Marcin Zalewski

El Bati está en Polonia

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Se llama Marcin Zalewski e idolatra al goleador nacido en Reconquista. Una historia que transcurre a más de 12.000 kilómetros de distancia y que trasciende mucho más que un oceáno.

–¿Argentyńczyk?
–Sí, argentino.
–¿Sergio Batista?
–…

La sorpresa mayúscula al toparme con Marcin Zalewski no pudo competir contra su sonrisa contagiosa y cómplice. En un par de minutos asumí que era uno de los personajes más particulares del Mundial Sub 20 que se disputa en Polonia.

Enfundado con una camiseta de la Selección y con un bolso del Barcelona, este polaco de 38 años estuvo horas buscando un interlocutor que lo acercase a alguien de Argentina. Tenía un único objetivo en mente y pensaba cumplirlo a como diera lugar: quería volverse a su pueblo con el autógrafo de Sergio Batista.

Viajó más de 5 horas y media desde Lodz hasta Bielsko-Biala para presenciar el partido entre el cuadro albiceleste y Portugal. Después de intentar –sin éxito– en la previa del partido, aprovechó el entretiempo para dar vueltas por los alrededores del estadio, buscando alguien que lo acercara a su sueño.

Me topé con él de casualidad, es cierto, pero apenas entendió quién era (un periodista nacido en Argentina, en definitiva todo lo que él anhelaba), intentó mediante una voluntaria encontrar la forma de cruzar al Checho. Claro, estaba enterado que el hermano del entrenador del Sub 20 viajó para seguir lo que sucedía con el equipo.

La dinámica del Mundial en Polonia dista de lo vivido hace casi un año en Rusia. La cercanía con la organización y los protagonistas es otra, por lo que aquello que para Marcin soñaba a proeza, para mí se asomaba factible, por qué negarlo.

Consumada la victoria argentina contra el campeón de Europa, Marcin me fue a buscar al rincón que conectaba la tribuna de prensa con el resto de la grada. Ahí aparecieron en escena Karolina Krzysteczko, Wiktoria Reorowicz y Mateusz Pisarek, voluntarios del campeonato que se ofrecieron para intentar descifrar la misión de Marcin.

De polaco a inglés, de inglés a polaco y con palabras sueltas en castellano, la conversación duró unos 15 minutos. Marcin le hablaba a Wiktoria, Mateusz me adelantaba una idea de la temática y Karolina me repetía que toda la escena no era normal. Marcin no quería verme partir sin llevarse la preciada firma. Sabía que era su mejor posibilidad para conseguir retratar, acaso, uno de los días más felices de su vida como futbolero.

Mateusz, Wiktoria, Marcin, Karolina

Wiktoria, tratando de calmarlo, le propuso salir del estadio y dar la vuelta para esperar detrás del portón por el que iban a pasar las delegaciones. Pero Marcin no estaba muy convencido. Sólo se calmó cuando le propuse bajar a zona mixta para ver si podía hablar con alguien de la delegación para que ubicara a Batista. 

Bajé los tres pisos que separaban la tribuna de prensa de la zona mixta pensando cómo ayudar a Marcin sin molestar al staff de la Selección, que nos recibió bárbaro y, hasta el último día, nos facilitó mucho el trabajo cotidiano. Como si estuviese guionado, la primera figura que observé cuando me abrieron la puerta de la zona mixta era un hombre flaco, alto, engominado y que sonrió apenas entendió que por mi gesto lo estaba buscando a él. Sí, Checho estaba ahí.

Le expliqué la situación y su primera reacción fue buscar la forma de cruzar a Marcin, pero por protocolo era imposible que accediera a un espacio reservado para medios y protagonistas. “Traeme la camiseta, yo te espero”, me dijo. 

Dejé mis equipos con una voluntaria y subí a contarle todo a Marcin, que tardó 3 segundos en sacarse la remera y darme un lapicera que tenía en el bolsillo. Había llevado al partido un kit entero con los elementos relacionados a la Selección.

