Luis Zubeldía

De profesión entrenador

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Se entalla en el buzo de técnico y no añora al futbolista que pudo haber sido; en un ambiente voraz, Zubeldía se detiene en las modas del fútbol y las claves de la conducción.

La duda lo atrapó repentinamente. Hubo un momento, breve pero intenso, en el que Luis Zubeldía temió que el fútbol otra vez lo apartase demasiado pronto. Aunque solo tenía 29 años, se había retirado hacía seis y transitaba el después de la primera experiencia como entrenador. Luego de casi dos temporadas al frente de Lanús, llevaba un semestre sin recibir ofertas para volver a dirigir. Temió que rápidamente su nombre hubiese salido del circuito. “Me golpeó mucho estar así, no sabía para dónde disparar. Pensaba, ¿y ahora qué hago? Pero yo sentía en lo más profundo de mi corazón que iba a seguir teniendo trabajo como técnico”, cuenta tocándose el pecho al recordar aquel momento. Cuando le propusieron hacerse cargo del plantel de Barcelona de Ecuador, no lo dudó y se instaló en Guayaquil. “Fue una de las mejores decisiones de mi carrera”, asegura. Desde entonces nunca más tuvo una pausa tan larga como aquella entre un ciclo y el siguiente.

La oficina contigua a uno de los vestuarios es el espacio donde continúa el trabajo. El entrenamiento terminó hace una hora y cuando Zubeldía invita a pasar a Enganche el cuerpo técnico está reunido alrededor de una mesa con computadoras, tablets, celulares y carpetas. También hay reproducciones de canchas con fichas, un listado de todo el plantel dividido por posiciones y varias pizarras. Una repasa: “Fundamental: 1- Jugadores que eludan. 2-Rematadores. 3- Pelota parada. 4- Circulación segura. 5- Intensidad defensiva”. Cinco mandamientos futbolísticos necesarios para imprimirle un sello propio al Granate.

Atento a las conductas que dominan el fútbol de estos tiempos, las responsabilidades que asume como entrenador y sin correrse de una realidad que golpea en un país en crisis, Zubeldía repasa parte de su historia y un presente de madurez.       

-¿Hay lugar para los sentimientos en el fútbol profesional?

-Sí, somos seres humanos y somos puramente sentimientos. El espacio para lo que nos pasa también está cuando se gestiona, porque lo que te pasa, los momentos que atravesás, van con vos. Estar más alegre o con cara de perro no siempre se ata a un resultado. A veces, al primer entrenamiento después de un triunfo estás malhumorado y nadie entiende por qué. A la hora de tomar decisiones me apoyo en mi cuerpo técnico, gente en la que creo mucho, para que tratar de que esos sentimientos no me tapen la realidad.

-Una cosa es cuando los sentimientos son tuyos y otra cuando se trata de un jugador.

-Ese es el punto clave de conducir un plantel: cómo hacer para que el jugador esté enfocado y no se caiga. Hay muchas veces que ir al banco, quedar afuera de una convocatoria o bajar a Reserva es motivo de vergüenza. Ese sentimiento está muchas veces ligado con lo que pueda comentar tu entorno al respecto. Antes también pasaba, pero hoy los jugadores tienen mucha más exposición. Los medios, las redes sociales, los valores a los que se cotizan y el lugar que ocupan lo hace diferente. Siento que en esta industria del fútbol, los técnicos no estamos lo suficientemente capacitados para ayudar al futbolista en ese aspecto.

-¿A vos te pasó eso de sentir vergüenza por una determinación impuesta cuando jugabas?

-Mirá, cuando tenía 15 años un preparador físico me suspendió porque había ido al entrenamiento en el micro con todos mis compañeros pero me volví en el auto de un chico de una categoría más grande. “Incumpliste un acuerdo y por eso no vas a jugar”, me dijo. Sin vueltas. Mis padres venían de La Pampa a verme cada dos o tres meses y justo habían viajado ese fin de semana en el que estaba sancionado. Hasta el día de hoy mi mamá odia a ese profe sin conocerlo y hasta el día de hoy yo siento que me dejó una enseñanza muy importante. Fijate con qué poco te pueden marcar y también con qué poco alguien de tu entorno puede enojarse y que eso influya en vos.

-¿Hasta dónde se puede avanzar en lo que le pasa a un jugador?

-Hay un límite que no se puede traspasar, porque hay aspectos que son privados y vivencias que son muy personales. Son 30 jugadores con los que compartís dos horas por día, y cada uno es una historia particular. Hay que saber qué es con quién. Con alguien puede ser una palabra justa, con otro un abrazo y con alguno la toma de una decisión. Y los técnicos no nos vinculamos solo con los jugadores, sino que cada día está el contacto con la dirigencia, con distintos empleados del club, con la prensa. Las relaciones no son sencillas y los cambios que se han dado en los últimos 10 o 15 años son los que hacen que en muchos casos no estemos preparados para conductas que antes no existían y hoy son habituales.  

