugaba al fútbol en el colegio me mandaron a la psicopedagoga porque decían que tenía un problema de personalidad. No era explícito que dijeran que yo era marimacho pero reproducían un mensaje erróneo que señalaba que yo tenía un problema de personalidad porque quería patear una pelota.

–¿Y tus viejos qué decían? Porque en ese entonces, y antes mucho más, no era usual ver nenas en partidos oficiales de clubes por los puntos. Y hoy, por ejemplo, en el básquet es cada vez más usual ver nenas jugando con nenes en las categorías más chicas.

–¡Claro! Es que, justamente, si los educan desde chicos como algo natural y normal jugar con mujeres, esos chicos no van a tener ningún prejuicio. Porque los prejuicios se van adquiriendo a medida que van creciendo. Son como ladrillos. Y en esto tiene mucho que ver la educación y la familia. En el colegio no me dejaban jugar y mis papás, como a ese colegio había ido mi hermana y estaba por arrancar mi hermano más chico, me decían que no tenían razón pero que me mandaban a la psicopedagoga para que no rompieran más en el colegio.

Práctica en el predio Tita Mattiussi. Foto: prensa Racing

–¿Qué recordás de esas sesiones?

–(piensa por un instante) Me hacían dibujar, me hacían hacer cosas para nenes. Y hablaban conmigo, pero con mi mamá al lado. A mi mamá también le decían cómo iban a mandarme a fútbol, que me mandaran a hacer danza porque me podía lastimar, porque iba a salir marimacho y lesbiana. Y los padres que te apoyan, a partir de ideas más progres, también lo sufren. Mis viejos tuvieron que sufrir un montón de estigmas por dejarme hacer fútbol. 

–¿Hoy te reís de eso o te sigue generando bronca?

–Ellos siempre me dijeron que no era así, que no les diera bola a lo que me decían y que siguiera jugando al fútbol porque era lo que a mí me gustaba. También me pasó ir a jugar de visitante y que la gente dijera cosas feas. Una vez mi mamá me llevó a jugar y las personas de afuera les decían a los nenes que me tocaran el culo porque era una piba. Y eso no lo sufrí sola, también lo sufrió mi vieja. Imaginate escuchar eso enfrente de tu hija y no poder hacer nada. Ella no terminaba de disfrutar lo que a mí me hacía bien.

–¿Y vos cómo racionalizabas ese mensaje de que te tocaran el culo?

–Ahora me río de esas cosas porque tuve muchos privilegios y mucha suerte. Quizás tuve un temperamento que hizo que no me frenaran esas cosas. Pero me daba bronca por las chicas a las que esas cosas las frenaron porque tenía muchas compañeras del colegio que sí querían jugar y los padres no las dejaban. Un montón de pibas se quedaron en el camino y hoy, tal vez, seríamos muchas más jugadoras. No somos más, justamente, por esas trabas. Y creo que hoy en día, con el feminismo y las redes que se están armando de mujeres, nos estamos dando cuenta que éramos un montón las que queríamos y teníamos el deseo de jugar. Y muy pocas seguimos por las todas las trabas y los estigmas que padecimos. Por eso, hoy en día, hay tantas chicas jugando en cancha de 5, jugando torneos amateurs. Eso se da, entre otras cosas, porque arrancaron tarde o volvieron a jugar de más grandes y se tienen que conformar con jugar un picadito con las amigas o jugar una vez por semana.

“Yo era la machona, la marimacho. Y ese mensaje provenía de mis propios compañeros”, dice Luciana Bacci. Foto: Históricas Rc @historicas_rc

–Hace un tiempo hablamos con Mara Gómez y me quedé con sensación de que hay cierta polarización entre las mismas mujeres. Algunas están de acuerdo en que Mara pueda jugar y otras no tanto. ¿Cuál es tu mirada?

–Eso está dado por los prejuicios con los que una se va llenando a medida que crece. Tengamos en cuenta que las mujeres somos criadas en un sistema patriarcal y machista. Y muchas mujeres reproducimos ese machismo, no sólo los hombres.

–¿En qué situaciones se da esa reproducción?