Segunda escena entre Karolina, Wiktoria, Mateusz, Marcin y este cronista. Quería estar seguro del mensaje que pretendía para el autógrafo. No podía darme el lujo de pifiar su nombre o traducir algo mal. Le pedí que me detallara exactamente qué quería:

–“Para mi amigo, Bati. De Sergio Batista”
–…
–¡Bati, sí, Bati! Yo soy el Bati.
–¿Cómo sos el Bati? ¿No sos Marcin?
–No, soy el Bati. B-A-T-I… ¡Como Batistuta!

Los tres voluntarios no entendían nada. ¡Y yo tapoco! Claramente, podía tratarse de un personaje digno de un cuento de Fontanarrosa. Mucho menos cuando lo escucharon repetir “Bati” diez veces en menos de un minuto. Sí, Marcin era el Bati. Así lo conocían todos, así lo apodaban por su fanatismo por la Argentina. Ahí comenzó esta entrevista. En realidad, un par de minutos después, cuando le devolví al Bati polaco su camiseta con el autógrafo de Checho…

–¿Por qué sos fanático de la Argentina?

–Porque el primer partido que vi en mi vida fue Argentina-Camerún, en el Mundial 90. Fue mi primer recuerdo.

–¿Y qué te acordás de ese torneo?

–Las atajadas de Goycochea. Nos salvó varias veces (sí, hablaba como si fuera uno más de aquel plantel).

Mateusz no parece haber entendido la referencia, y le pregunta algo en polaco relacionado al arquero, a lo que Marcin responde en un perfecto castellano:

Tres partido’. Tres. Tres partido’. (Por las brillantes actuaciones del Goyco en ese Mundial)

–¿Quiénes son tus ídolos?

–Diego Maradona (grita). Claudio Caniggia. Y Sergio Batista, aunque no pudo jugar la final de Italia 90.

–¿Algo más que te haya quedado de esa época?

–La imagen del Diego llorando después de la final. Eso no me lo puedo olvidar.

La sonrisa de Marcin es contagiosa. Está feliz y mira una y otra vez la camiseta firmada por Checho. Le parece perfecto que le saquemos fotos e incluso consigue pasar al estadio ya vacío para retratarse luciendo el autógrafo.

Además de la camiseta y la lapicera, tenía un cuaderno en el bolso. Adentro del cuaderno pueden lleerse todos los equipos de la Selección. La primera página tiene la lista completa de los jugadores que viajarán a la Copa América, y la segunda los chicos que están presentes en Polonia.

“Mandale un saludo a Facundo Medina”, me pidió en el medio de la charla. El cumpleaños del defensor de Talleres fue otra de las cosas que repitió varias veces, como para asegurarse que no dejara de saludarlo si lo veía antes de que el equipo abandonara el estadio.

–¿Cómo fue tener a la Selección jugando en tu país y poder ver un partido?

–¿Un partido? Ya compré entradas para la final, sueño que Argentina juegue en Lodz ese día (un hecho que ya no podrá concretar dada la eliminación de los pibes de Batista por penales ante Mali).

–¿Cómo lo viviste?

–La verdad, al principio me puse un poco triste porque no pude escuchar el himno argentino. Después sí, me puse muy feliz con el resultado.

–¿Festejaste los goles?

–Sí, y le mandé un mensaje al Bocha por Twitter también.

–¿Qué jugadores actuales disfrutás?

–Sergio Agüero. Y Lionel Messi, obviamente. Messi, Messi, Messi (muestra orgulloso su bolsito del Barcelona).

Previo a emprender otro periplo para regresar a su pueblo, Marcin preguntó algunas cosas sobre la lista de la Copa América. También mostró su cuenta de Twitter donde pude comprobar que estaba al tanto del presente de varios jugadores argentinos, y que saludaba a todos los jugadores por su cumpleaños con la misma firma: “Marcin (el Polaco), Bati”.

Les agradecí a los voluntarios y le expliqué a Marcin que debía irme. A esta altura, el grupo hablaba en tres idiomas y la cadena de pases y lenguajes parecía rota. Pero el Bati demostró que no, que en realidad todos entendían todo. Antes de irse extendió la mano y se despidió en castellano: “Gracias, Tomás. Mi amigo”.

–No, gracias a vos, Bati.