Marcela Gómez

De profesión, maratonista

Nació hace 36 años en Tres Isletas, Chaco. Corrió de chica pero al poco tiempo abandonó. Se fue a vivir a Brasil y desde allí pudo edificar su carrera como atleta profesional. En Sevilla logró la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y el récord nacional de la distancia, tras 22 años.

Por Marianela Balinotti

El paso marca el kilómetro 37 del Maratón de Sevilla 2020. Marcela Cristina Gómez, maratonista argentina de 36 años, estaba muy cerca de hacer historia: clasificarse por primera vez para unos Juegos Olímpicos, los de Tokio 2020 y, así, arrebatarle el récord nacional de la distancia a la legendaria Griselda González, vigente desde 1997 (11 de mayo, en Turín, Italia, con 2h30m32s). De un segundo a otro todo se oscureció. Por un instante todo pareció retroceder. Una puntada en el estómago ponía en peligro sus ilusiones y una sensación de náuseas la envolvía en la desesperación. En 42 kilómetros y 195 metros, se sabe, puede pasar cualquier cosa. Y Marcela lo sabía. Se sentía una novata con tan sólo tres maratones en su haber. Intentó tranquilizarse y volver a focalizarse. Respiró profundo, tan hondo como pudo “Unos metros y me recupero. Unos metros y me recupero…”, se repetía como un mantra, al tiempo que avanzaba. Corrió alrededor de medio kilómetro y poco a poco logró recomponerse. “Es hoy, es hoy”, empezó a decirse, en un cambio repentino de fe. “Es ahora. Es ahora”. Y siguió… Faltaba poco, pero mucho a la vez.

Mientras intentaba mantener la calma, veía cómo la corredora alemana Anja Scherl, olímpica en Río 2016, se alejaba cada vez más. Miraba el reloj y veía que aún estaba por debajo de la marca mínima solicitada por la Federación Internacional de Atletismo para acceder al Olimpo maratoniano (2h29m30s), ese que este año debería realizarse en Tokio, pero que la pandemia de coronavirus tiene en jaque. “Si hacía el récord nacional y no la marca para Tokio, no me iba a servir. Yo quería la marca mínima y el récord venía por inercia”, aclara la oriunda de Tres Isletas, una ciudad con casi 20.000 habitantes ubicada en el centro-norte de Chaco.

Durante varios pasajes de la carrera, afirma, se le vinieron los recuerdos de sus comienzos en el atletismo, a los 13 años, en el colegio. Su profesor de educación física fue quien descubrió que había algo en Marcela que la hacía destacarse del resto. Gracias a ese empuje representó a su escuela en los juegos intercolegiales y logró ser tricampeona provincial de 1500 metros. “Pero como siempre pasa en nuestro interior fue una carrera atlética corta que duró apenas tres años, dice un tanto decepcionada.

En una competencia en Oberá, Misiones, conoció a su esposo Sebastiao Cordeiro, de nacionalidad brasileña. Por ese motivo, en 2007, se fue a vivir a Brasil y desde entonces reside allí junto con su marido y sus mascotas en Paiçandu, una ciudad ubicada en la región metropolitana de Maringa, en el estado de Paraná. Se alejó del atletismo: se dedicó a ser ama de casa y trabajó un tiempo como vendedora.

Pero había algo en Marcela que siempre la hacía pensar en correr, en un amor innato por el atletismo. “Decidí volver en 2012, pero ya como profesional. Fue por incentivo de mi esposo, siempre me insistía y me repetía que tenía talento y que, si me lo proponía, podía vivir del deporte, haciendo lo que me gusta. Así que decidí darme una oportunidad e intentarlo. Y tenía razón”, cuenta y recuerda el aliento reciente, en el medio maratón de Rotary de Toledo (en Brasil) en octubre del año pasado, cuando se quedó con el primer puesto que le permitió embolsar más de 3800 reales.

–¿Cómo solventás tu carrera deportiva?

–Pocos saben todo lo que hay detrás de una marca o resultado deportivo, todos los sacrificios que hacemos y lo que sobrellevamos cada día. Es todo hecho a pulmón, de nuestro propio bolsillo y con amor por lo que hago. No tengo un equipo en Brasil, ni patrocinios, ni ayuda externa. Pero sí tengo mucha convicción de lo que quiero y de lo que soy capaz. Lo que todos ven es un resultado: si es bueno te felicitan, si es malo te crucifican. El año pasado subí por primera vez en mi vida a la altura, a Paipa, Colombia. Estuve hasta diciembre preparando la media maratón del asfalto (Encarnación, Paraguay) y la 95° edición de San Silvestre (San Pablo, Brasil). Todo eso lo hice con plata de mi bolsillo.

