Marcelo Carrusca

El destino impensado que se convirtió en hogar familiar

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El Chelo Carrusca se fue a un fútbol exótico cuando era la única alternativa que tenía, pensó que se quedaría un par de años y terminó radicándose con su familia al otro lado del mundo.

Se levantó bien temprano, como casi todos en La Plata y en cada una de las ciudades del resto del país. Argentina se jugaba la última carta para ir al Mundial de Estados Unidos y lo hacía con el regreso de Diego Armando Maradona. La cita era al otro lado del mundo, en Australia. Marcelo Carrusca tenía 10 años y ya soñaba con un futuro como futbolista, pero jamás se hubiese imaginado que aquel país a 14 husos horarios de Argentina sería su destino.

Ese zurdo que asomó en Estudiantes y se destacó en las selecciones juveniles se radicó en el país donde el fútbol va detrás de otros deportes de conjunto, como el rugby y el críquet. Los días junto a su familia transcurren en Adelaida, una ciudad multicultural habitada por algo menos de un millón y medio de personas, con alto prestigio académico por sus universidades y barrios dominados por la tranquilidad. A cinco minutos de la playa y a 20 de la montaña, el hogar de los Carrusca se reparte entre la argentinidad irrenunciable y los hábitos de una nación que los cautivó.   

Atrás estaba la experiencia en el fútbol europeo, con la camiseta del Galatasaray turco, y también el paso por el opulento medio azteca, con los colores del Cruz Azul. El recorrido hasta entonces también incluía dos pasos por el Pincha, el club donde se formó, el Mundial Sub 20 de 2003 y una temporada en Banfield. Con diez años de carrera y un presente de tranquilidad en San Juan como jugador de San Martín, Carrusca recibió una oferta para ir a jugar al Adelaide United FC.

“Tenía casi todo arreglado para firmar en Quilmes y a último momento me llamó el técnico para decirme que los dirigentes no le estaban trayendo los jugadores que había pedido. Faltaban un par de días para que cerrase el libro de pases y yo le había dicho que no a otros equipos. Con pocas opciones, mi representante me llamó diciéndome que había una oferta de Australia. Averiguamos un poco con mi pareja y después de pensarlo decidimos probar una nueva experiencia en el exterior. Vinimos a ver qué pasaba y terminamos quedándonos a vivir. Cosas del fútbol. Hoy en día soy australiano y siento que esta es mi casa”, le cuenta a Enganche cuando por este lado es de noche y del otro el sol eleva la temperatura ambiental a más de 35 grados.

Las averiguaciones antes de viajar tenían que ver con la información que encontraban en Google para ir de un link a otro, los videos de YouTube y las charlas con alguien que ya había jugado allá, Patricio Pablo Pérez. “La idea era quedarme un par de años a jugar, pero ya antes del retiro habíamos tomado la decisión familiar de instalarnos en este país. Hay un nivel de vida increíble, nos adaptamos muy bien y conocimos a muy buena gente”, explica.

Instalado en la costa australiana, la proyección inicial se modificó. Entonces fueron siete años más como futbolista hasta el retiro en abril de este año. Fuera de la actividad profesional puso en marcha un proyecto propio: “Estoy dedicado de lleno a la academia de fútbol que instalé acá. La idea es poder transmitir algo de la experiencia de mis años de carrera”. La Marcelo Carrusca Football Academy está en Kent Town, Adelaida, y propone “el respeto, la disciplina, el trabajo en equipo y el sacrificio” como los cuatro pilares para promover el fútbol. La puso en marcha hace tres años, cuando todavía jugaba pero ya había decidido que junto a su esposa y los dos hijos de ambos la vida de los cuatro continuaría en aquella geografía tan lejana de Argentina.

Carrusca entrena a chicos y chicas de distintas edades “en la búsqueda de que mejoren y conozcan los fundamentos del juego”. Además, trabaja en escuelas, donde realiza clínicas que suelen tener una duración de ocho semanas.

“Aunque puede pasar alguna cosa esporádicamente, acá la seguridad es muy alta y fue una de las razones por la que nos quedamos. Cuando te acostumbrás a vivir sin cerrar la puerta del auto, sin poner rejas ni trabas en tu casa y podés dejar a tus hijos en la calle sin preocuparte es difícil resignar eso, aunque nunca dejás de extrañar un montón de cosas del lugar de donde sos. El amor a tu país siempre está. La decisión de quedarte en otro lugar es por un conjunto de cosas. En Australia todo funciona perfectamente. Socialmente nos habituamos al ritmo de vida y a las costumbres de acá de forma natural y entendimos que era el mejor sitio para el crecimiento y la formación de nuestros hijos”, cuenta al otro lado del teléfono.

El menor de sus hijos es australiano y los restantes tes integrantes de la familia tomaron la ciudadanía del país oceánico hace dos años. Los chicos heredaron la pasión de su padre y juegan al fútbol en la academia que lleva su apellido y también en un club de la zona, aunque ahora la actividad está en receso porque se desarrolla entre febrero y septiembre.

Cada fin de año regresa a Argentina, pero hace poco no pudo adelantar su regreso pese a que el motivo bien lo valía. Después de haber jugado en el último partido disputado en el viejo estadio de 1 y 57, sus obligaciones no le permitieron estar en la inauguración de la nueva casa del Pincha. “Vi todos los videos que encontré para aunque sea así poder conocer la cancha. Me apenó no haber podido ir, sobre todo cuando vi a los ex jugadores en el partido que organizó el club. Es increíble lo que se hizo y cómo quedó”.

A la distancia también hay algunos guiños para mantener las costumbres, por la cantidad de argentinos que migraron y se instalaron en Australia. No le cuesta conseguir carne con los mismo cortes que en Argentina (incluso con el mismo nombre en español) y también hay locales en los que abastecerse de yerba y dulce de leche.

A los 36 años, aquel pibe que a los 10 vio jugar a Maradona en un lugar que estaba tan lejano en la distancia como en los pensamientos, se estableció en esa isla en la que la modernidad y la naturaleza no se quitan espacio. Marcelo Carrusca no se olvida de las diagonales pese a que ahora es un hombre de la playa y la montaña. Eso sí, con fútbol. Siempre con fútbol.