Mara Gómez

Insistir, persistir, resistir y nunca desistir

Con 23 años, Mara Gómez es la abanderada de un cambio inexorable: será la primera futbolista trans en un equipo de Primera División. "Que alguien se disculpe por lo que alguna vez te dijo o te hizo es muy sanador. Que una compañera que antes te discriminó y te insultó hoy te abrace y festeje con vos es un crecimiento", dice.

Un conjunto de letras conforman una palabra. Tranquilos, no se trata de una clase de gramática, sino de pensar en el peso de ellas. Cómo pronunciarlas, por qué emitirlas y la intencionalidad del mensaje. Todo eso es vital para este espacio. Ahora bien, como la elección es no ser cómplices en la reproducción de algunas de ellas y con la firme idea de que debieran ser desterradas del diccionario, por completo, la invitación es pararse en el lugar de quien recibe palabras que pueden resultar lacerantes y que dejan una cicatriz para el resto de la vida. Es cierto que con el tiempo sana cualquier insulto, cualquier agravo. Pero cada vez que se pasa su mano por allí vuelven esos agrios recuerdos. Y mucho más si ese castigo emocional duró casi 23 años. Toda una vida. Pero eligió no quedarse allí parada, en el dolor, dio un paso adelante y le metió un cambio de frente al asunto. Por eso Mara Gómez, es la mujer que quiere ser. Es la mujer que en tiempos de Covid-19 espera ansiosa que se levante la cuarentena para convertirse oficialmente en la primera futbolista trans en Primera División como jugadora de Villa San Carlos. Por eso se entrena en su casa y estudia Enfermería en la Escuela de Salud Instituto Cassatti de la Fundación del Doctor Mario Hidalgo de La Plata. Ya no hay homofobia que la detenga y mira por encima del hombro al machismo ridículo que todavía impera en el universo de la pelota.

La historia de Mara es una de las miles que buscan reconocimiento en una sociedad que aún debe gambetear prejuicios, dado que 6 de cada 10 personas trans vivieron alguna situación de discriminación social. Un colectivo cuya expectativa de vida es de 41 años, en el que 5 de cada 10 hombres trans han tenido ideas suicidas y 4 de cada 10 de ellos han realizado algún intento de suicidio. Entre las mujeres trans, un tercio tuvo ideas o intentos de suicidio. La edad promedio del primer intento es de 13 años en hombres trans y de 16 años en mujeres trans. Una comunidad en la que la proporción de quienes trabajan en el sistema formal es baja: sólo 1 de cada 10 hombres y mujeres trans tiene aportes jubilatorios…

Un grupo en el que el trabajo sexual continúa siendo la salida laboral más frecuente por parte de las mujeres trans. La promulgación de la Ley Nacional Nº 26.743 de Identidad de Género, en 2012, provocó un cambio en la población trans con respecto a intentar encontrar trabajo en el ámbito formal y 3 de cada 10 mujeres y 6 de cada 10 hombres trans retomaron la búsqueda. Ley que Mara celebra y recuerda como un grito de libertad en medio de la oscuridad que padeció y sufrió. “Cuando vi mi DNI con mi nombre la sensación fue de libertad, de desahogo. Sentí eso, que estuve muchos años ahogada, de no poder hacer lo que verdaderamente quería, de atenderme en un hospital y que me llamaran por un nombre que no quería. Porque figuraba otro nombre en mi anterior documento, pero no lo sentía como propio”, le cuenta a Mara a Enganche. Hace una pausa y continúa: “Fue un momento de relajación, de libertad, de paz. El DNI representó un gran cambio en mi vida. Y a nivel social y colectivo fue algo muy importante porque a partir de ahí empezaron a cambiar las cosas. De hecho hasta recibí el analítico de la escuela secundaria con mi nombre, Mara Gómez, y las cosas se fueron acomodando. Sufrí mucho durante la adolescencia. Pero a partir del DNI fue un proceso de crecimiento que me permitieron sobrellevar todo lo que viví”.

Mara, en la República de los Niños, donde se entrena Villa San Carlos

–¿El nombre Mara de dónde surge?

