Matthias Sindelar

Verdades, mentiras y misterios de la vida de Der Papierene

Considerado el mejor jugador austríaco de todos los tiempos, se convirtió en una leyenda; sin embargo, su comportamiento ante el nazismo y su muerte están asociadas a una innumerable cantidad de mitos que perduran a lo largo del tiempo. Su historia tiene más de 80 años, pero aún sigue vigente.

El nombre de Matthias Sindelar se vincula rápidamente con su extraordinaria calidad como jugador. Los títulos con el Austria Viena y la participación en la genial selección austríaca de la década del ´30 son referencia obligada. Pero su historia también está signada a fuego por tres condimentos a la hora de narrar su vida: su credo religioso; el histórico partido en el que se que enfrentó al poder nazi, le metió un gol a Alemania y lo festejó desafiando a Hitler; y, finalmente, los enredos y misterios alrededor de su trágica muerte. La reconstrucción de semejante recorrido nos impone ordenar cronológicamente las fichas del rompecabezas.

Sindelar nació el 10 de febrero de 1903 en Koslov, un pueblo muy pequeño, de aproximadamente 500 habitantes, en la antigua Checoslovaquia (hoy República Checa). Su familia era extremadamente humilde. Su padre trabajaba como obrero en la industria del ladrillo, de forma muy precaria y en condiciones laborales brutales. Cuando el pequeño Motzl tenía dos años se mudaron a Viena, capital del imperio austrohúngaro, en busca de una perspectiva de vida más favorable. Recalaron en Favoriten, el Distrito 10, un barrio de inmigrantes en el que se asentaron y adoptaron como su lugar en el mundo. Un sitio y una casa que la familia nunca abandonaría y que fue el escenario de sus primeros contactos con una pelota de fútbol. En esas calles se comenzaría a gestar su leyenda. Una época en la que era frecuente que se jugaran partidos entre los distritos y también entre escuelas, que en algunas oportunidades eran la antesala de partidos oficiales en los estadios de los clubes importantes de Viena. En esos encuentros, Matthias demostró rápidamente sus cualidades: era muy ágil, rápido, con una capacidad natural para dejar rivales en el camino.

A los 14 años recibió un duro golpe: su padre, Johann, soldado en la Primera Guerra Mundial, falleció en una batalla. El contexto económico de su familia era asfixiante, por lo cual comenzó a trabajar para ayudar a su madre, Marie, y a sus dos hermanas (una mayor y una menor), y abandonó sus estudios. Consiguió ingresar en una empresa como ayudante de cerrajero, mientras seguía jugando en las calles de Favoriten, su lugar, su potrero, donde forjó su habilidad y su personalidad. Sin embargo, un dirigente del Hertha Viena, un club muy humilde de su distrito, lo había visto en un partido entre colegios y lo invitó a sumarse a la cantera de su equipo, que siempre se destacó por ser una de las mejores del país. Luego de varias negativas, finalmente aceptó y a fines de 1917 se convirtió en jugador del Hertha, donde debutó a los 18 años. Si bien demostró sus aptitudes y su calidad como jugador, nada hacía presagiar lo que vendría en los años posteriores, más teniendo en cuenta que en mayo de 1923 sufrió una lesión en los meniscos de la rodilla derecha, por lo cual estuvo nueve meses sin jugar. Allí actuó durante tres temporadas, hasta que el club entró en una crisis económica enorme, casi fulminante, que también influyó en lo deportivo: en julio de 1924 descendió a la segunda división. La única opción para poder solventarse fue a través de la venta de varios jugadores, entre los cuales estaba Sindelar, que fue transferido a uno de los equipos más populares del país: el Austria Viena.

En sus primeros años con el club violeta (que en ese momento se llamaba Wiener Amateur Sportvereinigung) ganó dos veces la Copa de Austria (1924/25 y 1925/26) y el torneo local 1925/26. Durante las primeras temporadas jugó de manera correcta, alternando en el equipo titular. De todas formas, su nivel le permitió ganarse un lugar en la selección austríaca, que estaba en pleno proceso de reconstrucción: su debut fue en 1926 en Praga, frente a Checoslovaquia, su país de origen, en el que anotó un gol para ganar 2 a 1. A pesar de sus buenos rendimientos, estuvo muchos años sin ser considerado para jugar en la selección. El responsable de semejante decisión no fue otro que Hugo Meisl, el entrenador del equipo. Antes de juzgarlo, es necesario conocer su historia.