Volvamos al Maratón de Sevilla. Todavía estaba en carrera Marcela. Quedaban poco más de 4 kilómetros. Volvió a concentrase. Se focalizó en todo el esfuerzo que su marido y ella habían hecho económicamente, pensó en cada uno de los entrenamientos. Repasó su última carrera, la San Silvestre, en la que había logrado una ubicación histórica para Argentina (7° en la general y mejor sudamericana). En un abrir y cerrar de ojos, se le cruzó su último año nuevo, que lo había pasado sola. Y se dijo: ”Los obstáculos y las dificultades están para ser vencidos”. Logró recuperarse y sin darse cuenta ya estaba en el kilómetro 39. Hasta caviló que ayer nomás hacía su debut en la distancia madre, con poca preparación, en los 42k de Río de Janeiro, en junio de 2018, con el que se quedó con un auspicioso 5º puesto (2h47m42s). Pero claro, no había sido ayer, sino que habían pasado muchos kilómetros desde aquella lejana maratón en tierras cariocas a esta en territorio español.

Fue aquel resultado en Brasil el que despertó la atención de la Confederación Argentina de Atletismo (CADA). Por esa carrera fue convocada por primera vez a la Selección Nacional en el Campeonato Sudamericano de Maratón 2018 que se llevó a cabo en Buenos Aires. Al estar radicada en Brasil desde hacía tantos años, Marcela era prácticamente una desconocida. En verdad, muy pocos habían escuchado algo sobre ella.

Sin embargo, ese día su nombre empezó a hacerse eco, a ser más familiar, dado el resultado que la ubicó en el 5° lugar a nivel sudamericano (2h42m38s). Un sacudón anímico al que Marcela decidió aferrarse. Al año siguiente, en el medio maratón de Buenos Aires, fue la primera latinoamericana en cruzar el arco (1h14m25s). Otro golpe que Marcela daba en silencio, pero con el impacto de sus zancadas. Con esa marca, que en ese momento la ubicaba como el mejor tiempo del año en la distancia a nivel nacional, volvió a ser convocada por la CADA para representar al país en el Campeonato Sudamericano de maratón, a realizarse nuevamente en Buenos Aires.

En una jornada histórica para el atletismo argentino (Joaquín Arbe logró clasificarse por marca a Tokio 2020 y realizó el segundo mejor registro argentino de todos los tiempos), Marcela Gómez se consagró subcampeona nacional y sudamericana de maratón, detrás de Daiana Ocampo, con un tiempo que la ubicaba en ese entonces como la tercera mejor de todos los tiempos en el país: 2h34m52s. “La sensación fue increíble, muy emocionante. Pero también con la sensación de que podría haber sido mejor”, recuerda la atleta. Y añade: “Con mi entrenador (Humberto García de Oliveira, de Brasil, quien la entrena desde agosto 2016) programamos correr a ritmo de 3’40” no dejando caer de 3’45” y conseguí cumplir al pie de la letra el ritmo. En los últimos kilómetros sentí que podría haber arriesgado un poco más, pero en un maratón uno va aprendiendo eso. El tiempo en sí fue dentro de lo programado, la sorpresa fue haber terminado tan bien, tan entera. Cuando me dijeron que acababa de hacer la tercera marca histórica del país fue como un incentivo para ir por más”.

Una vez más volvió a sujetarse a una realidad pero también a un sueño que empezaba a no estar tan lejano. Se aferró y siguió. Y en Sevilla le sobraban los motivos para ir por más. En plena carrera, reconoce, miraba el cronómetro, los segundos corrían, pero ella seguía en camino. Esto era por su hermano también, que hacía un tiempo había sobrevivido a un grave accidente. Ese momento, el peor de su vida, empezaba a disolverse en su cabeza cuando comenzó a ver el arco que se hacía cada vez más visible y solo pensaba en esa bendita meta.

Después de 2 horas 28 minutos y 58 segundos, Marcela lo lograba: convertirse en la mujer argentina más rápida en maratón de la historia que derivaba, por supuesto, en obtener la clasificación para Tokio 2020. Tras 22 años, una mujer lograba lo que en estas latitudes parecía imposible: romper la hegemonía de Griselda González.

En ese instante, Marcela entendió todo, se llevó las manos con los guantes rosas y negros a la cabeza, sonrió y se tiró en la alfombra celeste de la llegada del Maratón de Sevilla. Más tarde, entre tanta euforia, se enteró además que se había convertido en la tercera sudamericana más rápida de la historia detrás de la peruana Inés Melchor (2h26m48s en 2014) y de la campeona panamericana en Lima 2019 la peruana Gladys Tejeda (2h27m07s, también en Sevilla). “Yo estaba preclasificada por ranking para ir a los Juegos Olímpicos, pero vine a buscar la marca que me habilitara a estar en la cita olímpica y lo conseguí. Soy muy consciente de que venía a buscar esa marca y no menos”, confiesa.

–¿Qué es lo que encontraste en Brasil que no encontraste en Argentina que te hizo decidir quedarte allá?

–Deportivamente hablando, Brasil es mucho mejor. Creo que si viviese en la Argentina hoy en día no sería atleta. En Brasil consigo vivir del deporte y allá eso casi no pasa.

–¿Qué es lo que te hace que, pese a vivir en otro país, quieras representar a la Argentina?

–Soy argentina, pese a todo y a pesar de todo amo mis colores. Nunca pensé en representar a otro país.