–(se ríe)… cada vez que salía de mi casa tenía un nombre diferente. Un día me llamaba Valeria, otro día Sofía, otro día Florencia. Cuando salía de casa para ir a una joda (un baile), siempre me ponía un nombre distinto. Un día estaba lavando ropa con mi prima que también es trans, le digo que necesitaba tener un apodo, porque siempre tengo un nombre diferente. Cuando era chica, con 11 años, la moda era el apodo. En una de esas salta mi prima y me dice “Maru”. Y le dije “no, Mara, con A, me gusta cómo suena Mara”. Y ahí quedó. Y cuando me fui a hacer el DNI con el cambio de género todos me conocían como Mara. Entonces, lo puse definitivamente como mi nombre.

–¿Cómo explicarías el tema de la autopercepción?

–Explicarlo hoy resulta bastante sencillo. Creo que los genitales no definen la identidad de uno, sino que la identidad de uno, justamente, es lo que uno autopercibe: los sentimientos, los placeres, las sensaciones, los gustos. Estamos en una sociedad acostumbrada a este tipo de paradigmas que deben explicar a las personas según sus genitales. Pero actualmente las cosas son muy diferentes, gracias a la Ley de Identidad de Género hay un poco más de libertad de expresión. Tener un apoyo legal del Estado nos permite a todos y a todas tener la seguridad de elegir quién queremos ser. Eso con respecto al género y al sexo, porque después es totalmente normal, son todas personas con diferentes gustos, con diferentes caras, pero somos una misma especie y hay que empezar a respetarnos por eso. En definitiva, cada quien tiene distintas capacidades y estamos para contribuir en la sociedad y eso nos da el derecho de poder permanecer en cualquier tipo de ámbito social, ya sea en el laburo, en lo educativo, facultativo o deportivo.

–¿Cuánto tiempo tardaste en decir y decirte que eras y que sos Mara? ¿Cuánto tiempo te llevó hasta esa charla que mantuviste con tu mamá en la que te dijo se terminó, vamos para adelante con lo que vos querés ser?

–Y mirá, creo que la autopercepción ya la venía viviendo desde la infancia, desde la niñez. Cada vez que jugaba cumplía el rol de mujer: hija, madre, novia, nieta. Siempre del lado femenino. A los 10 años empecé a ser más realista con mis sensaciones, mis sentimientos y mis gustos, y empecé a inclinarme hacia lo que hoy soy. Así hasta los 13 años que tuve una charla con mi mamá y, desde su aceptación, las cosas fueron mucho más fáciles. Pero creo que hoy mi situación de vida y mi condición quizás podrían haber sido otras si hubiera sido excluida de mi familia como pasa con muchas otras chicas y chicos trans.

Reconocimiento y admiración, algo que Mara se ganó dentro y fuera de las canchas

–Dentro del colectivo que vos sos parte, tienen un promedio de vida de 41 años, ¿cómo asumís ese dato? Porque parece muy escueto el espacio de vida, de disfrute entre autopercibirse, reconocerse, aceptarse y expresarlo hacia afuera y el tiempo de vida…

–Es muy finito, sí, porque la expectativa de vida de las personas trans es hasta los 41 años. De igual manera sigue siendo muy corto porque la expectativa de vida para el resto de las personas es hasta los 80 o 90 años. Sin embargo, para nosotras, del colectivo, tenemos la mitad o menos. En esto tiene mucho que ver las cuestiones de la vida, las cuestiones sociales. El hecho del suicidio, de los asesinatos, del maltrato que sufrís en determinados lugares como puede ser un hospital donde te niegan la atención. Todas esas cosas influyen definitivamente en la expectativa de vida. Por eso, de a poco, hay que cambiarlo prestando mayor atención a este grupo social, que somos nosotras y nosotros, y esto es brindar nuevas oportunidades. ¿Cómo hacés para evitar que una chica o un chico no se enferme de cualquier peste o cualquier enfermedad si la única oportunidad que tiene para sobrevivir es en la calle, ya sea trabajando en la prostitución o viviendo en la calle con todos los riesgos que tiene la calle? Esa es una de las causas. Pero también hay cuestiones sanitarias para un montón de chicas y chicos que pueden estar en una transición y tienen vergüenza de asistir a un hospital, que no la atiendan con el nombre que realmente sienten y quieren que la llamen o lo llamen. Esas son cuestiones que hacen que uno se limite a ir a hacerse un control de salud.

–¿Eso te pasó?

