Luis Martínez

El entrenador que nació en “El Dandy”

Es el primer entrenador campeón de la Liga Nacional de básquet de 1985. Al año siguiente repitió ese logro. Tiene el récord de efectividad en la historia de la competición. Una charla que caminó por su amistad inquebrantable con León Najnudel, su paso por Ferro, su gestión como dirigente y su opinión sobre la actual dirigencia de la Confederación Argentina de Básquetbol.

“La verdad, estoy cansado”, dice Luis Martínez. En tiempos de Covid-19, la cuarentena le está costando más de lo que pensaba. A pesar de que habla seguido con sus hijos por Whatsapp o por alguna aplicación, lo sufre demasiado. “Hace casi cuatro meses que estoy encerrado, casi ni salimos con mi mujer. Encima por mi edad (tiene 72 años) me dicen que soy paciente de riesgo. Pero bueno, hay que acatar las órdenes, no queda otra”, reflexiona. Cumplir los reglamentos, acatar las órdenes, no transar con nadie. Frases que repetirá en reiteradas oportunidades a lo largo de casi una hora de charla con Enganche. Siempre estuvo alejado de los grandes reflectores, cultivando un perfil bajo que nunca quiso negociar, a pesar de haber conseguido logros históricos. Prefiere que lo recuerden como una buena persona antes que como alguien exitoso. “Al fin de cuentas, eso es lo único que importa”, sostiene.

Su primer acercamiento con el básquet fue en Atlanta, “el club de toda mi vida”, dice. Allí fue jugador y entrenador, pero fundamentalmente fue el escenario en el que conoció a una persona que resultaría más que influyente en su vida: León Najnudel. Se conocían de vista, muchas veces se habían cruzado por Villa Crespo, barrio donde ambos vivían, pero fue en el gimnasio bohemio en el que forjaron su amistad, una relación casi de hermandad, que permaneció inalterable. “El Ruso fue mi entrenador durante 14 años, casi toda mi carrera de basquetbolista. Ganamos un campeonato de juveniles en 1965, que jugamos la final contra el clásico del barrio, el club Villa Crespo. Y después la Copa Barclay en 1971, que es el único título que tiene Atlanta en Primera División. El como entrenador, yo como base y capitán del equipo. Hasta el día de su muerte estuvimos juntos”, rememora. A 35 años de la primera la Liga Nacional de básquet, el recuerdo inmediato es, justamente, el paso del tiempo. “Estoy 35 años más viejo, eso es lo primero que se me viene a la cabeza”, dice con humor. Entre el crujido de las zapatillas contra el parquet y pizarras técnicas, suena la chicharra: el campeón de perfil subterráneo comienza la charla.

Equipo campeón de Ferro 1986

–¿Hasta qué edad jugaste, Luis?

–Hasta los 30 años. Casi toda mi carrera como jugador fue en Atlanta, hasta que por problemas económicos el club casi que desapareció. Se empezó a dejar de lado al básquet y los jugadores comenzaron a irse a otros clubes. Yo fui el último en irme, habrá sido en febrero o marzo de 1975. En ese momento me hablaron de Racing y terminé mi carrera como jugador allá, hasta 1977. Jugaba en el anexo de Villa de Parque.

–Como jugador, ¿ya sabías que querías ser entrenador?

–No, ni de casualidad. Yo entrenaba en las inferiores de Atlanta porque León quería que lo ayudara con los mini y con los infantiles, pero nada más. Hasta que un mediodía estábamos tomando algo en el bar “El Dandy”, donde nos juntábamos siempre, y me dice: “¿Qué pensás hacer de tu vida, vas a seguir jugando o no?”. Le dije que no tenía idea. Y bueno, ahí me empezó a insistir para que dejara de jugar y lo ayudara en Ferro, que necesitaba tener a alguien de confianza con él. Le respondí que me lo dejara pensar y seguimos charlando. Al rato me dice que lo acompañara al club, que tenía cosas que hacer. Fuimos a Ferro, pasamos por el Etchart (el gimnasio donde está la cancha de básquet), fuimos a la utilería y ahí nomás le dijo a Tartaglia, el utilero, que me diera la ropa de entrenamiento porque a partir de ese momento yo iba a trabajar con ellos. Ese fue todo el tiempo que me dejó pensar la decisión (risas). Estaba León como entrenador de la primera, Luis Bonini como segundo (que después se fue con Carlos Timoteo Griguol como preparador físico al plantel de fútbol) y yo fui como ayudante de Luis, a dirigir a los infantiles B. Así comencé mi carrera como entrenador. Cuando León se fue a España en 1983 ya quedé como entrenador principal.

–En ese momento, Ferro era un club modelo a nivel país, tanto en el aspecto social, institucional y organizativo como también en el plano deportivo…

–Sin lugar a dudas. Era el mejor club de la Argentina, el ejemplo a seguir por todos. Tenía fútbol, básquet, vóley, atletismo, handball, softbol. Había mucha mancomunión entre todos los deportes. A veces Griguol me pedía entrenar en el Etchart los días de lluvia, entonces modificábamos los horarios. Había algo que estaba muy claro: el deporte número uno del club era el fútbol, después venía el básquet y luego el vóley. En muchas oportunidades Timoteo me pedía jugadores para llevarlos a entrenar con el equipo de fútbol y enseñarles a poner cortinas, a chocar, para después utilizarlo en los córners. Como los jugadores de básquet eran grandes de físico y tenían el concepto bien incorporado, le interesaba eso.