Meisl, al igual que Sindelar, había nacido en Checoslovaquia, pero unos varios años antes, en la ciudad de Malesov. Era un gran conocedor del fútbol, apasionado por la táctica, con una facilidad innata para aprender idiomas (hablaba ocho) y con mucha lucidez para las finanzas. Fue uno de los fundadores de la Asociación Austríaca de Fútbol (OMB) en 1904 y ya a los 31 años era el técnico de la selección. Otra coincidencia personal con Sindelar: Meisl, al igual que el padre de Matthias, combatió en la Primera Guerra Mundial. Fue impulsor tanto de la Copa Mitropa (lo que hoy sería la Champions League) y también de la Copa Internacional de Europa Central, un torneo que jugaban las mejores selecciones del Viejo Continente de ese momento, que se podría comparar con la actual Eurocopa. Pero para entender el pensamiento y la dimensión de Meisl, hay que citar un nombre que fue su gran influencia, su amigo, su mentor: Jimmy Hogan, un británico adelantado a su época, con tácticas innovadoras, que tenía una visión muy distinta a lo que era el fútbol inglés de estilo directo, frontal, con pocas combinaciones y hasta algo rústico. Tanto Meisl como Hogan pensaban que había otra manera de jugar, que se podía practicar un juego distinto, más vistoso, con más asociaciones y con una premisa fundamental: el balón a ras del piso. Tantos años de charlas y de intercambiar conceptos fueron la antesala de lo que luego se convirtió y se conoció como la “escuela vienesa o de Danubio” y también fue la base sobre la cual se edificó un equipo que marcó la década del ´30: “das Wunderteam” (equipo maravilla en alemán). Meisl no solo fue el técnico, también era dirigente. Fue el ideólogo, el fundador, el hombre detrás de la revolución del fútbol austríaco.

Luego de una serie de resultados desfavorables y también ante la presión del público y la prensa, Hugo Meisl convocó nuevamente a Sindelar. Pero realizó un cambio en la formación del equipo que fue fundamental: corrió a Friedrich Gschweidl (que era el delantero centro), como delantero interior y puso a Sindelar en su posición. A partir de ese momento, el equipo comenzó a ganar. Austria tenía un plantel con jugadores extraordinarios, como el delantero Josef “Pepi” Bican, quien hoy es el jugador con más goles oficiales en la historia del fútbol (805); Walter Nausch, un genial mediocampista que también fue técnico de la selección en el Mundial de 1954, cuando consiguió el tercer puesto; Josef Smistik, un férreo mediocampista central, que durante mucho tiempo fue capitán. En ese equipo plagado de estrellas, había una que brillaba más que el resto, que relucía y se destacaba de forma especial. Sindelar era un enganche con alma de goleador, un (falso) nueve exquisito, que parecía jugar en puntas de pie, con una habilidad asombrosa y al que todos ya conocían por su apodo: “Der Papierene” (el hombre de papel), por la forma en la que se sacaba de encima a los rivales, como si lo llevara el viento, gracias a su contextura física delgada (medía 1,75 metros y pesaba 74 kilos) y sus movimientos imposibles de descifrar.

Una vida intensa e intrigante la de Matthias Sindelar // Gentileza Camilo Francka

Entre 1931 y 1934, el Wunderteam ganó la Copa Internacional de Europa Central –en 1932– y tuvo partidos fantásticos, como las goleadas por 5 a 0 y 6 a 0 contra Alemania, 6 a 0 sobre Suiza y un inolvidable 8 a 2 ante Hungría. Pero también hubo una derrota que fue considerada como una victoria, un encuentro determinante: el 7 de diciembre de 1932 jugó en el mítico estadio de Stamford Bridge contra Inglaterra, los padres y creadores del fútbol. Ese día se dictó asueto en las escuelas y también en los establecimientos públicos. Austria se paralizó. La derrota fue por 4 a 3, pero durante gran parte del partido el equipo austríaco cautivó a los ingleses que habían colmado el estadio. Sindelar fue la gran figura. Convirtió un gol de antología y demostró que era uno de los mejores jugadores del momento. Al llegar a Viena, la gente los recibió como héroes.

Al año siguiente, en 1933, Sindelar revalidó su buen momento: con el Austria Viena ganó la Copa Mitropa. En los cuartos de final despachó al Sparta Praga, poderoso campeón checo, que contaba en su plantel con la base de la selección que sería finalista del Mundial 1934. En la semifinal dejó en el camino a la Juventus de los argentinos nacionalizados italianos Raimundo Orsi y Luis Monti, que en 1934 serían campeones del mundo. Con Monti lo unía una relación traumática: se odiaban, se tenían un desprecio muy grande. Fueron rivales durante muchos años, tanto en partidos con sus equipos como en los choques entre selecciones. Sindelar era un jugador lujoso, con mucha calidad, lo que no era bien visto por Monti, quien fiel a su estilo duro y batallador, no dejaba pasar oportunidad para marcar territorio y golpear al austríaco.