–En el caso de Mara, por ejemplo. Que muchas jugadoras piensen que Mara Gómez no puede jugar en el torneo es una situación de machismo y transfobia. ¡Sin duda! Y eso lo reproducimos nosotras mismas. También, muchas, reproducimos la violencia que aprendemos del fútbol masculino, los cantos misóginos, los cantos homofóbicos.  

–Justamente, los cantos fálicos, esos que hablan de penetrar al hincha rival por un resultado deportivo con una naturalidad pasmosa.

–(se ríe) ¡Claro! Y eso lo aprendemos nosotras también. Se necesita un proceso de deconstrucción para aprender que esas cosas no están bien y que, justamente, nos afectan a nosotras, en carne propia. Lo importante es que todas tengamos una educación de género y una educación con perspectiva de género para que el día de mañana no sea un problema que una persona como Mara, que es mujer, pueda jugar un torneo que es para mujeres. Hace falta mucha educación para eso.

–¿Qué tan lejos estamos de ese ideal, de lograr una deconstrucción real?

–A veces, guiándome por el ambiente en el que estoy que es un ambiente que a veces parece color de rosas con compañeras que se involucran en la dirigencia de los clubes, o que se va a dar la ley Micaela en los clubes (Micaela García era una joven de 21 años que fue asesinada en Gualeguay –Entre Ríos– por un hombre que tenía antecedentes penales por violación y derivó en la Ley de Capacitación Obligatoria en Género para todas las personas que se desempeñan en la función pública, en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación), o con los talleres de género, o los protocolos ante violencia de género en los clubes una se ilusiona porque, con esas cosas, te das cuenta que hay un cambio. Pero, en otros ambientes, hay muchas cabezas por cambiar, por crecer.

–Hablás del departamento de género en Racing y tu club tuvo antes de su creación un caso, el del Churry Cristaldo, y cuando el entrenador lo necesitó porque se jugaba el campeonato, Racing como club, miró para un costado, tiró la basura debajo de la alfombra, y lo utilizó.

–Bueno, justamente para eso existen los protocolos de género y luego de la situación que pasó con Cristaldo se aprobó el protocolo ante violencia de género del club. Eso le da a las dirigencias instrucciones para saber cómo accionar ante estas situaciones que ocurren. En cada club, donde hay protocolo de género, a veces lo aplican y a veces no.

El sueño de jugar en el Cilindro de Avellaneda. Foto: Históricas Rc @historicas_rc

–¿Qué te genera una situación de violencia de género de un jugador de fútbol?

–Por lógica y por ecuación se sabe lo que yo pienso que se tiene que hacer ante cualquier tipo de violencia de género por parte de un jugador o por parte de cualquier hombre. Soy una militante feminista y creo que todas las personas violentas tienen que ir presas y tienen que tener su condena como se debe, sea quien sea. También hay un problema en la Justicia porque lo que pido no pasa. Sabemos que la Justicia argentina es muy patriarcal. Pero estos talleres de género y la Ley Micaela van a ayudar mucho para que estos jugadores se eduquen con perspectiva de género y entiendan la masculinidad, qué es lo que les afecta a ellos y, también, entiendan la problemática de la violencia de género. También está la condena social. Por eso creo que si sus compañeros lo condenaran, el accionar sería distinto. Y, por la falta de perspectiva de género, no se condena tanto.

–Sobre la militancia feminista, da la sensación que como es políticamente correcto o cool aparecer como deconstruidos, muchas veces, los hombres lo actúan. ¿Ustedes sienten eso?

–Muchas veces el feminismo se usa como pantalla. Lo hacen ciertos clubes como para ganar votos. Y nosotras los vemos. Eso también nos da a entender que el feminismo está ganando muchos espacios y está generando una presión social para que esto pase. Por eso es súper importante que las mujeres nos involucremos, que ocupemos cargos y puestos de poder y decisión en las dirigencias.

–En el periodismo, por ejemplo, hay casos de colegas en C5N (Alejandra Malem García) y en la Televisión Pública (Diana Zurco) que son trans y suelen ser presentadas en notas y entrevistas como tales y en definitiva son mujeres. ¿Se puede romper con esa lógica y llegar a decir la periodista y punto?

