Marti Perarnau

El retratista de Guardiola

Atleta olímpico, periodista apartado de la profesión y escritor con firma de peso en el deporte, Enganche charló con quien conoce como pocos a un DT de culto.

La única vez que estuvo en la Argentina los gritos de gol de Mario Kempes resonaban en el estruendo de la gloria futbolera mientras otros gritos, muy cerca del Monumental, se ahogaban en el submundo de la tortura. La cobertura del Mundial de 1978 había traído hasta nuestro país a Marti Perarnau, que dos años después sería atleta olímpico. A más de cuatro décadas de aquella visita como enviado especial del periódico catalán Mundo Diario, cuando se le pregunta por un deportista argentino que lo haya cautivado inmediatamente menciona a Carlos Peuccele. “Fue un personaje muy interesante del fútbol. Alguien muy discreto, modesto y humilde, que se constituyó en un maestro del fútbol, con una influencia portentosa”, le cuenta a Enganche en una comunicación telefónica desde España.

Al margen de los elogios que dispensará para Lionel Messi en más de media hora de charla, Perarnau marca la altísima consideración que tiene por otros argentinos, retirados recientemente de las actividades que realizaban: “Me fascinan Manu Ginóbili y Julio Velasco, dos hombres del deporte de un nivel emocional e intelectual de máxima categoría”.

En contacto con distintos protagonistas del fútbol argentino, reconoce que sigue resultándole algo muy atractivo “el pulso eterno entre Menotti y Bilardo” como extremos de un contrapunto que todavía moviliza debates e intercambios encendidos con vigor.

“Me sigue gustando mucho leer artículos de Juvenal y Dante Panzeri”. Desde la valoración de aquellas crónicas y opiniones del pasado, no duda en diagnosticar al periodismo deportivo en “fase terminal”. “Abocado a los libros, estoy alejado del periodismo deportivo. Cuando decidí escribir Herr Pep vi claro que no podía seguir en contacto con el periodismo porque entraba en una contradicción. Me alejé por completo del periodismo”.

Para escribir Herr Pep pasó un año con Guardiola en Alemania, el primero del entrenador al frente del Bayern Múnich, y lo condensó en algo más de 400 páginas. No fue el único libro que escribió sobre el entrenador, más tarde lo retrató en La Metamorfosis. Lo conoció en 2010, cuando recolectaba material para Senda de campeones, una publicación que cuenta el trabajo en las divisiones inferiores de Barcelona. Desde entonces, estableció un sólido contacto con el entrenador.

–¿Guardiola será recordado como un hombre bisagra en la historia del fútbol?               

–En los 100 años que van desde que empezaron a existir los primeros entrenadores hay unos pocos nombres que están escritos en letras de oro y uno es el suyo. Pasará a los libros de historia de fútbol como un gran entrenador, de los mejores. Aplicó y aplica unos conceptos y unas maneras de jugar que han sido innovadores en algunos casos y renovadores en otros. Supo recuperar viejas ideas que estaban olvidadas para componerlas con unas nuevas y lograr así una manera de jugar muy significativa, muy reconocible y muy exitosa.

–Sergio Agüero deslizó en alguna oportunidad que si le hubiesen ofrecido a Guardiola la dirección técnica de la selección argentina hubiese considerado la posibilidad. ¿Imagina que eso podría haberse dado?

–No lo sé, es difícil de imaginar. Los contextos cambian, no es lo mismo este Guardiola que el que estaba en el Bayern Múnich. De haberse concretado esa hipótesis, seguramente se hubiese dado en él una ambivalencia, porque le gustan los grandes desafíos, y evidentemente la selección argentina lo es, pero también resulta alguien muy cuidadoso con las culturas y peculiaridades del fútbol de cada país. Hay países que no gustan de los entrenadores extranjeros, Argentina nunca lo tuvo; y esas cosas Pep las tiene muy presentes.   

–Después de España, de Alemania y de este momento en Inglaterra, ¿el próximo destino de Guardiola puede ser Italia?

–Sin tener charlas con él al respecto, mi impresión es que desea estar algunas temporadas más en el Manchester City para seguir haciendo historia después de haber repetido el título de liga, marcar el récord de goles y haberse quedado con todas las competencias internas. Imagino que quiere continuar un tiempo largo en el fútbol inglés y que posiblemente después sí su mente se vaya a una selección nacional para vivir la experiencia de disputar un Mundial como entrenador.