La final fue histórica y aún se la recuerda por ser el choque entra los dos mejores jugadores de la época: Sindelar y el italiano Giuseppe Meazza, jugador del Ambrosiana-Inter (hoy Inter de Milán). El primer partido fue el 3 de septiembre en Turín. El Ambrosiana sacó una mínima diferencia y ganó por 2 a 1. La vuelta fue en Viena, el 8 de septiembre, ante una multitud de 58.000 fanáticos austríacos en el Estadio del Prater. El Austria comenzó ganando por dos goles y el título estaba muy cerca. El Ambrosiana tenía dos jugadores menos y no daba signos de recuperación, hasta que apareció la figura de Meazza, que descontó con un certero cabezazo para dejar igualada la serie. Uno de los rasgos característicos en la carrera deportiva de Sindelar es que aparecía en los momentos claves. Siempre sacaba a relucir su mejor versión en los momentos difíciles, cuando más se lo necesitaba y ese partido no fue la excepción. Ya había convertido los dos goles de su equipo, pero unos minutos después del gol de Meazza, cuando el partido estaba por terminar, apareció en su máxima expresión y con una gran definición convirtió, tal vez, el gol más importante de la historia del club. Austria Viena ganó la Copa Mitropa por primera vez y Sindelar, con sus tres goles, ascendía a la categoría de “Dios Violeta” para siempre. Para agigantar la leyenda, esa misma temporada ganaron la Copa de Austria.

Durante el Mundial de Italia de 1934, Austria no tuvo la actuación que todos esperaban y perdió en la semifinal por 1 a 0 contra el local, que a la postre se consagraría campeón del mundo, en un partido plagado de errores arbitrales a favor de los italianos y en el que Sindelar fue prácticamente “cazado” por las patadas (especialmente por su conocido “doble ancho” Monti). Su físico quedó muy deteriorado, por lo cual no pudo jugar el partido por el tercer puesto contra Alemania. Mientras tanto, si bien en la Liga el andar era irregular, el Austria Viena ganaba las Copas de Austria de 1934/35 y 1935/36 y coronaría su etapa más exitosa con un nuevo título de la Copa Mitropa, en 1936, en lo que fue también uno de los mejores (sino el mejor) momento futbolístico en la carrera de Matthias. Esos logros lo elevaron a la categoría de figura pública. Era extremadamente popular en Austria, pero seguía siendo el mismo hombre amable, tímido y humilde de Favoriten, que trabajaba en la tienda de deportes Wilhelm Pohl, donde atendía al público y vendía su propio producto: la pelota WIPO-Sindelar. Un actor de la bohemia vienesa –actor de forma literal, ya que hacía la publicidad de un producto lácteo–, que frecuentaba las casas de café junto con sus amigos, donde nunca faltaba una copa de licor y cigarrillos para amenizar los juegos de cartas, que muchas veces se extendían hasta entrada la noche. En esos años, las casas de café eran el lugar de encuentro para todo tipo de gente. Allí convivían personajes de la tertulia literaria, directores de cine, dirigentes, jugadores de fútbol y comerciantes judíos.  

En marzo de 1938 se cristalizó el Anschluss (anexión) de la Alemania nazi de Hitler y Austria como una sola nación.  El 3 de abril de 1938 se jugó un partido para celebrar dicha unión. Lo que pasó ese día y todo lo que transcurrió después es uno de los mitos más grandes de la historia de Matthias Sindelar. Esa tarde fue el famoso partido entre las selecciones de Austria y Alemania, organizado por el régimen para darle la bienvenida a los nuevos jugadores austríacos, que a su vez se despedían de su selección. El resultado conveniente era que ganara Alemania o un empate en el mejor de los casos, pero Sindelar y compañía tenían una categoría muy superior a los germanos. Ganaron por 2 a 0, con Motzl como director de orquesta y autor del primer gol. Y aquí comienza el misterio: ¿Sindelar festejó su gol bailando frente al palco de Hitler, en una clara señal de resistencia por su condición de judío? ¿Por ese motivo fue perseguido por las nazis?

“Como primera medida, hay que decir que Sindelar no era judío. Tanto el como su familia eran católicos y hay documentos que lo avalan. Sobre la leyenda del baile burlón ante el palco de honor nazi, debo decir que no hay registros fílmicos ni tampoco lo citan las crónicas de los diarios de la época, por lo cual mi conclusión es que no existió”, le dice a Enganche el periodista Camilo Francka, quién escribió la fenomenal biografía Matthias Sindelar: Una historia de fútbol, nazismo y misterios. “Incluso Hitler ese mismo día estuvo en Graz, una ciudad muy importante de Austria, dando un discurso propagandístico, por lo cual el relato de que estaba en el estadio es muy fácil de corroborar”. El autor del libro afirma que es incorrecto decir que Sindelar tuvo que vivir en la clandestinidad luego de ese partido. De hecho, hay una fotografía en la que se lo puede ver caminando por las calles de una Viena embanderada con cruces esvásticas detrás.