–Todo eso parte de la opresión que viven las disidencias y las mujeres lesbianas, los hombres homosexuales y las personas trans. Y decir que es una mujer trans es parte del orgullo de decir “sí, soy trans”; “sí, soy lesbiana”; “sí, soy homosexual”. No lo veo tan mal. Está bueno que se diga y que se sienta orgullo de eso porque venimos de años de opresión. Lo que sí veo mal es cambiar en el aspecto comunicacional el tema de aclarar si es femenino y no aclarar si es masculino, y que la norma sea que sea masculino. Y eso es algo que tratamos mucho con el departamento de prensa del club que nos abre mucho el canal de comunicación a nosotras para entendernos, para escucharnos, para saber qué es lo que queremos cambiar. Y hace poco la página oficial de Racing cambió las secciones y puso fútbol masculino, fútbol femenino, plantel de primera masculino, plantel de primera femenino. Y eso no algo menor. Eso es un cambio que parece chico y no lo es.

–En aquel posteo tuyo en Instagram del 27 de junio hablaste de tu decisión sexual, que durante mucho tiempo ocultaste que una amiga era, en realidad, tu pareja. Hoy, si mirás para atrás y te ves presentado a una pareja de ese entonces como a una amiga, ¿qué le diría esta Luciana de hoy a esa Luciana de hace unos años?

–Le diría que es una privilegiada y que tiene a unos padres que no la van a juzgar. Porque antes sentía eso, que me podían juzgar porque es como nos educan, nos educan para sentir vergüenza y, a veces, no nos damos cuenta de las personas que tenemos alrededor y pensamos que tenemos que estar avergonzadas o avergonzados de eso, de nuestra decisión sexual. Después de ese posteo hablé con muchas amigas del colegio porque me pasaba en ese ámbito que no quería contarles por temor a que pensaran que yo tenía intenciones sexuales con ellas. Y lo hablé con ellas y me dijeron que era una lástima no haberles contado porque lo hubiesen aceptado. Socialmente, nos educan para sentir vergüenza de eso, a guardarlo, a ocultarlo.

–¿Cuándo fue la primera vez que pudiste contarlo, expresarlo?

–Es una construcción día a día. La realidad es que las decisiones sexuales son cambiantes. Quizás hoy soy lesbiana y mañana soy bisexual. ¿Por qué eso no puede cambiar? ¿Quién lo dice? ¿Dónde está escrito? Algo que aprendí en la escuela primaria es que las Ciencias Sociales no son exactas y que todo el tiempo estamos cambiando. Y, claramente, la orientación sexual y la identidad de género es algo que puede ir cambiando con el tiempo y las personas lo tenemos que entender. Y nos tienen que educar para entederlo así, por eso hace falta educación sexual integral en los colegios. El problema es la heteronormatividad. En el jardín nos preguntan si tenemos noviecito o noviecita. ¿Y si esa nena quiere tener una noviecita? ¿Por qué estaría mal?

–Hoy cuesta imaginar a una nena de 4 o 5 años diciendo que ella quiere tener una noviecita. En la estructura que hoy tenemos, es muy factible, que esa maestra se comunique con los padres para alertarlos de una supuesta anormalidad.

–Sí, también creo que les niñes (habla en inclusivo) están ligados a la suerte de tener una maestra con ideas más progresistas e inclusivas y otres a tener una maestra que no. Por eso falta una educación integral para que todas las personas estén educadas con perspectiva de género. Porque si no estamos ligados al azar, a la suerte.

–Por momentos hablás en inclusivo y a muchos aún nos cuesta acostumbrarnos a esa forma de hablar y de decir.

–Sí, a todes (se ríe) nos cuesta. Pero está en cada uno. Si lo querés usar, lo usás, y si no querés usarlo no estás obligado. Es algo que incluye a muchas más personas y está buenísimo.

–¿Sentís que el lenguaje tradicional es machista?

–No incluye a todas las personas por igual. A mí también me cuesta utilizarlo porque tuve una educación a partir del lenguaje tradicional, donde lo normal era usar el masculino como preponderante. Me gusta usar el inclusivo porque siento que estoy incluyendo a todas las personas que, durante mucho tiempo, se sintieron relegadas y no se sintieron parte de la sociedad.

–Tu viejo trabajó con Marcelo Bielsa, un técnico que despierta tantos elogios como críticas. ¿Aprovechaste para absorber algún aprendizaje?

