El otro fútbol

Maldivas, el paraíso de los cracks que busca a su propia estrella

Las islas de moda para vacacionar a las que asisten las megaestrellas del fútbol tienen, detrás, una historia humilde y cargada de pasión sobre su propia cultura de la pelota. El informe definitivo sobre las canchas en ese pedacito de tierra con playas increíbles.

Ese paraíso de Instagram en el que las grandes estrellas del firmamento del fútbol mundial pasan sus vacaciones oculta una historia mucho más minimalista, pero a su vez genuina, respecto a la pelota. En un universo que nuclea a un cuarto de la población mundial, una de las grandes potencias es un pequeño conjunto de islas con apenas 500.000 habitantes.

Las Islas Maldivas son conocidas por sus hoteles de lujo a la vera del mar, pero detrás de sus increíbles paisajes se esconde una sociedad apasionada por el fútbol y una Federación que más allá de las dificultades intenta darle un marco viable a esa pasión. Mientras Mauro Icardi, Diego Simeone o Cristiano Ronaldo toman sol, un pueblo trabaja buscando moldear a su futuro humilde crack.

Ubicadas en el sur de Asia, las Maldivas se componen de 26 atolones (conjunto de islas e islotes) divididos en ocho regiones, en el medio de uno de los mares más paradisíacos, el Océano Índico. Esto las hace merecedoras de ser unos de los destinos turísticos más exclusivos del mundo, con resorts de primer nivel. Sin embargo, la realidad del maldivo de a pie es otra completamente distinta. A pesar de ser la nación mas pequeña de Asia, sin contar su plataforma marítima, las Maldivas cuentan con una rica y compleja historia.

Con asentamientos ya en los primeros siglos después de Cristo, y con un período Budista sucedido por el Islam, que actualmente es la religión mayoritaria en el país. Tuvo su período colonial bajo dominio portugués y luego pasó a ser un protectorado británico hasta 1965, cuando se independizó. Sin embargo, son sus particularidades étnicas la que la hacen una nación muy peculiar.

En primer lugar, su etnia, la Dhivehi, se concentra principalmente en el país (y algunas regiones de la India). Posee su propia lengua, su cultura (que incluso difiere según la ubicación de las islas) y sus propias tradiciones. No es, para los estándares occidentales, una nación islámica “tradicional” de Medio Oriente. Y no hay parámetros accesibles para compararlas quizás, con excepción y salvando las distancias, de las poblaciones de Pakistán o Bangladesh.

Si bien el fútbol se jugaba desde sus tiempos de protectorado, fue con la independencia del país que se empezaron a oficializar los clubes que se fueron creando informalmente durante la primera mitad del siglo XX. Recién en 1978 se creó la Liga oficial y se afilió a la FIFA en 1986. Aún así, no participó en torneos o eliminatorias hasta 1995. Hasta ese momento, la isla tenía una situación “hermética” en cuanto a su fútbol. La gente acudía de a miles al Estadio Rasmee Dhandu –el único de la capital, Male– y además poblaba las canchas de todo el país para ver a los equipos locales con fervor. Pero no había mucho contacto con el fútbol internacional.

Esto empezó a cambiar a medida que la globalización se fue haciendo paso en la población. Las transmisiones internacionales comenzaron a quitarle interés al fútbol propio, dadas las diferencias técnicas notorias entre lo que se veía en la televisión y en el campo de juego local. El golpe de gracia fue en su primera eliminatoria para el Mundial de Francia 98. En su primer partido perdió 16 a 0 con Irán, y luego cayó 12 a 0 con Siria. En los 6 partidos disputados de ese grupo, no convirtió ni un solo tanto y recibió 59. En esa clasificación, se quebró algo y caló hondo en el orgullo nacional.

A partir de ahí, y no exenta de problemas tanto financieros como administrativos, la Federación intentó empezar a enderezar el rumbo. Pese a que el fútbol es el deporte más popular en el país, competir con ligas como la Premier League o La Liga en España no es sencillo. Irónicamente, la misma globalización que a comienzos de la década del 70 las empezó a convertir en un destino turístico por excelencia, les fue, al mismo tiempo, arrebatando lo más preciado de su fútbol local. La suerte iba a empezar a cambiar con la generación dorada, que logró una impactante y sorpresiva coronación en la Copa de la Federación del Sudeste Asiático en 2008, la primera en la historia de la nación.

Las copas continentales suelen ofrecerle a las selecciones del segundo orden la chance de pelear un campeonato importante, ya que el Mundial, aquella máxima presea que todos desean, suele repartirse entre unas pocas manos. Ese mismo rol cumplen las copas regionales para países en una posición aún menos privilegiada. En el caso de este torneo, lo importante no fue solo el triunfo, sino hacerlo en la final ante nada más y nada menos que la India, con quien el país mantiene una relación ambivalente.

