MLS

De liga de retiro a destino de crecimiento: la MLS pisa con fuerza

El fútbol de Estados Unidos ensombrece a nuestra competencia doméstica. Su organización, nivel y poderío económico la hicieron un destino deseado.

Era imposible, no podía haber sucedido. La prensa británica descotaba que los cables de agencia tenían un error de tipeo. Era evidente: habían omitido colocar un 1 delante del 0. El resultado no podía ser 0-1, sino que, confiaban, debía haber sido en realidad 10-1. ¡Pero no! En el primer Mundial disputado en Brasil, la selección de Estados Unidos venció a Inglaterra. Aquel 29 de junio de 1950, en Belo Horizonte, el amateur conjunto norteamericano ganó su único partido en el campeonato; antes, había caído 3-1 frente a España y después Chile lo golearía 5-2. Es más, sería la única victoria en mundiales en más de 40 años, hasta que en 1994 le ganó a Colombia en el estadio Rose Bowl, de Pasadena. Aquel hito en la Copa del Mundo del Maracanazo prendió la mecha de lo que hoy, casi siete décadas más tarde, es un campeonato que crece con un techo desconocido: la Major League Soccer (MLS).

Cuando la competencia doméstica era todavía un experimento, con escenarios adaptados del fútbol americano y reglas propias, la apuesta había sido sumar a estrellas en el epílogo de sus carreras. En ese intento de captar la atención de una sociedad amante del deporte pero completamente alejada del fútbol, arribaron Pelé, Franz Beckenbauer y Johan Cruyff. Esas contrataciones estelares que resultaban extravagantes y no prendían entre el público, de todas maneras generaron los cimientos que sostienen a la construcción actual.

Lejos de aquellos experimentos, hoy la MLS se destaca con futbolistas que bien podrían estar en las competencias de países con mayor tradición futbolística. Jugadores jóvenes que hasta hace poco tiempo atrás no hubiesen barajado ese destino, hoy ven que Estados Unidos ofrece un nivel que de ninguna manera les cierra la puerta de la selección y las ligas europeas. Ya no se trata de un cómodo lugar para amenizar el retiro, sino de un certamen de alta competitividad.

Hoy son 30 los argentinos que juegan en la primera división yanqui (suman más de 200 si se contemplan también los que se desempeñan en las distintas categorías menores y el fútbol universitario) y dos los entrenadores que allá dirigen: Guillermo Barros Schelotto (Los Angeles Galaxy) y Matías Almeyda (San Jose Earthquakes). El año pasado el campeón estuvo teñido de celeste y blanco, con Gerardo Martino como DT y Leandro González Pires, Eric Remedi, Franco Escobar, Ezequiel Barco y Héctor Villaba adentro de la cancha. Atlanta United le ganó la final a Portland Timbers, con los ex Lanús Diego Valeri, Sebastián Blanco y Lucas Melano. El Tata dejó el equipo para hacerse cargo de la selección mexicana, pero la presencia argentina se reforzó con Gonzalo Martínez.

“La MLS está en medio de un proceso que haga de esta competencia un mercado no ya que solo compre futbolistas, sino que también venda. La apuesta es incorporar jugadores para desarrollarlos”, Santiago Hirsig.

La configuración del campeón expone que la política deportiva dejó de ser incorporar extranjeros veteranos. Con varios millones de dólares sumaron a Ezequiel Barco, sub 20 formado en Independiente que brillaba en primera división; a Remedi, que con 22 años se destacaba en el mediocampo de Banfield, y esta temporada llegó Pity Martínez, la figura de River campeón de la Copa Libertadores. Además, también había sumado del fútbol argentino a otro juvenil muy destacado, el paraguayo Miguel Almirón. En la misma lógica, Portland Timbers incorporó desde San Lorenzo a Tomas Conechny (20 años), DC United negoció con Estudiantes el traspaso de Lucas Rodríguez (21) y New York Red Bull se quedó con Alejandro Romero Gamarra (24) tras sus gambetas en Huracán.

“El nivel de la MLS es cada vez más competitiva y más difícil. Por el estilo, la intensidad, el rigor físico y la rapidez se asemeja a Inglaterra”, asegura Remedi en un intercambio por Whatsapp con Enganche. Destaca la concepción de Atlanta United como un club que busca futbolistas jóvenes para proyectarlos y la infraestructura con la que lo sostiene: “Acá es todo del más alto nivel mundial: el estadio, los gimnasios, las canchas de entrenamiento, los gabinetes médicos. Hay un montón de gente pendiente de todo lo que necesitamos los jugadores. Cuando llegué no lo podía creer”. Y anticipa: “Nosotros jugamos de local con no menos de 50.000 personas en la cancha cada partido. Por cómo se juega y el marco, esta liga a corto plazo va a ser de las mejores”.