-¿Les hablás a tu dirigidos del dinero, de cómo administrarlo?

-No. Cada jugador está rodeado por personas de su confianza, del entorno que decidió, que puede ser bueno o malo. No soy quién para decirle a alguien qué es lo que le conviene hacer con su plata. Aunque me quiera meter, entiendo que es algo que no me corresponde.

-¿Cuales son las diferencias de trato que tenés con un futbolista como Sand y un juvenil?

-Es necesario que la comunicación y la relación sean distintas porque las experiencias son diferentes. A José lo dirigí en tres etapas, tres momentos en los que él fue cambiando y yo también. Con el Laucha (Lautaro Acosta) me sucede algo parecido. Si conocés a alguien desde hace tiempo el vínculo es más fuerte. Eso no implica que haya diferencias a la hora de tomar decisiones ni en las pautas de convivencia del plantel.

-¿La dedicación que vos tenías cuando eras juvenil es la misma que tiene hoy un chico de 18 años?

-Es similar, a pesar de que cambio la industria del fútbol. La fama llega rápido en una sociedad en la que enseguida sos exitoso o fracasado. Eso, más la accesibilidad pronta a ciertas comodidades, puede hacer que la cabeza de vueltas.

-¿Esa es la burbuja del fútbol?

-Todos los deportes tienen su burbuja, el tenis tiene una, el fútbol otra y así. El deportista profesional tiene una forma de ser que se orienta a su disciplina. Te crías en un microclima, distinto al de la mayoría de la gente.

-¿Cómo te llevás vos con esas dos realidades opuestas?

-Veo en mi familia, en mis hermanos, todo lo que sucede. Sé la que están pasando. Tengo pocos amigos, pero buenos, y con ellos sé cómo viene la mano. Está todo difícil. Me gusta escuchar cuando hablan de política quienes considero que entienden del tema. Me interesa muchísimo estar inmerso en lo que es la realidad del país.

-El retiro se te impuso muy joven. ¿Te deprimiste?

-No. Cuando me lesioné vivía con mi hermano Gustavo (preparador físico) y él siempre decía que estudie mientras estaba en la recuperación, que leer diez hojas era mejor que no leer ninguna. Empecé Periodismo Deportivo y estaba con chicos de mi edad que además tenían trabajos de varias horas. Todo eso me ayudó mucho para no bajonearme. Nunca me cuestioné que podría haber tenido un departamento lujoso o un auto espectacular. Sí, cuando ya supe que no jugaría más, me dolía muchísimo pensar en haber podido jugar mucho tiempo en Lanús, en la selección mayor, en el fútbol inglés. Canalicé eso en tener las horas ocupadas, en comenzar con el curso de técnico, aprender programas de computación con mi hermano y también hacía terapia con Marcelo Roffé. En esa etapa descubrí que podía ser un buen docente.

-Tenías una contención.

-Saber elegir con quién estar y tener una buena base familiar para darte cuenta quién tiene que ser tu entorno es clave. Tengo la virtud de saber con quién rodearme. Por lo que me inculcaron mis padres pude seguir ese camino sin pasar por situaciones complejas.

-El fútbol es un ambiente de presiones. ¿Lo podés disfrutar?

-Te estresa y sufrís, pero claro que hay lugar para disfrutar. Amo a mi hija, a mi mujer, a mis padres… Pero lo que hago, mi vida en el fútbol, está ahí arriba también. Ganar un partido es hermoso, porque sabés que cumpliste con lo que se espera de vos, con lo que vos mismo te proponés y es hacer feliz a un montón de gente.

-¿Y cuando perdés?

-Me amargo mucho, mucho. Pero a las 48 horas di vuelta la hoja, no me quedo enganchado.

-Todavía no tenés 40 y dijiste que te gustaría dirigir hasta los 70 años. ¿Por qué en este momento en primera no hay entrenadores grandes?

-Hay modas y los dirigentes las toman. Hoy se imponen los entrenadores jóvenes, algo que para mí ahora es favorable. Pero José Pekerman y el Maestro Tabarez son hombres de referencia y Miguel Russo está vigente, solo por nombrar a dos. En una camada más intermedia, Gorosito y Madelón son excelentes entrenadores. Esta no es una carrera de jóvenes, no tiene edad; no se puede descartar a nadie.

-¿Y entre los entrenadores hay modas tácticas?

-Tal vez los medios de difusión hacen que se impongan algunos modelos y esquemas. Pero todos los entrenadores saben que las cosas partieron de algún lugar. Bilardo jugaba 3-5-2 hace 35 años y Brasil del 70 se posicionaba 4-2-3-1. Pero más que los sistemas, en el fútbol lo relevante son los antagonismos que hay en las sociedades para tener características complementarias. Por ejemplo: si en un sector tenés más juego asociado, vas a necesitar un jugador que dispare rápido por otro para apostar al uno contra uno, y si lo que tenés es más juego vertical, se requiere de alguien que frene y sea más cerebral.