En contrapartida, es real que, luego de la anexión, Sindelar se negó en varias oportunidades a integrar el equipo alemán, acusando lesiones reiteradamente. El mismo técnico, Josef Herberger, una gloria del fútbol alemán, lo dejó plasmado de puño y letra en sus memorias, en las que cuenta en primera persona cómo fueron sus charlas. El entrenador lo consideraba una pieza clave para su equipo, a pesar de que ya era veterano. Incluso hay diseños de formaciones en los que armaba a los 11 titulares con su presencia y sin ella. Siempre tuvo la sensación de que el austríaco nunca se sintió cómodo con la situación y por eso su negativa nunca se modificó. Lo cierto es que Sindelar jamás se manifestó abiertamente ni a favor ni en contra del régimen nazi. Siempre se mantuvo al margen. Era apolítico. Tenía amigos en todos los ámbitos, como Emanuel Schwarz, el presidente del Austria Viena que era judío, pero también era muy amigo de su compañero de equipo Johann Mock, un nacionalsocialista a ultranza.

En septiembre de 1938, luego de que el régimen nazi prohibiera la profesionalización del fútbol en Austria, Sindelar (que ya no trabajaba en la casa de deportes), tuvo una oportunidad única: comprar una casa de café. Acá aparece otro contrapunto en su historia, debido a que pudo realizar esa transacción mediante la ayuda del régimen por la “arianización”, una herramienta que utilizaron los nazis para apropiarse de los bienes que tenían los judíos. Allí, en un formulario, Sindelar se declara como katholische (católico). De hecho, hasta le hicieron una carta de recomendación a su favor. También, días antes de morir, firmó un contrato con un funcionario del nazismo para hacerse cargo de la concesión del estadio del Prater de Viena. Para los altos mandos era vital utilizar la imagen pública del ídolo para su propio beneficio. Datos que echan por tierra la hipótesis de la persecución. Luego de su muerte, en un largo litigio que duró más de diez años, la familia de Leopold Drill (quien era el dueño del café cuando el futbolista lo compró y que falleció en un campo de concentración) recibió parte del dinero que nunca se les había entregado y también la restitución del negocio, que hasta ese momento regenteaba Leopoldine, una de las hermanas de Matthias. Nunca se pudo comprobar si Drill tenía algún tipo de relación con el jugador, aunque hay versiones que afirmaron que eran amigos; otras, solo que eran conocidos.

El último misterio a resolver se produjo el 23 de enero de 1939, cuando Austria amaneció con una noticia devastadora: Matthias Sindelar apareció muerto en el departamento de su novia, Camilla Castagnola, quien moriría al otro día. Muchas versiones hablaron de un suicido por no soportar la anexión de su país; otras de un supuesto asesinato por parte de la Gestapo, la policía secreta nazi, por su condición de judío y hasta de envenenamiento. Lo oficial es que, según la autopsia del Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Viena, la muerte fue por inhalación de monóxido de carbono, producto del mal funcionamiento de una estufa. “Estoy convencido de que su muerte fue accidental. Se dijeron muchísimas cosas, algunas descabelladas, como que la Gestapo lo intoxicó con la estufa por ser judío. La verdad es que no había necesidad. Si lo hubieran querido matar, tenían todos los elementos para hacerlo de otra forma”, afirma Francka con seguridad. A su entierro asistieron más de 15.000 personas, en una de las despedidas más conmovedoras que se recuerden para un futbolista austríaco.

Los reconocimientos hacia su imagen son inmensos. Tiene una tumba de honor en el cementerio de Viena, la cual fue ratificada en 2004 por la Municipalidad de Cultura, debido a que se revisaron todas las tumbas de esa condición otorgadas durante el nazismo. La de Sindelar sigue allí por su mérito para el deporte austríaco; tiene una calle con su nombre (Sindelargasse), situada, como no podía ser de otra manera, en Favoriten, su lugar en el mundo; la tribuna sur del estadio del Austria Viena fue bautizada con su nombre, donde es el segundo máximo goleador histórico, con 226 goles, y parte fundamental de las mayores conquistas internacionales en los más de 110 años del club. En el museo viola hay un sector pura y exclusivamente dedicado a él, que sigue siendo un referente absoluto para esa institución.

A más de 81 años de su partida, Matthias Sindelar sigue en la memoria de su pueblo, que no puede ni quiere olvidarlo. Fue la estrella más grande de toda la historia del fútbol austríaco. Amado por su talento, respetado por su calidad como persona, como también puesto debajo de una lupa por su comportamiento durante los oscuros años del nazismo. De todas formas, su luz perdura, su estrella sigue brillando. El “hombre de papel” sigue volando.