Para Daniel Vega, quien lleva tres años en la MLS, “el formato por conferencias está muy bien porque las distancias son muy largas y se haría imposible jugar todos contra todos; el diseño está muy bien”. El ex arquero de River y Chicago, que esta temporada se sumó a San José Earthquares, destaca que “es una liga donde hay presión para ganar, pero la gente no está tan enferma a como estamos acostumbrados nosotros; hay paciencia y no es todo vida o muerte”. Esa competitividad sin un aire viciado también expone por qué varios futbolistas deciden salir de un ámbito como el argentino para desempeñarse en Estados Unidos.

La MLS se creó hace 25 años, y el primer argentino es formar parte de la competencia fue Diego Soñora. El lateral derecho surgido de Boca dejó el club de la Ribera en 1996 para jugar en Dallas, donde nació su hijo Joel, futbolista de Godoy Cruz de Mendoza. Chiche luego pasaría también por el Metro Stars de Nueva York, Washington DC y Tampa Bay Mutiny. Atento a los encuentros de cada fin de semana, mantiene contacto con varios de los que fueran sus compañeros que siguen involucrados en distintos equipos

En las temporadas fundadoras, los equipos estaban integrados por seis o siete profesionales y el resto eran jugadores universitarios, los encuentros se desarrollaban en estadios alquilados y la infraestructura era adaptada de otras disciplinas. “La mentalidad cambió, sobre todo porque vieron el negocio. Atlanta hizo un estadio propio y juega con 75.000 personas todos los partidos. La liga tuvo un cambio gigante; los equipos tienen otros presupuestos, crecieron muchísimo y cada vez incorpora más jugadores jóvenes”, explica Chiche. Y se anima a un presagio: “No tengo dudas que en algunos años va a estar entre las cinco mejores ligas del mundo. Cada vez sus equipos juegan mejor y el movimiento económico que generan es mayor”.  

Santiago Hirsig jugó una temporada en Estados Unidos, antes de retirarse unos meses más tarde en Quilmes. Lo hizo en Kansas City y su vínculo con el fútbol estadounidense se afirmó de tal manera tras dejar la actividad profesional que hoy es el director para Latinoamérica de ese conjunto de la Conferencia Oeste. Su tarea es que la franquicia sume valor con futbolistas y acuerdos con otros clubes. “Me siento identificado con este proyecto que lidera Peter Vermes, que además del técnico del equipo es la cabeza de todo esto. La estructura de este equipo, la estructura es de las mejores del mundo”, cuenta el ex San Lorenzo desde Norteamérica.

Hirsig le explica a Enganche en qué etapa está el fútbol profesional de Estados Unidos: “La MLS está en medio de un proceso de transformación que haga de esta competencia un mercado, no ya que solo compre futbolistas sino que también venda. La apuesta es incorporar jugadores para desarrollarlos. Por eso varios equipos cambiaron sus estrategias de compras y sumaron a jugadores jóvenes que desde acá puedan dar el salto a Europa. Para conseguir esto, se están haciendo fuertes inversiones que implican tener un equipo B y también una academia. Eso hace que si se encuentra un buen futbolista en Argentina de 14 o 15 años se lo pueda incorporar, como sucedió tantas veces con equipos de España, Italia o Inglaterra. Y todo eso se lo hace con un marco de mucho profesionalismo y contención, incluso económica, para la familia. Hoy esto no pasa en volumen, pero sí en casos puntuales; y cada vez va a suceder más a partir de lo que ofrece esta liga y este país. Todavía no estamos viendo el techo de esta liga; y esto está ligado a un cambio cultural en marcha, que tiene que ver que los chicos acá ya no solo consumen y practican los deportes más tradicionales de este país sino que cada vez se acercan más al fútbol”.

Cuando las acrobacias de Zlatan Ibrahimovic, el despliegue de Bastian Schweinsteiger y los goles de Wayne Rooney dejaron de tener el brillo de sus mejores años, la MLS se convirtió en su destino. Como siempre, los grandes nombres del fútbol internacional eclipsan y aparecen como una estrategia de convocatoria, aunque en las costas este y oeste del norte del continente ahora no se florean entre aficionados. El fútbol de Estados Unidos es ahora una competencia de máxima exigencia en todos los aspectos. Ya no alcanza con la chapa.

La Major League Soccer mutó. De un certamen que perseguía jugadores para que la desarrollaran se transformó en un certamen que comienza a potenciar futbolistas. Dejó de ser un destino exótico en el mundo de la pelota para presentarse como una liga ambiciosa. Argentina ve como juveniles con proyección y hombres que se destacaban prefirieron ese destino no sólo por la tentación económica. Organizada, competitiva y afianzada, la MLS nos empieza a pasar por encima.