–Antes de los 18 años, cuando me dieron el documento con mi nombre, sólo me dediqué a estudiar y en ese ámbito sí, influyó un montón por el hecho de que en la lista figuraba con el nombre anterior y eso me resultaba muy incómodo. No todos respetaban y aceptaban llamarme por el nombre que yo quería o, por lo menos, llamarme por el apellido. Sucedía en muchas situaciones y hasta con el baño. No podía usar el baño de las nenas porque me decían que yo no era una nena. Eso fue muy estresante y me afectó psicológicamente. Y en el lugar que más contención debía tener, en el colegio, era el lugar donde más sufría y lo padecía. Una vez me habían otorgado un baño para discapacitados. Y eso deriva en la discriminación y la exclusión, porque de una u otra manera te están excluyendo y no te ayudan a ser quien vos verdaderamente querés ser.

–Esas cosas, muchas veces, se terminan naturalizando: lo incorrecto, lo que no corresponde, lo que no va, y hasta uno mismo lo termina aceptando porque es lo que hay…

–Sí, lo bueno es que los chicos más chicos tienen otra apertura diferente a lo que ocurría cuando yo era una nena.

–En esta etapa de deconstrucción, de aceptación del otro, de crecimiento social, ¿no sentís o percibís que los más chicos entienden que tu decisión no es algo problemático y traumático, y lo naturalizan?

–Por supuesto. A mí me pasó con mis hermanas. Cuando empecé con mi transición ellas eran demasiado chiquitas, salvo una a la que le llevo 3 años. Las otras tres tienen diez años menos que yo (en total son seis hermanos, 5 mujeres y un hombre). Ellas me tienen como una mujer, como su hermana. Para ellas es natural. Para los más grandes tal vez le resulte complicado porque no quieren hacer el esfuerzo de adecuarse.

Mara junto mujeres líderes y referentes que luchan por la igualdad en el fútbol

–Y el fútbol aparece a los 15 años, en un momento de tu vida en el que estabas desilusionada: de hecho, contaste que te fuiste caminando desde tu casa en el barrio La Granja a la Avenida 520, y que Adriana, tu amiga, te salvó… ¿Qué recordás de ese día?

–Fue a la noche. Eran tres cuadras y no había mucho para pensar, estaba decidida. Pero a veces aparece un ángel y ese ángel puede ser una persona o una situación. Pero apareció Adriana, que me apoyó y me hizo repensar lo que iba a hacer. Esa fue una de las tantas veces que intenté suicidarme. Otra fue agarrar puñados de pastillas y tomármelas todas. Eso es autodaño. Lo de la Avenida 520 es la más representativa, tal vez, porque a partir de ahí o después de esa noche empiezo a cambiar mi vida porque aparece el fútbol.

–Antes de esa situación bisagra en tu vida, ¿cómo veías o percibías al fútbol?

–¡Nada! En ese momento no me llamaba la atención, desconocía por completo que yo un día iba a jugar al fútbol. No me gustaba, no tenía interés. Sabía que se jugaba con una pelota y dos arcos y la pelota tenía que entrar, no más. Cuando Adriana me invita acepté porque era con todas mis amigas del barrio.

–Esas amigas sí te aceptaban tal como vos sentías y querías…

–Sí, porque a esa altura ya estaba teniendo físicamente y visualmente otra imagen exterior. Era una mujer que se pintaba, se peinaba. Estaba en ese proceso de cambio.  

–¿Volviste a ver a las personas que te insultaron, que te hicieron bullying?

–Sí, me pasó un montón de veces. Cuando empecé a jugar al fútbol era muy mala y los equipos rivales se quejaban igual, lo veían como una desventaja y yo hasta hacía goles en contra. Me ha pasado tener compañeras de las que sufrí exclusión y discriminación y que me han dicho barbaridades, incluso hinchas, y hoy por hoy son personas que son compañeras que me han pedido disculpas y me felicitan por la lucha. Muchas se justifican diciendo que por egoísmo no veían lo que yo sentía y quería. Me desconocían y me juzgaban.

–Y tu actitud, ¿cuál fue: rencor y revancha o cierta indulgencia, un perdón pensado?