De los últimos ocho finalista de la Copa del Mundo, siete fueron europeos. Solamente Argentina en 2014, con Alejandro Sabella en el banco y Lionel Messi en la cancha, logró acceder a una definición. Las dos décadas transcurridas entre Francia 1998 y Rusia 2018 exponen a cinco campeones del Viejo Continente y solo uno del hemisferio sur, Brasil en 2002. Sobre el dominio establecido, Perarnau hace especial hincapié en las diferencias económicas y se detiene en la etapa de transición del fútbol español.                             

–¿El fútbol europeo le sacó una ventaja definitiva al sudamericano?

–Las diferencias pueden hacerse palpables cada cuatro años en la Copa del Mundo o en los mundiales de clubes y eso muestra a los europeos en una posición de superioridad. Pero no pueden soslayarse circunstancias como que los jóvenes sudamericanos sean enseguida fichados para conjuntos de Europa, donde hay más dinero.  Sigo el fútbol sudamericano pero no con la profundidad necesaria como para encontrar la causa de esas diferencias que pudiese haber.

–¿A qué se debió el dominio inglés en esta temporada europea?

–Hay un apogeo del fútbol inglés, basado en entrenadores muy potentes que han llegado a su liga. Pero no se puede sacar conclusiones de corto plazo, porque hace poco eran los equipos españoles los que marcaban el pulso de esas finales. Antes el fútbol alemán había tenido su final de Champions en el año 2013. Habrá que esperar a ver si esta situación se sostiene, no necesariamente con los cuatro finalistas, claro. Lo que ocurrió es de todas maneras sin dudas un hecho a destacar y que marca una tendencia, que habrá que ver si se establece como una tendencia.

–¿En qué momento sitúa este tránsito del fútbol español?

–A partir del Barcelona de Guardiola y la selección de Aragonés y Del Bosque, España tuvo un fútbol hegemónico, de manera larga, duradera y estable. Pero se llegó a un momento en el que no hubo continuidad de ese concepto de juego. Del Barcelona se fue Guardiola y poco a poco se fueron apagando Iniesta y Xavi hasta sus partidas, y el club tuvo menos interés en priorizar aquella manera de jugar. En la selección ocurrió algo similar: se fueron apagando los motores del equipo y la federación española tuvo poco interés en darle prioridad a esa modelo de juego. Hoy en día nos encontramos con que el dominio español ya no tiene esa fortaleza y las ideas y los conceptos de juego se han debilitado mucho. Hay un período de desconcierto y de no saber hacia dónde se va, todo lo contrario a lo que había en aquel período de triunfos, cuando el rumbo era muy claro.

–¿La era Messi en Barcelona tiene todavía más para dar?

–Él personalmente tiene mucho para dar; incluso en temporadas como esta, que para el Barcelona ha sido decepcionante pese a haber ganado la liga, consiguió goles maravillosos y jugadas extraordinarias. Por sí mismo ha resuelto una cantidad de partidos inmensa y sus números no dejan de ser apabullantes. Tiene cuerda para rato, pero el tema es hacia dónde irá el Barcelona, cómo arroparán a Messi y cuál va a ser la propuesta futbolística. En los últimos años Messi estuvo menos acompañado que cuando tenía a Xavi e Iniesta, pese a lo cual se destacó muchísimo y lo podría haber hecho más todavía con un rumbo mejor establecido.

En Moscú 1980, la cita de los cinco anillos signada por el boicot estadounidense y el dominio ruso, Perarnau fue uno de los 147 deportistas que integró la delegación española. Pese al destaque que lo elevaba en la península ibérica en salto en altura, los 2,15 metros que consiguió lo dejaron lejos de la marca de Gerd Wessig, de la República Democrática de Alemania, ganador del oro con récord mundial.

–¿Todavía queda margen en el olimpismo para seguir superando récords?

–De manera legal, sin emplear sustancias dopantes, queda poco espacio; pero todavía lo hay. El deporte olímpico no solo es una cuestión física, sino que también es importante el factor técnico y el aspecto psicológico. En las especialidades como el atletismo y la natación tendemos a fijarnos solo en la potencia de los deportistas, y no es lo único. Queda margen, anquea sea estrecho.

–En su especialidad, ¿lo más relevante es la mecanización de los movimientos?

–En los saltos y los lanzamientos lo físico y lo técnico tienen que estar a la par, uno no puede predominar sobre el otro. Sin esa armonía no hay posibilidad de mejorar.