Para añadirle épica a la historia, la nación con menor cantidad de habitantes en Asia había derrotado a un gigante. David contra Goliat. Tan importante fue esa victoria que el equipo fue recibido con honores por una multitud, entre la que se encontraba el Presidente en aquel entonces, Maumoon Abdul Gayoom, quien también declaró ese día como feriado nacional para que así el pueblo pudiera celebrar el triunfo en las calles. Fue la victoria de toda una nación, no sólo de un equipo.

La generación dorada contó con jugadores ya legendarios para esta pequeña nación como el arquero Imran Mohamed o el volante Ibrahim Fazeel. Por varios años fueron el elenco estable de una selección que se atrevió a soñar mucho más allá de lo que los fríos números le declaraban posible. Quienes se retiran pasan a formar parte de los clubes o incluso del Estado mismo, como Ahmed Maloof, ex futbolista y actual Ministro de Deportes. Sin embargo, mucho de lo que lograron fue posible gracias al futbolista más importante de esta generación, quien aún sigue en actividad y es uno de los grandes íconos del fútbol asiático en general, Ali Ashfaq. Sus números hablan por sí solos: 53 goles en 80 partidos con su selección, y 398 tantos en 442 partidos a nivel de clubes. Podría pensarse que sólo se debe a la debilidad de la Liga donde juega, pero su recorrido por clubes de la India o Malasia también le dan un promedio altísimo. Tal es así que en 2013 se pudo dar el lujo de arrebatarle un récord a los cracks más encumbrados, el de mayor cantidad de goles convertidos en un partido con una selección, al convertirle 6 tantos a Sri Lanka en el triunfo por 10 a 0. Ese mismo año la
 International Federation of Football History and Statistics (IFFHS) lo nombró como el segundo mejor goleador con 23 goles, detrás de Cristiano Ronaldo, tomando en cuenta sólo partidos de copas internacionales y de selecciones.

Ali Ashfaq puede obrar milagros. Lo supo su selección, pero también los clubes por los que estuvo. Siguiendo con uno de sus mejores años, junto al New Radiant, uno de los clubes más importantes del país, logró ganar la Liga invicto y con más de 30 tantos a nivel local. Incluso, llegó a octavos de final en la AFC Cup, la segunda Copa en importancia para clubes asiáticos.

Su velocidad, su capacidad de regate y su técnica para definir están uno o dos niveles por encima de la media donde suele jugar. Durante años eran comunes los rumores que lo vinculaban con equipos más fuertes en el continente o incluso de Europa. Si bien no emigró, pudo darse el gusto de enfrentar al Tottenham Hotspurs en un partido amistoso contra un combinado de la Liga malaya cuando jugaba para el PDRM. El partido fue tan importante que las calles de Male quedaron vacías y se transmitió el encuentro por televisión abierta. El partido finalizó 2 a 1 en favor del conjunto inglés, pero el orgullo maldivo voló alto nuevamente y eso era más importante.

El hombre de ácero, como se lo conoce a Ashfaq, fue también clave en el segundo título que obtuvo el país cuando en 2018 volvió a ganar el certamen del sudeste asiático, nuevamente ante la India. Pero Maldivas no solamente en esta competición tuvo buenas actuaciones, ya que poco a poco el desarrollo le permitió empezar a mejorar sus juveniles, apuntando a un crecimiento y a mejores actuaciones en las clasificatorias para el Mundial o la Copa Asia.

Con el nuevo formato, y con la nueva modalidad para clasificarse a ambas competiciones, la chance de que próximamente pueda disputar la máxima competencia asiática no suena tan descabellada. Para eso tendrán que preparar la era post Ali Ashfaq, quien todavía no se retiró y quiere seguir jugando a sus 34 años. El crack de las Maldivas probablemente siga influyendo en todo lo relacionado al fútbol desde su puesto estatal en la Aduana, donde en su momento trabajaba para cubrir un sueldo junto con lo que los clubes locales le podían ofrecer.