–Soy cero cholula, mi viejo conoce a un montón de personas del fútbol. Han venido a mi casa [Gabriel] Heinze y siempre lo viví con naturalidad. El adjetivo calificativo que tiene Bielsa, El Loco, no es magia. Él es así, una persona que tiene mucha pasión por el fútbol que, a veces, lo lleva a dejar relegadas otras cosas de la vida como la familia. Bielsa es una persona que vive por el fútbol. Pero a mi papá eso le consumió mucho tiempo y, quizás, le consumió tiempo con la familia. Por eso, quizás, mi viejo no continuó con él y siguió otro camino. Pero, sin dudas, aprendió un montón de cosas de Bielsa. El tema del videoanálisis, por ejemplo, lo aprendió con Bielsa y yo lo aprendí por mi viejo.

–Mencionás así, como al pasar, a Heinze, a partir de tu papá tenés trato con Abel Balbo, con Javier Torrente, el propio Bielsa…

–Bueno, mi tío, en realidad el padrino de mi hermano, es uno de los mejores amigos de mis viejos. Ese tío es Miguel D´Agostino, el ayudante de [Mauricio] Pochettino. Estamos siempre relacionados con el fútbol. Se respira fútbol en mi casa. A mi viejo le seguimos a todos lados. Se fue a trabajar con Lucho Torrente a Cerro Porteño y nos fuimos a vivir a Paraguay. Ahí estuve tres meses viviendo y entrenaba con el equipo femenino de Cerro. Cuando me dijeron que había quedado en el equipo, mi viejo renunció. Cuando estuvo como médico de la Selección que dirigía [Jorge] Sampaoli viaja solo y nosotros nos quedábamos en Rosario.

–Bielsa, Heinze, Pochettino, tres entrenadores súper meticulosos rozando lo obsesivo. En cierta forma mamaste eso desde muy chica. ¿Sos obsesiva con el fútbol?

–Soy un poco más abierta. Mi vida no gira en torno al fútbol, me apasiona, pero me gusta interiorizarme en otras cosas que no sean únicamente el fútbol. Me gusta mucho el cine, leer, sacar fotos. Mi viejo no es tan así. Si le digo “pa, ¿viste la película Martín?”. Y él me dice “sí, porque Martín Palermo hizo un gol”. Todo lo relaciona con el fútbol. Yo lucho un poco con eso.

–¿Cómo surgió el canal de YouTube La analista en el que hacés videoanálisis?

–Mi viejo fue técnico de Adiur (Agrupación Deportiva Infantil Unión Rosario) y yo le hacía los videoanálisis de los entrenamientos y de los partidos. Él me pedía que le hiciera el editado de un jugador determinado, o de las pelotas paradas y yo lo hacía porque me gustaba. El año pasado se dio porque entré a YouTube para ver goles o jugadas de Mili Menéndez y no me aparecía casi nada, apenas los goles separados de cada partido, no aparecían jugadas. Me pregunté por qué no había nada suyo y un día, en un viaje al entrenamiento, le pregunté cómo era posible que no hubiera nada de ella y le propuse hacerle uno. Se lo hice y tuvo bastante repercusión porque no estaba ese contenido en las redes. Y ahí me empezaron a hablar jugadoras de otros clubes, no solo de Racing, pidiéndome videos. Le hice un video a Dalila Ippolito (en realidad editó dos), que ahora está en Juventus. Quiero creer que mi video ayudó a Dalila a firmar con Juventus, jajajajajaja… ¡Ojalá! ¡Fue todo mío! jajajajaja.   

–No sos obsesiva con el fútbol, pero una videoanalista mira por lógica mucho fútbol. ¿Qué te gusta y qué no te gusta del fútbol femenino?

–Me gusta en general. Es fútbol, en definitiva. Me gusta ver partidos de Europa porque allá se nota el cambio en el estado físico que es algo que aún nos falta en el país. Es algo que es causalidad de la falta de inferiores y la falta de preparación física que tenemos desde chicas, algo que no sucede en Europa. Allá tienen inferiores y un montón de estímulos que a la hora de ser adultas y jugar en Primera les da otro desarrollo.

–¿Esos es algo que las chicas que hoy están en inferiores no van a sufrir tanto como ustedes? En definitiva tu camada y mucho más las anteriores actuaron como punta de lanza.