–En 1985 ganan la Liga Nacional y repiten en 1986, cuando sólo pierden 7 partidos (es la segunda mejor campaña en la historia de la competición con 32 partidos ganados sobre 39 jugados, un 82 % de efectividad). ¿Ese equipo fue el mejor que te tocó dirigir?

–Sí, realmente era un equipazo, con jugadores como Miguel Cortijo, Gabriel Darrás, Diego Maggi, que estaban en su plenitud, y también con extranjeros de primer nivel. Aparte de ganar la Liga salimos subcampeones del Sudamericano y también en el Mundial de clubes, en la Copa William Jones, en la que si bien no ganamos el título hicimos un gran torneo. En 1987 salimos campeones del Sudamericano y fuimos finalistas de la liga.

–Es llamativo que después de haber conseguido tantos buenos resultados te hayas ido de Ferro, ¿cuál fue el motivo de tu partida?

–Yo tenía un acuerdo de palabra con la dirigencia, el cual se iba renovando año a año. Era un empleado del club, cobraba mi sueldo en blanco, con recibo de sueldo, todo muy bien organizado. A finales de 1988 me dicen que querían hacer un cambio y que no me iban a renovar el contrato. Les dije que no había ningún problema, pasé por tesorería a cobrar lo que me debían y me fui a mi casa, así de simple. Nunca reclamé los 11 años que estuve trabajando ni me fui enojado con alguien.

Atlanta campéon de Juveniles; Luis, el capitán con la camiseta 4 y León Najnudel como DT

–¿Pero vos querías continuar?

–¡Claro que quería! Pero las cosas son por algo. Existía un acuerdo de palabra y eso había que respetarlo. Aparte volvía León, así que tampoco había mucho para pensar, no había competencia posible (risas). Imaginate si me habré ido bien que durante el torneo de 1989 yo iba a ver todos los partidos de Ferro de local. No tenía ningún prurito porque no podían decir que yo iba para sacarle el puesto al entrenador. Es más, generalmente después nos íbamos a comer con el Ruso.

–Luego de tu salida de Ferro no volviste a dirigir ningún equipo de Liga Nacional. No deja de resultar extraño que un entrenador con un recorrido como el tuyo no haya tenido otra oportunidad, ¿a qué se lo atribuís?

–Hubo algunos equipos que en su momento me habían contactado, pero después no se concretó. Tal vez no me ayudó tener un perfil bajo, no hacer lobby, no tener representante, cosa que nunca me interesó porque estoy completamente en contra de eso. En 1990 dirigí a Vélez en el ascenso durante un año y medio y en 1998 a Villa Mitre, que es un club de barrio al que iban mis hijos a jugar al básquet, donde estuve cuatro años, pero más por hobby que por dinero. Cuando se creó la Comisión de Directores Técnicos Profesionales (CODITEP) en 1993, los entrenadores de la Liga me eligieron para que sea el Secretario General de la organización. Hablé con León, que estaba a cargo de Asociación de Técnicos en Básquetbol de la República Argentina (ATEBARA) y le dije que al ser un trabajo remunerado no podía estar de los dos lados del mostrador: si era el representante de los entrenadores no me parecía ético seguir ejerciendo. Así que en ese momento colgué el saco. De todas formas lo que cobraba en CODITEP era la décima parte de lo que percibía un entrenador, por ese motivo siempre mantuve mi trabajo como administrativo en el Ejército Nacional, sino hubiese sido imposible mantenerme. Estuve 18 años en CODITEP y 10 en ATEBARA, como presidente.

–Hace unos días se creó ACEEPA, una nueva asociación que nuclea a entrenadores y entrenadoras profesionales, en la que Silvio Santander es el presidente y Julio Lamas el vice, ¿te parece una buena medida?

–Por el momento no se creó nada. El día que tengan personería jurídica podrán hablar. Por ahora no es así. Pero de todas formas te contesto: creo que es un error, me parece que lo hicieron más por estar aburridos por la cuarentena que por otra cosa. No creo que sea una buena medida tratar de dividir. Eso seguramente es lo que les hacen hacer los dirigentes, sobre todo el actual presidente (Fabián Borro) de la Confederación Argentina de Básquetbol (CAAB), que siempre quiso dividir a los entrenadores. Divide y triunfarás es el dicho. Ya lo hizo antes y lo logró. Ahora lo quiere hacer nuevamente.

–Justamente, ¿qué pensás sobre Fabián Borro y su asunción como presidente de la CAAB?

–Pienso que es un mal dirigente. Así de simple. Siendo presidente de Obras trató de vulnerar siempre todos los reglamentos. Lo intentó muchas veces conmigo y no pudo. En su momento quiso poner en Obras a entrenadores que no estaban habilitados para dirigir, pero no se lo permití. Después, cuando yo me fui de CODITEP, finalmente lo consiguió: puso a un entrenador español que no estaba habilitado, lo mismo que con Gregorio Martínez. Pero conmigo no pudo hacer trampa, por más que lo intentó muchas veces. 