–Nunca quise vengarme de nadie, no es algo bueno porque no solucionás nada. La sociedad va a seguir teniendo un pensamiento diferente, va a seguir excluyendo y discriminando. Y devolver con la misma moneda sería actuar como ellos. Lo que nosotros tenemos que buscar es un cambio, un cambio en la sociedad. Creo que el destino, la vida se da vuelta y las cosas se revierten. A las personas hay que darles la oportunidad de que aprendan de sus errores, que los reconozcan y que las disculpas sean el mejor regalo después de tanta lucha y sufrimiento. Que alguien se disculpe por lo que alguna vez te dijo o te hizo es muy sanador. Que una compañera que antes te discriminó y te haya insultado diciendo que eras un tipo y que hoy te abrace y festeje con vos, es un crecimiento.  

–¿Cómo ves que los medios tratan el tema de los y las trans?

–La novela de Telefe (Pequeña Victoria) con Emma (Mariana Genesio) como actriz principal, son oportunidades que hay que aprovechar para seguir generando un cambio. Y los medios son ejes centrales para visibilizar géneros, sexos y vidas de personas que se desconocían, que sienten y piensan. Hay una mirada muchas veces errónea. Si matan a una chica trans solía pensarse que ejercía la prostitución y no siempre es así. Al contrario, muchas chicas buscan otras opciones de trabajo. Que esté Lizy Tagliani conduciendo un programa, que en el noticiero de la TV Pública y en C5N haya periodistas trans (Diana Zurco y Alejandra Malem) es súper importante, está bueno porque pueden mostrar de primera mano lo buenas que son profesionalmente. Son puertas que se abren sin que, por ejemplo, actores imiten a chicos gays cuando no lo son en su vida real y no saben verdaderamente lo que nos pasa.

–¿Te ves como mamá?

–¡Ehhhh! ¡Soy muy joven! A esta edad tengo muchos sueños y objetivos. Por eso antes pienso en una relación, en una convivencia, en tener un compañero, en poder el día de mañana formar una familia y adoptar, porque hay muchos chicos que no tienen una familia, no tienen padre ni madre. Si uno puede estaría bueno darle una oportunidad de una mejor vida, de que alguien los abrace, los cuide, les de educación, amor, que los lleve a la plaza. Me encantaría, sí. ¿Y por qué no un hijo propio, no?

Mara, enfermera. Está cursando la carrera y pronto espera poder recibirse para ejercer

–¿Cómo te llevás con el reconocimiento? Porque tu caso trascendió el fútbol…

–Al principio fue algo bastante chocante, impactante. Sabemos que a una gran parte de la sociedad le gustaría ser conocida, famosa. No digo que yo lo sea, pero el reconocimiento no fue algo que buscara, jamás lo imaginé. Cuando fui al primer entrenamiento de Villa San Carlos me sacaron una foto para subirla a las redes y al otro día me levanto en casa a tomar mate, como cualquier día normal, y me encuentro con mi cara en la tele. Casi me agarra un infarto. Desde ahí, todo se hizo mucho más grande y me estresó porque salía en todas partes mi caso, en todos los canales y radios. A los tres días me estaban llamando de México, de Brasil, de España, de Alemania. ¡Era una locura! En ese momento me costó sobrellevarlo porque, al principio leía los comentarios de las noticias, en donde justamente la sociedad es libre de opinar, y muy bien no opina. Y eso me hacía mal. Al poco tiempo se me presentó la oportunidad de tener un sostén, una mano derecha que hoy es mi representante (Lorena Berdula) y ella me ayuda mucho a filtrar porque me interesa hablar, claro, pero sentimos que es importante hablar y transmitir con mucho respeto a partir de cierto conocimiento de nuestra problemática, que sepan de género, de sexualidad. Y ella me ayuda mucho, me enseña a cómo tomar que mi imagen tenga la visibilidad que tiene. Todo para cuidarme. Ahora no puedo subir fotos como antes (se ríe).