-La mayoría de los técnicos suele decir que siguen considerándose futbolistas, pero vos no.

-No llegué a enamorarme del jugador, porque para mí fue quemar etapas muy rápido. De La Pampa, en el club Belgrano, me llevaron a la selección, de ahí al Sudamericano, de ahí al Mundial y con menor edad, debutar en Lanús, ser capitán a los 19 años, volver a jugar un Sudamericano. Por eso entiendo a Pedro de La Vega y los chicos que les toca vivir esas cosas. Tenés la cabeza en mil lados, no sabés si sos bueno, si sos malo, si sos crack. Como entrenador me pasó algo muy parecido, pero no hubo una lesión que me impidiese seguir adelante. Entonces me afiancé, me equilibré y hoy estoy acá.     

-¿Panificás hacia adelante?

-Poco, en nuestro fútbol mucho no se puede. Pero yo me llevo bastante bien con esa incertidumbre

-¿Qué hacés en tu tiempo libre?

-Estoy disfrutando mucho de la paternidad y me gusta esta etapa del crecimiento de mi hija. A la tarde estudio inglés y me gusta leer así que ahora trato de hacerlo con algunos libros básico que me ayuden con el aprendizaje. La gestión del fútbol demanda tiempo y un gran desgaste mental, por eso a veces es difícil encontrar los tiempos para otras cosas.

-¿Qué viste o leíste últimamente que te haya movido algo?

-Un documental de Daft Punk, dos franceses que hacen música electrónica y no muestran la cara. Entonces alguien decía que cuando lo llamaban para un recital ellos pedían mucha plata antes de hacerlo con el fin de reinvertirlo en un escenario novedoso cada vez. Los entrenadores deberíamos hacer eso: es clave reinvertir en la formación. No tengo dudas que si querés mantenerte tenés que usar parte de la plata que ganás en hacer viajes, cursos, consultar con profesionales; y no solo vinculado al fútbol, sino también a otras áreas.  

-¿Encontrás gente inspiradora?

-Miralo a Mick Jagger, en esto de reinvertir. Es el cantante de la banda más grande de la historia y tiene más de 70 años, pero sigue tomando clases de baile, trabajando en su voz, manteniéndose físicamente y ensayando como un adolescente. En el fútbol admiro a muchos técnicos y siempre lo tengo presente a Ramón (Cabrero), siempre está con migo en un ,montón de cosas que me enseñó y hago.

-¿Son los clubes o los entrenadores los que no quieren ciclos largos?

-A veces te apresurás. En mi caso, me fui de Independiente de Medellín cuando me tendría que haber quedado; estaba feliz pero me tenté por la posibilidad de ir a Europa, al Alavés. Estaba muy cómodo, los jugadores, los dirigentes y al gente me querían y yo los quería a ellos, me encantaba la ciudad y económicamente no me cambiaba irme; pero me ofrecieron boxear en Las Vegas y las luces me encandilaron. Era la posibilidad de ir a medirme con otros grandes entrenadores, que lo pude hacer poco pro el breve tiempo que duró. Aprendí que si estás bien en un lugar lo mejor es quedarte, salvo que creas que no vas a crecer. Yo soy inquieto, me gusta salir de la zona de confort, pero a veces eso lo lográs en un mismo lugar, como seguro le sucede a Gallardo en River.

-¿Te imaginás en otro rol dentro del fútbol?

-Me gustaría ser director deportivo, secretario técnico o coordinador. Hoy no me veo en esas posiciones, pero si dudas me gustaría. Trato de tener una visión amplia y el desafío de ampliar la gestión. Pero hay que saber encontrar los momentos.

-¿Saber decir que no?

-Claro. A mí me ofrecieron tres veces dirigir la selección sub 20, pero sentí que no estaban las condiciones dadas. Es bueno que te hagan sentir importante, pero también es necesario que para hacer cosas importantes vos te des cuenta qué es lo que necesitás y si te lo pueden dar o no.               

-Tenés una gran pertenencia con Lanús, que además de un equipo importante de fútbol es un colegio, un montón de otras disciplinas y una gran cantidad de actividades. ¿Este es el modelo que apoyas?

-Creo mucho en los clubes que tienen un desarrollo social. Lanús tiene una gran fuerza dentro de la ciudad. Es un lugar más de la casa de mucha gente. Estos clubes salvan vidas, hacen feliz a mucha gente y generan arraigo. Transformar esa lógica en algo que no sea favorable para la gente no lo veo bien. El Estado debería ayudar a los clubes sociales y el fútbol profesional también. Soy muy hincha de los clubes así, sin fines de lucro. Lanús me enseñó a ver gente que otorga parte de su tiempo y su patrimonio por este lugar que es de todos nosotros.