–En diciembre del año pasado, cuando fueron las elecciones en la CAAB, varios de los integrantes de la selección, incluso Manu Ginóbili y Andrés Nocioni también, se manifestaron a favor de la continuidad de Federico Susbielles como presidente, que finalmente dejó su cargo justamente a manos de Borro, ¿te parece que los jugadores deben involucrarse en la política de la Confederación?

–Está perfecto. En su momento estuvo muy bien cuando impulsaron la salida de la dirigencia de la CAAB cuando estaba Vaccaro (Germán). Pero no estaba solo Vaccaro: Borro era su vicepresidente segundo. Me parece que quedaron satisfechos con eso. Pienso que ahora tendrían que haber hecho lo mismo con la actual conducción, porque es el regreso de los mismos que ellos pidieron que se fueran. Una cosa es realizar declaraciones públicas, como hicieron ahora, y otra muy distinta es involucrarse, como hicieron en aquel momento, que movieron cielo y tierra para lograr lo que querían. Son dos cosas muy distintas. 

Luis junto con León Najnudel, amigos dentro y fuera del parqué

–¿Mirás algo de básquet?

–La Liga no la miro más porque me aburro mucho, me duelen los ojos. Es inviable cómo se está jugando. Ponés un partido y ves que un equipo tiene cinco extranjeros y el otro tiene tres. Esa no es la Liga que se creó para el desarrollo del básquet argentino. Haber eliminado los descensos tampoco sirve de nada, es algo que se hizo para beneficiar a los clubes que en ese momento no tenían capacidad económica para mantenerse. Alguna que otra vez me invitan a Ferro y voy a verlo, pero nada más. O miro algún partido de Europa o de la NBA.

–¿Sentís que en parte se perdieron algunos de los valores y fundamentos principales de lo que fue la Liga en el momento de su creación? 

–No tengo ninguna duda. El otro día leí unas declaraciones de Luis Scola, que me parece un chico muy centrado, muy capaz, muy observador también, y una de las cosas que dijo es que la Liga Nacional no es ejemplo para nadie. Y cuando se creó no fue con ese propósito, sino que fue para fomentar el desarrollo de los jugadores argentinos, lo cual se logró ampliamente. Sin ir más lejos, los jugadores de la Generación Dorada, salvo alguno que se fue muy joven, jugaron todos en la Liga Nacional. Hubo un momento en el que hubo más de 400 jugadores fuera del país. Antes un jugador que vivía en Córdoba tenía que venir a Capital para poder desarrollarse y jugar competitivamente. Al no haber tantos clubes se perdían muchísimos en el camino. La creación de la Liga permitió que en todo el país los jugadores puedan estar en sus lugares de residencia, mostrar su potencial y después dar el salto a Europa. Sí, coincido con Luis en lo que decía con respecto a que terminan de formarse una vez que emigran. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: llegar a la Liga era como estar en el colegio secundario, donde podías desarrollarte lo máximo posible antes de poder llegar a la universidad, que sería jugar afuera, donde terminabas de hacer los estudios y te recibías. Sin secundario no hay universidad. 

–Tenés el mejor registro como entrenador en toda la historia de la Liga Nacional (dirigió 149 partidos, de los cuales ganó 109 y perdió 40, con un 73,2 % de efectividad). ¿Qué te genera ese dato?

–En relación a muchos otros entrenadores, yo dirigí muy pocos partidos. Reconozco que yo tengo más chances de tener un mejor porcentaje que un DT que dirigió 600 o 700 partidos. Pero bueno, igual no quita que lo que tengo me lo gané y nada lo va a poder modificar. Por más que a muchos dirigentes no les guste, los títulos que conseguí me involucran de lleno en la historia de la competición y eso nadie me lo va a poder quitar.

Remarcás mucho tu mala relación con los dirigentes, o con algunos, pero vos también fuiste dirigente. Resulta un tanto ambiguo.

–La diferencia sustancial es que yo no transo con nadie. Nunca lo hice. Los reglamentos están hechos para cumplirse. Sino que no los hagan. Yo en eso soy estricto y no hay vuelta atrás. Hay que pregonar con el ejemplo siempre. Muchos no pueden decir lo mismo.    

–¿Cómo te gustaría que te recuerden?

–Simplemente como lo que creo que fui: una buena persona, alguien honesto. Con eso me alcanza. Después, si uno es bueno o malo como entrenador son opiniones subjetivas, cada uno puede opinar lo que quiera. Yo estoy tranquilo con mi conciencia. Siempre me brindé al 100% dentro de mis posibilidades. Si fue suficiente o no lo tendrán que decir los que fueron mis jugadores o los dirigentes que han contratado. Eso ya no me corresponde a mí. Estoy muy satisfecho con todo lo que me dio y lo que le di al básquet. Como jugador, como entrenador y como dirigente fueron 53 años de mi vida. No puedo pedirle nada más.