Maca

Los mil mundos de la jugadora que rompió el paradigma

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Se plantó ante el fútbol y pidió la profesionalización del femenino, al tiempo que se expuso y se encontró con mil repercusiones, de las lindas y de las otras.

La pelota volaba alta por el aire y los ojos de Maca seguían el trayecto de la esfera blanca como quien sigue a la luna en el medio de una noche, en el medio de un camino. Más abajo de sus pupilas, en la cancha, papá jugaba con sus amigos cuarentones en el partidito de cada semana y, como siempre, la nena observaba. A su lado, “Cucu”, su mejor amigo de la infancia, no se perdía una acción del cotejo. Los dos eran los primeros plateístas del disfrute de los más grandes. Sin embargo, en un momento el ida y vuelta se frenó: “Cucu” entró a la cancha a jugar. Y Maca no. Muchos años después, Maca Sánchez recuerda que en su primera tarde con una pelota las hormigas le comieron las piernas y la picaron por todos lados. Todo porque no pudo patear. “Obvio que en el momento no lo dimensioné, porque a esa edad uno no tiene en la cabeza todo lo que vendría después. Yo no jugaba porque era mujer. Y punto”.

Maca vive con una pelota entre los ojos desde que era un torbellino en el barrio Sargento Cabral, en Santa Fe. Aunque dice que nadie le enseñó a jugar al fútbol, rememora con brillo en los ojos aquellos picados junto con sus amigos en las vías del tren. “Las vías estaban en el medio de la cancha. Usábamos las torres de fierro para hacer un arco y, del otro lado, un palo borracho era un poste y un buzo era el otro poste. Y le dábamos. Estaban Maxi, Nano, Cucu y Franco, mis amigos, todos varones. A veces se sumaba mi hermana. Pero siempre era yo la que iba al frente para jugar”, explica.

La nena picada por las hormigas y la guerrera que pateaba en las vías del tren son una sola persona, Maca Sánchez, la mujer que se puso al frente de la lucha por un fútbol femenino profesional. La misma que firmó como jugadora de San Lorenzo y que marcó un hito en la historia del deporte argentino. La que fue amenazada. La que dice que la insultan “por kirchnerista, por lesbiana, por el fútbol, por lo que reclamo y por todo”. La que sufre hablar en público cada día más. La que puso en pausa su vida. La que a veces se quiere escapar corriendo de todo. Pero no afloja. Sabe, claro, que ahora que está en la cancha las hormigas ya no tienen efecto. Juega. Y juega fuerte.

Maca Sánchez, una luchadora incansable. Fotos de Carlos Sarraf

-¿Cuánto cambió tu vida?

-Cambió rotundamente. Fue un antes y un después, para bien y para mal. No estaba preparada para tanta exposición, pero sé que le sirve al colectivo y a la causa y sé que tengo que hacer ese esfuerzo por mucha gente.

-¿Cuál es el lado jodido de la exposición?

-Cuando me amenazaron de muerte. Eso fue difícil. Y creo que lo más complicado es cómo me afecta a mí a nivel personal. Últimamente me está afectando mucho el tener que hablar en público. No sé la razón por la que me está pasando y lo estoy trabajando en terapia, pero me cuesta. Lamentablemente tuve que acostumbrarme al agravio y a la amenaza en redes sociales. De golpe, siento mucho peso sobre mí. Arrastro una piedra bastante pesada. Y me incomoda, no te voy a mentir. Era el precio a pagar. Por suerte se consiguió, en parte, el objetivo por el que arrancó todo esto.

-¿La terapia ayuda ante un cambio tan grande?

-Sí. Había empezado antes de todo esto, porque sentía que la injusticia me carcomía. Quería tirar todo a la mierda. Y después, con todo esto que pasó, peor. Mariela, pobre, tiene un trabajo enorme conmigo. Gigante. Y es hablar de esto todo el tiempo. Porque hoy esta lucha ocupa 24 horas y 7 días de la semana. Me ayuda mucho. Sé que estoy relegando otro tipo de problemas personales, pero me estoy jugando por esto y necesito ir resolviendo lo que me pasa.

-¿Pusiste tu vida en pausa mientras tanto?

-Sí. Lo siento cuando hablo con mis viejos, por ejemplo. Muchas veces me postergo yo misma. Postergo mis ganas. Mis gustos. Todo. Y voy a entrevistas, eventos, charlas y más. Todavía me tengo que bancar que digan que lo hice por fama o por cartel. Los que me conocen saben que es todo lo contrario. Cada vez que me ponen una entrevista, puteo. Igual, como sé que ayuda a la causa pospongo lo que yo quiero y voy para adelante.

La pelota y Maca, unidas desde siempre.

-¿Qué te pasa cuando estás sola y se va el personaje?

-Creo que nadie es lo que muestra en redes sociales. Eso es un personaje de lo que somos. Y a mí me está pasando esto y lo saben sólo los que están cerca mío. La verdad es que me afecta bastante el qué dirán y me pone realmente mal. No es fácil. Es una lucha diaria que tengo que hacer. Estoy tratando de correrme de ese lugar, porque la verdad es que no disfruto nada de lo que me pasa.