–Ojalá que sí. Además es toda una exposición que hay que llevarla. Por ejemplo, Maca [Sánchez] tiene una súper exposición que le genera una presión y ella no tuvo inferiores y le están pidiendo que juegue como [Adolfo] Gaich cuando, claramente, no tuvieron la misma educación y formación.

Para Luciana, la lucha por el fútbol femenino profesional recién comienza.
Foto: Históricas Rc @historicas_rc

–Y la mirada de tus colegas masculinos, ¿cómo la percibís: que cambió?

–No sé, la verdad no sé. No tenemos mucho contacto con los jugadores de Primera. Han venido a algunas prácticas. Vinieron el Chelo [Marcelo Díaz], Matías Rojas, Gaby Arias. Esos tres jugadores se notó que quieren ayudarnos y hacer que el fútbol femenino crezca porque siempre se mostraron abiertos a ayudarnos en lo que nos faltara. Muchos nos vinieron a ver al Cilindro.

–Justo en ese partido, en febrero pasado, hubo una gran convocatoria. ¿Te sorprendió?

–Hubo 5000 personas y tuvieron que abrir una platea más. Me sorprendió porque estoy acostumbrada a jugar y que venga la familia. No me sorprendió porque la gente de Racing quiere mucho al club y sigue muchas otras disciplinas. En Futsal pasa lo mismo, con el hockey sobre césped pasa lo mismo. El apoyo se siente en las redes y ese día lo evidenciaron. Si se le da más visibilidad aún vendría más gente.

–Hablás de visibilidad y muchas veces el mensaje que baja es que el fútbol femenino no vende. Por ejemplo, las marcas aún no se involucran como con el fútbol masculino, sino que hacen apoyos nos monetarios sino vinculados a, por ejemplo, aportar materiales que es como darle a un empleado de la construcción el casco o las botas de seguridad, o a los atletas zapatillas para correr cuando el apoyo real, el verdadero, es en metálico. Y en su caso, la jugadora mejor paga del plantel de Primera no llega ni cerca de uno del plantel de Primera masculino.

–A mí me gusta dar una comparación para eso: vos te querés poner un bar e invertís mucha plata para inaugurarlo y una vez abierto no te importa, ponés lo mínimo e indispensable. ¿Esa inversión dará resultado o es muy factible que tengas que cerrar al poco tiempo? Bueno, eso llevalo al fútbol femenino. Nosotras necesitamos una ecuación muy simple: gestión e inversión. Si no hay gestión, la inversión no sirve. Y si no hay inversión, la gestión no sirve. Hay muchas formas de atacar al fútbol femenino y una de ellas es esa: que no vende. Si nos vamos a otros lugares que son ejemplo de inversión y de gestión, y te das cuenta que vende: España, el Mundial, la última Champions femenina. Y después te encontrás con notas de algunos periodistas que bajan ese mensaje. Y no es así. Hablemos de la televisación: se televisa un sábado a las 9 de la mañana, el superclásico lo ponen un martes a las 15, te dan para elegir los partidos y televisás un equipo que no tiene cancha para entrenar, no tiene elementos, entrena tres veces por semana contra el primer equipo de la tabla y salen 16 a 0. No es atractivo eso, no ayuda. Desde los mismos lados que nos tienen que visibilizar nos ponen trabas. Hay que elegir los partidos, se necesita una gestión. En el masculino siempre se elige qué partido televisan. No podemos comparar el femenino con el masculino porque la diferencia es abismal porque hay falta de inversión y de gestión estratégica. 

–¿Y cuál es tu mirada sobre la forma en que la AFA maneja el femenino?

–Estamos creciendo, eso es indudable. Si partimos de la base que antes estaba [Julio] Grondona, para quien el fútbol no era para mujeres. Eso ya, de por sí, muestra un gran avance. Y esto va acompañado por la presión social. El fútbol semiprofesional femenino se dio por una presión social. Se dio a partir de la denuncia de Maca [Sánchez]. Además, el avance del feminismo ayudó mucho. Si no, no creo que hubiese salido de la AFA. Y eso se vio demostrado en el Mundial, la Selección tuvo mucho apoyo. Pero somos conscientes que aún falta un montón.