–¿Sos consciente que esta mediatización pondrá la lupa más sobre vos? Por ejemplo, cuando Maca Sánchez encabezó el movimiento para profesionalizar el fútbol femenino, ella asumió que más allá de la lucha que encaró se exponía mucho más y, en el último torneo hasta la suspensión, convirtió 16 goles; es decir, respondió en la cancha cualquier posibilidad de cuestionamiento. En tu caso, venís de ser goleadora en dos torneos consecutivos antes de sumarte a Villa San Carlos…

–La realidad es que no se trata de hacer más o menos goles. Eso no es lo que te identifica como jugadora. En esto paso de tener una gran historia en la Liga Platense y ahora me toca subir de nivel porque considero y consideran que estoy para estar en un nivel semiprofesional. Y ahí hay un montón de jugadoras que hace años que vienen jugando con un entrenamiento mucho más avanzado. Vengo de ser tres veces goleadora en Malvinas y bicampeona invicta, pero va a depender mucho de todo el equipo. Y en el fútbol femenino hay una gran desventaja. Si bien tenemos ocho jugadoras con contrato bajado por AFA, en Boca les pagan a todas y eso marca una diferencia enorme que se nota en la cancha. Sé que va haber mucho foco en mí porque he ido a entrenar y había cámaras. No soy ajena a eso y me gustan los desafíos.

–En las redes sociales sos bastante activa, ¿recibís muchos mensajes de chicos o chicas trans, de padres que no saben cómo acompañar a su hijo o hija? ¿Cómo es el ida y vuelta que tenés?

–Tuve y tengo un montón de mensajes de los colectivos y grupos sociales, de acá y de afuera del país. Me toman como referente y hoy me toca, en cierta forma, llevar la bandera de una lucha, de un cambio en la sociedad y en el deporte. No soy la única, somos muchas que luchamos por el derecho a la igualdad, de la identidad de género. Hoy me toca a mí desde el lado del deporte, del fútbol. Los mensajes que recibo son de felicitaciones y muchos de preguntas y consultas de jugadoras que quieren participar y sumarse al fútbol femenino. Me pasó con una mamá que conocí en la cancha de Boca, cuando fui a festejar mi cumpleaños. Me contó que su hija de 8 años había visto mi historia y quería ser futbolista. Eso me dio una mirada más amplia, porque una nena de 8 años me tiene como referente. No sólo hablo para el colectivo LGBTIQ, sino que hablo de la sociedad, de romper el paradigma de eso que te indica qué tenés que ser y qué no, cómo vas a vivir y que sigan prohibiendo lo que verdaderamente sentís y sos. Y en el fútbol sigue habiendo discriminación, porque el fútbol acá es semiprofesional y eso marca que sigue habiendo desigualdad y la lucha continúa por mejorar las condiciones, por incluir.

–Si tuvieras la oportunidad de regresar en el pasado para repasar tu historia, ¿te arrepentís de algo?

–No, de nada. Creo que todo lo que sufrí valió la pena para hoy ser una persona mucho más fuerte y poder afrontar todas estas situaciones que me tocan vivir. Primero, desde lo personal. Y segundo, como un ícono para la sociedad, para gran parte de la sociedad que pone las expectativas en mí y muchas otras mujeres para lograr un cambio. Estamos peleando algo muy groso, algo muy fuerte, justamente, con el fútbol. Y el fútbol en cualquier país del mundo siempre fue para el hombre. Y hoy eso lo estamos discutiendo porque esas cosas ya no tienen sexo ni género. Es simplemente un deporte que también hacemos las mujeres. Y que la lucha sea desde el fútbol es muy grande porque era un espacio que antes dominaba el hombre. Bueno, ahora no. Ya no es exclusivo del hombre.

–Toda esta lucha por la igualdad y la inclusión, ¿te hacen una persona absolutamente feliz?

–No digo que sea absolutamente feliz, porque todos tenemos nuestras cuestiones personales o familiares que no salen a la luz y cada uno debe sobrellevar. El lado de la felicidad va por todos los logros que estoy consiguiendo, el hecho de poder recibirme, de poder cambiar mi vida, de poder tener un trabajo digno, de poder luchar por el fútbol, porque en su momento yo sufría mucho, ya que no sabía si iba a poder llegar a donde llegué. Hoy no sólo participo sino que lucho por un fútbol femenino profesional que el día de mañana, tal vez, me permita jugar una copa internacional y quién sabe algún día un Mundial. Antes eso me costaba pensarlo o era negativa y hoy me considero una persona más fuerte.

–Mara Gómez es…

–Una persona humilde, sociable, atenta con los demás, dispuesta a ayudar. Y, sobre todo, una luchadora que trata de aprender día a día de la vida. Gracias a la Ley de Identidad de Género, hoy por hoy, soy Mara.

Fotos de tapa y portada: Kaloian Santos Cabrera