-¿Qué cosa de lo que pasó con tu lucha te sorprendió?

-Es lindo recibir mensajes de padres. Es hermoso ver que están saliendo de esos estereotipos de siempre, en los que vos les imponés a un hijo lo que querés que sea. Hoy, por ejemplo, me escribió un padre feliz, agradeciéndome por la lucha y por impulsar a su nena de 8 años a jugar. O me escribió el Chino Rojas, jugador de fútbol, para contarme que tiene una nena que juega. Eso me puso re feliz.

-¿De chica cómo vivías el querer jugar al fútbol?

-Siempre sufrí la discriminación de los más grandes. Los de mi edad siempre me incluyeron. El tema eran los más grandes. También me pasó lo mismo al vestirme con ropa de nene. Cuando me reprochaban, era gente más adulta. Supongo que se daba así porque los chicos lo toman como un juego y te hacen sentir parte.

“Es raro lo que pasa en el fútbol, porque las mujeres lo hablamos abiertamente y está muy asumido, pero en el fútbol masculino es un tema tabú. Y me cuesta entender las razones por las que no vemos jugadores que sean gay o incluso bisexuales”.

-Hay un tema que en Enganche venimos impulsando y es el de empezar a hablar sobre la homofobia y la discriminación por la orientación sexual en el fútbol. ¿Cómo ves eso?

-En mi caso particular, lo vivo con total naturalidad. Obviamente que es difícil plantarse en una sociedad que te quiere imponer la sexualidad. Y es más difícil siendo deportista, porque se sabe que el deportista tiene que tener una supuesta postura ideal, que tiene que ver con la heteronorma. Y en el fútbol mucho más. Es raro lo que pasa en el fútbol, porque las mujeres lo hablamos abiertamente y está muy asumido, pero en el fútbol masculino es un tema tabú. Y me cuesta entender las razones por las que no vemos jugadores que sean gay o incluso bisexuales. Eso es parte de la cultura que queremos romper. Ese fútbol de machos. O el asociar la victoria con cogerse al rival. Es dificilísimo y ojalá que en el futuro dejemos de cantar esas canciones de mierda en la cancha. Y que los jugadores puedan contar su sexualidad sin problemas. Creo que en el fútbol va a pasar que un jugador va a plantarse y va decir que es homosexual y eso va a ayudar a un montón de otros pibes a expresarlo. Cuando uno se anime y lo diga va a ser fantástico. Además, tenemos mucho de prejuicio propio. A mí me ha pasado de no decirlo y de querer escaparme de eso. Y cuando lo dije, nada, no recibí ningún comentario negativo. Todo lo contrario. También es parte del ambiente en el que yo me muevo, en el que está todo mucho más naturalizado. Pero ojalá que alguno se anime y lo diga abiertamente y pueda darle una mano a todos para vivir más en libertad.

-Algunos jugadores empiezan a hablar sobre el tema. El Monito Vargas dijo que le preocupa que haya compañeros en los planteles que no estén pudiendo expresar eso y que a su vez sufran en silencio. Ignacio Bogino fue también por ese lado. ¿Está la necesidad de que alguien tome esa voz? ¿Te imaginás a alguien que, como vos respecto de la profesionalización, lo emprenda en el fútbol masculino en términos de sexualidad?

-Sí, me lo imagino, porque es parte del cambio que queremos hacer. También sé que es difícil, porque los jugadores y las jugadoras estamos agarrados. Y capaz porque a algún dirigente no le gusta y ponés en juego tu trabajo. Son capaces de decirte que perjudica al nombre del club. Tenemos que correr el foco de ahí. Nos generaron ese miedo. Estaría bueno que lo veamos de otra forma. Los hinchas también. Los hinchas piensan que los putos y las tortas no existen en el fútbol. Estamos invisibilizados. No hay un jugador en Argentina que sea gay. Eso es imposible.

-¿Es el miedo lo que paraliza a la hora de asumir esa lucha?

-Es que hay mucha violencia alrededor de los gays. Hace poco salió que en Santa Fe cagaron a palos a una pareja gay. Estamos en el siglo XXI y parece que todo cambia, pero escuchás cosas así y tenés miedo. Mirá si voy a salir a la calle a comerme un bardeo de cualquier gil o algo peor. Me quedo escondida en mi casa y listo. Pero es como te digo, cuando un jugador salga va a cambiar. Los periodistas y los jugadores saben quiénes pueden hacerlo. Pero tiene que salir de uno que lo asuma y todo va a empezar a cambiar.

-¿Qué te imaginás del fútbol en cinco años?

-Yo, retirada (risas). Me imagino a todas las jugadoras profesionalizadas, con buena infraestructura, con canchas llenas y partidos televisados. Me imagino a un fútbol feminista, con jugadoras que sepan por lo que pelean. Ese es mi horizonte.

-¿Qué le dirías a una nena que ve a su papá y a su mejor amigo jugar y que la comen las hormigas afuera de la cancha?

-Que siga peleando por jugar. Que eso se va a cumplir si tiene las convicciones claras. Si ella no se deja pasar por arriba, va a terminar adentro de la cancha.

Una mirada, un sueño que se concretó: la profesionalización del fútbol femenino