El presidente de la Federación de Fútbol de las Islas Maldivas, Bassam Jaleel, está obsesionado con los nuevos talentos. El objetivo es desarrollar aún más la infraestructura que le permita a la nación formar las estrellas del mañana. En primer lugar, descentralizando la captación de talentos lo más que se pueda de Male. “Creamos una escuela de fútbol que iba a comenzar a funcionar este año, pero se pospuso para el siguiente por la pandemia”, le comenta Jaleel a Enganche. La idea es detectar en todas las islas a 100 aplicantes, entre todas las edades y géneros, y trasladarlos a esta escuela en la que los mejores quedarán seleccionados para formar parte de la misma. “También estamos haciendo que los clubes tengan que tener divisiones Sub-12 y Sub-14 obligatoriamente para participar de las ligas”, añade, en adición a las categorías Sub-16 y Sub-18 que ya deben tener reglamentariamente por la AFC.

De esta manera se busca que los clubes que participen en los torneos actuales y los que vendrán, tengan una estructura mas sólida que les permita formar futbolistas con mayor facilidad. Los planes de la Federación son aún más ambiciosos e incluyen una reestructuración completa de la Dhivehi Premier League, la primera división maldivesa. La Liga se disputa desde el año 1978, aunque bajo el nuevo formato desde 2014, cuando pasó a una profesionalización de hecho. En la actualidad, todos los partidos se disputan en el estadio nacional. Hay otro campo de juego adicional en la ciudad, donde entrenan todos los clubes, a veces incluso compartiendo el mismo terreno.

El problema no es tanto económico, sino de espacio. Male es una isla con una de las mayores densidades poblacionales del mundo a pesar de su pequeñez. Si se la ve desde el cielo pareciera literalmente que no cabe un alfiler. En sus inicios, los partidos de los dos clubes mas importantes, el New Radiant y el Club Valencia, atraían miles de personas al estadio, fervientes de fútbol. Aunque eso se perdió, hoy jugar en la Liga de las Islas Maldivas para un extranjero puede sonar más tentador que la Liga de Sri Lanka, o a la de Pakistán, que hace años que no se disputa.

Los clubes de Maldivas pueden contentarse en decir que todos los jugadores de la primera división, tanto extranjeros como nacionales, cobran un sueldo. Esto es confirmado a Enganche por Shifan, ex futbolista y miembro de la comisión directiva del Maziya SC, uno de los clubes de mejor presente. Aunque reconoce, claro, que algunos jugadores, en especial los locales, no cubren sus necesidades sólo con el deporte. “Hay ciertos futbolistas que deben tener otro trabajo, aunque ganen un sueldo con nosotros”, dice. “Tratamos de manejar el club de la mejor manera posible, pero tenemos dificultades financieras”, añade.

El problema es que los clubes no generan ingresos por el fútbol en sí, ya sea a través de la venta de entradas o los derechos de televisión, y deben volcarse a conseguir apoyo financiero de sponsors o de los mismos miembros de la comitiva del club.  “No tenemos esos ingresos como en el fútbol europeo, pero la Federación, con Jaleel a la cabeza, está trabajando en formas de aumentar la popularidad y los ingresos del fútbol local”, explica. Finalmente comenta: “Bassam hace un muy buen trabajo y tiene el apoyo de todos los clubes”.

A pesar de las dificultades extras que le suma la pandemia por Covid-19, los equipos tratan de hacer las cosas lo mejor posible, al cabo que reciben una compensación de la Federación si no obtienen ingresos para abonar los sueldos. En ese contexto, la reanudación de la AFC Cup podría brindarle al menos a los dos clubes que van a participar, el Maziya y el TC Sports, ingresos extra que le permitan solventar mejores planteles. Aún así esto no es suficiente, por eso la idea de la Federación es descentralizar el fútbol de la capital hacia las otras islas. Ya el torneo pasado dos equipos de la región de Addu ingresaron al torneo. “Lo queremos hacer paulatinamente, para que poco a poco vayan teniendo roce competitivo en la primera división”, comenta el mandamás local.

Para reforzar este concepto, se creó un plan de trabajo que culminará en 2023. A los 8 equipos recurrentes de la Liga se les sumarán otros equipos que se clasificarán de cada una de las ocho regiones actuales del país, dando así un torneo de 16 equipos. Para que las distintas islas puedan tener la chance de formar futbolistas y mejorar sus clubes, la Federación firmó un convenio con una empresa surcoreana que instalará 20 campos de césped artificial con reglamentación FIFA a lo largo del país.

El ambicioso trabajo incluye la posibilidad de que se puedan disputar partidos oficiales en otras islas. “De poder realizarlo, sería el próximo gran movimiento en el fútbol de las Islas Maldivas. Cambiaría por completo el escenario”, confirma su presidente. De esta manera, y a pesar de los problemas que ofrece el contexto, Maldivas apunta a superar a naciones cercanas con muchísimas más posibilidades de explotar su talento futbolístico, pero con federaciones y clubes mucho más problemáticos. En el medio del paraíso también florece el fútbol.